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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2013

La defensa del derecho a la maternidad, una tarea de la clase trabajadora

Amanda Aguilar
Revista Amauta/Lucha Mujer


En los ltimos aos nos ha tocado vivir en carne propia los efectos de la implementacin del Tratado de Libre Comercio, que empieza a mostrar sus primeras y muy devastadoras consecuencias. Esta situacin, junto a aos de desfinanciamiento de las instituciones pblicas y ligada a una poltica sostenida de encarecimiento del costo de la vida, est atacando en lo ms profundo las condiciones de vida de la clase trabajadora.

En este contexto, las mujeres hemos sido las ms afectadas, con las incumplidas promesas de nuevos empleos, con los recortes a los servicios sociales y con una lista pendiente de reivindicaciones que cada vez se ve ms lejana de cumplirse frente a un gobierno que en su lugar busca eliminar cada vez ms derechos. La brecha salarial sigue dejando en evidencia que ni siquiera los aspectos ms bsicos como el pago de igual salario por igual trabajo son garantizados.

Doblemente explotadas, doblemente oprimidas

Un reciente estudio elaborado por la Cmara de Comercio revel que los hombres obtienen un salario promedio de 7.9% superior al de mujeres con iguales caractersticas.

Estos mismos datos son reforzados por la Encuesta Continua de Empleo realizada por el Instituto Nacional de Estadstica y Censo, en la que se indica que las trabajadoras tuvieron durante el segundo trimestre del 2012, ingresos equivalentes al 88% del promedio percibido por los hombres.

Esta desigualdad busca ser justificada con otros datos en los que se revela que las mujeres trabajamos de forma asalariada menos horas que los hombres. As entonces, el 85,5% de los hombres trabaja ms de 40 horas a la semana, mientras que slo un 72% de las mujeres logran tener esa misma jornada.

Pero lo cierto es que esta posicin es parcial y no evidencia el hecho de que aun cuando muchas mujeres quisieran trabajar ms horas, no tienen posibilidades de hacerlo porque en sus hogares se les recarga de las labores del cuido de sus hijos o algn adulto mayor, asumiendo entonces una segunda jornada laboral que es impaga dentro de su propio hogar.

Esta situacin no se origina por una casualidad, el capitalismo reproduce la idea de que las mujeres debemos realizar el cuido de familiares y de nios como si esto fuera parte de una labor innata de nuestro gnero, pero en realidad es parte de una ideologa que reproduce la burguesa en busca ahorrarse el pago de esas labores, colocndonos a las mujeres en una doble situacin de explotacin asumiendo dobles jornadas de trabajo. De esta manera, no slo tenemos un menor acceso al empleo, sino que adems tenemos un mayor trabajo no remunerado en el hogar.

Acceso al mercado laboral: discutiendo condiciones

Una de las principales herramientas para facilitar la independencia de las mujeres es el acceso al mercado laboral, el cual no solo representa un medio para poder contar con recursos econmicos propios sino que adems abre un nuevo espacio de relaciones sociales. Pero para que se convierta efectivamente en un mecanismo de emancipacin de la mujer, el espacio laboral debe darse bajo condiciones de justicia e igualdad y no bajo condiciones de sobreexplotacin y desencadenamiento de la opresin como lo promueve el capitalismo.

Aspectos bsicos como licencias de maternidad ms amplias y compartidas o la creacin de guarderas infantiles dentro de los centros de trabajo, son elementos centrales para avanzar en el tema de socializacin de las labores domsticas y de cuido. La situacin nacional requiere que se abra la discusin sobre las condiciones de las mujeres trabajadoras.

En general, las licencias de maternidad en Amrica Latina se encuentran por debajo del estndar a nivel mundial y muy lejanos de la situacin que se da en pases europeos. Mientras Suecia, que se encuentra a la cabeza en esta materia, otorga hasta 96 semanas de licencia de maternidad, en el caso Latinoamericano, Venezuela ofrece seis meses y medios de licencia, seguido por Cuba y Chile que establecen 18 semanas.

