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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2013

La concepcin mercantil de la poltica

Ral Prada Alcoreza
Rebelin


Nos damos a la tarea de efectuar la crtica de una concepcin vulgar de la poltica bastante extendida en la clase poltica y gobernantes, lastimosamente tambin extendida en amplios sectores sociales. Llamamos a esta concepcin la concepcin mercantil de la poltica. Esta concepcin va a ser contrastada con la concepcin emancipadora y liberadora de la poltica, como imaginario, pasin y voluntad social. Esta concepcin utpica de la poltica va a ser tambin contrastada con la difundida interpretacin leninista de la poltica como economa concentrada; de manera diferente vamos a entender la poltica como voluntad social concentrada, como subjetividad social concentrada, como movilizacin general irradiante, trastrocadora del orden de cosas, transformadora del mundo y creadora de una realidad alternativa.


Elucidacin por el lado anecdtico

El senador por La Paz Eugenio Rojas ha expresado elocuentemente su concepcin mercantil de la poltica, ha dicho que mi persona se vende al mejor postor[1]. Antes haba dicho que no importa conculcar derechos, lo que importa es seguir la decisin de la bancada, como si sta se hubiera reunido para tomar una decisin, cuando se trataba de una orden administrativa de la presidenta del senado. En otra declaracin anterior lanz su apreciacin sobre la tortura, diciendo que esta es apropiada para defender el proceso. Su posicin en el conflicto del TIPNIS sigui al pie de la letra el ataque del gobierno a los territorios indgenas, a los derechos de las naciones y pueblos indgenas originarios, a la Constitucin y a los objetivos postulados por los movimientos sociales anti-sistmicos. Toda esta historia muestra un perfil pattico de sumisin y subordinacin al grupo palaciego que gobierna el pas. Dnde ha quedado el perfil de dirigente campesino combativo, comprometido con las luchas sociales y la descolonizacin? Cuando le pregunt por qu dej de ser revolucionario, me dijo que estos son otros tiempos. Qu tiempos son estos?

Parece, que a su entender, estos son los tiempos donde la poltica est condicionada por el mercado, se reduce a las relaciones mercantiles. Si alguien hace crtica o apoya a asamblestas descontentos con la forma de conduccin del grupo palaciego, entonces es porque se vende al mejor postor. No hay otra explicacin. Hay que tener en cuenta que esta concepcin mercantil de la poltica se halla bastante difundida en la clase poltica, tanto oficialista como de oposicin. No se trata de una tesis singular de un ex-dirigente campesino del Altiplano. Para la gente que concibe de esta manera la poltica todo se reduce a la compra de personas; se escucha el enunciado de sentido comn que reza que toda persona tiene su precio, unas se venden por poco, las ms, otras se venden por un precio mayor, los menos; pero, todos se venden al final. Por eso, cuando esta gente ejerce de gobierno considera que para gobernar es menester comprar a la personas, a los y las dirigentes, a los y las que contradicen, a los y las que se oponen, a los y las que vacilan. Esta compra de personas, de consciencias y voluntades, antes estaba oficializada en los llamados recursos reversados; ahora, que se anularon oficialmente estos gastos reservados, se recurre a otros fondos para efectuar la compra de consciencias y voluntades. Prcticamente la mayor parte de la dirigencia sindical est comprometida en estas relaciones clientelares y prebndales. Lo mismo ocurre con las jerarquas del partido, los que ofician de voceros, las personas de confianza, los presidentes de comisiones y mandos estratgicos de los rganos de Estado y organismos que manejan recursos, como los fondos oficiales. Quizs uno de los casos ms complicados en estos asuntos es lo que pasa en el Fondo Indgena.

En otras palabras, no solamente se piensa que la poltica es un mercadeo, sino que tambin se la prctica. Despus de esta experiencia comercial de la poltica, no sorprende que alguien diga que tal o cual se vende al mejor postor. Entonces, el problema no radica en la persona que emite semejante juicio sino en las prcticas extendidas del clientelismo, prebendalismo, circuitos de influencia, coercin, chantaje, extorcin y corrupcin. Prcticas que no slo son efectuadas sino aceptadas como naturales, como si fuesen parte de la naturaleza de la poltica. Esta concepcin mercantil de la poltica tiene dos partes; una corresponde a la compra de consciencias, la otra a la venta de consciencias. Por cunto se vende una voluntad? Como en todo mercado y comercio, hay compra y venta. Pero, tambin, como en todo mercado, nace la tendencia al monopolio. Se forman grupos de control territorial. Hay quienes monopolizan la mayor parte del botn. Es decir, la concepcin mercantil de la poltica tiene sus correspondientes espacios diferenciales, sus territorializaciones y jerarquas, as como expresa su grado de mayor intensidad en la figura compartida del Estado como botn. Que al parecer es un imaginario que circula tanto en derechas como izquierdas. De lo que se trata es de enriquecerse cuando llega el momento.

