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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2013

Mitos acerca de la movilizacin social (II)
De la conciencia informada

Aurelio Sainz Pezonaga
Cuenca Alternativa


El segundo mito acerca de la movilizacin social sobre el que quisiera reflexionar es el que llamar mito de la conciencia informada. Este mito vendra a decir que basta con estar bien informado para decidirse a participar en una accin colectiva en pos de un bien comn.

El mito de la conciencia informada es, en parte, una variante del mito de la movilizacin individual, ya que como ste presenta al individuo aislado, esta vez encerrado en su conciencia, tomando decisiones fuera del mundo. Pero, aade un tono entre espiritualista y ciberntico al individuo separado que merece ser atendido por s mismo.

Por supuesto, al presentar este mito no pretendo decir que no es necesaria la informacin, y ms todava la buena informacin, para la movilizacin social, sino argumentar que existe una imagen mitificada de la movilizacin social que nos hace pensar que es suficiente con la informacin para que aquella se produzca, se mantenga y se extienda.
Nuestra experiencia por s sola ya nos dice que no es as, pero podemos de nuevo mostrar que no es slo que la realidad tenga poco que ver con esa imagen, sino que adems la movilizacin jams podra surgir de la mera informacin.

Esta vez voy a utilizar otro dilema llamado del prisionero para mostrar la imposibilidad del mito de la conciencia informada. Existen mltiples versiones que exponen el dilema. Pero voy a probar a hacerlo con una nueva por razones que se vern ms adelante.

Cuentan que, despus de una semana de haber escatimado el arroz a sus discpulos Me y Ti, el maestro Bao-Pi ech en falta algunos puados de cereal en la despensa y llam a sus dos discpulos por separado para proponer a cada uno de ellos las siguientes opciones.

Si ninguno de los dos confesis haber robado el arroz, les dijo primero a Me y luego a Ti, slo os dar con mi bastn dos golpes en la cabeza a cada uno. Ms que nada para recordaros que soy el maestro y vosotros slo discpulos. Si t (Me o Ti) confiesas, a ti te dar un golpe en la cabeza por robar el arroz, pero a tu compaero le dar ocho golpes por callarse. Y si confesis los dos, os dar seis golpes a cada uno, porque, no me negars que lo tendris bien merecido por ladrones. Y recuerda, termin, no se te ocurra hablar de este asunto con tu compaero porque en ese caso recibirais diez palos en cada cabeza.

Me y Ti tuvieron acceso por tanto a toda la informacin. Cada uno saba cuales eran las posibles consecuencias de sus acciones. Para facilitar la tarea al lector o lectora, las expondr en forma de tabla.



Se ve fcilmente que si Me y Ti no podan ponerla en comn para llegar a un acuerdo, esa informacin resultaba totalmente intil. Si cada uno tena que decidir sin hablar con el otro, entonces ambos estaban abocados a confesar. Confesar les supona moverse entre la posibilidad de recibir 1 o 6 palos. Mientras que no confesar conllevaba o bien 2 o bien 8 golpes. Como era de esperar que los dos hicieran el mismo clculo, al final lo ms probable es que acabaran recibiendo 6 por cabeza. Por el contrario, si hablaban entre s, podan llegar fcilmente a la conclusin de que lo mejor para ambos era no confesar y recibir dos golpes cada uno. Pero el maestro ya haba anticipado esa posibilidad y puesto los medios (10 golpes de castigo) para evitarla.

El dilema del prisionero demuestra que all donde est en juego la posibilidad de alcanzar un beneficio compartido, la informacin es intil si no es recibida en una situacin en la que sea posible la cooperacin. Extrapolando a las movilizaciones sociales, hay que decir que la informacin no sirve para nada si no hay una predisposicin para trabajar en comn y una posibilidad material de hacerlo y de poner esa informacin al servicio de un objetivo compartido.

Cuando se trata de alcanzar un bien comn, como ocurre en los movimientos sociales, primero tienen que darse, o hay que buscar, las condiciones para la colaboracin y, slo despus, podr sernos til la informacin. No debemos extraarnos, en consecuencia, si hay personas que no se inmutan ante una noticia que en nosotros genera una tremenda indignacin; simplemente estn comprometidas con otro proyecto.

Un ejemplo. La reforma exprs de la constitucin, acordada por el PSOE y el PP en agosto-septiembre de 2011, que prioriza el pago de la deuda del estado por delante de cualquier otro gasto, junto al incumplimiento sistemtico de sus respectivos programas electorales por esos mismos partidos, sern considerados como un golpe de estado de los mercados financieros por quien entienda que los representantes polticos se deben a sus votantes y a las promesas electorales por las que estos les han elegido. Pero no pensar lo mismo quien entienda la democracia representativa de otra forma, por ejemplo, quien considere que sta consiste en elegir alternadamente una cuadrilla u otra de jefes cada cuatro aos.

