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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2013

Chvez y el Per suean lo mismo

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Cuentan quienes tuvieron la posibilidad de estar cerca del Comandante Hugo Chvez Fras, el extinto Presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela, que ste tuvo siempre una gran simpata por el Per.

Bien podra decirse que eso resulta natural en una persona de alta sensibilidad revolucionaria, guiada por elevados valores, sentimientos y mirada humanista en relacin a pueblos y pases. Tener simpata por uno de ellos, es una manera de expresar la adhesin a todos, porque corresponde esa sensacin al modo de ser identificado con la razn y la cultura, elementos esenciales de la formacin humana. Pero resulta que ms all de eso, el Comandante Chvez se sinti vinculado a la experiencia peruana porque la conoci de cerca.

Vivi en el Per en sus aos mozos y tuvo una relacin particular con nuestro suelo en una circunstancia excepcional para la patria. Eran esos los tiempos en los que ella reverdeca, a la luz del proceso democrtico y antiimperialista conducido por el general Juan Velasco Alvarado, el nico mandatario que supo honrar el compromiso que -por voluntad propia- asumi en ese entonces y que, al decir de Jorge Basadre, fue el mejor Presidente del Per en el Siglo XX.

Hugo Chvez, nacido precisamente un da de la Independencia peruana -un 28 de julio, en 1954- tena catorce aos cuando Velasco anunci en octubre de 1968, la expulsin de la empresa imperialista Internacional Petroleum Company, y dio inicio a un profundo proceso de cambios que se frustr siete aos despus por la conjura derechista impulsada por militares ligados a los servicios de inteligencia yanquis en 1975.

Cuando se celebr en el Per el sesquicentenario de la batalla de Ayacucho en diciembre de 1974, Hugo Chvez -20 aos y mirada curiosa y vivaz- era alumno estudioso de la Escuela Militar de Chorrillos, y admirador del militar peruano con quien pudo identificarse an ms en la actividad patritica celebrada en ese entonces en la Pampa de la Quinua.

30 aos ms tarde -en el 2004- el mismo Chvez, ya Presidente de su pas, llegara a aquel lugar, y evocando al Juan Sin Miedo de nuestra historia, dira: "Juro por mi honor, mi general Velasco, que tu obra ser continuada". No es necesario decir que cumpli su palabra.

De estos aos, hay registro vivo. Humberto Gmez Garca, uno de sus ms entraables amigos, dice en su libro Hugo Chvez Fras, del 4 de febrero a la V Repblica, lo siguiente: Los aos 74 y 75 sern claves en su proceso de toma de conciencia poltica. El ao 74 viaja a Per y all entra en contacto con el formidable proceso revolucionario que encabeza el general Velasco Alvarado. Conoce, de primera mano, la realidad de un nacionalismo revolucionario impulsado por militares, que enfrenta valientemente, con el apoyo de las grandes masas peruanas, el neocolonialismo y la dominacin imperial norteamericana y busca la dignificacin del Per, la defensa de su soberana e integridad.

El nacionalismo, que en los pases altamente desarrollados puede generar una deformacin agresiva, chovinista y an fascista; en los pases en vas de desarrollo tiene una connotacin distinta, que fue percibida por Jos Carlos Maritegui. Enfrentado al Poder Extranjero causante de su atraso, miseria y subdesarrollo, poda jugar -y de hecho as ocurri en el Per del 68 y sucede en la Venezuela de hoy- un rol positivo, y convertirse en una herramienta de liberacin nacional y social.

Esa idea qued afirmada en muchsimos pases coloniales y semicoloniales que despus de la II Guerra Mundial y ms precisamente a partir de los aos 60, rompieron los lazos que los ataban desde mucho antes a las potencias europeas. Liberados, disearon un camino propio, enarbolando el propsito de defender los intereses de la Nacin, a partir de un nuevo liderazgo.

Los militares que se enrolaron en la experiencia velasquista se propusieran en su mayora modificar radicalmente el papel de la Fuerza Armada y trocar el papel de cancerberos que le asignara la vieja sociedad capitalista, por el honroso papel de libertadores que les era demandado por los sectores secularmente postergados en el Per.

Las grandes masas peruanas que apoyaron ese proceso, fueron, sobre todo, masas obreras y campesinas, unidas por una vieja tradicin de lucha, pero tambin por el mensaje de Maritegui y el coraje heredado de Tupac Amaru. Ellas encontraron en las banderas de la CGTP de entonces su derrotero natural y comprendieron la importancia que tena el que los sectores militares ms avanzados asumieran un rol liberador que cal hondamente en la conciencia de los peruanos.

