Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2013

La gran traicin

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


Se van a cumplir 40 aos de la monstruosa traicin que cometieron las instituciones republicanas coludidas en una conspiracin fraguada por intereses extranjeros, contra Chile y su pueblo. La Izquierda en recomposicin debera dedicar este aniversario no slo a recordar -y rendir justos homenajes- sino, sobre todo, a sistematizar las experiencias que dejaron el gobierno del presidente Allende y la dictadura militar-empresarial, que se prolonga hasta hoy en la Constitucin y la economa de mercado.

El derrocamiento del presidente Salvador Allende y la cruel represin que dur casi veinte aos, constituyen la tragedia ms dolorosa de la historia de Chile, junto con la guerra civil de 1891 tambin alentada por capitales extranjeros. Nuestro pas recibi de EE.UU. el trato que los imperios suelen dispensar a sus colonias. Las autoridades nacionales fueron manipuladas mediante soborno y corrupcin. Dirigentes polticos, parlamentarios, jueces, generales, sacerdotes y medios de comunicacin fueron comprados para desempear distintos roles en la conspiracin.

Esta se inici en octubre de 1970, con el asesinato del general Ren Schneider, comandante en jefe del ejrcito. Se intentaba impedir a toda costa que Allende asumiera el gobierno con un programa de profundos cambios, que se iniciaban con la nacionalizacin del cobre. Agentes de la antipatria -entre los que destacaba el propietario de El Mercurio, Agustn Edwards, que parti a Washing-ton a pedir la intervencin norteamericana-, tomaron parte en una operacin para instaurar un nuevo proyecto histrico destinado a refundar el capitalismo en nuestro pas, que era la primera experiencia de trnsito pacfico al socialismo.

La gran traicin de 1973 fue un golpe artero no slo a las esperanzas del pueblo chileno sino tambin a las espectativas que nuestra experiencia haba creado en los trabajadores del mundo. El modelo que en 1973 se impuso a sangre y fuego en Chile, constituy una contrarrevolucin en toda la extensin de la palabra. La pieza clave del plan que condujo al golpe de Estado y a la eliminacin fsica de la Izquierda, consisti en hacer creble que Salvador Allende, un estadista de linaje laico y democrtico, pretenda instaurar una dictadura comunista. Sobre esa mentira se levant el andamiaje de la conspiracin.

Los mayordomos criollos del golpismo, sobre todo los dirigentes democratacristianos e incluso derechistas que haban convivido con Allende en el Parlamento, saban que ste jams habra dado un paso que condujera a una dictadura. Allende, sin ninguna duda, fue el ms autntico demcrata que ha gobernado el pas. Su formacin ideolgica y su experiencia poltica lo ubicaban en el sector avanzado -pero a la vez ms respetuoso de las formas y procedimientos de la democracia burguesa- de los dirigentes reformistas de su poca. Esto lo llev a tomar distancia de polticos como Vctor Ral Haya de la Torre, en Per, Rmulo Betancourt, en Venezuela, Jos Figueres, en Costa Rica, Luis Muoz Marn, en Puerto Rico, etc., los cuales partiendo de posiciones progresistas, y hasta revolucionarias, describieron una parbola ideolgica que los llev finalmente a servir al imperialismo y las oligarquas.

Allende, en cambio, fortaleci en el curso de su lucha sus ideales socialistas y avizor el futuro latinoamericano en la naciente Revolucin Cubana, a la que entreg su solidaridad sin enajenar su conviccin de la posibilidad de una revolucin pacfica en Chile. Esa actitud explica tambin la simpata que Allende senta por el Che Guevara y por la juventud revolucionaria de Chile y Amrica Latina, respetando la honestidad y valor de su rebelda. Allende -revolucionario en la reciedumbre de sus convicciones- tambin estaba dispuesto a morir, como en efecto lo hizo, en defensa de la Constitucin y las leyes. Bloqueado el camino a un plebiscito por el zarpazo golpista, Allende no tuvo otra opcin que el sacrificio de su vida para responder a la lealtad del pueblo.

A Salvador Allende se le pueden criticar diversos aspectos de su tarea como gobernante y de su pensamiento poltico. Pero todos sus errores tuvieron como matriz una inconmovible lealtad a los valores de la democracia en que se haba formado. Posiblemente el peor de sus errores fue su confianza en las fuerzas armadas, a las que crea fieles a la doctrina Schnei-der de respeto absoluto a la Constitucin. Para Allende -como lo repiti tantas veces- las fuerzas armadas eran el pueblo con uniforme. Crea que la revolucin chilena -con sabor a empanadas y vino tinto-, que surgi de la voluntad del pueblo, merecera la obediencia y lealtad que la Constitucin y las leyes sealaban a las FF.AA. Este pensamiento lo reflejan sus palabras del 1 de mayo de 1971: Slo un pueblo disciplinado, organizado y consciente ser, junto a la lealtad de las FF.AA. y Carabineros, la mayor defensa del gobierno popular y del futuro de la Patria.

