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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2013

Presentacin del libro El MIR y su opcin de la guerra popular
La importancia de reconstruir la historia de la resistencia y del MIR

Jos Antonio Palma Ramos
Rebelin


El mito democrtico de Chile no slo se remite a la escandalosa falacia, que desde arriba se seala, que el 11 de septiembre de 1973 se quebr una de las democracias ms antiguas de Amrica latina. Desde el poder de los privilegiados, se construy toda un aparataje ideolgico que nos indicaba que los salvajes, indmitos, agresivos y violentos sin sentido fuimos siempre los pobres. Se dijo que desde la oligarqua se libr una titnica tarea por civilizar estas pobres almas de mestizos, negros e indios. Almas cautivas en cuerpos desnudos, esculidos, penumbrosos y mal olientes. En lo poltico, ellos habran llevado a cabo el gran proyecto democrtico cosificado en el desarrollo poltico del siglo XX, logrando avances en leyes sociales y en la ampliacin del padrn electoral. Consideraban que el proceso deba ser lento, cauto y austero, sobre todo porque era inimaginable entregar privilegios a sectores que no estaban capaces todava de ejercer sus derechos. Pero paradjicamente, esa misma franja mnima de privilegiados, a medida que se vanagloriaba de avances de los cuales jams fueron parte, al contrario, hicieron todo lo posible para detener las fuerzas de la historia, cuando el proceso democratizador de la sociedad civil avanzaba a pasos agigantados en los 60 y comienzos de los 70, no dudaron en mostrar su faz ms recalcitrante y perversa. Fascistoide, conservadora y genocida, la respuesta a tal insolencia fue brutal. Terrorismo de Estado. Es decir, toda una historia republicana con pies de barro. Esta obra intenta ser un aporte a los millones que pretendimos derribar ese castillo sacrosanto llamada Historia oficial.

El prrafo anterior es un prembulo simple para explicar quizs, una de las interrogantes ms reiterativas frente a las cuales me veo interpelado. Por qu? Saber las motivaciones, lo que impulsa al autor desarrollar un tema en desmedro de otros. En la historiografa esos fundamentos claramente argumentados, deben estar ceidos a parmetros cientficos donde lo principal debe ser una produccin de conocimiento que permita a la sociedad contribuir a su bienestar y desarrollo armnico. Donde una necesidad sea saciada por la labor intelectual. Cmo si el conocimiento diera de comer y abrigo? Donde un saber permitiera dar casa o comida. Donde el espritu satisface al cuerpo. Toda una ilusin.

Considero que el ejercicio intelectual, como cualquier otra labor humana es un trabajo eminentemente colectivo. Cargamos sobre nuestras espaldas siglos de trabajo manual que nos permitieron pensar y repensar el mundo. Algunos, claro est, para mantenerlo y conservarlos como en una caja de cristal, y otros, que buscamos transformarlo de manera radical y revolucionaria. Mientras me siento horas y horas a escribir frente a un computador, otros dejan sudor y sangre en la tierra para que yo pueda disfrutar del alimento. Mientras viajo leyendo plcidamente en el Transantiago, otros que manejan los buses los obligan a usar paales porque no tienen oportunidad para ir al bao. Mientras rasgo vestiduras por las becas que he conseguido, estoy convencido que a otros se les condena a no estudiar y a ser mano de obra barata. Todo eso me atormenta, me revuelve el estmago, me hace pensar que me vuelvo como ese grupo de privilegiados que aborrezco. Convirtindome lo que menos quiero ser, transformndome en un ser inspido, con granjeras, con labores de elite en el paraso intelectual. Obviamente a todo aquello me rehso, rehuy de ese supuesto destino por elegir esta opcin. Por supuesto que no puedo hacerme cargo de la divisin social del trabajo impuesto por la fuerza por el capitalismo al conjunto de la humanidad. Pero si desde mi labor y rol como intelectual puedo hacer frente a ello y contribuir para que esa bestial divisin desaparezca.

