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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2013

La mutacin del sistema de intervencin militar de los Estados Unidos
La ilusin del metacontrol imperial del caos

Jorge Beinstein
Rebelin

Conferencia dictada en el Seminario Nuestra Amrica y Estados Unidos: desafos del Siglo XXI. Facultad de Ciencias Econmicas de la Universidad Central del Ecuador, Quito, 30 y 31 de Enero de 2013.


Las Ilusiones desesperadas generan vida en tus venas

St. Vulestry

 

La gente cree que las soluciones provienen de su capacidad de estudiar

sensatamente la realidad discernible. En realidad, el mundo ya no

funciona as. Ahora somos un imperio y, cuando actuamos, creamos

nuestra propia realidad. Y mientras t ests estudiando esa realidad,

actuaremos de nuevo, creando otras realidades que tambin puedes

estudiar. Somos los actores de la historia, y a vosotros, todos vosotros,

slo os queda estudiar lo que hacemos.

Karl Rove, asesor de George W. Bush, verano de 2002 (1)


Guerra y economa

Conceptos tales como keynesianismo militar o economa de la guerra permanente constituyen buenos disparadores para entender el largo ciclo de prosperidad imperial de los Estados Unidos: su despegue hace algo ms de siete dcadas, su auge y el reciente ingreso a su etapa de agotamiento abriendo un proceso militarista-decadente actualmente en curso.

En 1942 Michal Kelecki expona el esquema bsico de lo que posteriormente fue conocido como keynesianismo militar. Apoyndose en la experiencia de la economa militarizada de la Alemania nazi, el autor sealaba las resistencias de las burguesas de Europa y Estados Unidos a la aplicacin de polticas estatales de pleno empleo basadas en incentivos directos al sector civil y su predisposicin a favorecerlas cuando se orientaban hacia las actividades militares (2). Ms adelante Kalecki ya en plena Guerra Fra describa las caractersticas decisivas de lo que calificaba como tringulo hegemnico del capitalismo norteamericano que combinaba la prosperidad interna con el militarismo descripto como convergencia entre gastos militares, manipulacin meditica de la poblacin y altos niveles de empleo (3).

Esta lnea de reflexin, a la que adhirieron entre otros Harry Magdoff, Paul Baran y Paul Sweezy, planteaba tanto el xito a corto-mediano plazo de la estrategia de Manteca + Caones (Guns and Butter Economy) que fortaleca al mismo tiempo la cohesin social interna de los Estados Unidos y su presencia militar global, como sus lmites e inevitable agotamiento a largo plazo.

Sweezy y Baran pronosticaban (acertadamente) hacia mediados de los aos 1960 que uno de los lmites decisivos de la reproduccin del sistema provena de la propia dinmica tecnolgica del keynesianismo militar, pues la sofisticacin tcnica creciente del armamento tenda inevitablemente a aumentar la productividad del trabajo reduciendo sus efectos positivos sobre el empleo y finalmente la cada vez ms costosa carrera armamentista tendra efectos nulos o incluso negativos sobre el nivel general de ocupacin (4).

Es lo que se hizo evidente desde fines de los aos 1990, cuando se inici una nueva etapa de gastos militares ascendentes que contina en la actualidad, marcando el fin de la era del keynesianismo militar. Ahora, el desarrollo en los Estados Unidos de la industria de armas y sus reas asociadas incrementa el gasto pblico causando dficit fiscal y endeudamiento, sin contribuir a aumentar en trminos netos el nivel general de empleo. En realidad, su peso financiero y su radicalizacin tecnolgica contribuyen de manera decisiva a mantener altos niveles de desocupacin y un crecimiento econmico nacional anmico o negativo transformndose as en un catalizador que acelera, profundiza la crisis del Imperio (5).

Por otra parte los primeros textos referidos a la llamada economa de la guerra permanente aparecieron en los Estados Unidos a comienzos de los aos 1940. Se trataba de una visin simplificadora que, por lo general, subestimaba los ritmos y atajos concretos de la historia, pero que hoy resulta sumamente til para comprender el desarrollo del militarismo en el muy largo plazo.

Hacia 1944 Walter Oakes defina una nueva fase del capitalismo donde los gastos militares ocupaban una posicin central; no se trataba de un hecho coyuntural impuesto por la Segunda Guerra Mundial en curso, sino de una transformacin cualitativa integral del sistema cuya reproduccin ampliada universal durante ms de un siglo, haba terminado por generar masas de excedentes de capital que no encontraban en las potencias centrales espacios de aplicacin en la economa civil productora de bienes y servicios de consumo y produccin.

La experiencia de los aos 1930, como lo demostraba Oakes, sealaba que ni las obras pblicas del New Deal de Roosevelt en los Estados Unidos, ni la construccin de autopistas en Alemania nazi, haban conseguido una significativa recuperacin de la economa y el empleo: solo la puesta en marcha de la economa de guerra, en Alemania primero y desde 1940 en los Estados Unidos, haba logrado dichos objetivos (6).

En el caso alemn la carrera armamentista termin con una derrota catastrfica, en el caso norteamericano la victoria no llev a la reduccin del sistema militar-industrial sino a su expansin.

Al reducirse los efectos de la guerra, la economa de los Estados Unidos comenz a enfriarse y el peligro de recesin asom su rostro, pero el inicio de la guerra fra y luego la guerra de Corea (1950) alejaron al fantasma abriendo un nuevo ciclo de gastos militares.