Unos, en los periodos de gobierno del Movimiento Nacionalismo Revolucionario (MNR), de 1952 a 1964, justificaban esta accin por que haba que formar una burguesa nacional, inexistente, pues lo que se tena en el pas era una feudal-burguesa intermediaria, que responda a la dependencia. Otros, ahora, durante la segunda gestin del gobierno popular, justifican el mismo procedimiento porque hay que formar una burguesa nativa, cobriza, propia de la tierra, inexistente tambin, pues lo que se tiene en el pas es una burguesa entreguista, intermediaria y colonial. Ambas justificaciones se equivocan; una burguesa no se forma con la mera tenencia de dinero; con este recurso slo se forman hombres ricos. La burguesa es una clase que se constituye, consolida y reproduce porque acumula capital. Capital que no solamente es valorizacin del dinero, por medio de la inversin en la produccin, como considera una interpretacin economicista, sino control de los medios de produccin, de las condiciones materiales y subjetivas de la produccin, control de las materias primas para la produccin, control de los mercados, adems del control del Estado. Por lo tanto, tambin control de las condiciones de reproduccin del Estado, es decir, control de la burocracia, control del campo escolar y de las instituciones que forman a los individuos, control de las instituciones que norman, regulan y administran las normas, control de las instituciones que legislan, control de los medios de comunicacin. La burguesa es una clase que se constituye como tal como sujeto y subjetividad de la realizacin de la economa poltica generalizada. La burguesa es, en cierto sentido, la ideologa, la consciencia fetichista de las cosas, de los signos, del poder, consciencia que se expresa en la apologa de la modernidad y el desarrollo. La burguesa est inserta en variados procesos de diferenciacin, diferenciacin del valor de uso respecto del valor de cambio, diferenciacin de smbolo respecto del signo, diferenciacin de potencia social respecto del poder, diferenciacin de culturas no modernas respecto de la cultura moderna. Si el capitalismo funciona mundialmente, conforma un sistema-mundo; es difcil sostener la tesis que distingue una burguesa autentica de una burguesa que no lo es, que es supuestamente inautntica; decir, por ejemplo, que hay una burguesa que se realiza como tal, que cumple con todas las condiciones de un perfil terico, distinta de una burguesa parcial, de una burguesa mediadora, en la transferencia de riquezas a los centros del sistema-mundo capitalista. As como el sistema-mundo capitalista es global, la burguesa se ha extendido en todo el mundo, sostenida por los diagramas de poder que acompaan a su reproduccin social. La burguesa es un fenmeno del capitalismo y la modernidad mundializados. Es uno de los sujetos sociales que repliegan las relaciones capitalistas en el espesor de los cuerpos como subjetividad, que aparecen en las conductas y comportamientos, en las modulaciones corporales, en las pautas de consumo y en los estilos de vida. El otro sujeto social es el proletariado, sujeto productor, inserto en el proceso productivo, donde se da lugar el fenmeno de la valorizacin, a travs de la absorcin de tiempo de trabajo no pagado. El capital entonces es una relacin; responde a la relacin social que establece la burguesa con el proletariado, aunque no slo, pues esta relacin de capital se abre al conjunto de relaciones sociales de la burguesa con el conjunto de las clases sociales. Al decir que el capital es una relacin no slo decimos que el capital no se reduce a su forma dineraria; esta apenas es una forma aparente; es el equivalente general, una representacin. El capital es una relacin de produccin, por lo tanto es un mbito de relaciones entre condiciones, medios, factores, objetos y materias de produccin. Un mbito que comprende las relaciones que incorporan la tecnologa y las ciencias, los mtodos administrativos y de organizacin. Tambin se trata de un mbito de relaciones que incorpora a las formas institucionales del Estado, as como tambin al llamado campo escolar. En este sentido, el capital no slo comprende la produccin de capital, vale decir la produccin material de la valorizacin, la produccin de bienes, que son convertidos en mercancas, sino tambin comprende la reproduccin de las condiciones de produccin del capital, de sus relaciones y estructuras, instituciones y sujetos sociales.