Otra interrogante que las personas me sealan respecto al libro, sobre todo a los que les solicitaba una entrevista, era saber si yo era del MIR, de familia mirista, si tengo familiares presos polticos, detenidos desaparecidos, etc. Como que a la gente le sorprende que una persona fuera de ese mundo, le interese esos temas. Que sorpresa me llevo desde el comienzo, ya que se supone que el MIR era la vanguardia del proletariado que conducira a los pobres del campo y la ciudad a la revolucin socialista! Deberan recibirme con alegra, que alguien de las clases que llaman interpretar se acerca a su historia. Con extraeza, desconfianza e incredulidad muchos ex militantes no me prestaron atencin por no tener credenciales y curriculum rojinegro. Claro que no es obligacin de todos darme su testimonio en las entrevistas que solicite, pero si por lo menos no prejuzgarme por no tener antecedentes o cartas de recomendacin, y tambin, y mnimo es que me dieran una respuesta clara, un s o un no. Pero en fin, los obstculos y dificultades del oficio del historiador son muchas y las que mencione son slo algunas. Los mismos que te motivan a no darte por vencido, porque cmo me aconsejo un profesor amigo, para este trabajo hay que ser patuo y con personalidad. Aunque reconozco que me lo tomo a pecho, y a veces exagero, ese consejo me ha servido de mucho. A veces con la misma persistencia e insistencia que muchos protagonistas de estas pginas.

Para comprender las razones de porque estudie al MIR, es necesario comprender un poco de mi propia historia. Pero no entendida mi historia, como un aspecto individual y atomizado socialmente. Parto comprendiendo al ser humano como un ser social por excelencia, que se desarrolla en tanto al otro. Donde prima lo colectivo por sobre lo individual. As, mi historia est impregnada de lo colectivo, de una historia que va ms all de mi existencia concreta medida con carbono 14. Involucra mi contexto familiar y del espacio/territorio en que me desarrollo, implica sus historias, que en realidad es la Historia del nosotros. Ese pasado de mis padres, tos y abuelos que sobrevive en sus frgiles memorias que se descascaran con el tiempo. Ese contexto que vio surgir el MIR en los 60 es el escenario que tambin retratan esas memorias muchas veces ignoradas, dejadas en la ignominia de las ciencias sociales. Cmo no querer ver a ese Chile que so, que maduro, que se constituye con orgullo ante la Historia y que luego fue arrasado? Cmo no querer ver al pas de estos ltimos 40 aos con un prisma casi no tomado en cuenta?

El MIR, se constituy como una orgnica en la que confluyeron y decantaron mltiples esfuerzos personales y colectivos de la Izquierda chilena. Anarcosindicalistas, trotskistas, maostas, socialcristianos, leninistas y guevaristas se reunieron en torno a la consigna de terminar con la danza de la lucha electoral, que ya no tena nada ms que entregarles a los explotados. Que era necesario erigir una alternativa realmente revolucionaria. En una dcada embriagada por la revolucin cubana y por todo un continente que estaba a punto de explotar. Donde adems, a la distancia se observaba como campesinos de Vietnam, con Ho Chi Minh y Vo Nguyen Giap a la cabeza, derrotaban al ejrcito ms poderoso que ha visto la humanidad. Mientras en frica y Asia los pueblos del Tercer mundo se sacudan de las cadenas centenarias del imperialismo.

La originalidad del MIR no slo se remite a su contexto y antecedentes, se remite por sobre todo a su propuesta estratgica original, establecer la lucha armada como mtodo principal para la toma del poder. En una sociedad donde el mito republicano de la paz social y de la resolucin de conflictos dentro de los causes de la institucionalidad estaba arraigada hasta el ttano de los convencidos, esta opcin era un desquiciamiento y para algunos compaeros de izquierda, no era ms que hacerle el juego a la derecha.

