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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2013

Fuerza y honor

Paco Roda
Rebelin


Con esta frase animaban los generales romanos a sus ejrcitos antes de comenzar la batalla. El tiempo, ese que nos hizo pertenecer a un presente seguro y bajo control, huye en medio del caos. O ya no existe porque estamos en manos de trileros sin alma. De testaferros narcotizados por un despotismo desprovisto de mscaras. Pareciera que las lneas rojas ya solo estn para saltrselas. Como un juego perverso de quien se sabe ganador por decreto y le importa muy poco su descrdito. Se saltan por imperativo legal o ilegal y punto. Qu ms da ya. El lmite a los despropsitos diarios por parte del gobierno del PP no tiene lmite. La sangra ciudadana roca con su podredumbre trayectorias personales y profesionales inconcebibles hace aos. El gobierno, sus ministros, sus camellos ideolgicos, sus caraduras mediticas ms ostentosas no guardan ningn pudor al hablar de la crisis y sus respuestas. Al gestionar la inmisericorde racin diaria de recortes sociales y econmicos. Quienes tienen el poder poltico actual han dejado de guiarse por el respeto a la ciudadana. Ms bien parece que jueguen y se diviertan siendo sus verdugos. Incluso hasta el ensaamiento. Han olvidado para qu y porqu fueron votados. Porque ya todo les da igual en este torbellino de mezquindades acumuladas da a da. Actan guiados por un estado de nimo que huye hacia delante. Y al lado queda el abismo del que ellos se saben protegidos. Saben que estn jugando con fuego pero solo esperan el gran incendio. El que les salve de tanta trampa, estafa y perversin. Ese fuego que expa, incluso los mayores pecados a la puerta del infierno.

Los dirigentes del PP y sus vicaras autonmicas han entrado en un juego perverso. Saben, por imperativo legal o ilegal, vaya usted saber, que deben forzar la historia al mximo, que deben tensionar y liquidar el Estado Social hasta un punto de no retorno. Nadie, todava, sabe dnde esta ese punto de inflexin en el cual el mundo se pone patas arriba y explota. Ellos y ellas, dirigentes del PP y marcas provinciales, ya no tienen vergenza para ocultar sus intenciones. Tampoco para intentar convencernos de que es de noche cuando en realidad han bajado las persianas. Porque tienen barra libre amparados por un sistema policial y judicial absolutamente entrampado en la rigidez de la perversidad. Para los policas y algunos jueces, solo vale la razn de Estado. Una, grande y libre sostenida por la mentira obligada de la obediencia debida. Las instituciones, la clase poltica, la justicia, la democracia, el Senado, las Cortes, los parlamentos, todo ha dejado de tener credibilidad en un mar de corrupcin, mentira, falsedad y, sobre todo, en un ocano de irresponsabilidades y agravios comparativos. Puede usted seor Rajoy sostener que todos los Brcenas que infectan la vida poltica espaola, probados sus delitos, no estn en la crcel; y mi vecino, obligado a robar en el sper de al lado para dar de comer a sus hijos, tenga sentencia firme de un ao de crcel? En esto se ha convertido la democracia espaola. En un sumidero infectado de falsas promesas de ciudadana revestidas de sujetos de derecho. Derecho a qu y para qu?

Ustedes, quienes hoy tienen responsabilidad de gobierno, han convertido esta sociedad, la del desempleo, la de la precariedad, del hambre incipiente, del desengao, del dolor, de la ruina familiar, de la emigracin galopante, de los desahucios inmisericordes, del sangrante desempleo juvenil, de los casi once millones de pobres, en una sociedad al borde de la bancarrota social. Dicen que no queda otra. Que se deben a Europa. Que es inevitable, que no hay salidas ms all de esta salvaje cuchillada a la vida de las gentes normales y corrientes. Que la inevitabilidad del mundo y sus procesos globalizadores es inapelable. Que esto, o la ruina. O como Chipre. No es verdad. Quienes nos gobiernan solo juegan a ocultar esta realidad. O peor an, a manipularla, a encubrir la ingente mancha de excrementos que ennegrece a este malherido reino de Espaa. Ustedes han descubierto que su cinismo es ilimitado. Y adems rentable. Y pretenden que el diablo se ahogue en nuestras venas inflamadas de ira.

Y mientras tanto la gente a pie de obra, grita, se exalta, hace huelgas, sale a la calle, roba, trapichea para vivir, se inmola en el altar de la desesperacin y sobrevive a costa de la generacin anterior, e incluso de la anterior a la anterior. No queda otra. Nos preguntamos dnde est lmite para la revuelta infinita. Y no sabemos. Jugamos, o intentamos reventar la calle, esa que se toma por la izquierda. Pero la respuesta de la gente todava es inmadura. El miedo, el miedo a perder lo que queda, funciona como un freno de mano ante la plida movilizacin que nos reclama cada da en cada calle, en cada ciudad de esta Espaa en venta y reventa. En esta Espaa gobernada por vampiros que se nutren de las agonas ajenas.

Y ustedes se ren, se ren a carcajadas, como si nada ocurriera, como si esta batalla sangrienta, dolorosa y feroz, no fuera con ustedes, ni con quien desde los distintos medios de presin poltica, social, econmica y meditica, les apoyan y refuerzan. Ustedes flotan a ocho mil metros de altitud por encima de la realidad de la gente. Pero les da igual. Porque ustedes siguen protegidos por la ley y el poder pervertido de sus mayoras absolutas. Ustedes han perdido el juicio de la historia. Viven y gobiernan ajenos a ella. Y prefieren seguir acumulando tensin y poder. Eso les inmuniza porque ustedes han perdido el miedo a todo. Para eso cuentan con el sometimiento de las principales fuerzas que podran ponerlos contra las cuerdas. Por eso siguen jugando al engao constante, al pquer acumulativo, al desenfreno verbal y al insulto y humillacin de sus gobernados. Se sienten seguros porque sus discursos gozan de buena salud en la Europa de los mercados y mercaderes de los nuevos cautivos del siglo XXI. Y parece que nada se puede hacer. O s.

Se sentarn ustedes a la izquierda del padre en el Juicio Final? No lo s. S explicar porqu la calle todava no ha asaltado la Moncloa. Pero no s si lo har ni cundo. Ni las ultimas razones para encender la mecha que haga estallar la revuelta. Ustedes deberan evitarlo. Para eso les pagamos. Y tambin nos roban por ello. Si no lo hacen, la batalla est lista para su comienzo. Fuerza y honor.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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