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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2013

Yemen, una oportunidad para el dilogo?

Pamela Urrutia
Periodismo Humano


En medio del escenario regional de revueltas, Yemen es el nico caso en que la firma de un acuerdo forz la salida del presidente, Al Abdullah Saleh, despus de 33 aos como jefe de gobierno.

El pas inici entonces un accidentado proceso de transicin que ahora enfrenta un nuevo desafo: un dilogo nacional que debe abordar temas clave para el futuro del pas, en un contexto de divisiones, inseguridad y severa crisis econmica y humanitaria.

Postergado en varias ocasiones en los ltimos meses, finalmente ha arrancado en Yemen el dilogo nacional que pretende avanzar hacia la paz y la reconciliacin del pas. La iniciativa constituye uno de los elementos clave del proceso de transicin que se inici en Yemen en noviembre de 2011, cuando un acuerdo promovido por el Consejo del Golfo (CCG), con el respaldo de la ONU, paviment el retiro de la presidencia de Al Abdullah Saleh despus de 33 aos en el poder. El caso sigue siendo nico en el contexto de las revueltas rabes. En un escenario regional sacudido por la contestacin popular Zine el Abidine Ben Al y Hosni Mubarak haban sido forzados a abandonar el poder precipitadamente en Tnez y Egipto; Muammar Gaddafi haba sido ejecutado en Libia y el gobierno de Bashar al-Assad enfrentaba un creciente desafo en Siria Saleh opt entonces por una salida pactada y con garantas, entre ellas una polmica inmunidad que despert numerosas crticas a nivel local y por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos.

Durante la primera fase de la transicin se conform un gobierno de unidad nacional y se celebraron elecciones presidenciales en la prctica un referndum en las que el hasta entonces presidente Abdo Rabbo Mansour Hadi fue ratificado como nuevo mandatario del pas. El ambicioso (y ajustado) cronograma de la segunda fase se inici a principios de 2012 y contempla un proceso de reestructuracin de las fuerzas militares y de seguridad, el impulso a mecanismos de justicia transicional y la celebracin del dilogo nacional que debe conducir a una nueva Constitucin y a elecciones democrticas, previstas para febrero de 2014. La tarea no es nada fcil, teniendo en cuenta las persistentes divisiones entre los diversos actores polticos yemenes, los enormes desafos econmicos y humanitarios que enfrenta el pas, y el clima de inseguridad asociado a distintos focos de conflicto, algunos preexistentes. Entre ellos, un conflicto armado que desde 2004 enfrenta al movimiento al-houthista con el poder central en el norte del pas, un conflicto vinculado a la presencia en el pas de bases de al-Qaeda en la Pennsula Arbiga (AQPA), y tambin tensiones internas relacionado con las demandas de autonoma o independencia promovidas por grupos del sur del pas.

El contexto del dilogo

Desde la firma del acuerdo del GCC, la situacin en Yemen ha continuado siendo convulsa. Pese a lo accidentado de la transicin, existe cierta coincidencia entre observadores y analistas en reconocer al pacto el logro de dos objetivos relevantes. En primer lugar, evitar una mayor escalada de violencia que condujera al pas a una guerra civil. Al igual que en Siria, las movilizaciones pacficas contra el rgimen de Saleh duramente sofocadas por el gobierno, se haban visto crecientemente eclipsadas por un conflicto armado entre fuerzas militares, de seguridad y milicias tribales organizadas en torno a dos grandes bloques. Por un lado, sectores leales a Saleh y, por otro, grupos de la lite yemen que pasaron a oponerse abiertamente al mandatario, entre ellos el clan de los al-Ahmar y el general Al Mohsen al-Ahmar, jefe de la Primera Divisin Armada que desert del Ejrcito (pese a su nombre no forma parte del antes mencionado clan). La firma del acuerdo permiti una contencin de los combates, que causaron cientos de vctimas mortales en 2012.

El pacto tambin deriv en un cambio innegable y que pareca impensable en los meses previos a la revuelta: la salida del Gobierno de Saleh, que haba asumido el poder en 1978 como presidente de la entonces Repblica rabe de Yemen (RAY, en el norte) y el nico gobernante del pas desde la unin de la RAY con la Repblica Popular Democrtica de Yemen (RPDY, en el sur) desde 1990. Para la mayora de los yemenes l haba sido el nico presidente que haban conocido en su vida, considerando que un 65% de la poblacin del pas tiene menos de 25 aos. En este sentido, el hecho de que los cambios se produjeran a partir de un acuerdo poltico ha sido valorado por algunos como un ejemplo o incluso como una frmula a replicar en algunos contextos, entre ellos Siria. No obstante, un examen ms pormenorizado de la evolucin en Yemen obliga a tener en cuenta la complejidad de las dinmicas locales y la fragilidad del proceso de transicin en el pas.