No hay que ser genio matemtico para saber que mi generacin la separa una brecha considerable de los 60. Lo que ningn libro de Historia logro hacer, acercarme a ese periodo lo hicieron mis padres, tos y abuelos. Ese Chile gris que poco a poco tomaba color. Ese pas rural, seorial, de dura vida de trabajo en el campo, donde la radio era la conexin con el mundo, lo construyo a partir de esos relatos. Ese pas que fue cambiando por esos aos, donde su gente cambio. Donde mi familia fue protagonista, aunque ningn libro lo mencione. Ese sueo de miles que cambiaron su hogar de toda la vida, por mayores oportunidades en la ciudad. En ese viaje, en esa migracin campo-ciudad, tambin estuve. Y cmo no? Si ese desarraigo que provoco est presente hoy en da, si soy producto de esa distancia con la tierra y la naturaleza. Esas luchas por la tierra para quien la trabaja y esas primeras huelgas obreras por reivindicaciones laborales, como en Yarur donde estuvieron unos tos, tambin impregnadas en esas memorias lejanas, me exigen decir que yo tambin estuve all. Esos nuevos actores sociales que surgen en las poblaciones callampas, los recin llegados, mujeres, jvenes y mapuches no estaban en las interpretaciones de los manuales soviticos ni en los discursos programticos de la Izquierda Tradicional. Ese nuevo pueblo pobre es el que vio surgir al MIR y que nutri su estrategia y proyecto poltico.

El vaivn de los 70, que puso en el lugar que les corresponde a los explotados, presencio luego la masacre contra un pueblo organizado. El mito republicano termin por estallar por los aires, a la par que La Moneda arda luego que los hawker hunter bombardearan al compaero presidente y al grupo de leales que permaneci junto l. Esa dcada que vio como el color se desvaneca y se ensombreca a medida que los camiones de muertos transcurran por los pequeos pasajes de las poblaciones, mientras se lanzaban al mar con rieles en el cuello a los opositores y a la vez que se restitua el latifundio y el poder a la oligarqua, todo santificado por la jerarqua eclesistica, el Departamento de Estado norteamericano y la CIA que financiaron el sabotaje y el asesinato. El miedo comenz a instalarse en el subconsciente colectivo, nadie quedo ajeno, y muy pocos por supuesto, saban que el trasfondo de todo ese shock era una revolucin tecnocrtica y la instalacin de un modelo econmico ms violento que cualquier protesta.

El Neoliberalismo tambin llego a ese campamento que recibi a mi familia en los 70, el Fe y Esperanza, en el que si bien nunca estuve fsicamente, mi espritu y germen clasista lo estuvo. Las calles de tierra, baos de pozo, divisiones precarias de alambre eran el escenarios de aquellos tiempos, lejanos de las antenas de TV satelital, autos, motos, pantallas planas, hijos todos del crdito y del hiperconsumo, que atiborran nuestras poblaciones, ilusiones materiales que hacen pensar a muchos de mis vecinos que no son pobres.

Mientras se sucedan los peores momentos de la Izquierda chilena, el MIR levanto la consigna el MIR no se asila, que pretenda ser un aliciente moral a la resistencia, pero que por otro lado, tcticamente es considerada por muchos de sus sobrevivientes como una locura. Desde el extranjero y los pocos que se haban librado del exterminio en el interior se comenz a articular una nueva estrategia poltico-militar, la Guerra Popular Prolongada, con races en el oriente lejano de Mao Tse Tung y en la Indochina combativa, que con sus variantes cal en los 70 en la selva centroamericana. Se levant el Plan Retorno para reconstruir al partido en el interior, paso previo para llevar a cabo los tres lineamientos tcticos militares, constituir tres fuerzas poltico-militares milicias urbanas, destacamentos rurales y una fuerza profesionalizada, la fuerza central- estructuras que buscaran la derrota del ejrcito y del Estado burgus. El destino de las fuerzas fue dispar, algunas no alcanzaron su nivel de instalacin, como en Neltume, en el sur del pas. Otros fueron exterminados, como gran parte de la Fuerza Central hacia 1983. Mientras que las milicias de la resistencia populares acompaaron a parte del pueblo en las 22 Jornadas de Protesta Nacional.

Esta obra tambin quiere librar una batalla con esa historia desde la izquierda, que indica que el MIR dejo de existir con la supuesta intentona foquista de Neltume y que en los 80 prcticamente desapareci, donde algunos adems sealan que la lucha armada lejos de ayudar a alcanzar la democracia, fue un obstculo. Evidentemente esos argumentos no hacen ms que justificar la masacre jvenes combatientes en los 80 y 90, adems de sus cuotas y sillones de poder.