Si he elegido narrar el dilema del prisionero a travs de la imitacin de un cuento zen en lugar de la versin de acusados y fiscales, que suele ser la habitual, es porque pretendo que resuene con la historia siguiente.

"Dijo el maestro Zen a su discpulo:

Si dices que esta vara es real, te golpear con ella. Si dices que esta vara no es real, te golpear con ella. Si no dices nada, te golpear con ella".

En esta historia encontramos otro ejemplo en el que la informacin es completa pero no sirve de nada. Opte por lo que opte, el discpulo recibir un golpe. Pero, como explica Gregory Bateson, de quien la he tomado prestada, el objetivo de la historia es dirigir la atencin hacia la relacin entre el administrador y el receptor de las opciones y de las consecuencias, es decir, sealar la relacin de poder entre el maestro y el discpulo.

En la versin zen del dilema del prisionero, en efecto, hay una opcin que no puede pasar desapercibida despus de leer esta segunda historia. En realidad, si Me y Ti hablaran entre ellos, seguramente no optaran por no confesar y as recibir slo dos golpes cada uno. Ni tampoco esperaran pasivamente los diez golpes con los que el maestro buscaba impedir a toda costa esa opcin. Es muy probable que si hablaran, su cooperacin se dirigiera hacia una accin colectiva mucho ms til: quitarle al maestro el palo y el arroz.

Al hecho de que la informacin sea intil si no se dan las condiciones subjetivas y objetivas para la cooperacin hay que aadir que la cooperacin posible de los receptores abre las puertas a la transformacin completa de la relacin entre los que administran la informacin y los que la reciben. Como sabemos, no hay movimiento social que se precie que no busque dotarse de herramientas de informacin tiles para romper el monopolio del sistema de comunicaciones que difunde la versin oficial sobre el asunto en litigio.

Pero hay ms, porque el problema de fondo no es ni mucho menos la administracin de la informacin, sino la misma relacin de poder. Lo que en estas historias se deja ver es que la cooperacin es por s transformadora de la relacin social, es por s la apertura de un camino de liberacin. Y es por eso que genera tanta preocupacin en los defensores del rgimen. Nada hay que asuste ms al poder que ver a las gentes del comn ponindose a hacer proyectos juntas. De ah que no haya sistema de dominacin que no se sostenga en la creacin de instituciones que impiden la cooperacin de los subalternos.

La cooperacin de los de abajo, sin embargo, no se obstaculiza ms a travs de la canalizacin de las conciencias que por medio de la gestin de los cuerpos. De hecho, la diferenciacin entre conciencia y cuerpo en la que se apoya el mito de la conciencia informada slo puede generar confusin y lo mismo hay que decir de todo mito similar que reduzca la implicacin social a un simple cambio en la forma de pensar.

Lo que somete a los y las trabajadoras no son las ideas de los capitalistas, sino una distribucin tal de los medios de produccin que los condena a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir y a competir entre s por venderla.

Los ecologistas saben que lo que destruye el medio ambiente no son las ideas desarrollistas, sino una prctica sistemtica de produccin por la produccin y de consumo por el consumo que pasa por encima de las necesidades de los ecosistemas en una carrera loca por ver quin produce y quin consume ms cosas intiles.

Por s mismas las ideas de orden y mando no oprimen a nadie, el poder consiste en una enmaraada red de dispositivos que produce cuerpos vivos, tiles y dciles: individuos atomizados, disciplinados y controlados.

La dominacin machista no se reduce a un puado de ideas, sino a una manera de ocupar los espacios sociales, de conducirse, de vivir, en definitiva, que empuja hacia afuera del espacio pblico a las mujeres, que las confina en la esfera de lo privado, que las excluye material y simblicamente hasta el asesinato...

Y como la dominacin es de naturaleza fsica y busca por sistema desbaratar la cooperacin de los resistentes, la liberacin no puede contentarse con la conciencia, y menos si sta se entiende como conciencia aislada, y tiene que ponerse como objetivo principal buscar la cooperacin prctica, la puesta en marcha de proyectos comunes.

Para alcanzar sus objetivos, los movimientos sociales crean diferentes formas de cooperacin y nada seran sin ellas. Y el problema en cada momento histrico, y en eso el momento actual no es una excepcin, es cmo conseguir la forma de cooperacin posible ms efectiva (para desafiar la estructura de poder existente) y ms horizontal (para no reproducir sistemas semejantes a los que pretende abolir).

A da de hoy, esa forma de cooperacin es la asamblea abierta.

Fuente: http://cuencaalternativaopinion.blogspot.com.es/2013/03/mitos-acerca-de-movilizacion-social-ii.html


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