Diversos anlisis coinciden en destacar que el acuerdo no logr apartar de la poltica ni a Saleh ni al general Al Mohsen, sealado como el segundo hombre fuerte del pas y pieza clave en el combate a la rebelin al-houthista en el norte. Con importantes redes de apoyo poltico, econmico y tribal, ellos continan siendo eje de los principales ncleos de poder en el pas, junto a un tercero que lidera el clan al-Ahmar, con una clara ascendencia sobre el partido islamista Islah. Principalmente Saleh, pero tambin Al Mohsen y en ocasiones el sheikh Hamid al-Ahmar han sido sealados como posibles spoilers del proceso de transicin. En el caso particular del ex mandatario, Saleh se ha mantenido como lder de su partido General Peoples Congress (GPC) y miembros de su entorno han ofrecido resistencia a la hora de implementar las reformas en el mbito militar y de seguridad impulsadas por el presidente Hadi. Hace algunas semanas el Consejo de Seguridad de la ONU lleg a advertir a Saleh sobre una posible adopcin de sanciones en su contra por sus continuas interferencias en la transicin. El hecho de que algunas de las medidas impulsadas por Hadi hayan beneficiado a grupos prximos al general Al Mohsen ha motivado que sectores leales a Saleh interpreten los cambios como parte de un complot contra el ex gobernante y ha llevado a algunos observadores a alertar sobre las consecuencias negativas de un eventual proceso de des-Salehizacin en el pas, aludiendo al proceso de des-Baathificacin llevado a cabo en Iraq tras el derrocamiento de Saddam Hussein. Hadi, por su parte, ha intentado suplir la falta de base de apoyo poltico, militar y tribal, a travs de nombramientos de personas procedentes de su regin, Abyan, despertando recelos en algunos sectores yemenes que temen que repliquen las dinmicas del pasado.

La percepcin de lentitud en las reformas o falta de cambios profundos por parte de algunos sectores de la poblacin se ha visto alimentada por la sensacin de que la revuelta popular fue secuestrada por las lites y que, en la prctica, son los mismos grupos de poder del pasado los que estn gestionando la nueva etapa. No existe una ruptura respecto a la administracin anterior. Los firmantes del pacto del CCG, que luego pasaron a integrar el gobierno de unidad nacional, fueron el GPC y partidos de la oposicin poltica institucionalizada en el pas, la plataforma opositora Joint Meeting Parties (JMP). En esta coalicin juega un papel destacado el partido islamista Islah, que durante aos mantuvo una alianza con Saleh. En el acuerdo del CCG no participaron otros sectores relevantes en la contestacin al rgimen de Saleh, entre ellos movimientos sociales y juveniles, grupos autonomistas e independentistas de la antigua RPDY que conforman el llamado Movimiento del Sur (Hiraak) o los al-houthistas, grupo que se ha visto involucrado en sucesivos conflictos armados con el gobierno central desde 2004. Durante la fase preparatoria al dilogo, uno de los objetivos ha sido intentar involucrar en el proceso a estos sectores. De hecho, esta fue una de las razones que explican el retraso en su puesta en marcha. Parte de la poblacin yemen ha seguido los preparativos as como las rencillas y debates internos en el gobierno de unidad nacional con cierta distancia y ha cuestionado la falta de transparencia en el proceso. Muchas y muchos yemenes creen que la transicin poltica no est dando respuesta adecuada a sus preocupaciones cotidianas, centradas en muchos casos en la supervivencia en el pas ms pobre del mundo rabe la tasa de pobreza se sita por sobre el 50% y en el que millones de personas enfrentan una situacin de emergencia alimentaria y graves problemas de desnutricin.

Esta situacin de vulnerabilidad de la poblacin se ha visto acentuada por los persistentes episodios de violencia en distintos puntos del pas. Si bien el acuerdo del CCG condujo al fin de los enfrentamientos armados en las principales ciudades, al desmantelamiento de checkpoints en zonas urbanas y a un repliegue parcial de las fuerzas de los diferentes bandos en disputa por la permanencia o no de Saleh, ello no supuso el fin de la violencia en Yemen. La desestabilizacin del pas fue aprovechada por algunos actores armados, como al-Qaeda en la Pennsula Arbiga (AQPA) y su filial Ansar Sharia, para intensificar sus operaciones en la zona sur de Yemen. El gobierno de Hadi respondi con una campaa militar con apoyo de EEUU que oblig a los combatientes de AQPA a retroceder, pero las consecuencias en trminos humanitarios fueron severas, con cifras de desplazamiento forzado que afectaron a miles de personas. Tambin en el sur se han registrado episodios de violencia vinculados a la represin de manifestaciones pro-independentistas o a choques entre fuerzas del sur y grupos progubernamentales vinculados al partido islamista Islah. En el norte del pas, los al-houthistas tambin expandieron la zona bajo su control y han protagonizado mltiples enfrentamientos con grupos salafistas. Algunos de estos actores son los que ahora se sentarn a discutir el futuro de Yemen en el foro de dilogo nacional. La iniciativa ha motivado el despliegue de 60.000 soldados en la capital yemen, Sanaa.

