Portada :: Venezuela :: La muerte de Hugo Chvez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2013

Hay una Venezuela sin Chvez?

Rafael Bautista S.
Rebelin


Esta mi vida ya no es mi vida,
yo ya no soy yo,
soy todo un pueblo
Hugo Chvez


Las preguntas que ahora abundan en las cadenas mediticas dan cuenta de un afn solapado de discontinuidad en un proceso al cual quisieran ver concluir, de una vez por todas. La sombra de Chvez perturba, porque ya se intuye que no es, precisamente, una sombra inofensiva. Por eso hay una insistencia en matar mediticamente al lder, y dejar a todo un pueblo hurfano en su propia suerte. Pero el pueblo no renuncia a su lder, porque sabe que lo que vive en el pueblo, no muere jams. En ese sentido el pueblo es sabio: el deceso fsico no quiere decir la muerte del lder; porque lo que ste representa excede su sola presencia.

Entonces, ser cierto que los muertos estn muertos? Si la vida no se reduce a la pura existencia fsica, ser que la vida se acaba cuando se atraviesa el umbral de la muerte? Resulta curioso que una mentalidad dizque cristiana crea que la muerte acaba con la vida; pues todos los clculos mediticos y polticos que se desprenden de la supuesta Venezuela sin Chvez, parten de aquel supuesto. Si el supuesto fuera cierto, entonces la realidad quedara desmentida (y la fe que tanto pregona sobre todo la mentalidad conservadora). Para desmentirla se acude a la calumnia, pero la calumnia tambin se engaa, pues no descubre nada sino ensucia todo; lo peor: no permite que la propia realidad interpele sus opacas certidumbres.

Si todo se acabara con la muerte, entonces la fe quedara en nada. A propsito de la reflexin que hacan los religiosos en las exequias del presidente Chvez y que los polticos deberan aprender a tematizar, la muerte del lder de un pueblo es ahora motivo para cuestionar nuestras creencias y para limpiar la propia poltica de su anti-espiritualidad. Pues el fenmeno de la resurreccin tiene que ver con el triunfo de la vida sobre la muerte, por eso dice el Evangelio (dado a los pobres): quien cree en m tendr vida eterna. Si eso es cierto, la muerte no es nunca el fin. Entonces, cmo el muerto podra abandonar a los vivos? Cmo un pueblo podra quedarse sin su lder?

Venezuela no est sin Chvez, porque Chvez est ahora ms vivo que nunca. El pueblo as lo sabe, por eso los testimonios abundan: todo el amor que tena hacia su pueblo, ya no le caba en el pecho, por eso se le ha desbordado, para abrazar a todos. Por eso se dice que la Iglesia verdadera est en el pueblo, por eso la buena nueva es para los pobres, porque son ellos los hermanos menores que claman a los cielos por un redentor que les muestre el camino (que es siempre camino de vida) de su liberacin. Por eso hay lder. Porque la liberacin no es slo cuestin de ideas sino de ejemplo de vida, y ste es fundamental para que las ideas hagan carne (de lo contrario las ideas se las llevara el viento).

Parte de nuestra condicin humana es aquella empata necesaria que requieren pueblo y lder en esa recproca constitucin en sujeto. Los poderes fcticos son conscientes de aquello, por eso denuncian todo liderazgo como caudillismo y calumnian de populista toda identificacin del pueblo con su lder. Por eso se declaran institucionalistas, porque han perdido toda referencia humana y, en consecuencia, reducen la poltica al movimiento de la inercia institucional sin sujeto. Eso tambin hacen los analistas; se resisten a tematizar al sujeto, porque el sujeto es irreductible a su consideracin abstracta (de datos y nmeros), porque desde la neutralidad valrica que presumen, se les hace imposible comprometerse con la vida del sujeto. Por eso slo saben hacer anlisis de la realidad, porque no saben otra forma de auscultar algo que no sea la pura diseccin; necesitan de la fra materia muerta, quieta, sin vida, para conocer algo. Por eso el conocimiento que logran no sirve para la vida.

Por eso les conviene creer que el lder est muerto y bien muerto, para poder estudiarlo y tasar los clculos correspondientes que deducen, de acuerdo a los intereses que les apadrinan. Pero la realidad es otra, lo que se les escapa del todo. Si Chvez estuviese muerto, el pueblo no estara tan vivo. El acompaamiento todava masivo al lder no sera tan contundente. Para comprender aquello, se requiere de una aproximacin ms acorde al evento, en consonancia con lo que significa para el pueblo el deceso de su lder.

