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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2013

La tierra que nos ver morir

Luz Marina Lpez Espinosa
Rebelin


La tierra, siempre la tierra. Deberamos escribirla con mayscula. Por ella lucharon, sufrieron y murieron los padres, por ella luchan, sufren y mueren los hijos. Y ella al fin nos va a arropar a todos. Ms ttulos para que se deba escribir con mayscula?

Y la tierra claro, est en el centro del conflicto colombiano. Desde siempre. Si una palabra podra definir Conquista, Colonia y Repblica, ella es Despojo. Con sus muchas acepciones y variantes: exterminio, expoliacin, servidumbre, corrida de cercas, prodigios y malabares notariales, gamonalismo, violencia generalizada, condiciones ruinosas de produccin, carencia de vas, imposibilidad de mercadeo y crdito confiscatorio. Hasta llegar al cuarto final del siglo XX, y con la democracia ms estable de Amrica, la Constitucin de derechos ms avanzada del mundo y gobiernos de unas formas democrticas que son un encanto, mtodos ms civilizados mejor avenidos a un mundo que super esos estadios de barbarie: Nos vende usted la finca, o prefiere que le compremos a la viuda?.

Y sistemas ms sangrientos eran los corrientes, pero ese no es el asunto de este artculo.

Por eso la tierra est en el centro del conflicto armado que soporta el pueblo colombiano desde hace medio siglo. Y por eso con rigor sociopoltico, se habla es de conflicto social y armado. Que si fuera slo lo primero, no tendra mucho sentido el amplio y difcil catlogo de temas sociales de la agenda de negociacin que se adelanta en La Habana entre la insurgencia de las FARC- EP y el Gobierno nacional. La discusin militar es lo de menos, o no se da. Ella retumba en la confrontacin en los campos. Y dentro de la agenda dicha, claro, el primer y angular tema: la cuestin agraria; la tierra, aquella que nos ver morir. Y antes vivir. Porque ese es el problema. Que en la tierra y de la tierra vivimos, he ah el por qu lo cruel de su disputa.

Hoy las conversaciones estn entrabadas -y hacemos votos porque sea un tanto aventurado el uso de esta palabra-, por ese primer punto. Con el cual la guerrilla en primersimo lugar pero con la lcida aquiescencia del Gobierno, hizo valer en el histrico Acuerdo General con el que el presidente Santos y el comandante Timochenko iniciaron el proceso, algo que para la recalcitrante derecha colombiana es inaceptable, una cuestin de honor: que s hay unas causas objetivas del conflicto, que s hay un problema de injusticia e inequidad social, una antigua deuda con el campo. Y como es tan difcil la negociacin de ese punto sin cuyo feliz desenlace vemos con preocupacin se puedan alcanzar consensos en los otros, veamos para ilustracin de los nacionales y extranjeros interesados en la paz de Colombia, cules son las propuestas de la guerrilla en materia agraria:

Sea lo primero decir que lo que la insurgencia postula y reclama, es ms o menos lo que el Establecimiento por dcadas que parecen siglos, ha pregonado como justicia para el campo. Las palabras reforma agraria, justicia social, equidad en el campo y pago de la deuda histrica con el campesinado, han estado en el corazn del discurso de los dirigentes polticos liberales y conservadores a lo largo de una centuria, y sobre todo, ha sido la oferta ms vehemente y sentida de los candidatos presidenciales conservadores y liberales en sus viejos y nuevos ropajes. As que por lo pronto, la guerrilla de las FARC-EP parece que lo que hubieran hecho es apropiarse de ese discurso, pero tomndoselo en serio. Del de Lpez Pumarejo, Lleras Restrepo y Lpez Michelsen. Por lo pronto. Porque tambin de ello han hablado la Iglesia Catlica, algunos gremios de la produccin no del campo desde luego-, los editorialistas de la gran prensa, los directorios polticos y cuanta conferencia de organismo intergubernamental ONU, OEA,- haya habido sobre la cuestin social en Colombia.

Cul es la propuesta de las FARC en materia agraria?

Muy ambiciosa ciertamente, pero es la gran paradoja en un pas donde el trmino macondiano se ha acuado para definir el realismo mgico como expresin de la paradoja que somos. La propuesta de las FARC no presupone una revolucin comunista, sino quin lo creyera, vlgame Dios! aplicar las leyes de la institucionalidad.


