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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2013

Cul es la diferencia entre un Ipad y un rin?

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


En la calle de los Bataneros, en la Medina de Tnez, encontr hace poco, entre los pecios de otra poca y otra cultura, la edicin francesa de una vieja revista sovitica de 1966: Estudios internacionales a la luz del marxismo. Se trataba de un monogrfico dedicado a la produccin y el consumo en la URRS, muy revelador del marco mental compartido en el que socialismo y capitalismo trataron de afirmar su superioridad durante la Guerra Fra.

Todos los textos de este nmero 56 de Recherches se inscriben en el mismo inquietante presupuesto ideolgico: el de que el socialismo consiste bsicamente en la liberacin de las fuerzas productivas, trabadas por las relaciones de produccin capitalistas, y que su verdad objetiva se manifiesta, por tanto, en su superior capacidad para la produccin y el consumo. La URRS -se insiste- no slo puede producir ms y mejor sino hacerlo de manera que responda a ms velocidad y con ms satisfaccin a las crecientes demandas de los consumidores. Como observa uno de los colaboradores, Serafim Pervouchine, el descontento de los jvenes soviticos en los aos 60 puede ser moralmente reprobable para los viejos que conocieron las penurias del perodo pre-revolucionario y de la guerra civil, pero es comprensible y legtimo desde un punto de vista socialista: las nuevas generaciones consideran las condiciones de vida que ha heredado no como el summum del bienestar humano sino como un punto de partida hacia nuevos horizontes. A diferencia de lo que ocurre bajo el capitalismo, sigue el autor, el mercado socialista es ilimitado y en l los ciudadanos soviticos descubren y satisfacen todos los das nuevas necesidades insospechadas, fuente de nuevos desarrollos productivos que desprenden a su vez nuevos deseos individuales y colectivos. El mercado, en todo caso, aparece como un dispositivo de medicin insoslayable: sin l no podramos medir la relacin en trminos de valor entre las mercancas ni el valor de las mercancas en su relacin con el trabajo humano. Pero sin l, adems, no podramos ni evaluar ni enriquecer las necesidades de los consumidores ni acelerar, por tanto, el crecimiento econmico que habr de derribar definitivamente el capitalismo.

Hoy conocemos los lmites ecolgicos de esta lgica ilimitada, pero la pregunta que a uno le asalta leyendo estas pginas tiene que ver con la diferencia esencial entre capitalismo y socialismo. Hay alguna? La planificacin. Lo que pretendan los economistas de la URSS es que slo la planificacin poda racionalizar el mercado, evitando redundancias, despilfarros y desviacin intil de energas; que slo la planificacin poda privilegiar unos sectores sobre otros, garantizando la satisfaccin de las nuevas necesidades materiales a medida que iban apareciendo. Por desgracia, en los aos 60 -como demuestra la perplejidad de los textos incluidos en el volumen- no se poda ya ignorar el hecho de que el mercado capitalista, con la relacin salarial como regla automtica de puniciones y recompensas, era mucho ms eficaz que la planificacin socialista a la hora de destruir riqueza y corromper sensibilidades. Los soviticos, en efecto, observaba Pervouchine, no tienen alicientes para el trabajo y por lo tanto hay que imponrselos desde fuera: premios y castigos administrativos, santificacin comunista del esfuerzo, apelaciones a la conciencia e imposicin de cadencias de trabajo en las fbricas; es decir, de horarios y ritmos capitalistas. La belleza utpica del disfrute material ilimitado y el descubrimiento de nuevas necesidades conduca sobre el terreno al spero realismo de la coercin, la frustracin, la vigilancia y la propaganda.

