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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2013

Promocionando la liberacin colectiva
Yad Vashem, el poder y la poltica de la historia

David Langstaff
CounterPunch

Traducido para Rebelin por J. M. y revisado por Caty R.


Mientras mi amigo y yo nos dirigamos a Yad Vashem, el mundialmente famoso Museo del Holocausto de Jerusaln Oeste, no pude evitar sentir una sensacin de inquietud. Estaba llegando al final de un periodo de dos meses de trabajo con el Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM) en Cisjordania, y la experiencia me haba dejado con razn- sensible al carcter eminentemente poltico de todas las decisiones tomadas en la historia. Despus de casi dos meses de haber estado expuesto una y otra vez a las formas en que el sionismo maneja una versin particular de la historia como un arma contra los palestinos, las preguntas que desfilaban por mi mente eran poco menos que esperanzadoras: Qu tipo de poltica debera esperar que sostenga el encuadre de este museo que muestra una de las mayores tragedias del siglo XX? Ser este marco un digno homenaje a los millones de personas cuyas vidas fueron extinguidas, o sera deshonrar cnicamente su memoria explotndolo con fines polticos? La representacin de la historia, nos ayuda a profundizar nuestra comprensin sobre las fuerzas que generaron el genocidio nazi (las fuerzas que difcilmente pueden considerarse con seguridad relegadas a un pasado fosilizado, sino que ms bien estn vivas y brotan en las relaciones que constituyen nuestro mundo actual) o en cambio la historia se vuelve contra nosotros construyendo un retrato del pasado que nos ciega a las atrocidades y los peligros de la actualidad?

Las respuestas a estas preguntas, como se vio despus, era ambigua, tal vez no sea tan ambigua como yo hubiera deseado. Para ser justos, el museo sin duda tena cualidades de desagravio. Yad Vashem se empe en capturar la humanidad -y me refiero al contexto de sensibilidad y sensualidad afectiva de la experiencia humana que a menudo se revela slo en el carcter ms mundano y particular de la historia- de esos millones de judos que fueron sacrificados con el tipo de clculo desapasionado que la modernidad slo podra haber producido (3), mientras que da un cierto sentido a las grandes fuerzas histricas an vigentes. Y garantizo esto. Pero, por desgracia, en muchos otros aspectos el museo estaba a la altura de mis peores expectativas.

En primer lugar, mientras que las exposiciones de Yad Vashem no estaban del todo carente de historicidad, el museo estaba conformado en gran medida para la comprensin del antisemitismo y el genocidio nazi, que lo ve no slo como un fenmeno histrico nico, sinoadems excepcional. Desde esta perspectiva, el antisemitismo se considera un fenmeno que atraviesa la historia y la esencia inexplicable e inherente de un odio gentil, ya que puede haber tenido reiteraciones diferentes, pero siempre ha sido y seguir siendo el eje irracional que girar entre las relaciones de los judos y no judos. De manera similar, el genocidio nazi se trata como la caracterizacin del rostro del mal, un evento as de colosal (cuantitativamente) y tan monstruoso (cualitativamente) que ningn otro episodio de la historia se puede comparar razonablemente con l. En segundo lugar, el museo daba la impresin de que las vctimas del genocidio nazi eran casi exclusivamente judas, a pesar del hecho de que millones de personas no judas perecieron en la maquinaria de exterminio nazi.