Y es que estos ejemplos, que se dan en el marco del capitalismo, no son ni siquiera migajas comparado con todo lo que las mujeres rusas consiguieron con la revolucin socialista.

La esencia del programa bolchevique para la emancipacin total de la mujer era su liberacin final del trabajo domstico por medio de la socializacin de esas tareas, por eso en tan solo sus primeros meses, logr ms por la emancipacin de la mujer que cualquiera de los pases capitalistas ms avanzados. El Estado Obrero comenz por crear instituciones como comedores y guarderas modelo para liberar a la mujer del trabajo domstico.

Construyendo alternativas

El tema de creacin de guarderas, ampliacin de la licencia de maternidad y en general, la socializacin de tareas domsticas, entendiendo estas como una jornada laboral ampliada e impaga que se recarga a las mujeres, debe ser parte intrnseca de la agenda del movimiento sindical.

Sin embargo, poco ha hecho el sindicalismo en este pas por reconocer ese papel y por asumir como suya una lucha que es de toda la clase trabajadora. Eso es un reflejo del mismo machismo que se reproduce en el movimiento sindical, una ideologa promulgada por el capitalismo que ha calado hasta en las mismas organizaciones de trabajadores y que debemos combatir. Esto pone en evidencia que el machismo, sirve para dividir a la clase trabajadora, promueve la desigualdad de la mujer con respecto al hombre y desva nuestras acciones para enfrentarnos entre nosotros mismos cuando la nica que divisin que existe es entre clases.

El paso que hay que dar requiere ms que discursos de solidaridad, requiere de acciones en las cuales las organizaciones sindicales deben ponerse a la cabeza. Por ello creemos que un paso fundamental es incluir en las negociaciones de las Convenciones Colectivas las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras y as empezar a tomar efectivamente como propias las luchas de las trabajadoras, quienes no solo constituyen la mitad de la clase trabajadora sino que es la mitad ms explotada por el capitalismo.

Esas Convenciones Colectivas hoy estn siendo atacadas por el gobierno, alegando que los derechos que ah se establecen constituyen privilegios. Uno de los ejemplos que han puesto es el caso de RECOPE, la cual es una poca de las instituciones en este pas que cuenta con guardera para los hijos de los trabajadores gracias a su Convencin Colectiva. Esas demandas no son privilegios, los datos evidencian que son necesidades de la clase trabajadora que debemos defender y fortalecer.

Para eso requerimos de la unidad sindical y de sectores para luchar. Ha habido una separacin entre el movimiento de mujeres y el sindicalismo que debe ser eliminada y precisamente aspectos como la lucha por el aumento de la licencia de maternidad y por la creacin de centros de cuido puede ser un punto de encuentro para empezar a actuar de manera unificada.

Pero esta labor, requiere tambin de la ms amplia discusin con las bases del movimiento sindical, no solo para lograr construir una propuesta que recoja efectivamente las necesidades de la clase trabajadora sino para lograr sumar al conjunto de la clase trabajadora a estas reivindicaciones.

Hay que tener claro que este no es un tema fcil de asumir, enfrentamos al gobierno, a las cmaras empresariales que pelearan con todo para intentar seguir haciendo crecer sus ganancias y an ms quitarnos las migajas que nos dan. Por ello la lucha no puede dejar de ser unificada, de hombres y mujeres trabajadoras por la legtima defensa de nuestros derechos.

Pero si efectivamente queremos erradicar la doble explotacin a las mujeres, tenemos que acabar con las bases de esa explotacin, que se encuentran en el capitalismo mismo. Por ello, llamamos a las mujeres trabajadoras y campesinas a sumarse a nuestro partido, a conocer nuestro programa y ser parte de esta lucha en la construccin de una alternativa socialista.

Fuente: http://revista-amauta.org/2013/03/la-defensa-del-derecho-a-la-maternidad-una-tarea-de-la-clase-trabajadora/



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