En efecto, la ley 160 de 1994 signific un logro de las largas luchas del campesinado y un desagravio de promesas burladas de los gobernantes. Como un reconocimiento de la justeza de esas luchas, en gesto de sensatez, el Congreso a iniciativa del Gobierno, cre las Zonas de Reserva Campesina. Qu son? Son a la manera de una nueva forma de divisin territorial del pas sin que equivalga exactamente a ello-, para asegurar la posesin, propiedad y gestin del campesinado sobre el territorio, y proteger la economa campesina tradicional, impidiendo que las zonas as declaradas, sean objeto de apropiacin por cualquier medio capitalista as sea legal. Con lo cual se pretende garantizar seguridad alimentaria, permanencia del campesinado, desarrollo rural y en buena parte paz.

Que se cumpla esa ley, que se creen esa Zonas de Reserva Campesina, concretamente cincuenta y nueve con nueve millones y medio de hectreas en todo el pas, es el punto central del ms amplio y ambicioso catlogo de demandas de las FARC no en favor de ellas, sino de los campesinos colombianos. Y valga aclarar, ese nmero de zonas y esa cantidad de hectreas que cobija, no son una especulacin o capricho de la insurgencia, sino que recoge el nmero de zonas y de hectreas que ya las organizaciones agrarias tiene radicadas como solicitud de ZRC ante el INCODER , organismo estatal a cargo de esa tarea.

Qu pena tener que decir algo tan polticamente incorrecto; pero en ese punto como en ningn otro, es la insurgencia la que interpreta el sentir del pueblo, para el caso, de los trabajadores agrarios. Acaso no debera ser el Estado, a quien por su naturaleza correspondera desempear este papel? El ndice Gini del 0,87 en el campo y el mandato del artculo 64 de la Constitucin que ordena al Estado promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra a los trabajadores agrarios, en forma individual o asociativa, no deberan ser temas de atencin obligatoria por el Estado?

Y en esta demanda de las Zonas de Reserva Campesina ha sido dura la discusin, virulento el rechazo de la derecha que ve en ello una entrega del pas; la constitucin de unas republiquetas independientes en la voz de los ministros de agricultura Juan Camilo Restrepo y de defensa Juan Carlos Pinzn. Palabras que interpretan a los ganaderos atrincherados en la reaccionaria FEDEGAN que tantas velas tiene en este entierro. Y no aludimos a la manida metfora, sino a velas encendidas de entierros reales. Hasta aqu mala, pero comprensible la oposicin. En ltimas, la respuesta de los ganaderos, latifundistas y agroindustriales, es vlida desde el punto de vista de los beneficiarios del statu quo.

Lo malo y muy grave es que la oposicin a esta figura no viene de all principalmente. No responde a los intereses econmicos de una fraccin importante pero no hegemnica del capitalismo. La oposicin a las ZRC es ms que eso, es el veto de un sector del Estado que no tiene, no tendra nunca por qu en una democracia, tener ese poder. Menos en asuntos de naturaleza social y civil. Es del sector militar, para quien el campo es ante todo, un escenario de la guerra. Es estratgico en ella, y an en medio de negociaciones de paz, piensa en esos trminos.

Por ello, el poder militar en su expresin deformada, el militarismo, que tuvo su cabal intrprete en el ex presidente Uribe Vlez, vet las Zonas de Reserva Campesina por constituir un freno a su desembozada accin en los campos. Y porque la relativa garanta de autodeterminacin y respeto del territorio y de las organizaciones agrarias, resulta un obstculo para el sueo ideal del militarismo en la concepcin de la doctrina de la seguridad nacional, fruto mayor de las deformaciones que la tristemente clebre Escuela de las Amricas produjo en los ejrcitos del continente: el campesino como un agregado ms de la confrontacin al servicio del ejrcito; un activo ms de la guerra.

De ah, las zonas de rehabilitacin y consolidacin que cre el expresidente Uribe Vlez en los territorios donde la presencia guerrillera era dominante, una vez terminada sta por la imposicin del Estado. Tal la razn de por qu en esas regiones nunca se crearon las ZRC autorizadas por la ley. Resultan incompatibles con la guerra permanente que implican esas nefastas zonas de consolidacin, donde como se sabe pero sin que nadie sepa explicar por qu, en un rgimen civil y constitucional, el poder all es militar. Y los campesinos saben cunto les cuesta eso.

Pero como es tiempo de sueos -que no de delirios-, qu tal que terminemos todos la Mesa de Negociacin includa-, con Victor Jara, Quilapayn, Intillimani y Ana y Jaime, cantando,

Yo pregunto a los presentes si no se han puesto a pensar
Que esta tierra es de nosotros y no del que tenga ms

A desalambrar, a desalambrar
Que la tierra es nuestra, es tuya y de aqul
De Pedro y Mara, de Juan y Jos
Yo pregunto si en la tierra
Nunca habr pensado usted
Que si las manos son nuestras
Es nuestro lo que nos de

A desalambrar a desalambrar.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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