Sin embargo, el verdadero patriotismo de las FF.AA. -hacer camino junto a su pueblo-, estaba minado por doctrinas y entrenamientos extranjeros. Sus oficiales no eran leales al gobierno constitucional de la Repblica, sino al sistema que regulaba -y todava regula- el poder imperial. Pero an as, hay que reconocerlo, hubo militares leales como el general Carlos Prats, comandante en jefe del ejrcito, obligado a renunciar por la presin golpista (y ms tarde asesinado junto con su esposa en Buenos Aires); el almirante Ral Montero Cornejo, comandante en jefe de la Armada, arrestado la noche anterior al golpe, o el general Jos Mara Seplveda Galindo, director general de Carabineros que se present en La Moneda el 11 de septiembre antes de ser destituido por la mafia golpista.

Distintos lderes advirtieron al presidente Allende que la revolucin chilena tena pies de barro si no aseguraba el apoyo de las FF.AA. Uno de los mensajes ms claros -y pblico- fue del premier chino Chou En Lai(*) quien pronostic que la experiencia chilena terminara en un golpe de Estado. Allende, sin embargo, desoy las advertencias confiando en una tradicin democrtica que no era tal. Poco antes de la sublevacin militar, Allende rechaz la sugerencia del general Prats de llamar a retiro inmediato a los generales golpistas ms activos y al vicecomandante de la Armada, Jos Toribio Merino. Es notable que Prats no planteara la destitucin de su sucesor en la comandancia en jefe del ejrcito, Augusto Pinochet. Hasta entonces el cinismo de Pinochet, as como sus instintos criminales y desorbitada ambicin de poder y riqueza, eran un misterio para todos.

El golpe tuvo prolongada gestacin. Sus preparativos incluyeron hasta un programa para implantar la economa de mercado como pieza maestra del sistema que gobernara en las prximas dcadas. La conspiracin se haba puesto en marcha incluso antes de la instalacin del gobierno de Allende. La intervencin norteamericana se materializ casi de inmediato, para hacer chillar la economa, como orden Nixon a la CIA. Junto con el sabotaje econmico -provocando inflacin, desabastecimiento y mercado negro-, el golpismo desat una campaa de desprestigio de Allende. A la vez puso en accin los atentados dinamiteros de Patria y Libertad -una banda de extrema derecha asesorada y pertrechada por militares y marinos-. Simultneamente, movilizaba mujeres, estudiantes, camioneros, comerciantes, profesionales y sectores de trabajadores. La oposicin censuraba en el Parlamento a los ministros e intentaba alcanzar los dos tercios para inhabilitar al propio presidente. Esa meta no la pudieron alcanzar (ver pgs.16 a 18 de esta edicin), lo cual desencaden el golpe.

Si hoy queremos reconstruir una alternativa de Izquierda para Chile, resulta indispensable revisar esta historia. Por eso, a partir de esta edicin, Punto Final reproducir anlisis, entrevistas, reportajes y columnas de opinin que public entre marzo y septiembre de 1973. Queremos contribuir a generar un debate que abra nuevos caminos a la reconstruccin de la Izquierda. Pero nuestro aporte ser insuficiente. Se trata de un periodo histrico que requiere mil miradas para captar toda la compleja riqueza de sus lecciones. Invitamos pues a las organizaciones sociales y polticas a debatir esas experiencias. La herencia de la tirana -el modelo econmico, poltico y cultural- se mantiene intacta. Las FF.AA. siguen siendo los cancerberos del modelo junto con la institucionalidad poltica. Una alternativa de Izquierda con un proyecto socialista apropiado a este cambio de poca, necesita mirar al pasado para reconocer el presente. Recoger nuestras victorias y derrotas es la mejor forma de rendir homenaje a Salvador Allende y a los miles de hroes y mrtires de la lucha por la libertad de la patria. Eso nos permitir integrarnos a la realidad que hoy est modificando la geografa poltica y social del continente.

(*) Entrevista en el peridico mexicano Excelsior, 6 de septiembre de 1971.

www.puntofinal.cl



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