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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2013

La bandera amarilla y blanca

Carlos Aznrez
Rebelin


Haca mucho que no se vean en Buenos Aires tantas banderas del Vaticano. La ms grande de todas la hizo colocar el derechista Mauricio Macri, cerca del Obelisco porteo. Pero tambin, las cuelgan profusamente de sus coquetos balcones, los vecinos de la Avenida Alvear, o del barrio de Recoleta, esos que son los primeros en golpear sus cacerolas de tefln para reclamar contra la "inseguridad". Tambin, la lucieron, sonrientes, en sus pechos, los genocidas militares que esperan ser juzgados y seguramente condenados a cadena perpetua por haber asesinado, en nombre de "Dios", entre otras siniestras excusas, a cientos de luchadores sociales, durante la ltima dictadura militar.

"La ciudad se ti de amarillo y blanco que son los colores del amor y la paz", vocifera, emocionado, desde una radio, uno de esos camaleones periodsticos con pasado de izquierda, que pretende blanquear su pasado a toda costa. Mientras tanto, monjitas salidas de las catacumbas bonaerenses, curas de sotana, portadores de grandes crucifijos, y centenares de alumnos de colegios religiosos bailaban y brincaban frente a la Catedral, saludando a Jorge Bergoglio, ahora convertido en el Papa Francisco.

Sin embargo, a pesar de los pesares, la memoria persiste, enconada, como para que no se oculte la verdad, por ms explosin de oportunismo que hoy aflore en el vapuleado ser nacional. Hubo otra poca, no tan lejana en el tiempo, que ese emblema amarillo y blanco se asociaba ntidamente con el horror y la muerte. En 1955, banderas papales como las actuales fueron mostradas con desparpajo y revanchismo por miles de anti peronistas furiosos. Aquellos gorilas, civiles y militares, que la hicieron flamear, mientras marchaban por "sus" barrios residenciales, gritando maldiciones contra el derrocado presidente Juan Pern y su esposa Evita, a la que le aplaudieron el cncer que termin con su vida, Cantando loas al Vaticano, exhibiendo sus smbolos, junto a banderas inglesas y norteamericanas, miles de energmenos juraban escarmentar, de una vez y para siempre, a los obreros y obreras peronistas, a los descamisados y "cabecitas negras", a quienes despreciaban desde lo ms hondo de sus entraas.

Era la misma bandera papal que se us como smbolo contrario a las reivindicaciones de quienes durante diez aos de gobierno popular, haban logrado cotas de dignidad como nunca en la historia contempornea de los argentinos. No era casualidad su uso, ya que muchos de los pilotos navales que el 16 de junio de 1955 bombardearon Plaza de Mayo e intentaron asesinar a Pern, la lucieron como insignia de guerra, al igual que pintaron sus aviones con una leyenda que ejerca las funciones de proclama inquisitorial: "Viva Cristo Rey". Mientras ellos lanzaban las bombas que masacraran a cientos de trabajadores y trabajadoras desarmados e inermes ante tanto terror, sus aclitos festejaban alabando al Papa y a un Cristo hecho a su medida.

S, la bandera del Vaticano marc a fuego a quienes das despus del golpe oligrquico, vean como se sucedan los allanamientos o la destruccin de todas las conquistas logradas en los ltimos aos. Esa ensea blanco-amarilla, que luci desafiante en los vehculos artillados del ejrcito que vigilaban, amenazadoramente, los barrios obreros, o en los buques de la Marina, que al mando del Almirante Isaac Rojas (otro destacado genocida de la poca) sitiaban el Puerto de la Capital.

Si faltaba algo, para marcar an ms la presencia vaticana en ese golpe contra los intereses populares -como ocurri en toda Latinoamrica-, desde Roma, el Papa Pio XII, bendeca a los asesinos y perseguidores de una importante franja del pueblo. Era el mismo jerarca que decret el 23 de junio de 1949, la excomunin de todos los comunistas italianos y de sus simpatizantes, por "intrnsecamente perversos", y aos despus aplic igual sancin a Pern, pero se neg a hacer lo mismo con Benito Mussolini, con Franco y Adolfo Hitler durante la segunda guerra mundial.

Ahora, las banderas del Vaticano han vuelto a ganar protagonismo. No es para menos, se festeja una nueva ofensiva eclesistica en el continente. Los sectores populares, sumados a algunos gobiernos de caractersticas revolucionarias y definidos por el socialismo, haban ganado demasiado espacio, a ojos del Sistema. Los descamisados y descamisadas latinoamericanas, campaban a sus anchas y pedan a gritos, y con acciones concretas, apurar el paso hacia la segunda independencia.

Un liderazgo excepcional, surgido en Venezuela, se extendi por todo el continente. Por lo tanto se impona un viraje abrupto. Un cambio de chip, ahora que Hugo Chvez, desde otra dimensin, sigue amenazando, junto a su cofrade Nicols Maduro, los intereses de los poderosos. Para ello, nada mejor que un Papa que hable de los pobres, que alguna vez viaj en un transporte pblico y que hasta es hincha de ftbol. Uno "como nosotros", pero desde arriba y a la derecha. Un populismo vaticano a la medida, que cuenta con el consabido beneplcito y la hipocresa de unos y de otros. Incluso de algunos que se dicen "peronistas", y sin memoria, han perdido la vergenza, haciendo pegar carteles saludando el "peronismo" de Su Santidad. Argentina est acostumbrada a estas explosiones de "jbilo" de un da para el otro. Solo basta recordar la Plaza del Galtieri malvinense.

Nada de gestos abruptos, nada de hablar de un pasado turbio en los aos de plomo. Una gestualidad "diferente" , paternalismo a ultranza, pero el mismo conservadorismo estructural. En medio de la parafernalia meditica, se estimulan adhesiones hasta de los ms inimaginables personajes, por el simple hecho de "no quedarse a la intemperie".

Ahora que "todos somos el Papa", y por lo tanto se resolvern todos los problemas de hambre, miseria, guerras, pedofilia, trata, y lacras similares, la amarilla y blanco sigue flameando, impoluta, como una marca registrada. Todo un smbolo de los tiempos que se vienen.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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