La tercera preocupacin respecto a Yad Vashem es que, en algunos aspectos, el centro de gravedad alrededor del cual giran las problemticas del museo, a saber, su representacin teleolgica de las relaciones entre la larga historia del antisemitismo, el genocidio nazi y la formacin del Estado-nacin israel, de lo cual se desprende que el genocidio nazi aparece como la inevitable culminacin del odio gentil hacia los supuestos "aptridas" judos, y la creacin de Israel parece el nico medio de salvacin de los judos. El museo va tan lejos como para que los visitantes caminen literalmente a travs de una secuencia histrica, paso a paso, donde cada exposicin de un determinado lugar y tiempo, en un movimiento sinuoso como una serpiente, conduce hacia el siguiente y culmina con la creacin de Israel y la restauracin de la dignidad putativa juda. La experiencia alcanza su clmax con un despliegue de poder incuestionable en una pantalla, sin duda de gran alcance: las fotos de las vctimas que miran hacia abajo desde el centro de una habitacin circular, suspendidas sobre un abismo cnico oscuro que se siente como un pozo de la desesperacin. A lo largo de las paredes de la sala se pueden ver carpetas desplegadas con los nombres de los que fueron asesinados (nombres que an se estn recogiendo). El consuelo slo se encuentran al salir del museo, cuando se pisa fuera y se encuentra un mirador que muestra una pintoresca Jerusaln, en toda su grandeza, un smbolo no tan sutil de la salvacin juda en la Tierra.

De esta manera, Yad Vashem demuestra que es un ejemplo por excelencia de lo que el crtico social judo Norman Finkelstein ha llamado "la industria del Holocausto", una caracterizacin de los agentes e instituciones que hicieron una representacin ideolgica hegemnica del genocidio nazi al servicio de sus estrechos intereses. Para Finkelstein, el desarrollo de esta industria es esencialmente un fenmeno post-1967, que est estrechamente ligada a la alianza geopoltica EE.UU. con Israel, que desarroll vigor una vez que Israel sali en poco tiempo victorioso en la guerra de 1967 (guerra en la que Israel desempea el papel de un crucial y an subordinado socio de los EE.UU.). Los intereses coincidentes se probason esencialmente tres veces. Primero EE.UU. y las agencias capitalistas reconocieron a Israel como una base extranjera vital para la proyeccin y reproduccin del poder poltico y econmico de Estados Unidos en el suroeste de Asia y el norte de frica (sobre todo como un baluarte contra el nacionalismo rabe secular), y el apoyo a la representacin del genocidio nazi como un smbolo de los peligros siempre presentes de antisemitismo en un esfuerzo por reducir el apoyo prcticamente incondicional del Estado israel a una especie de obligacin moral absoluta. En segundo lugar, en los EE.UU.,las lites judas (cada grupo tnico tiene sus lites y los judos no somos una excepcin), vieron la oportunidad de avanzar en sus aspiraciones de asimilacin y movilidad social ascendente al abrazar a Israel y al sionismo con renovado vigor, ahora racionalizado por que representa a Israel como el nico medio de escapar a una eterna e incomparable victimizacin (aunque, en realidad, pocos tenan planes de emigrar). Por ltimo, Israel estaba en condiciones de invocar repetidamente el genocidio nazi como justificacin de la constitucin violenta de su Estado de asentamientos coloniales, de su limpieza tnica original y permanente y del sometimiento del pueblo palestino (4).

La industria del Holocausto produjo una narrativa histrica seductora pero que, en mi opinin, degrada la memoria de los que perecieron en el genocidio nazi y nos deja incapaces de sacar lecciones ticas, analticas y polticas significativas de esta trascendental tragedia. Hacer justicia de verdad a todos los que perdieron la vida en el genocidio nazi significara recordar a todas las vctimas (no sololas judas) sin instrumentalizar cnicamente su sufrimiento, as como la construccin de un anlisis histrico que sirva para iluminar las dificultades y oportunidades para avanzar en la lucha por la liberacin colectiva en el presente. Con el fin de ser ticamente viable, entonces, un museo en memoria del Holocausto debera, como mnimo, diferir de Yad Vashem, en los siguientes aspectos:

1) Ms que representar el genocidio nazi como algo excepcional, como una aberracin histrica que desafa la comparacin, como museo debera buscar puntos en comn entre el holocausto nazi con y entre otros acontecimientos y procesos histricos. Indignado con tal excepcionalidad de los hechos del holocausto nazi, y en especial por la forma en que ignora los crmenes europeos comparables en el mundo colonial, el poeta y crtico social de Martinica, Aim Csaire exclam:

"La gente se sorprende, se indigna. Dice: "Qu extrao! Pero no importa, es el nazismo, pasar! Y esperan,tienen esperanzas y ocultan la verdad de s mismos, que es la barbarie, pero la barbarie suprema, la barbarie suprema que resume todas las barbaridades diarias; eso es el nazismo, s, peroantes de que ellos fueran sus vctimas, ellos fueron sus cmplices, que toleraron antes lo que el nazismo luego les hizo a ellos, que lo absolvieron, cerraron los ojos, lo legitimaron, porque hasta entonces se haba aplicado slo a los pueblos no europeos, ellos cultivaron ese nazismo, son responsables de eso y antes de engullirse todo lo de la civilizacin occidental y cristiana en sus aguas enrojecidas, se destila, se filtra y se escurre de cada grieta (5).

Y, como seala Finkelstein, los EE.UU. no estnexentos deparalelos histricos sobre los que se fund la acusacin moral de Csaire a Europa:

"De hecho, Hitler model su conquista del Este en la conquista americana del Oeste... Durante la primera mitad de este siglo, la mayora de los estados de EE.UU. promulgaron leyes de esterilizacin y decenas de miles de estadounidenses fueron esterilizadas contra su voluntad. Los nazis explcitamente invocaron el precedente de los EE.UU. cuando promulgaron sus propias leyes de esterilizacin... Las famosas Leyes de Nuremberg de 1935 despojabana los judos de sus derechos y prohibieron el mestizaje entre judos y no judos. Los negros en el sur de los estados Unidos sufrieron discapacidades jurdicas idnticas y fueron objeto de mayor violencia popular espontnea y aprobada que los judios en la Alemania de pre guerra (6)".

Ms an, el legado racial nazi deline el trabajo forzoso y la eliminacin sistemticaque recuerda inmediatamente la historia de la esclavitud y el genocidio de la poblacin indgena americana. Y mientras los simpatizantes de Israel se apresuran a descartar cualquier comparacin del Estado de Israel con la Alemania nazi como desvaros antisemitas, se necesitan considerables acrobacias intelectuales para evitar el trazado de algn paralelismo: lo mismo que la Alemania nazi, directa e indirectamente, oblig a los judos a emigrar o huir de sus pases, lo mismo hizo la fundacin del Estado de Israel con respecto al expolio permanente de los palestinos de su tierra natal; como la Alemania nazi hacin en guetos a los judos, tambin lo ha hecho el Estado israel construyendo enclaves militarizados en los que los palestinos estn confinados (relativa o absolutamente), explotados y controlados, y as como la Alemania nazi construy un Estado racista que formalmente subordin a los judos, tambin Israel releg a sus ciudadanos palestinos a ciudadanos de tercera clase y los calific de "amenaza demogrfica", llegando incluso a aprobar una ley que prohbe a miles de palestinos vivir con sus cnyuges ciudadanos en Israel propiamente dicho, una decisin poltica que en cierto modo se asemeja a la introduccin de las leyes de mestizaje nazis (7).

No es en absoluto mi intencin equiparar el Estado nazi con el israel, que no sera ms que un ejercicio de deshonestidad intelectual, sino ms bien decir que tienen algunas semejanzas inquietantes, como la segregacin geogrfica militarizada de las poblaciones, el despojo masivo de las comunidades de sus hogares y la subordinacin racista de ciertos grupos no slo por medio de las fuerzas armadas y la polica, sino a travs del aparato poltico-jurdico que tiene a su vez derivaciones especficas de los procesos inherentes en el mundo moderno. Tenemos que hacer un balance de estas comparaciones y asegurar que nuestra indignacin por el genocidio nazi no pasa por los actuales crmenes tan dignos de condena. Un enfoque comparativo semejante tampoco servira para hacer excepciones en la historia del antisemitismo y en consecuencia desautorizar la lucha especfica contra el racismo antijudo en la lucha ms general contra el racismo en todas sus formas.