A medida que la transicin se consolidaba en los pactos de la gran poltica gramsciana, en los salones de la casa oval y del Vaticano, los obstinados de siempre continuaron con las armas en las manos exigiendo un Gobierno democrtico, nacional, popular y revolucionario. Pregonaron el gran engao del cuales muchos fuimos sus hijos y con ojos de infante observamos sin comprender mucho a inicios de los 90. El aislamiento y la traicin fueron fecundando esta irrisoria copia feliz del edn. Esos mismos ojos con los que v por la TV la fuga de la crcel pblica, la masacre de Apoquindo, y que en vivo percib por primera vez ese olor a lacrimgena a una cuadra de mi casa, cuando pobladores se tomaron los departamentos que darn vida a la poblacin Vicente Huidobro. Ese recuerdo quedar grabado a mis 11 aos, cuando jvenes con el rostro cubierto a punta de molotov y balas defendan a los pobladores de la arremetida del carro lanza agua, las fuerzas especiales y la polica montada. Da que ni siquiera en mi memoria tengo claro cuando fue especficamente, me escabull a escondidas de mi madre para ver ese espectculo surrealista y extrao para mi edad, fue el haz de luz que me ayudar a comprender que la lucha consigue lo que el capitalismo nos niega. Jams olvidare esa retirada humillante de las fuerzas represivas mientras la algaraba se desataba por la poblacin, los nios que vimos eso a la distancia estallamos en risa, mientras los enmascarados se retiraban en aplausos.

Nac en dictadura, presencie la masacre de los 90 y lucho en el siglo XXI. Como obrero de la Historia, mi labor disciplinar est al servicio de la clase y de los condenados de la tierra, que no nos cansamos de decir que esta realidad injusta no es eterna, que el capitalismo que nos rodea no fue un designio divino, que el Mercado no es un dios y que en nuestras manos y en las de todos est nuestro destino. La mejor labor intelectual que puedo llevar a cabo es continuar con mi trabajo riguroso, cientfico constructivo para recuperar la memoria de nuestro pueblo. Ese pueblo que ya no anda lnguido por la falta de comida y patipelao en las calles de tierra, pero que si es un muerto en vida en muchos casos, y que no es abstraccin ni verborrea radical, es una realidad concreta que est a un par de cuadras de mi casa, en Los Morros con Lo Martnez, en cuerpos delgados de nia que se venden por unas monedas para fumar pasta base. Mi gente ya no muere por la metralla militar, sino que peor an, nos matamos entre nosotros. A diferencia de los protagonistas de este libro, mis muertos no recibieron la solidaridad internacional, ni grandes homenajes en la Europa oriental o becas de estudios en los pases nrdicos. Muchos de mis hermanos, jvenes de mi edad terminan en el suelo tiroteados en las mismas plazas, canchas y esquinas que me ven compartir los fin de semanas o recluidos en centros de menores como Tiempo joven, Puente Alto o en la ex Penitenciaria. De la lucha contra el terrorismo, ahora se habla de Seguridad Ciudadana.

El MIR que naci en las pginas de mi libro termin por eclosionar hacia el final de esta historia. Para discutir tambin est una de mis conclusiones preliminares, que desapareci el MIR, pero continuo el mirismo, toda esa cultura poltica rojinegro muy atractiva para algunos sectores en la actualidad. Lo que no significa que el proyecto que encarn y los hombres y mujeres que lo portaban, que son parte sustancial del proyecto histrico de clase, se haya detenido en el tiempo. Ni esttico ni vencido, con sus errores y enseanzas es indudable que hoy ms que nunca es necesario realizar una revisin crtica de estas experiencias. Conocer sus dificultades, nudos internos y las contradicciones en las subjetividades militantes. Cmo comprender que ese discurso cientfico y elaborado del partido colisiono con las biografas de vida militantes? Desde dnde situarnos para estudiar una temtica tan polmica como la violencia? Cmo si esta ltima fuera algo que proviene de fuerzas demoniacas cuando viene desde abajo, y cuando va desde arriba es orden y el imperio de la ley. Esos son algunos de los objetivos de este libro, remecer las conciencias de mis colegas, que se posicionen desde su rol como intelectuales y coadyuvar a reconstruir esa historia vedada y satanizada. Que a fin de cuentas tambin es en parte mi historia.