Los lderes de ahora son los que resucitan a los lderes de ayer. Por eso Bolvar vuelve con Chvez para quedarse ambos, como viento en la sabana, para levantar a todo un pueblo que ha encontrado al fin su destino verdadero. De eso fuimos testigos. El deceso del lder dio lugar a la consolidacin de la vocacin de un pueblo. Por eso la muerte no fue muerte, porque la vida trascendi a la misma muerte. La generosidad de la vida del lder es ahora la vida que alimenta la determinacin de todo un pueblo hacia su propia liberacin.

La resurreccin no es entonces una reencarnacin sino el habitar para siempre entre todos, produciendo la fraternidad anticipatoria en la que, como deca Vallejo, desayunemos juntos al borde de una maana eterna. La sensibilidad del presidente Chvez era lo que lo alejaba del poltico tradicional y lo acercaba ms al pueblo, por eso poda, de t a t, cantar, recitar, rer y hasta llorar con su pueblo. Por eso el pueblo no lo dej morir: entonces todos los hombres de la tierra le rodearon y le dijeron coraje!, vuelve a la vida. Vallejo tena razn, el cadver ya no sigui muriendo sino, como viento en la sabana, se ha hecho ms pueblo que nunca. Ya no es l sino todo un pueblo, por eso su vida es ahora la vida de ese pueblo. Por eso no hay una Venezuela sin Chvez, as como no hay una Venezuela sola y aislada.

Si algo le reconocern hasta sus adversarios, es el posicionamiento geopoltico que logr el presidente Chvez de, no slo Venezuela, sino de toda Latinoamrica, en el nuevo contexto multipolar. Y la vocacin integracionista que disemin entre los dems pases nuestros, es lo que no est permitiendo la balcanizacin de nuestra regin. Su apuesta por Maduro no poda ser ms acertada, pues l acompa la travesa estratgica global que protagoniz Chvez. En su discurso ante la Asamblea y ante su comandante ha destacado como el continuador idneo del ideal bolivariano: la patria grande.

Por eso, lo que nace, es la efectivizacin del ideal en doctrina. La Doctrina Chvez es lo que se encarna ahora como ideologa nacional, lo cual nos muestra una disponibilidad potencial que nace en un pueblo destinado a radicalizar el proceso que ha inaugurado. Esta nueva disponibilidad nacional es la efectivizacin del proyecto popular bolivariano. El gran legado del lder es precisamente devolverle al pueblo la confianza en su propia potencia. Si se dice que el pecado del lder es su desconfianza en su propio pueblo, el pecado del pueblo es no creer en su propia disponibilidad; por eso deca Fidel: cuando el pueblo crea en s mismo, se habr producido la revolucin. Ahora podemos decir: el espritu habr acontecido en cuanto pueblo.

Por eso el verdadero lder es el que se encuentra en ese ms all en el que ya se encuentra el pueblo, aunque el pueblo no se d todava cuenta de ello. Por eso el lder es maestro, porque es primero discpulo. Su sintona con el pueblo lo expresa esa empata con lo mejor que contiene el pueblo. Cuando esto de suyo reconoce el pueblo en el lder, es cuando el pueblo empieza a reconocer su propia potencia, es cuando empieza a verse como sujeto. Por eso sufre el deceso de su lder. Porque lo potencial que ha destacado el lder en el pueblo es lo que se levanta como aquella gratitud que se prodiga en el reconocimiento pstumo. La responsabilidad del lder es ahora responsabilidad del pueblo. Ser sujeto consiste en eso, en el hacerse libremente responsable por todo y por todos. As nace el justo. El que se hace cargo del sufrimiento ajeno.

Pero el hacerse cargo no es gratuito, tiene consecuencias, porque no hay otra que enfrentar a los poderes fcticos. Por eso son perseguidos y vilipendiados por los poderosos del mundo, porque han osado hablar por los ms dbiles. Entonces, no es una apuesta inocente sino sumamente comprometida, porque en ello se arriesga la propia vida. El justo da la vida aunque le cueste la vida. Esta mxima abnegacin debera de librarle de padecimientos, pero no, es ms, parece que el justo es quien ms sufre. Por qu?