2) En lugar de enfatizar la victimizacin de los judos durante el Holocausto nazi, excluyendo a todas las dems comunidades, un museo con ese objetivo debera identificar la violencia nazi hacia los todas las comunidades,y abstenerse de situar el sufrimiento de cada grupo en una jerarqua arbitraria por mrito. Haba un sinnmero de vctimas no judas del nazismo, desde los comunistas hasta los homosexuales. Como dice Finkelstein, tanto los gitanos como los que tenan capacidades diferentes fueron seleccionadas para su eliminacin sistemtica. Las comunidades gitanas sufrieron nmeros de vctimas proporcionalmente comparables a las sufridas por los judos europeos y hay pruebas de que la maquinaria de genocidio nazi se ideprimero para eliminar a aquellos con capacidades diferentes antes que para eliminar a los judos (8). Adems de honrar a la memoria de estas comunidades que de manera similar sufrieron una profunda tragedia, este enfoque ms holstico sirve, al igual que la eliminacin de la excepcionalidad del antisemitismo, para abrir mayores posibilidades del uso de la historia del holocausto nazi para hacer que avance la causa de la liberacin colectiva.

3) Finalmente, en lugar de situar el holocausto nazi en una teleologa que conduce de la victimizacin de la dispora juda de Europa bajo el antisemitismo a la redencin nacional juda en la Tierra de Israel, un museo de esas caractersticas estara en sintona con el rol situando la contingencia histrica, tanto en el desarrollo del nazismo como en el del colonialismo israel. Un museo de estas caractersticas tambin debe reconocer que el sionismo era una de las muchas respuestas judas al antisemitismo. El genocidio nazi no fue ms una inevitabilidad histrica que el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, y si lo tratamos de esa manera, nos quedamos sin poder determinar sus races reales y dinmicas an vigentes. Por otro lado, el sionismo de ninguna manera ha tenido desde sus inicios la lealtad de los judos. El sionismo fue y sigue siendo controvertido. De hecho, cuando surgi por primera vez a finales del siglo XIX, pocos judos estaban identificados con su obsesin de la construccin de la conciencia nacional y sus aspiraciones para erigir un Estado-nacin territorial para que fuera la "patria juda". Otras respuestas alternativas judas al antisemitismo durante los siglos XIX y XX incluye la del Bund, una organizacin juda socialista que reconoce la particularidad de la lucha juda contra el racismo y la necesidad de un cierto grado de autonoma y autodeterminacin juda, pero que al mismo tiempo estaba enraizado en esta lucha con aspiraciones de liberacin colectiva ms universales. Incluso hoy en da, a pesar de reconocer que el sionismo es hegemnico en la mayora de las comunidades judas, tambin existen aquellos, como yo, que consideran el sionismo ms como una empresa deplorable e irremediable, que tiene ms en comn con el nazismo (desde sus preceptos antisemitas a su abrazo ms amplio del racismo, el militarismo, el autoritarismo y el expansionismo colonialista) que con cualquier lucha por la liberacin autntica. De vuela a la contingencia y la rplica en el anlisis de las relaciones entre el antisemitismo, el nazismo y la fundacin de Israel, se hace posible cuestionar fundamentalmente el proyecto de la construccin del Estado y si en este proyecto Israel ha dado una respuesta ticamente viable para la llamada "cuestin juda", o si simplemente ha desplazado esta cuestin, junto con cientos de miles de palestinos.

El peso moral del genocidio nazi no puede exagerarse, pero vamos a trabajar para asegurar que nuestro compromiso con su memoria haga que avance la causa de la liberacin colectiva, en lugar de una liberacin ilusoria para algunos y ganada slo a travs de la imposicin de la violencia, las humillaciones y el sufrimientos de otros.

"El terror tcito que impregna nuestra memoria colectiva sobre el Holocausto (y en la contingencia ms relacionado con el abrumador deseo de no mirar la memoria cara a cara) corroe la sospecha de que el Holocausto podra ser ms que una aberracin, ms que una desviacin de un camino recto de progreso, ms que un tumor canceroso en el otrora cuerpo sano de la sociedad civilizada, en donde, en definitiva, el Holocausto no era la anttesis de la civilizacin moderna (o eso nos gusta pensar) y todo lo que ella representa. Tenemos la sospecha (aunque nos negamos a admitirlo) de que el Holocausto slo fue otro rostro que no queremos mirar- de la misma sociedad moderna que tanto admiramos y nos resulta ms familiar. Y que las dos caras estn perfecta y cmodamente unidas al cuerpo mismo. Lo que quizs ms temor da, es que cada una de las dos caras no puede existir sin la otra y que ambas son como las dos caras de la misma moneda" (Zygmunt Bauman) (9).