Es importante atender esta fenomenologa del capital y no caer en la ingenuidad del reparto de dinero para formar una burguesa. Este procedimiento de captura de dinero, de reparto de dinero, genera poseedores de dinero, ricos, no burgueses. Estos nuevos ricos pueden imitar estilos de vida, formas de consumo, sobre todo adquisicin de lujos, empero no responden a la reproduccin social de la burguesa. Esta aparicin de nuevos ricos puede ser como el inicio, la incorporacin, el aditamento, de nuevos fragmentos sociales a la formacin social de la burguesa. Sin embargo, mientras no se incorporen plenamente a los procesos de reproduccin burguesa forman parte de entornos y periferias de consumo que se aproximan al ncleo de reproduccin de la burguesa. Se trata de formas parasitarias sociales que capturan dinero, como ocurre con las mafias y los grupos financieros. Aunque en este ltimo caso se trata de un desplazamiento de la burguesa industrial y comercial hacia las formas econmicas virtuales y especulativas del capital. Tambin parte de la burguesa puede evolucionar a estas formas de apropiacin del excedente. No hay pues un perfil nico de burguesa, sino ms bien un perfil variado, diseminado; lo que hay es un devenir burgus. Empero, para nuestros propsitos, se trata de distinguir una diferenciacin social, en el espacio-tiempo de la formacin de la burguesa; se trata de separar esta ilusin simplona de formacin de la burguesa con el procedimiento de captura y reparto dinerario respecto de los procesos efectivos de formacin de esta clase social que asume el control de la produccin de capital.

Volviendo al tema, la concepcin mercantil de la poltica, podemos decir que esta concepcin forma parte de un saber de captura dineraria, de distribucin y de reparto dinerario, con el objeto de lograr, controlar y conservar el poder. Al principio dijimos que esta concepcin redujo la poltica al mercadeo; pero, tambin podemos decir que es el mercadeo el que ha capturado y destruido la poltica. Esta concepcin es un indicador de la muerte de la poltica; poltica entendida en tanto campo de luchas, efectuacin democrtica de la potencia popular, suspensin, como democracia, de los mecanismos de dominacin. Esta concepcin mercantil de la poltica ha detenido las dinmicas moleculares polticas, fijndolas, para suplantarlas por la inmovilidad conservadora del poder. Es el momento cuando la clase poltica se ha convertido en una mafia. Ha optado por el manejo prebendal, clientelar, corrupto, del poder.

La ilusin de esta clase poltica convertida en mafia poltica es que cree de esta forma conserva el poder a largo plazo. Nada ms equivocado. Lo que hacen estos procedimientos mercantiles de la poltica es carcomer las bases de reproduccin del poder. Esta forma de poder se encamina a su propia implosin y desmoronamiento. El problema es que cuando la clase poltica se inclina por estos procedimientos prebndales, clientelares y corrompidos, no hace otra cosa que insistir en ellos compulsivamente. No puede salir del crculo vicioso. Inventa discursos justificativos, opta por escenificaciones teatrales, por insistente propagandizacin de sus actos, desprende desbordantemente el culto a la persona, la apologa y la adulacin ansiosa del jefe. Estos aditamentos le sirven a la clase poltica como recursos de reproduccin, una vez que las bases de reproduccin del poder fueron carcomidas. Empero, estos sustitutos recursos no logran los alcances de la reproduccin del poder, sino tan solo logran conservarlo por un lapso, logran adormecer al pueblo, que no reacciona mientras se encuentra en este estado somnoliento.

La concepcin mercantil de la poltica responde entonces a un diagrama de poder, un diagrama de poder que podemos llamar el de la economa poltica del chantaje. Se trata de fuerzas usadas para la coercin, fuerzas que se desplazan en los circuitos de influencia, en las redes de clientelaje y en las relaciones prebndales, fuerzas de corrosin de las estructura y normas institucionales, instaurando dodo un sistema, si se puede hablar as, colateral. La poltica, como ejercicio formal, que ya, en s mismo, es una reduccin de la poltica como desborde de la potencia social, es capturada por dispositivos y agenciamientos informales, paralelos y colaterales, cuyo objetivo es incidir coercitivamente en los asuntos institucionales, en las polticas pblicas y en las decisiones gubernamentales, as como tambin tienen como objeto desviar fondos para el enriquecimiento ilcito. Esta concepcin mercantil de la poltica y su realizacin prctica se encuentra bastante extendida en las prcticas gubernamentales, en el ejercicio de los rganos de Estado, en el funcionamiento de las dirigencias sindicales, en el manejo de las contrataciones de bienes y servicios, en la aprobacin de proyectos de toda ndole, desde la escala general del mismo Estado, hasta las escalas locales, pasando por las escalas municipales. Se da como un dominio en varias areas del campo politico, del campo burocrtico y del campo institucional. La poltica entonces funciona como un mercado, donde se compra y se venden consciencias y voluntades, se logran decisiones, resoluciones, determinaciones, disposiciones gubernamentales, polticas, jurdicas y legislativas, de acuerdo a los intereses en juego.

