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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2013

Qu difcil es hacer la revolucin desde los despachos!

Juan Rivera
Rebelin


La muerte de Hugo Chvez ha venido acompaada por una cascada de declaraciones emitidas por polticos de todos los pelajes e ideologas. Entre ellas queremos resaltar las del portavoz de Izquierda Unida en el Parlamento andaluz Jos Antonio Castro y la reaccin a las mismas.

El diputado por Mlaga se ha visto catapultado a la primera lnea de crticas por afirmar que le gustara que en Andaluca se abriese un periodo similar al que se abri en Venezuela en su momento para implantar el socialismo del siglo XXI.

Aqu no nos vamos a sumar a quienes vapulean sus palabras. Compartimos que muchos elementos presentes en la revolucin bolivariana son exportables a nuestro pas. Adems estamos intelectual y afectivamente unidos a quienes como Pedro Montes o Manolo Monereo llevan aos hablando y sembrando en nuestro pas las bases ideolgicas del socialismo siglo XXI.

No van por ah los tiros. Las sensaciones negativas no nos salen del anlisis terico sino al desmenuzar la praxis que est llevando en el da a da, tras su pacto del gobierno con el PSOE, la coalicin de izquierdas. Dan ganas de parodiar a Los Inhumanos ("que dificil es hacer el amor en un Simca mil...") y proclamar: qu dificil es hacer la revolucin desde un silln oficial!

Al poner en un platillo de la balanza las declaraciones de Castro y en el otro la Realpolitik valderiana imperante en IU-LV-CA, vemos que, contempladas desde la luz de la poltica cotidiana llevada a cabo por los cogobernantes, tras las primeras hay mucho de cuadratura del crculo, de paradoja imposible, de oxymoron.

Intentamos poner un ejemplo: mientras se reivindica como deseable para nuestra tierra la accin poltico-social llevada a cabo por la revolucin venezolana, en Andaluca se comparte mesa y mantel con los hermanos polticos de Carlos Andrs Prez y su Accin Democrtica, los mismos que durante el felipismo favorecan los negocios del multimillonario Gustavo Cisneros o hicieron la vista gorda ante la masacre del "Caracazo".

Mientras se habla de transformacin social, se apuntala la pata izquierda del rgimen juancarlista y del liberalismo econmico imperante, al partido que ayer cumpli sumiso -gobierno Zapatero- las directrices de la oligarqua y hoy mismo, con Rubalcaba, acude raudo a tapar las vergenzas al descubierto del Borbn cazador.

Mientras se suea con una transformacin social se defiende que sta puede darse estando unidos en la accin de gobierno a quienes slo son alternancia electoral, un matiz distinto de la misma gama de color, pues ni desean, ni pueden, ni sern alternativa social y econmica. Para ello deberan formular una propuesta poltica distinta. Nunca la plantearn.

Para hacer crebles las ideas no se puede acusar de recortador al gobierno de Mariano Manostijeras (que lo es, y desbocado) y a regln seguido, acatar por imperativo legal las recomendaciones del gobierno central, aunque esto signifique poner en la calle a miles de profesores, dejarse meter el gol en la comisin de los ERES, apoyar unos presupuestos que nada cambian o no enfocar con lupa limpiadora a las tan cuestionadas agencias pblicas de la Junta...

Habr quien asevere: Pero los Consejeros de IU son honestos. Eso se da por descontado, faltara ms!

Las palabras de Castro sirven para contemplar las dos personalidades que conviven en IU. La primera que podra ser encarnada por la mayora de las bases y dirigentes como Alberto Garzn o Juan Manuel Snchez Gordillo-, conecta perfectamente con las reivindicaciones populares porque participa de ellas y combate por ellas.

En la segunda intuimos una importante desconexin con la realidad. Difcilmente puede comprenderla o defenderla quien est ajena a ella. Es respaldada por quienes ven en la Poltica un chiringuito de colocacin y tienen un pasado laboral inmaculado, sin ningn contrato de empresa u oposicin aprobada que lo manche.

Casi tan limpio como el de la ministra Ftima Baez. Similar al de algunos liberados que desde hace quinquenios no tienen un andamio o un taller al que volver. Y aunque empezaron defendiendo una idea, terminaron defendiendo una posicin. Lo cual es humano, pero no ejemplarizante.

Hace unos quince aos en una asamblea de un pueblo de la campia cordobesa, un cargo orgnico de cuyo nombre no quiero acordarme apostillaba cada una de sus intervenciones con un al tajo, compaeros, al tajo. Los jornaleros presentes se miraban sorprendidos unos a otros y comentaban en voz baja: qu sabr ste de tajos si nunca ha doblado el espinazo. A los pocos meses, se celebraban elecciones generales. En un distrito de la capital se proponan nombres para la lista. Por cada propuesto, el proponente haca una glosa. Acababan de nominar a una compaera por su vinculacin al movimiento obrero. El siguiente en intervenir propuso al de compaeros, al tajo. Antes de que lo loase fue cortado por otra intervencin "No hace falta que lo digas. A Fulanito tambin lo propones por su vinculacin al movimiento obrero". La carcajada fue general. Imaginad que el susodicho fuese hoy un alto cargo. Y que predicase la revolucin bolivariana. Esa es la dicotoma de la que hablaba.

Las transformaciones sociales no se hacen en los bares. Hacer una revolucin en el saln puede ser un ejercicio intelectual divertido, pero para lograr revertir la actual situacin, la gran alianza no puede establecerse con quienes desean que nada cambie, que todo siga igual. Debe hacerse con la mayora, buscando los puntos de coincidencia con los que podamos impugnar el sistema.

Cuando se quiera emular a la revolucin bolivariana, no se puede olvidar que sta lleg porque sus promotores no estaban dispuestos a administrar las migajas del capitalismo. E hizo visibles al pueblo, a los sin voz, a los sometidos. La vieron creble. Y eso la ha hecho peligrosa.

Si de verdad quiere IU la llegada del socialismo del XXI, poda empezar a preguntarse: qu estoy haciendo en la Junta? Cumplir mi programa, las promesas que hice o gestionar lo poco que me dan lo mejor que pueda?

En los prrafos anteriores hemos comentado una paradoja. Termino con un pleonasmo: Para creerme que la accin gubernamental est sirviendo a la izquierda transformadora, tengo que verlo con mis propios ojos. Tal vez sea miope. O simplemente escptico.

Juan Rivera, miembro del Colectivo Prometeo y del Frente Cvico-Somos Mayora

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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