En octubre de 1949 el profesor de la Universidad de Harvard Summer Slichter, de gran prestigio en ese momento, sealaba ante una convencin de banqueros: [La Guerra Fra] incrementa la demanda de bienes, ayuda a mantener un alto nivel de empleo, acelera el progreso tecnolgico, todo lo cual mejora el nivel de vida en nuestro pas en consecuencia nosotros deberamos agradecer a los rusos por su contribucin para que el capitalismo funcione mejor que nunca en los Estados Unidos . Hacia 1954 apareca la siguiente afirmacin en la revista U.S. News & World Report: Qu significa para el mundo de los negocios la Bomba H?: un largo perodo de grandes ventas que se incrementarn en los prximos aos. Podramos concluir con esta afirmacin: la bomba H ha arrojado a la recesin por la ventana (7).

Como lo sealaba a comienzos de los aos 1950 T. N. Vance, uno los tericos de la economa de la guerra permanente, los Estados Unidos haban ingresado en una sucesin de guerras que definan de manera irreversible las grandes orientaciones de la sociedad, despus de la guerra de Corea solo caba esperar nuevas guerras (8).

En su texto fundacional de la teora, Walter Oakes realizaba dos pronsticos decisivos: la inevitablidad de una tercera guerra mundial que ubicaba hacia 1960 y el empobrecimiento de los trabajadores norteamericanos desde fines de los aos 1940, provocada por la dinmica de concentracin de ingresos motorizada por el complejo militar-industrial (9).

Podemos en principio considerar desacertados a dichos pronsticos. No se produjo la tercera guerra mundial aunque se consolid la Guerra Fra, que mantuvo la ola militarista durante ms de cuatro dcadas, atravesada por dos grandes guerras regionales (Corea y Vietnam) y una densa serie de pequeas y medianas intervenciones imperiales directas e indirectas. Cuando se esfum la Guerra Fra, luego de un breve intermedio en los aos 1990 la guerra universal del Imperio prosigui contra nuevos enemigos que justificaban su desarrollo (guerras humanitarias, guerra global contra el terrorismo, etctera): la oferta de servicios militares, el aparato militarista y las reas asociadas al mismo creaban, inventaban, su propia demanda.

Tampoco se precipit el empobrecimiento de las clases bajas de los Estados Unidos; por el contrario, la redistribucin keynesiana de ingresos se mantuvo hasta los aos 1970, el nivel de vida de los trabajadores y las clases medias mejor sustancialmente, funcion la interaccin positiva entre militarismo y prosperidad general. A eso contribuyeron varios factores, entre ellos la explotacin de la periferia ampliada gracias a la emergencia de los Estados Unidos como superpotencia mundial apuntalada por su aparato militar, el restablecimiento de las potencias capitalistas afectadas por la guerra (Japn, Europa Occidental) que en la nueva era se encontraban estrechamente asociadas a los Estados Unidos y el enorme efecto multiplicador a nivel interno de los gastos militares sobre el consumo, el empleo y la innovacin tecnolgica. Algunos de estos factores, subestimados por Oakes, haban sido sealados a mediados de los aos 1960 por Sweezy y Baran (10).

Sin embargo la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca (1980) marc una ruptura en la tendencia (aunque ya desde los aos 1970 haban aparecido los primeros sntomas de la enfermedad), y se inici un proceso de concentracin de ingresos que fue avanzando cada vez ms rpido en las dcadas posteriores.

Entre 1950 y 1980 el 1 % ms rico de la poblacin de los Estados Unidos absorba cerca del 10 % del Ingreso Nacional (entre 1968 y 1978 se mantuvo por debajo de esa cifra) pero a partir de comienzos de los aos 1980 esa participacin fue ascendiendo, hacia 1990 llegaba al 15 % y cerca de 2009 se aproximaba al 25 %.

Por su parte el 10 % ms rico absorba el 33 % del Ingreso Nacional en 1950, mantenindose siempre por debajo del 35 % hasta fines de los aos 1970, pero en 1990 ya llegaba al 40 % y en 2007 al 50 % (11).

El salario horario promedio fue ascendiendo en trminos reales desde los aos 1940 hasta comienzos de los aos 1970 en que comenz a descender y un cuarto de siglo ms tarde haba bajado en casi un 20 % (12). A partir de la crisis de 2007-2008 con el rpido aumento de la desocupacin se aceler la concentracin de ingresos y la cada salarial: algunos autores utilizan el trmino implosin salarial (13).

Una buena expresin del deterioro social es el aumento de los estadounidenses que reciben bonos de ayuda alimentaria (food stamps), dicha poblacin indigente llegaba a casi 3 millones en 1969 (en plena prosperidad keynesiana), subieron a 21millones en 1980, a 25 millones en 1995 y a 47 millones en 2012 (14).

Mientras tanto los gastos militares no dejaron de crecer, impulsados por sucesivas olas belicistas incluidas en el primer gran ciclo de la guerra fra (1946-1991) y en el segundo ciclo de la guerra contra el terrorismo y las guerras humanitarias desde fines de los aos 1990 hasta el presente (Guerra de Corea, Guerra de Vietnam, Guerra de las Galaxias de la era Reagan, Guerra de Kosovo, Guerras de Irak y Afganistn, etctera).

Luego de la Segunda Guerra Mundial podemos establecer dos perodos bien diferenciados en la relacin entre gastos pblicos y crecimiento econmico (y del empleo) en los Estados Unidos. El primero abarca desde mediados de los aos 1940 hasta fines de los aos 1960 donde los gastos pblicos crecen y las tasas de crecimiento econmico se mantienen en un nivel elevado, son los aos dorados del keynesianismo militar.