Es sta una de las preguntas que ms nos conmueven: por qu sufren los justos? Por qu precisamente ellos, los que dan tanta vida, deben sufrir tanto? El llanto del pueblo pregunta algo que ninguna ciencia sabe contestar y el sufrimiento del lder se encarga de ahondar. Si es cierto que son ellos quienes reciben los dardos de odio y maldicin que profieren los poderes fcticos, entonces cabe comprender que no hay fortaleza fsica que pueda aguantar aquello; y si a eso le sumamos la decisin de cargar con el dolor del pueblo y, de ese modo, ahorrarle penas futuras, se entiende su vida como un literal sacrificio.

Pero eso no nos consuela sino que desconsuela. Y tampoco nos convence, porque el justo no vive su abnegacin como sacrificio sino todo lo contrario. Para el que calcula slo sus propios intereses, cualquier desprendimiento es puro sacrificio, por eso no le interesa nada que no sea su propio provecho. Por eso jams entender la justicia y jams vivir el amor en su vida. Pero entonces, si el justo vive su abnegacin como lo trascendente de su condicin humana, por qu esto no le libra del sufrimiento?

Es la pregunta que le hace uno de los ladrones al crucificado. ste calla y tampoco responde el otro, pues reafirma su condicin de inocente. Entonces la pregunta se amplifica, porque ya no es slo por qu el justo sufre sino por qu sufre tambin el inocente.

Pero, de ese modo, la pregunta devela que ya no se trata de una pregunta que pida una respuesta sino que nos llama a nosotros a hacernos cargo, ya que el justo se ha ido. Tal vez no sea que buscamos una respuesta satisfactoria para semejante pregunta sino la certeza de un despertar que nos mueva a realizar nosotros la pasin del justo: acabar con el sufrimiento ajeno. Hay preguntas que no buscan respuesta sino compromiso, y tal vez es mejor que as sea porque, como dicen los que saben, si hay respuesta a por qu sufren los dems, su dolor ya no nos conmovera y nos volveramos indiferentes al dolor ajeno.

La respuesta cancelara nuestra motivacin a la accin. Es decir, nuestra capacidad de indignacin quedara anulada y, con ella, nuestra sensibilidad se volvera insensible. Los justos moriran en vano.

Pero los justos no mueren porque lo que producen es el compromiso de los vivos. Parece entonces que, al no hallar respuesta al sufrimiento de los justos y los inocentes, buscamos remediar aquello y eso es lo que produce en nosotros el compromiso con los justos. Cuando clamamos a los cielos por el fin del sufrimiento, parece que la vida de los justos nos seala que somos nosotros, todos, en nuestro ahora, los encargados para acabar con aquello. Por eso Tpac Katari deca al morir: volver y ser millones.

Por eso Chvez es ahora millones. Porque los muertos no estn muertos si los vivos hacemos nido de su causa en nuestra vida. Ahora es nuestro turno nos dicen. No desmayen, no claudiquen, porque no estn solos, porque los muertos estn con los vivos, porque el dolor de los vivos es llanto para los muertos.

Dicen que si los muertos no rezaran por los vivos, los vivos no viviran ni un solo da ms; entonces, dnde que estn muertos? Si los injustos levantan la memoria de sus hroes, por qu los humildes no debieran hacer aquello? Ellos honran su memoria nefasta y prohben que los pobres lo hagan; as quieren apagar la memoria del pueblo y dejarlo abandonado a su suerte. Por eso hay que afirmar, como nunca, que Chvez vive en el amor de su pueblo (palabra repetida por Maduro, palabra tan desgastada y, sin embargo, tan necesaria, no slo en momentos de alegra sino, sobre todo, en momentos no tan gratos). Eso queda del ms vilipendiado, odiado y calumniado por la plutocracia, no slo de su pas, sino del planeta entero: el amor de su pueblo.

Como el crucificado, quien dio la vida por los pobres, al final slo se le escuchaban palabras de amor: perdnalos Padre porque no saben lo que hacen; del mismo modo, las palabras de Chvez viven porque iluminan, por eso el pueblo llama a esa revolucin, la revolucin bonita. Por eso, lo que queda es lo que no se ve, pero es lo que da sentido a todo lo que se har, de ahora en adelante; por eso, aunque ya no est fsicamente, est, dice el pueblo, ms cerca de nosotros que antes. Porque ahora l ya no es l, su vida ya no es su vida, sino la vida de todo su pueblo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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