Portada :: Venezuela :: La muerte de Hugo Chvez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2013

Chvez y la izquierda europea

Juanlu Gonzlez
Rebelin


ltimamente no paran de llegar correos de compaeros de la izquierda alternativa criticando la figura de Chvez con artculos extrados de distintas webs de pginas de contrainformacin. El fenmeno no es nada nuevo, este goteo siempre ha existido, lo que ocurre es que, tras la muerte del presidente, se ha acrecentado enormemente. El tradicional cainismo progresista llega a un punto tal, que la crtica a la izquierda se considera una obligacin personal ms fuerte incluso que la crtica a regmenes de signo contrario, a pesar incluso que con ella se favorezca al enemigo comn, a los mercados, al capital o al imperio y sus aliados. Rara vez llegan correos de la misma procedencia hablando de asesinatos de periodistas o maestros en Honduras, de nuevos falsos positivos o de muertes de sindicalistas en Colombia, de violaciones de derechos humanos de los mapuches en Chile. Por poner un grave ejemplo, estas mismas personas enmudecieron cuando se encontr la mayor fosa comn de la historia del continente en Colombia, a pesar de que el tema se mantuvo semioculto en los medios, y lo hicieron tambin cuando los dos golpes de estado recientes en la regin parece que slo les molesta Venezuela y Chvez. Por qu?

Es posible que los medios de comunicacin tengan que ver bastante con la cuestin. Invariablemente han contribuido a forjar una imagen de Chvez distorsionada, incluso ridcula, ya que siempre se centraron en aquellas situaciones que podran resultar incluso esperpnticas a los estirados ojos de los europeos. Cuando formul un discurso histrico en la ONU, aplaudido en masa por la prctica totalidad de la Asamblea, nicamente se reflej en los medios su episodio del olor a azufre que haba dejado Bush el da anterior, nada de las crticas a una anquilosada y antidemocrtica estructura surgida tras la II Guerra Mundial para repartirse el poder internacional entre los vencedores ni la manera de superarla. Chvez cantando, rezando, bromeando, arengando o lanzando improperios contra los gringos y los pitiyankees es lo que, invariablemente, nos han contado los medios. Lo han ridiculizado, demonizado, lo han tachado de dictador, de payaso, de analfabeto da tras da, ao tras ao durante los ltimos lustros. Defender a Chvez y al bolivariaismo en Europa en esa tesitura poda resultar una tarea complicada, tal ha sido la ola manipuladora de los mass media de todo signo y condicin.

Or hablar, por ejemplo, de las misiones venezolanas en televisin o radio en el estado espaol ha sido y es algo imposible, salvo por la irrupcin relativamente reciente de nuevos medios antiimperialistas como Telesur, RT o HispanTV, de muy baja penetracin en comparacin con los ms tradicionales. Hablar de asamblearismo, de democracia directa o de la puesta en marcha a gran escala de experiencias de democracia participativa era ya cosa de ciencia ficcin. Sin una labor documental importante, con el esfuerzo personal que ello supone, sin el uso de fuentes directas o del conocimiento in situ de la realidad venezolana antes y despus de la implementacin del chavismo, lo ms fcil era dejarse arrastrar por el mainstream meditico, an conociendo sus obediencias. Eso s, aadiendo una pizca de sentido crtico para no caer en manipulaciones absurdas, dejando limpias las conciencias individuales, pero sin entrar tampoco en el fondo de la cuestin. Al fin y al cabo, si tanto consenso existe a derecha e izquierda con la figura de un lder, tampoco se es quin para cuestionarlo todo deberan pensar.

Chvez siempre ha sido una figura meditica, por su propia e inherente forma de ser, pero tambin porque los medios de comunicacin lo convirtieron en eso. Quiz por ello ha recibido ms crticas desde la izquierda que el narcopresidente Uribe, al que le propinaban incluso honores pblicos en nuestras tierras a pesar de ser un reputado asesino de masas y sistemtico violador de los derechos humanos de su pueblo. Parte de la izquierda ha sentido incluso vergenza de que al comandante Hugo Chvez Fras se lo incluyera dentro de esa filiacin poltica, de ah la animadversin hacia su figura y su ensaamiento con ella a pesar incluso de las conquistas sociales que nadie puede ocultar por abrumadoras. Es puesto as a la altura de Fidel Castro, a quien de manera mucho ms unnime se le considera un dictador an a pesar de la reciente puesta en evidencia del artificio que sostena a las democracias occidentales, autnticas tiranas hoy y siempre en manos de los mercados con polticos tteres que gobiernan a espaldas de sus pueblos, aunque an con ciertas libertades formales y un estado de bienestar que nos hace creer en nuestra supuesta superioridad moral.