El mismo es seguido por un perodo donde los gastos pblicos siguen subiendo tendencialmente pero las tasas de crecimiento econmico oscilan en torno de una lnea descendente, marcando la decadencia y fin del keynesianismo: el efecto multiplicador positivo del gasto pblico declina inexorablemente hasta llegar al dilema sin solucin, evidente en estos ltimos aos de crecimientos econmicos anmicos donde una reduccin del gasto estatal tendra fuertes efectos recesivos mientras que su incremento posible (cada vez menos posible) no mejora de manera significativa la situacin.

As como el xito histrico del capitalismo liberal en el siglo XIX produjo las condiciones de su crisis, su superador keynesiano tambin gener los factores de su posterior decadencia.

La marcha exitosa del capitalismo liberal concluy con una gigantesca crisis de sobreproduccin y sobreacumulacin de capitales que desat rivalidades interimperialistas, militarismo y estall bajo la forma de Primera Guerra Mundial (1914-1918). La solucin consisti en la expansin del Estado, en especial su estructura militar, Alemania y Japn fueron los pioneros.

La transicin turbulenta entre el viejo y el nuevo sistema dur cerca de tres dcadas (1914-1945) y de ella emergieron los Estados Unidos como nica superpotencia capitalista integrando estratgicamente a su esfera de dominacin a las otras grandes economas del sistema. El keynesianismo militar norteamericano apareci entonces en el centro dominante de los Estados Unidos: el centro del mundo capitalista. Vance sealaba que con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos y el capitalismo mundial entraron en la nueva era de la Economa de la Guerra Permanente (15). Fue as si lo entendemos como victoria definitiva del nuevo sistema precedida por una compleja etapa preparatoria iniciada en la segunda dcada del siglo XX.

Su gnesis est marcada por el nazismo, primer ensayo exitoso-catastrfico de keynesianismo militar: su trama ideolgica, que lleva hasta el lmite ms extremo el delirio de la supremaca occidental, sigue aportando ideas a las formas imperialistas ms radicales de Occidente, como los halcones de George W. Bush o los sionistas neonazis del siglo XXI. Por otra parte, estudios rigurosos del fenmeno nazi descubren no solo sus races europeas (fascismo italiano, nacionalismo francs, etctera) sino tambin norteamericanas (16). Aunque luego de la guerra el triunfo de la economa militarizada en los Estados Unidos asumi un rostro civil y democrtico, ocultando sus fundamentos blicos.

La decadencia del keynesianismo militar encuentra una primera explicacin en su hipertrofia e integracin con un espacio parasitario imperial ms amplio donde la trama financiera ocupa un lugar decisivo. En una primera etapa el aparato industrial-militar y su entorno se expandieron convirtiendo al gasto estatal en empleos directos e indirectos, en transferencias tecnolgicas dinamizadoras del sector privado, en garanta blindada de los negocios imperialistas externos, etctera. Pero con el correr del tiempo, con el ascenso de la prosperidad imperial, incentiv y fue incentivado por una multiplicidad de formas sociales que parasitaban sobre el resto del mundo al mismo tiempo que tomaban cada vez mayor peso interno.

Adems el continuo crecimiento econmico termin provocando saturaciones de mercados locales, acumulaciones crecientes de capital, concentracin empresaria y de ingresos. El capitalismo norteamericano y global se encaminaba hacia fines de los aos 1960 hacia una gran crisis de sobreproduccin que provoc las primeras perturbaciones importantes bajo la forma de crisis monetarias (crisis de la libra esterlina, fin del patrn dlar-oro en 1971), luego energticas (shocks petroleros de 1973-74 y 1979) atravesadas por desajustes inflacionarios y recesivos (estanflacin).

En las dcadas siguientes la crisis no fue superada sino amortiguada, postergada travs de la superexplotacin y el saqueo de la periferia, la financierizacin, los gastos militares, etctera. Todo ello no reinstal el dinamismo de la postguerra pero impidi el derrumbe, suaviz la enfermedad agravndola a largo plazo.

La tasa de crecimiento real de la economa norteamericana fue recorriendo de manera irregular una lnea descendente y en consecuencia sus gastos improductivos crecientes fueron cada vez menos respaldados por la recaudacin tributaria. Y al dficit fiscal se le sum el dficit del comercio exterior perpetuado por la prdida de competitividad global de la industria.

El Imperio se fue convirtiendo en un mega parsito mundial, acumul deudas pblicas y privadas ingresando en un crculo vicioso ya visto en otros imperios decadentes; el parasitismo degrada al parsito, lo hace ms y ms dependiente del resto del mundo, lo que exacerba su intervencionismo global, su agresividad militar.

El mundo es demasiado grande desde el punto de vista de sus recursos concretos (financieros, militares, etctera) pero el logro del objetivo histricamente imposible de dominacin global es su nica posibilidad de salvacin como Imperio. Los gastos militares y el parasitismo en general aumentan, los dficits crecen, la economa se estanca, la estructura social interna se deteriora lo que Paul Kennedy defina como excesiva extensin imperial (17) es un hecho objetivo determinado por las necesidades imperiales que opera como una trampa histrica de la que el Imperio no puede salir.