Terminar disculpndome y agradeciendo. Pido disculpas a mis profesores y colegas por mis porfas continuas, por lo testarudo que soy en el ejercicio de este oficio. Por invitarlos a este lanzamiento poco ortodoxo que ms de alguno lo situara como un acto poltico que lanzamiento de un libro. Me excuso por realizarlo en la CUT, smbolo de la clase obrera y no en una universidad como la academia lo exige. Tambin pido las excusas pertinentes por bombardearlos con msica, con hiphop, no lo poda hacer de otra manera. Entrara en una contradiccin vital negar mi propia historia, siendo que lo que proclamo es que nuestras historias se desaten. El hiphop despert mi conciencia de clase y me permite constituirme como sujeto poltico en perspectiva revolucionaria en constante crecimiento y maduracin. Pido disculpas por estas palabras que poco y nada hablan de mi libro, que entremezclo con mis experiencias personales y juicios de valor, algo totalmente vetado por los profesionales de la Historia con mayscula, pero que es sumamente ineludible para esas historias con minscula. Pero no hacerlo es negar quien soy y de dnde vengo. Sera darle con la puerta en la cara a esas historias que me inflan mi pecho, que me aproximan al Chile del inquilinaje del valle central de los 60, a los campamentos de los 70 y a esas protestas gloriosas de los 80.

Agradezco por sobre todo a los que me apoyan en este a veces incomprensible camino que eleg. Mi familia, mis padres, mis hermanas y mis sobrinos sobre todo, que me disculpen si no soy un hijo, hermano o to muy presente o afectuoso, pero que nos quepa duda que todas mis ausencias no tienen un objetivo egosta o personal, por el contrario, dejo mi vida y mi mente al servicio del bienestar de la mayora, de los sufren y de los que son olvidados, de los que intento recuperar en la Historia, de nuestra gran familia, esa que supera la visin cristiana-occidental de familia, ese gran grupo humano que se llama clase.

Le doy las gracias las organizaciones, amigos y compaeros que me acompaan el da de hoy, en especial a Lumpen Crew, Pio sin finca y a toda la gente de mi Poblacin, la 30 de Mayo. No duden que el camino es largo y pedregoso, pero que estaremos por mucho tiempo firmes, codo a codo en la calle y sin permiso.

Agradezco sobre todo a los que colaboraron en este libro, a los que entregaron su testimonio y me ayudaron a comprender estos aos complejos y repletos de contradicciones. Los que me permitieron acercarme al partido de Eduardo, Rafael y Pablo Vergara, de Mauricio Maigret, de Arcadia Flores, de Aracelly Romo y Paulina Aguirre. Los que me ayudaron a comprender la gran derrota de la clase a travs de los ojos del MIR. Los que me ayudaron a comprender que esa generacin de combatientes y jvenes luchadores no se interrumpi nunca. Los que vencieron leyes antiterroristas, crceles de seguridad y sobrevivieron al extermino tambin fueron testigos como las muertes de otros continan apilndose en las crnicas rojas de los peridicos sensacionalistas. Agradezco a los que me ayudaron a mantener viva esa memoria, a los que me permitieron unir en una misma trayectoria histrica a los hermanos Vergara con nuestros combatientes, Alex Lemn, Matas Catrileo, Rodrigo Cisternas, Jhonny Cariqueo, Mauricio Morales, Manuel Gutierrez y Juan Pablo Jimenez. Esa historia que quiere alejarse del martirologio y del tpico discurso que seala que todos los muertos son buenos o quien aguanto ms la tortura, esa historia que quiere recuperar las razones por las cuales jvenes de mi edad fueron capaces de entregar sus vidas. Esa nueva sociedad con apellido - socialista, comunista o anarqua-, que encarna en parte un proyecto histrico que se viene gestando desde hace ms de 100 aos. Esa es la principal responsabilidad que como intelectual de clase, poblador e hijo de trabajadores asumo ante la Historia.


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Jos Antonio Palma Ramos.
Magister (c) en Historia con mencin Amrica. USACH.
Blog Radio Bio Bio http://busca.biobiochile.cl/category/el-blog-de-jose-antonio-palma


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