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(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2013

Cristina Cifuentes, Ada Colau y el eje del mal

Pedro L. Angosto
nuevatribuna.es


El artculo 47 de la Constitucin espaola de 1978, que es violada una y otra por los poderes pblicos y privados sin recibir la respuesta adecuada de los rganos encargados de velar por su cumplimiento, dice textualmente: Todos los espaoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes pblicos promovern las condiciones necesarias y establecern las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilizacin del suelo de acuerdo con el inters general para impedir la especulacin. La comunidad participar en las plusvalas que genere la accin urbanstica de los entes pblicos. Ya, es cierto, ese artculo est en lo que ustedes llaman parte declarativa de la Norma Fundamental, esa que enuncia por dnde debe ir la legislacin y por dnde la actuacin de los gobernantes al respecto, pero da la casualidad que los poderes, al fomentar desde la llegada de Aznar y su ley del suelo el ladrillazo y la especulacin inmobiliario-financiera, demostraron que para ellos no existe ley fundamental, ni artculo cuarenta y siete ni otros derechos diferentes a los de quienes siempre los tuvieron por nacimiento, consanguinidad o afinidad.

El artculo 25 de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, firmada por el hasta ahora llamado Reino de Espaa, reconoce tambin el derecho a la vivienda entre los que merecen especial tutela por los poderes pblicos: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, as como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentacin, el vestido, lavivienda, la asistencia mdica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de prdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. Por tanto, el artculo 47 de la Constitucin Espaola y el 25 de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos no dejan resquicio alguno sobre el derecho que tienen todos los ciudadanos a tener un techo digno bajo el que cobijarse y desarrollar sus vidas.

Ada Colau, fundadora y portavoz de la Plataforma de Afectador por las Hipotecas (PAH), al contrario que Cristina Cifuentes, no ha hecho otra cosa en cuantos foros ha intervenido o actuado que exigir el cumplimiento de la ley mxima que rige en Espaa y de la que lo hace en todo el mundo civilizado, es por ello ferviente constitucionalista y defensora de la Declaracin Universal de Derechos Humanos. No es Ada Colau quien protege mediante el uso de la fuerza bruta a quienes dejan a las familias en la calle destruyendo su presente y su futuro; no es Ada Colau quien acta violentamente contra quienes salen a las calles a defender del legtimo derecho de todos los ciudadanos a tener una vivienda digna; tampoco es Ada Colau quien protege a los banqueros que prestaron dinero que no era suyo sin pedir garantas suficientes: Eso lo hace Cristina Cifuentes, y es normal, porque mientras Ada Colau tiene una formacin ciudadana impecable y cree en los valores democrticos, Cristina Cifuentes se cri de la mano del franquista Manuel Fraga Iribarne en Alianza Popular, partido al que hoy llaman Popular, sin alianza. A nadie, pues, puede extraar que desde que fue nombrada Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid lo mismo ocurre con Boy Ruiz en Barcelona, la derecha es ans-, la capital de Espaa parezca una ciudad ocupada policialmente ni tampoco el uso que hace de la Fuerza Pblica, que pagamos entre todos, contra ciudadanos que exigen sus derechos pacficamente porque en su subconsciente, y a flor de piel, sigue rondando como palabrita del Nio Jess aquella clebre frase del fundador de su partido: La calle es ma.

En cumplimiento de la actual Constitucin y de los derechos que ella protege reunin, manifestacin, expresin, trabajo, vivienda, educacin, sanidad, vejez, dependencia- Cristina Cifuentes, nombrada jefa de la porra en Madrid por Mariano Rajoy el de las estirpes y por Fernndez Daz, el hombre que habl con Dios en Las Vegas (Nevada), debera ordenar a su polica que investigase y vigilase a quienes por haberse dedicado a la especulacin y haber hecho quebrar al sistema financiero espaol dejan a la gente sin hogar, a quienes tienen el dinero en parasos fiscales, a quienes defraudan sistemticamente al Erario, a quienes despiden a miles de trabajadores cada da o les hacen trabajar en condiciones infrahumanas, a quienes se corrompen y corrompen. Eso sera cumplir con la actual Constitucin, pero a Cristina no le gusta leer, le va la marcha y en su concepcin autoritaria y violenta de la poltica piensa que ciudadanas como Ada Colau son un peligro para el buen orden establecido, por eso, como en los viejos tiempos, no duda en utilizar el infundio, la confusin ni la provocacin, ora diciendo que hay que restringir el derecho de manifestacin, ora infiltrando policas de paisano en las manifestaciones para que alboroten, ora acusando a Ada Colau, que dio una leccin magistral de ciudadana en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados, de connivencias con la banda criminal eta, empleando para ello tcticas tan viejas como las de aquel ministro del Interior apellidado Ibez Freire que en diciembre de 1979 excus el asesinato por la polica de dos jvenes -Emilio Martnez y Jos Luis Montas- en las inmediaciones de la madrilea Plaza del Progreso hoy Tirso de Molina- alegando que estaban a sueldo de Mosc.

Cristina Cifuentes puede utilizar los resortes del poder que quiera, porque los tiene todos, toda la fuerza bruta, porque parece que es lo suyo, pero es un personaje del pasado, alguien que ya existi, una reminiscencia de la oscuridad que tantsimo dao ha hecho a este pas. Ada Colau, representa a la Espaa vital, civilizada, solidaria, preparada, luchadora, humilde, valiente y tenaz. Con ella est la fuerza de la razn, con ella y el ejemplo de miles de personas como ella, una ventana abierta a la esperanza de un da mejor para todos, el pulso latente, rpido y vigoroso de una ciudadana que resiste y vencer. Toda mi gratitud.

Fuente: http://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/cristina-cifuentes-ada-colau-y-el-eje-del-mal/20130325210112090211.html



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