Gastos militares

Los gastos militares de los Estados Unidos aparecen subestimados en las estadsticas oficiales. En 2012 los gastos del Departamento de Defensa llegaron a unos 700 mil millones de dlares, si a los mismos se les adicionan los gastos militares que aparecen integrados (diluidos) en otras reas del Presupuesto (Departamento de Estado, USAID, Departamento de Energa, CIA y otras agencias de seguridad, pagos de intereses, etctera) se llegara a una cifra cercana a los 1,3 billones (millones de millones) de dlares18. Esa cifra equivale a casi el 9 % del producto Bruto Interno, al 50 % de los ingresos fiscales previstos, al 100 % del dficit fiscal.

Esos gastos militares reales representaron casi el 60 % de los gastos militares globales aunque si les sumamos los de sus socios de la OTAN y de algunos pases vasallos extra-OTAN como Arabia Saudita, Israel o Australia se llegara como mnimo al 75 %19.

A partir del gran impulso inicial en la Segunda Guerra Mundial y el descenso en la inmediata post guerra los gastos militares reales norteamericanos oscilaron en torno de una tendencia ascendente atravesando cuatro grandes olas belicistas: la guerra de Corea a comienzos de los aos 1950, la guerra de Vietnam desde los aos 1960 hasta mediados de los aos 1970, la guerra de las galaxias de la era Reagan en los aos 1980 y las guerras humanitarias y contra el terrorismo de la post guerra fra.

El keynesianismo militar del Imperio ha quedado en el pasado, pero la idea de que guerra externa y prosperidad interna van de la mano sigue dominando el imaginario de vastos sectores sociales en los Estados Unidos, son restos ideolgicos sin base real en el presente pero tiles para la legitimacin de las aventuras blicas.

Nstor Kirchner, ex presidente de Argentina, revel en una entrevista con el director Oliver Stone para su documental South of the Border, que el ex presidente de los Estados Unidos George W. Bush estaba convencido de que la guerra era la manera de hacer crecer la economa de los Estados Unidos. El encuentro entre ambos presidentes se produjo en una cumbre en Monterrey, Mxico, en enero de 2004, y la versin del presidente argentino es la siguiente: Yo dije que la solucin a los problemas en este momento, le dije a Bush, es un Plan Marshall. Y l se enoj. Dijo que el Plan Marshall es una idea loca de los demcratas y que la mejor forma de revitalizar la economa es la guerra. Y que los Estados Unidos se han fortalecido con la guerra (20).

Recientemente Peter Schiff, presidente de la consultora financiera Euro Pacific Capital escribi un texto delirante ampliamente difundido por las publicaciones especializadas cuyo ttulo lo dice todo. Porque no otra Guerra mundial? (21). Comenzaba su artculo sealando el consenso entre los economistas de que la Segunda Guerra Mundial permiti a los Estados Unidos superar la Gran Depresin y que si las guerras de Irak y Afganistn no consiguieron reactivar de manera durable a la economa norteamericana se debe a que dichos conflictos son demasiado pequeos para ser econmicamente importantes.

Si enfocamos el anlisis en la relacin entre gastos militares, PBI y empleo constataramos lo siguiente: los gastos militares pasaron de 2800 millones de dlares en 1940 a 91 mil millones en 1944 lo que impuls al Producto Bruto Interno nominal de 101 mil millones de dlares en 1940 a 214 mil millones en 1944 (se duplic en solo cuatro aos), la tasa de desocupacin apenas baj del 9 % en 1939 al 8 % en 1940 pero en 1944 haba cado al 0,7 %, el primer salto importante en los gastos militares se produjo entre 1940 y 1941 cuando pasaron de 2800 millones de dlares a 12700 millones equivalentes al 10 % del PBI (22) proporcin bastante parecida a la de 2012 (u$s 1,3 billones, aproximadamente 9 % del PBI). Esto significa que el gasto militar de 1944 equivala a unas siete veces el de 1941. Si trasladamos ese salto a cifras actuales eso significa que el gasto militar real de los Estados Unidos debera llegar en 2015 a unos 9 billones (millones de millones) de dlares equivalentes por ejemplo a siete veces el dficit fiscal de 2012.

La sucesin de saltos en el gasto pblico entre 2012 y 2015 acumulara una gigantesca masa de dficits que ni los ahorristas norteamericanos ni los del resto del mundo estaran en condiciones de cubrir comprando ttulos de deuda de un imperio enloquecido.

Schift recuerda en su texto que los ahorristas norteamericanos compraron durante la Segunda Guerra Mundial 186 mil millones de dlares en bonos de deuda pblica equivalentes al 75 % de la totalidad de gastos del gobierno federal entre 1941 y 1945 concluyendo que esa proeza es hoy imposible. Simplemente, nos explica Schift llevando al extremo su razonamiento siniestro, no hay de donde obtener el dinero necesario para poner en marcha una estrategia militar-reactivadora similar a la de 1940-45.

En realidad esa imposibilidad es mucho ms fuerte. La economa de los Estados Unidos de 1940 estaba dominada por componentes productivas, principalmente industriales, actualmente el consumismo, toda clase de servicios parasitarios (empezando por la maraa financiera), la decadencia generalizada de la cultura de produccin, etctera, nos indican que ni aun aplicando una inyeccin de gastos pblicos equivalente a la de 1940-45 se podra lograr una reactivacin de esa envergadura. El parsito es demasiado grande, su senilidad est muy avanzada, no hay ninguna medicina keynesiana que lo pueda curar o que por lo menos sea capaz de restablecer una parte significativa de su vigor juvenil.