Es muy fcil desde un eurocentrismo militante la crtica superficial a pases como Venezuela. Muchos no soportan que Chvez fuera militar. Aqu los militares siempre se han asociado a dictadores y ver a un presidente vestido de miliko da como un poco de grima. Sea por la figura de Franco o por el estereotipo de repblica bananera, no viste bien, no parece democrtico. La falta de empata con realidades sociales muy diferentes a la nuestra est en el origen de esta desafeccin. La izquierda europea siempre ha sido pacifista y antimilitarista. No queda bien apoyar a un militar que, adems, presume de ello. Sin embargo, cualquier cambio social profundo que se produzca en Latinoamrica se tendr que ejecutar con el apoyo de los militares o, sencillamente, no triunfar. Parte de la influencia norteamericana se ha hecho efectiva en el continente gracias al control que han ejercido sobre el estamento militar en el que an est muy arraigada es connivencia, ya que muchos cuadros son pupilos de la Escuela de las Amricas. La revolucin bolivariana sin apoyo militar habra acabado como en Honduras, en asonada. Claro que a muchos de nosotros nos gustan mucho ms los levantamientos populares masivos, de abajo a arriba, que acaban en revoluciones y colectivizaciones de tipo anarquista, pero a ver quin es capaz de proporcionarnos un ejemplo vivo de ello para guiarnos en nuestro quehacer diario o puede indicar dnde es plausible que algo as suceda. Machacar una levantamiento popular porque en l participe el ejrcito cuando ni si quiera se hace lo propio con pases de la regin con democracias formales que apenas respetan los derechos humanos e incluso con regmenes totalitarios con graves carencias democrticas es alinearse, directa o indirectamente, con el vecino del norte, con el gran satn regional, con Estados Unidos.

Muchas veces se critica tambin el extractivismo de la economa venezolana. Negar la dependencia del petrleo en el pas con ms reservas de oro negro del mundo es simplemente imposible y pretender lo contrario es una boutade. No obstante, lo verdaderamente relevante es seguirle la pista a los ingresos del petrleo y compararlo con pocas anteriores. Antes de la llegada de Chvez los rditos del petrleo volaban directamente a Estados Unidos en maletines en manos de la oligarqua caraquea. A pocas personas de izquierda podra molestar que ahora se destinen a sanidad, educacin o vivienda para los ms pobres, los que nunca han sido tenidos en cuenta en el pas. Pero tambin el socialismo del siglo XXI ha servido para el fomento del cooperativismo a gran escala, para el reparto de tierras y para avanzar claramente en el camino a la soberana alimentaria, uno de los talones de Aquiles de la Repblica Bolivariana. Cmo quejarnos de que nacionalicen empresas estratgicas con dinero del petrleo si es lo que aqu pedimos en todas las manifestaciones contra a crisis? Cmo criticar que se monte una banca pblica o que se libere un pas de las imposiciones del FMI si es con lo que se nos llena la boca a diario desde nuestros plpitos revolucionarios?

Seamos consecuentes, fijemos nuestras prioridades y nuestras dianas. Las revoluciones bolivarianas son relativamente jvenes, an queda mucho por hacer, muchos vicios del pasado que superar, pero el camino iniciado es muy ilusionante. Chvez es lo mejor que le ha pasado a Latinoamrica en los ltimos aos de su convulsa historia y as ser recordado en el futuro, sobre todo por la gente del pueblo, por los ms humildes. Su vida y su obra representa la esperanza en un futuro mejor para todos y todas, especialmente para aquellos que han estado situados deliberadamente fuera de la historia de sus pases. En este sentido se ha convertido en un hroe, en un mito, en un referente para muchas personas, en una figura del culto. Probablemente en la vieja y anquilosada Europa ni podamos comprender en su totalidad la profundidad del fenmeno, pero esos millones de personas humildes que lloran la muerte de su presidente o de su lder merecen un respeto o una consideracin, tanto emocional, como puramente intelectual.

Ya s que aqu prcticamente nadie llorar por la muerte de ninguno de nuestros lderes, que en cualquier caso mucha ms gente se alegrar de que, por ejemplo, un lder europeo desaparezca fsicamente. Tal es el desencuentro acumulado con nuestra clase poltica. Pero quiz por ello deberamos mirar con otros ojos lo que sucede en Latinoamrica. Basta confrontar la pasin con la que la gente all se suma a un proyecto colectivo joven e ilusionante con la frialdad con la que el pueblo soporta a duras penas a sus polticos sin proyecto, para sentir malsana envidia de no ser partcipe de algo as en nuestros propios pases. Hacen falta muchos Chvez en nuestra decrpita Europa.

http://www.bitsrojiverdes.org/wordpress/?p=9380

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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