La lucha por la dignidad nacional, la defensa de la soberana y el respeto a la integridad nacional, fueron los pilares de una concepcin que, en tales condiciones, sirvi para despertar la conciencia revolucionaria de muchos peruanos, pero que tuvo tambin incidencia continental.

En aquellos aos surgieron, en efecto, mandos militares progresistas, algunos de los cuales se entregaron de lleno a la tarea de alentar aires de renovacin. Liber Seregni, en el Uruguay, asumi con vigor la Presidencia del Frente Amplio, que disput fuerzas con los partidos tradicionales en reidas competencias electorales. Juan Jos Torres, en Bolivia, dio forma a un proceso de cambios que -aunque termin abruptamente- sell una impronta y marc un tiempo nuevo en el altiplano latinoamericano. Carlos Pratts arriesg su vida y finalmente la entreg procurando afirmar un sentimiento democrtico en la oficialidad chilena arrasada por el fascismo. Poco ms tarde, Omar Torrijos, en Panam, abri cauce a un proceso que golpe a los yanquis.

Para enfrentarlos -recurdese- los medios de comunicacin al servicio del Imperio hablaron de los generales rojos, a los que adjudicaron propsitos siniestros, creando las condiciones para que fueran descargados contra los pueblos las bateras de una represin desenfrenada.

Hugo Chvez fue, por cierto, heredero de esta experiencia. Pens en ella cuando en diciembre de 1982 se concert con otros oficiales y fund el Movimiento Bolivariano Revolucionario, comprometiendo a sus colaboradores en la tarea de reformar el ejrcito y construir una nueva Repblica. Y pens tambin en ella cuando diez aos despus encabez una rebelin para poner fin a la bufonesca opereta representada por la seudo democracia venezolana de aquellos tiempos y a la cabeza de la cual estaba Carlos Andrs Prez.

Chvez madur su idea en la prisin, no obstante que le fuera arrebatado por sus verdugos el pequeo libro con los discursos de Velasco Alvarado que tuvo en su cabecera en sus noches de vigilia. Y le dio forma a partir de 1998 cuando, finalmente, logr ganar las elecciones y asumir la conduccin de su pueblo ejerciendo un poder legtimo que supo honrar.

Por eso, cuando en el transcurso de los catorce aos de gestin gubernativa, visit el Per, o aludi a nuestra patria, habl siempre con marcada simpata por su historia, salud con entusiasmo a nuestro pueblo, vener el suelo ayacuchano en el que se consagrara la Independencia de Amrica hace casi doscientos aos y subray su admiracin por la experiencia velasquista que tuvo presente en su memoria.

Un modo de afirmar su simpata por el Per la expres Chvez al suscribir los acuerdos de colaboracin en materia energtica y petrolera con el gobierno de Ollanta Humala; pero an antes, cuando en el ao 2007 dispuso la construccin de casas para los damnificados del terremoto de Chincha, ocurrido en ese entonces. Y tambin cuando quiso advertir a los peruanos para que nos protegiramos de politiqueros de turno, haciendo votos para que Dios libre a nuestro hermano pueblo peruano de un truhn como ste, un bandido como ste, ladrn de cuatro esquinas, corrupto de siete suelas, como es Alan Garca, el Carlos Andrs Prez del Per. Dios libre al Per, a su esencia, a su pueblo, a su gloria, de un ladrn como ste.

Por todo eso es que en nuestro pas la derecha ms reaccionaria lo odi con mayor predileccin que en otras partes. Por eso los grandes medios de comunicacin a su servicio, idearon todas las campaas para infamarlo y desacreditarlo. Y por eso levantaron contra l una inusitada carga de vilezas que rebas los lmites de lo imaginable, llegando incluso a pretender mimetizarlo con Alberto Fujimori como si ambos no representaran justamente la antpoda en materia de poltica y de tica.

No debiera sorprendernos, en este marco, que asomen expresiones de odio aldeano en personas tan primitivas como Lourdes Alcorta, Luis Galarreta, Juan Carlos Eguren o Cecilia Valenzuela. Despus de todo, ellas solamente expresan lo que la entraa de la ms rancia oligarqua excreta. Y es que saben que Chvez y el Per, suean lo mismo.

Gustavo Espinoza M. del Colectivo de Direccin de Nuestra Bandera

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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