Privatizacin, informalizacin y elitizacin. Lumpen-imperialismo.

La guerra asitica, la ms ambiciosa de la historia de los Estados Unidos, fracas tanto desde el ngulo poltico-militar como del econmico, la estrategia de dominacin de la franja territorial que va desde los Balcanes hasta Pakistn pasando por Turqua, Siria, Irak, Iran y las ex repblicas soviticas de Asia central se encuentra hoy empantanada. Sin embargo, su desarrollo permiti transformar el dispositivo militar del Imperio convirtiendo su maquinaria de guerra tradicional en un sistema flexible a medio camino entre las estructuras formales regidas por la disciplina militar convencional y las informales agrupando una maraa confusa de ncleos operativos oficiales y bandas de mercenarios.

El proceso de integracin de mercenarios a las operaciones militares tiene antecedentes en los tramos finales de la guerra fra, la organizacin de los contras en Nicaragua y de los muyahidines en Afganistn pueden ser consideradas como los primeros pasos en los aos 1970 y 1980 de las nuevas estrategias de intervencin. Decenas de miles de mercenarios fueron en esos casos entrenados, armados y financiados con resultados exitosos para el Imperio.

Segn diversos estudios sobre el tema, los Estados Unidos y Arabia Saudita gastaron unos 40 mil millones de dlares en las operaciones afganas (donde comenz su carrera internacional el por entonces joven ingeniero Osama Bin Laden) asestando un golpe decisivo a la URSS (23). Otro paso importante fueron las guerras tnicas en Yugoslavia durante los aos 1990, donde los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, principalmente Alemania, desarrollaron una compleja tarea de desintegracin de ese pas cuyo xito se apoy en la utilizacin de mercenarios, el caso ms notorio fue el de guerra de Kosovo donde se destac el ELK (Ejrcito de Liberacin de Kosovo) cuyos integrantes eran principalmente reclutados desde redes mafiosas (trfico de drogas, etctera) bajo el mando directo de la CIA extendiendo sus lazos hasta el ISI (servicio de inteligencia de Pakistn). Actualmente, el estado kosovar independiente aparece vinculado con la intervencin de la OTAN en Siria, en Junio de 2012 el ministro de relaciones exteriores de Rusia exiga el cese de las operaciones de desestabilizacin de Siria realizadas desde Kosovo (24).

Estas nuevas prcticas de intervencin fueron acompaadas por un denso proceso de reflexin de los estrategas imperiales disparado por la derrota en Vietnam. La Guerra de Baja Intensidad fue uno de sus resultados y las teorizaciones en torno de la llamada Guerra de Cuarta Generacin (4GW) consolidaron la nueva doctrina en cuyo paper fundacional (1989) redactado por William Lind y tres miembros de las fuerzas armadas de los Estados Unidos y publicado en el Marine Corps Gazete (25) son borradas las fronteras entre las reas civil y militar: toda la sociedad enemiga en especial su identidad cultural pasa a ser el objetivo de la guerra.

La nueva guerra es definida como descentralizada, poniendo el nfasis en la utilizacin de fuerzas militares no estatales (es decir paramilitares), empleando tcticas de desgaste propias de las guerrillas, etc. A ello se agrega el empleo intenso del sistema meditico tanto focalizado contra la sociedad enemiga como abarcando a la llamada opinin pblica global (el pueblo enemigo es al mismo tiempo atacado psicolgicamente y aislado del mundo) combinado con acciones de guerra de alto nivel tecnolgico. En este ltimo caso se trata de aprovechar la gigantesca brecha tecnolgica existente entre el imperio y la periferia para golpearla sin peligro de respuesta, es lo que los especialistas denominan confrontacin asimtrica high-tech/no-tech.

Las estadsticas oficiales referidas a los mercenarios son por lo general confusas y parciales, de todos modos algunos datos provenientes de fuentes gubernamentales, civiles o militares, pueden ilustrarnos acerca de la magnitud del fenmeno. En primer lugar el rol del Departamento de Defensa, principal contratista de mercenarios, su presupuesto destinado a esos gastos se increment en cerca de un 100 % entre el 2000 y el 2005 empleando modalidades propias de las grandes empresas transnacionales como la tercerizacin y la relocalizacin de actividades, lo que ha producido un gigantesco universo en expansin de negocios privados consagrados a la guerra financiados por el Estado y generadores de intrincados entramados de corrupciones y corruptelas (26).

El llamado Mando Central militar de los Estados Unidos (US CENTCOM) dio a conocer recientemente algunos datos significativos: los mercenarios contratados reconocidos en el rea de Medio Oriente-Asia Central llegaran a unos 137 mil trabajando directamente para el Pentgono, de ese total solo unos 40 mil seran ciudadanos norteamericanos. Aunque segn datos del Departamento de Defensa sumando los datos de Afganistn e Irak estaran en el terreno unos 175 mil soldados regulares y 190 mil mercenarios: el 52 % del total (27).

A estas cifras debemos agregar en primer lugar a los mercenarios contratados por otras reas del gobierno norteamericano, como el Departamento de Estado y luego los contratos en zonas del mundo como frica donde el AFRICOM (mando militar norteamericano en ese continente) ha incrementado exponencialmente sus actividades durante el ltimo lustro y luego debemos incorporar a los mercenarios actuando bajo el mando estratgico norteamericano pero contratados por pases vasallos como las petromonarquas del Golfo Prsico visible en los casos de Libia y Siria.