Lo que fallaba quizs no era el principio de planificacin sino la tentativa de aplicarlo a un campo que no era el suyo. La superioridad del capitalismo en destrabar los impulsos no debe despertar admiracin sino temor y resistencia; y el fracaso del comunismo sovitico en esa rivalidad suicida debera servir para recuestionar la relacin entre produccin, lmites y necesidades. Porque tiene razn Pervouchine: cada sucesivo peldao del desarrollo material es el umbral de un nuevo horizonte de necesidades materiales y espirituales que exigen ser satisfechas y que, an ms, se convierten por eso mismo en derechos. Pensemos en la electricidad, por ejemplo, sin la cual sera imposible alimentar a los seres humanos y curar sus enfermedades; o en la imprenta, a travs de la cual se conquistan los ms elementales derechos polticos. El problema se manifiesta en toda su acuidad cuando descubrimos de pronto que la contradiccin verdaderamente destructiva para la humanidad no es la que enfrenta fuerzas productivas y relaciones de produccin sino necesidades individuales y necesidades colectivas.

Cmo distinguir, por ejemplo, un ipad de un rin? No me refiero ahora al carcter orgnico de la tecnologa, sobre el que he llamado la atencin tantas veces, sino a las dificultades mucho ms banales y, al mismo tiempo, mucho ms insondables que plantea este titular reciente de un peridico espaol: Un adolescente chino vende un rin por 2.000 para comprar un iPad y un iPhone, una prueba ms del boom del mercado de rganos. Es extrao, desde luego, que el periodista deduzca del gesto del joven chino el boom del mercado de rganos cuando lo que ese gesto ilumina ms bien es el boom del mercado de ipads. Que haya un mercado de riones no tiene nada de raro en trminos de mercado clsico: mi cuerpo es mo, ha producido dos riones y por lo tanto me sobra uno con el que puedo hacer lo que me d la gana sin poner en peligro mi vida ni la de los dems. Podra tambin regalarlo o destinarlo a restablecer la salud de un pariente enfermo. Por qu escandalizarse? El mercado exige la planificacin individual; es el cuento de la lechera: voy a la plaza y vendo la leche y me compro un puerco y tienen puerquitos y me compro un vestido y me caso con un prncipe, etc. Est bien, es bonito. El problema es que el mercado capitalista, que se basa en esa planificacin individual muy primitiva y transparente, pone en relacin decisiones privadas con objetos colectivos. Mi rin es mo, pero, de quin es el ipad? Un ipad es un depsito de trabajo social y ciencia universal cuya produccin, adems, genera efectos colaterales que afectan al destino colectivo de la humanidad. No es una cosa mucho ms seria que un rin?

El escndalo estriba, pues, en que el mercado capitalista trata como equivalentes un rin y un ipad y obliga adems a elegir, como entre la muerte y la vida, entre los dos. Se rige por el cuento de la lechera, que es el de la planificacin individual, respetable y ancestral, mientras moviliza recursos colectivos en los que ningn cuento de la lechera puede penetrar, salvo para lubricar la destruccin. La solucin no puede ser la de reprimir el cuento de la lechera sino la de dar la oportunidad al lechero de intervenir adems en la planificacin colectiva, a la luz de la cual su cuento se revela precisamente un cuento; es decir, como en el caso de la lecherita legendaria del cntaro roto, una fantasa peligrosa. Eso se llama democracia social: la posibilidad de decidir colectivamente, fuera del mercado, si mis necesidades individuales son compatibles o no con las necesidades colectivas y con las necesidades individuales de la prxima generacin.

Y luego, adems, si realmente -como seala bien Pervouchine- las necesidades son sociales y no slo naturales, no se puede planificar socialmente la necesidad de la naturaleza? No se puede planificar -digamos- el fanatismo por las flores? Son una necesidad material, objetiva, colectiva, pero son ms que eso: yo mismo, que odiaba de adolescente todos los rboles y todos los jazmines, hoy me encuentro, a principios de marzo, aguardando con ansiedad el estallido de las buganvillas, las lantanas, las violetas, las jacarands. Las necesito y dara mi rin derecho a cambio de asegurar la llegada para todos de una nueva primavera. Lo que los antroplogos llaman sacrificios cuando hablan de las religiones antiguas es en realidad una forma confusa de negociacin colectiva. Una gran negociacin colectiva -socialismo y democracia- es lo nico que podr convencer al lechero de que el cuento ms hermoso ese se en el que l seguir vivo -y sus hijos y las flores- despus de vender la leche.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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