Lmites al debate sobre el nuevo Yemen

La conferencia de dilogo nacional reunir durante los prximos seis meses a 565 delegados, nombrados por el gobierno y un comit tcnico con la asistencia del enviado especial de la ONU, Jamal Benomar. Entre ellos se cuentan 121 integrantes del GPC, 85 representantes del Hiraak y 50 de Islah, entre otros. Se espera que el foro funcione a travs de un sistema de reuniones peridicas y grupos de trabajo en distintas ciudades y con representacin de diversas tendencias polticas y sociales del pas. No obstante, sectores disconformes con el formato o con la distribucin de escaos en el foro han decidido boicotear a la iniciativa. Tawakul Karman, la periodista yemen y Premio Nobel de la Paz convertida en smbolo de la participacin de las mujeres en las revueltas rabes anunci que se marginara del proceso en protesta por la presencia de altos funcionarios del antiguo rgimen a los que considera responsables de la represin violenta durante las manifestaciones contra Saleh y por la desigual representacin de jvenes, miembros de la sociedad civil y mujeres. En un pas caracterizado por los elevados niveles de desigualdad de gnero Yemen apareca en el ltimo lugar del ndice de desigualdad de Gnero en 2011 y teniendo en cuenta la destacada movilizacin de las mujeres durante la contestacin al rgimen de Saleh, se consigui establecer una cuota de 30% para mujeres en el dilogo nacional. Sin embargo, analistas locales haban advertido sobre la importancia de asegurar una representacin real de las mujeres en la iniciativa, teniendo en cuenta la limitada presencia de mujeres en otras estructuras de la transicin.

Aunque la mayor parte de las organizaciones del Movimiento del Sur (Hiraak) decidieron tomar parte en la iniciativa, otros grupos que deseaban condicionar el dilogo a un debate sobre la independencia optaron por boicotear el proceso y llamar a jornadas de protesta en el sur de Yemen. Entre ellos se encuentra una faccin liderada por el ex presidente de la RPDY que lider la rebelin secesionista durante la guerra civil yemen de 1994. Los sectores independentistas del sur han cuestionado especialmente que el acuerdo promovido por el CCG haya explicitado entre sus principios la preservacin de la unidad de Yemen. La posicin de Hiraak se ha visto condicionada por las diversas agendas de los grupos que en ella conviven, que demandan desde frmulas de autonoma en el marco de un esquema federal hasta una separacin total del norte.

En el caso de los al-houthistas, oficialmente se han comprometido a sumarse a la iniciativa, pese a que su participacin ofreci algunas dudas durante la preparacin del proceso. La organizacin plante inicialmente una serie de condiciones para unirse al foro y amenaz con marginarse del proceso si adverta interferencias externas. Los al-houthistas se han mostrado especialmente recelosos con la influencia de EEUU en el pas, en particular con la campaa con aviones no tripulados en su lucha contra AQPA, lo que le ha significado obtener algunos rditos entre la poblacin joven yemen. El enviado especial de la ONU ha intentado convencer al movimiento de convertirse en partido poltico. No obstante, persisten las dudas sobre sus objetivos y agenda a largo plazo, y sobre su disposicin a ceder el control sobre zonas que estn bajo su dominio. Algunos sectores yemenes han subrayado que la aproximacin del grupo al debate debera ser sin condiciones y apostar por una renuncia a la va armada.

Los escollos al dilogo nacional eran previsibles. Pero la ausencia de algunos actores clave ponen duda la capacidad de comprometer en la iniciativa a sectores relevantes de la sociedad yemen, as como las perspectivas de negociacin y su impacto en la estabilidad futura del pas. Est previsto que durante las conversaciones surjan temas decisivos sobre la estructura del Estado, el sistema de representacin, el papel de la ley islmica y las reformas necesarias para aprobar una nueva Constitucin. Tambin que los debates sean arduos, teniendo en cuenta que muchas de estas discusiones han estado en el trasfondo de diversos conflictos que ha arrastrado Yemen durante aos. En paralelo a estos debates polticos, las autoridades yemenes no pueden obviar dar respuesta a otras cuestiones urgentes que afectan el da a da de la poblacin, principalmente las carencias econmicas y el clima de inseguridad. El acompaamiento internacional parece fundamental en este proceso, pero tambin persisten las desconfianzas respecto a que la aproximacin de algunos pases principalmente EEUU, Irn y Arabia Saudita por interferir en las dinmicas locales anteponiendo sus propios intereses. El dilogo ha despertado expectativas, pero al mismo tiempo, escepticismo entre sectores de la poblacin yemen que temen que el resultado reafirme a las fuerzas tradicionales del pas sin abrir un espacio a un cambio sustantivo.

Pamela Urrutia es investigadora del Programa de Conflictos y Construccin de Paz de la Escola de Cultura de Pau UAB.

Fuente original: http://periodismohumano.com/en-conflicto/yemen-una-oportunidad-para-el-dialogo.html



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