"A pesar de que tan a menudo se ensea que Israel se convirti en una necesidad histrica y tica para los judos durante y despus del genocidio nazi, [Hannah] Arendt y otros pensaban que la leccin que debemos aprender de ese genocidio es que los Estados-nacin nunca deben fundarse a partir de la desposesin de poblaciones enteras que no se adecuan a los conceptos de esa nacin. Y para los refugiados que nunca ms queran ver la desposesin de poblaciones en nombre de la pureza nacional o religiosa, el sionismo y sus formas de violencia estatal no eran la respuesta legtima a las urgentes necesidades de los refugiados judos. Para los que extrapolaron los principios de la justicia de la experiencia histrica de aislamiento y despojo, el objetivo poltico consiste en extender la igualdad independientemente de su origen cultural o formacin, a travs de lenguas y religiones, a aquellos que ninguno de nosotros jams haya elegido (o que no reconocemos que elegimos) y con los que tenemos una obligacin permanente de encontrar una manera de vivir. Porque todo lo que "nosotros" somos, tambin somos los que no fueron elegidos, lo que emergen en esta tierra sin el consentimiento de todos, y que pertenecen, desde el principio, a una poblacin ms amplia y a una tierra sostenible. Y esta condicin, paradjicamente, da el potencial radical para nuevas formas de sociabilidad y de poltica ms all de los lazos vidos y miserables de un pernicioso colonialismo que se llama democracia. Todos somos, en este sentido, los no elegidos, los no elegidos en comunidad. Sobre esta base, se podra empezar a pensar en el nuevo vnculo social". (Judith Butler) (10).

Notas:

(1). Benjamin Fondane, Preface in Prose, Exodus [1942-43].

(2) Mahmoud Darwish, por desgracia, era el paraso: Selected Poems (Berkeley: University of California Press, 2003).

(3) Sobre la relacin entre la organizacin burocrtica moderna y el genocidio nazi, vase Zygmunt Bauman, Modernity and the Holocaust (Ithaca: Cornell University Press, 1991).

(4) Norman Finkelstein, La industria del Holocausto: reflexiones sobre la explotacin del sufrimiento judo (Londres: Verso, 2003 ).

(5) Aim Csaire, Discurso sobre el colonialismo (Nueva York, Monthly Review Press, 1972), 3.

(6) Finkelstein (2003), 145.

(7) Israel tambin ha admitido recientemente que inocul a las mujeres inmigrantes de origen etope una droga anticonceptiva de larga de accin, tratamiento recibido en contra de su voluntad. Vase, por ejemplo, Talila Nesher, "Israel admite que las mujeres etopes recibieron inyecciones anticonceptivas," Haaretz (27 de enero de 2013).

(8) Finkelstein (2003), 75, 76.

(9) Bauman (1991), 7.

(10 ) Judith Butler, Parting Ways: el judasmo y la crtica del sionismo. (New York: Columbia University Press, 2012), 24-25.

David Langstaff es un organizador judo-americano radical de Chapel Hill, Carolina del Norte. Recientemente se gradu de The Evergreen State College en Olympia, WA, donde estudi economa poltica y historia mundial. Est apasionadamente comprometido con la construccin de un mundo ms justo, igualitario y democrtico, y ha participado en los movimientos de transformacin social liberadora una cantidad de aos y ms recientemente en el Boicot, Desinversin y Sanciones (BDS) y movimientos de ocupacin. A finales de 2012 pas dos meses trabajando con el Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM) en la Ribera Occidental. Este artculo es una contribucin a PalestineChronicle.com. Se puede visitar http://memoryagainstforgetfulness.wordpress.com.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/03/01/yad-vashem-power-and-the-politics-of-history/



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