Deben ser tambin incluidos los mercenarios operando en otras regiones de Asia y en Amrica Latina. Pero la cuenta no termina all, ya que a ese universo es necesario agregar a las redes mafiosas y/o paramilitares agrupando en todos los continentes a un personal disponible que se autofinancia gracias a actividades ilegales (drogas, prostitucin, etctera) protegidas por diversas agencias de seguridad norteamericanas como la DEA o bien que integra agencias de seguridad privada, muy notorias por ejemplo en Amrica Latina legalmente establecidas en los pases perifricos y estrechamente vinculadas a agencias privadas norteamericanas y/a la DEA, la CIA u otras organismos de inteligencia del Imperio.

Y la lista sigue recientemente apareci publicada en el Washington Post una investigacin referida a la Amrica ultra secreta (Top Secret America) de las agencias de seguridad que informa acerca de la existencia actual de 3202 agencias de seguridad (1271 pblicas y 1931 privadas) empleando a unas 854 mil personas trabajando en temas de antiterrorismo, seguridad interior e inteligencia en general, instaladas en unos 10 mil domicilios en el territorio de los Estados Unidos (28).

Sumando las distintas cifras mencionadas y evaluando datos ocultos algunos expertos adelantan un total aproximado global (dentro y fuera del territorio de los Estados Unidos) prximo al milln de personas combatiendo en la periferia, haciendo espionaje, desarrollando manipulaciones mediticas, activando redes sociales, etctera. Comparemos por ejemplo ese dato con las aproximadamente 1 milln 400 mil personas que conforman el sistema militar pblico del Imperio.

Por su parte las tropas regulares han sufrido un rpido proceso de informalizacin, de ruptura respecto de las normas militares convencionales, conformando comandos de intervencin inscriptos en una dinmica abiertamente criminal. Es el caso del llamado Comando Conjunto de Operaciones Especiales o JSOC (Joint Special Operations Command). Comando conjunto secreto en lnea de mandos directa con el Presidente y el Secretario de Defensa con autoridad para elaborar su lista de asesinatos, tiene su propia divisin de inteligencia, su flota de drones y aviones de reconocimiento, sus satlites e incluso sus grupos de ciber-gerreros capaces de atacar redes de internet.

Dispone de numerosas unidades operativas. Creado en 1980 qued sepultado por su estrepitoso fracaso en Irn cuando trat de rescatar al personal de la embajada norteamericana en Tehern, fue resucitado recientemente. En 2001 dispona de unos 1800 miembros, actualmente llegaran a 25 mil, en los ltimos tiempos ha realizado operaciones letales en Irak, Pakistn, Afganistn, Siria, Libia y muy probablemente en Mxico y Colombia, etctera. Se trata de un agrupamiento de escuadrones de la muerte de alcance global, autorizado para realizar toda clase de operaciones ilegales, desde asesinatos individuales o masivos, hasta sabotajes, intervenciones propias de la guerra psicolgica, etctera. En Septiembre de 2003 Donald Runsfeld haba dictado una resolucin colocando al JSOC en el centro la estrategia antiterrorista global y desde entonces su importancia ha ido en ascenso pasando hoy a ser, bajo la presidencia del premio nobel de la paz Barak Obama, una suerte de ejercito clandestino de claro perfil criminal bajo la rdenes directas del Presidente (29).

Las fuerzas de intervencin de los Estados Unidos tienen ahora un sesgo claramente privado-clandestino, en plena Guerra de Cuarta Generacin funcionan cada vez ms al margen de los cdigos militares y las convenciones internacionales. Un reciente artculo de Andrew Bacevich describe las etapas de esa mutacin durante la dcada pasada que culminan actualmente en lo que el autor denomina era Wickers (actual subsecretario de inteligencia del Departamento de Defensa) focalizada en la eliminacin fsica de enemigos, el uso dominante de mercenarios, de campaas mediticas, redes sociales, todo ello destinado a desestructurar organizaciones y sociedades consideradas hostiles.

A comienzos del ao pasado la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton pronunci una frase que no requiere mayores explicaciones: Los Estados Unidos se reservan el derecho de atacar en cualquier lugar del mundo a todo aquello que sea considerado como una amenaza directa para su seguridad nacional (30).

Si sumamos a esta orientacin mercenaria-gangsteril del Imperio, otros aspectos como la financiarizacin integral de su economa dominada por el cortoplacismo, su desintegracin social interna con acumulacin acelerada de marginales, con una poblacin total que representa el 5 % de la mundial pero con una masa de presos equivalentes al 25 % del total de personas encarceladas en el planeta, etctera, llegaramos a la conclusin de que estamos en presencia de una suerte de lumpen imperialismo completamente dominado por intereses parasitarios embarcado en una lgica destructiva de su entorno que al mismo tiempo va degradando sus bases de sustentacin interna (31).

La ilusin del metacontrol del caos.

Podramos establecer la convergencia entre la hiptesis de la economa de guerra permanente y la del keynesianismo militar, este ltimo expres la primera etapa del fenmeno (aproximadamente entre 1940 y 1970). Fueron los aos de la prosperidad imperial cuyos ltimos logros ya mezclados con claros sntomas de crisis se prologaron hasta el final de la guerra fra. A esa etapa floreciente le sigue una segunda post keynesiana caracterizada por la dominacin financiera, la concentracin de ingresos, el desinfle salarial, la marginalizacin social y la degradacin cultural en general donde el aparato militar opera como un acelerador de la decadencia provocando dficits fiscales, y endeudamientos pblicos.

La opcin por la privatizacin de la guerra aparece como una respuesta eficaz a la declinacin del espritu de combate de la poblacin (dificultades crecientes en el reclutamiento forzado de ciudadanos a partir de la derrota de Vietnam). Sin embargo el remplazo del ciudadano-soldado por el soldado-mercenario o la presencia decisiva de este ltimo termina tarde o temprano por provocar serios daos en el funcionamiento de las estructuras militares: no es lo mismo administrar a ciudadanos normales que a una masa de delincuentes.

Cuando el lumpen, los bandidos predominan en un ejrcito, el mismo se convierte en un ejrcito de bandidos y un ejrcito de bandidos ya no es un ejrcito. El potencial disociador de los mercenarios es a largo plazo de casi imposible control y su falencias en el combate no pueden ser compensadas sino muy parcialmente por despliegues tecnolgicos sumamente costosos y de resultado incierto.

La conformacin de fuerzas clandestinas no-mercenarias de elite, respaldadas por un aparato tecnolgico sofisticado capaz de descargar golpes puntuales demoledores contra el enemigo, como es el caso del JSOC, son buenos instrumentos terroristas pero no remplazan las funciones de un ejrcito de ocupacin y a mediano plazo (muchas veces a corto plazo) terminan por fortalecer el espritu de resistencia del enemigo.

Podramos sintetizar de manera caricatural a la nueva estrategia militar del Imperio a partir del predominio de diversas formas de guerra informal combinando mercenarios (muchos mercenarios) con escuadrones de la muerte (tipo JSOC), bombardeos masivos, drones, control meditico global, asesinatos tecnolgicamente sofisticados de dirigentes perifricos. La guerra se elitiza, se transforma en un conjunto de operaciones mafiosas, se aleja fsicamente de la poblacin norteamericana y su cpula dominante empieza a percibirla como un juego virtual dirigido por gangsters.

Por otra parte la adopcin de estructuras mercenarias y clandestinas de intervencin externa como forma dominante tiene efectos contraproducentes para el sistema institucional del imperio tanto desde el punto de vista del control administrativo de las operaciones como de las modificaciones (y de la degradacin) en las relaciones internas de poder. El comportamiento gangsteril, la mentalidad mafiosa termina por apoderarse de los altos mandos civiles y militares y se traduce al comienzo en acciones externas, perifricas y ms adelante (rpidamente) en ajustes de cuentas, en conductas habituales al interior del sistema de poder.

El horizonte objetivo (ms all de los discursos y convicciones oficiales) de la nueva estrategia no es el establecimiento de slidos regmenes vasallos, ni la instalacin de ocupaciones militares duraderas controlando territorios de manera directa sino ms bien desestabilizar, quebrar estructuras sociales, identidades culturales, degradar o eliminar dirigentes, las experiencias de Irak y Afganistn (y Mxico) y ms recientemente las de Libia y Siria confirman esta hiptesis.

Se trata de la estrategia del caos perifrico, de la transformacin de naciones y regiones ms amplias en reas desintegradas, balcanizadas, con estados-fantasmas, clases sociales (altas, medias y bajas) profundamente degradadas sin capacidad de defensa, de resistencia ante los poderes polticos y econmicos de Occidente que podran as depredar impunemente sus recursos naturales, mercados y recursos humanos (residuales).

Este imperialismo tantico del siglo XXI, se corresponde con tendencias desintegradoras en las sociedades capitalistas dominantes, en primer lugar la de los Estados Unidos. Esas economas han perdido su potencial de crecimiento, hacia finales de 2012 luego de un lustro de crisis financiera oscilaban entre el crecimiento anmico (Estados Unidos), el estancamiento girando hacia la recesin (la Unin Europea) y la contraccin productiva (Japn).

Los estados, las empresas y los consumidores estn aplastados por las deudas, la suma de deudas pblicas y privadas representan ms del 500 % del Producto Bruto Interno en Japn e Inglaterra y ms del 300 % en Alemania, Francia y los Estados Unidos donde el gobierno federal estuvo en 2011 al borde del default. Y por encima de deudas y sistemas productivos financierizados existe una masa financiera global equivalente a unas veinte veces el Producto Bruto Mundial, motor dinamizador, droga indispensable del sistema que ha dejado de crecer desde hace aproximadamente un lustro y cuyo desinfle tratan de impedir los gobiernos de las potencias centrales.

Se presenta entonces la ilusin de una suerte de metacontrol estratgico desde las grandes alturas, desde las cumbres de Occidente sobre las tierras bajas, perifricas, donde pululan miles de millones de seres humanos cuyas identidades culturales e instituciones son vistas como obstculos a la depredacin. Las elites de Occidente, el imperio colectivo hegemonizado por los Estados Unidos, estn cada da ms convencidas de que dicha depredacin prolongar su vejez, alejar el fantasma de la muerte.

El caos perifrico aparece a la vez como el resultado concreto de sus intervenciones militares y financieras (producto de la reproduccin decadente de sus sociedades) y como la base de feroces depredaciones. El gigante imperial busca beneficiarse del caos pero termina por introducir el caos entre sus propias filas, la destruccin deseada de la periferia no es otra cosa que la autodestruccin del capitalismo como sistema global, su prdida veloz de racionalidad. La fantasa acerca del metacontrol imperialista del caos perifrico expresa una profunda crisis de percepcin, la creencia de que los deseos del poderoso se convierten fcilmente en hechos reales, lo virtual y lo real se confunden conformando un enorme pantano psicolgico.

En realidad la estrategia de metacontrol imperial del caos, sus formas operativas concretas la convierten en una maraa de tcticas que tienden a conformar una masa crecientemente incoherente, prisionera del corto plazo. Lo que pretende convertirse en la nueva doctrina militar, en un pensamiento estratgico innovador que responde a la realidad global actual facilitando la dominacin imperialista del mundo no es otra cosa que una ilusin desesperada generada por la dinmica de la decadencia. Bajo la apariencia de ofensiva estratgica, irrumpen los manotazos histricamente defensivos de un sistema cuya cpula imperial va perdiendo la capacidad de aprehensin de la totalidad real, la razn de estado se va convirtiendo en un delirio criminal extremadamente peligroso dado el gigantismo tecnolgico de los Estado Unidos y sus socios europeos.

Notas:

(1), Ron Suskind, Without a doubt: faith, certainty and the presidency of George W. Bush, The New York Times, 17-10-04.

(2), Su exposicin desarrollada en la Marshall Society (Cambridge) en la primavera de 1942 fue publicada el ao siguiente. Michal Kalecki, Political Aspects of Full Unemployment, Political Quaterly, V 14, oct.-dec. 1943.

(3), Michal Kalecki, The Last Phase in the transformation of Capitalism, Monthly Review Press, Nueva York, 1972.

(4), Paul Sweezy & Paul Baran, Monopoly Capital, Monthly Review Press, Nueva York, 1966.

(5), Scoot B. MacDonald, Globalization and the End of the Guns and Butter Economy, KWR Special Report, 2007.

(6), Oakes, Walter J., Towards a Permanent War Economy?, Politics, February 1944.

(7), Ambas citas aparecen en el texto de John Bellamy Foster, Hannah Holleman y Robert W. McChesney, The U.S. Imperial Triangle and Military Spending, Monthly Review, October 2008.

(8), Vance, T. N. 1950, After Korea What? An Economic Interpretation of U.S. Perspectives, New International, NovemberDecember; Vance, T. N. 1951, The Permanent Arms Economy, New International.

(9), Oakes, Walter J, artculo citado.

(10), Paul Sweezy & Paul Baran, libro citado.

(11), Thomas Piketty & Emmanuel Saez, Top Incomes and the Great Recession: Recent Evolutions and Policy Implications, 13th Jacques Polak Annual Research Conference, Washington, DC─November 89, 2012.

(12), Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics.

(13), Lawrence Mishel and Heidi, The Wage Implosion, Economic Policy Institute, June 3, 2009.

(14), FRAC, Food Research and Action Center- SNAP/SNAP/Food Stamp Participation ().

(15), Vance T. N, The Permanent War Economy, New International, Vol 17, N 1, January-February 1951.

(16), Domnico Losurdo, Las raices norteamericanas del nazismo, Enfoques Alternativos, n 27, Octubre de 2006, Buenos Aires.

(17), Paul Kennedy, Auge y cada de las grandes potencias, Plaza & James, Barcelona, 1989.

(18), Chris Hellman, $ 1,2 Trillon: The Real U.S. National Security Budget No One Wants You to Know About, Alert Net, March 1, 2011.

(19), Fuentes: SIPRI, Banco Mundial y clculos propios.

(20), El video de la entrevista Kirchner-Stone publicado por Informed Comment/Juan Cole est localizado en: -angrily-said-war-would-grow-us-economy.html&ei=BYYCUYCnC4P88QSX3oGACA

(21), Peter D. Schiff, Why Not Another World War ?, Financial Sense, 19 Jul 2010.

(22), Vance T. N, 1950, artculo citado en (14).

(23), Dilip Hiro, The Cost of an Afghan 'Victory', The Nation, 1999 February 15.

(24), Una delegacin de la oposicin siria viaj a Kosovo, en abril de 2012, para la firma oficial de un acuerdo de intercambio de experiencias en materia de guerrilla antigubernamental. Red Voltaire, Protesta Rusia contra entrenamiento de provocadores sirios en Kosovo, 6 de Junio de 2012.

(25), William S. Lind, Colonel Keith Nightengale (USA), Captain John F. Schmitt (USMC), Colonel Joseph W. Sutton (USA), and Lieutenant Colonel Gary I. Wilson (USMCR), The Changing Face of War: Into the Fourth Generation, Marine Corps Gazette, October 1989.

(26), David Isenberg, Contractors and the US Military Empire, Rise of the Right, Aug 14th, 2012.

(27), David Isenberg, Contractors in War Zones: Not Exactly Contracting, TIME U. S., Oct. 09, 2012.

(28), Dana Priest and William M. Arkin, Top Secret America. A hidden world, growing beyond control, Washington

Post, July 19, 2010.

(29), Dana Priest and William M. Arkin, Top Secret America, A look at the military's Joint Special Operations

Command, The Washington Post, September 2, 2011.

(30), Andrew Bacevich, Uncle Sam, Global Gangster, TomDispatch.com, February 19, 2012.

(31), Narciso. Isa Conde, Estados neoliberales y delincuentes, Aporrea, 20/01/2008, http://www.aporrea.org/tiburon/a49620.html .

Karen DeYoung and Karin Brulliard, As U.S.-Pakistani relations sink, nations try to figure out a new normal, The Washington Post /National Security, January 16, 2012.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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