No es pues sorprendente que esto abarque a la Asamblea Legislativa, donde las directivas se logran por acuerdos, por componendas, por rdenes, que se compensan con influencias, puestos, comisiones, viajes, viticos y otros privilegios. No es tampoco sorprendente que se reclame lealtad con estas complicidades, que se exija a los partidarios no fiscalizar, pues esto es tarea de la oposicin, no del oficialismo. Menos es sorprendente que se piense que de lo que se trata es venderse al mejor postor. Todo esto, es como una descripcin de los sntomas de la conversin y reduccin de la poltica a las lgicas y las prcticas mercantilistas. Sntomas de la muerte de la poltica y de la expansin de la economa poltica del chantaje. Sntomas tambin de los alcances de la decadencia moral, de la muerte de la tica. Lo que es grave, pues un proceso de cambio no puede sostenerse sobre la decadencia moral, la muerte de la tica, la muerte de la poltica.



En recuperacin de la poltica

Sin embargo, la poltica no es lo que pretende la concepcin mercantil de la poltica. La poltica es completamente diferente. No se mueve, de ninguna manera, por las leyes del mercado; la poltica no es un comercio. La poltica es la alteridad del inters econmico; la poltica es como su opuesto. La poltica es el desacuerdo mismo con el dominio de la oligarqua, el dominio de los ricos[2]. Aunque la palabra poltica est ntimamente vinculada con la ciudad (polis), la poltica en sentido moderno, en tanto efectuacin radical de la democracia, est ntimamente vinculada con el pueblo. Toda una desmesura, la desmesura popular. En el sentido de representacin, el pueblo expresa una totalidad, la convocatoria de todos; en tanto efectividad prctica, el pueblo convoca a los que no tienen ttulo de nobleza, los que no son la aristocracia, y no tienen riqueza, los que no son la oligarqua. El pueblo es la convocatoria de los pobres, de toda clase de pobres. La poltica entonces es un desborde, de los que no tienen ttulos ni riquezas, sobre el orden de las minoras privilegiadas y dominantes. Las lgicas de la poltica, si se puede hablar as, de lgica, no son pues mercantiles, no son de intercambio, sino de irradiacin, de despliegue de fuerzas, de disponibilidad de fuerzas, de movilizacin. La poltica tiene que ver con la emergencia de la potencia social y su irradiacin trastrocadora, su desplazamiento transformador, su poder constituyente, en el sentido que constituye lo nuevo. La poltica es ciertamente accin; se trata de una dinmica activa, de un desborde de energas, que no son conmensurables; por lo tanto, no pueden cuantificarse. En todo caso, se trata de cualidad, de diferencia cualitativa. La lgica de la poltica no es de la compra-venta, sino se trata de una lgica de la crisis, la lgica que busca resolver el desajuste, el desencajamiento, la desigualdad.

Mal se puede pensar la poltica como equilibrio o desde el paradigma del equilibrio. La poltica manifiesta una profunda tensin, una profunda contradiccin. Por eso, es posible pensar la poltica como una inmensa composicin de pulsiones, de pasiones, de voluntades, de dinmicas moleculares, composicin que genera el desplazamiento de las relaciones y las estructuras sociales. La poltica es transformacin permanente, desde mbitos puntuales y micros, hasta mbitos mayores y macros. Este impulso poltico est asociado a la crtica y a la participacin. El orden establecido se encuentra interpelado, en tanto se convoca a la participacin de todos. En este sentido la poltica es un ejercicio multitudinario de fuerzas, de acciones y voluntades, no el ejercicio secreto de grupsculos jerrquicos.

Hablando del nacimiento de la poltica[3], en sentido moderno, se ha difundido una interpretacin vulgar de la obra de Maquiavelo. Se dice que este historiador y analista de las relaciones de poder de su tiempo, al describir los procedimientos de dominio, las estrategias de poder, de los grupos dominantes, as como de su recurso a la maniobra, aconseja descarnadamente el uso de la astucia, la simulacin y la manipulacin; logrando con estas conductas y procedimientos secantes la distincin peculiar de la poltica, que slo se puede lograrlo separando poltica de tica. Tambin se dice que al analizar los acontecimientos polticos desde la perspectiva de la fuerza y la fortuna, de la violencia y el consenso, propone un juego hbil de combinaciones de mtodos polticos en aras de los objetivos estratgicos. De este tipo de interpretaciones surge esa idea equivocada de que la tesis principal de Maquiavelo es la que dice que el fin justifica los medios. Esta es una interpretacin insostenible e inadecuada de la obra de Maquiavelo, una interpretacin reaccionaria y conservadora, promocionada por las clases dominantes. Al contrario, Maquiavelo describe el juego de las fuerzas para analizar las lgicas de poder; empero su preocupacin es la convocatoria del prncipe al pueblo, con el objeto de la constitucin nacional y de la repblica. Se puede encontrar ya en Maquiavelo, en este insigne precursor del anlisis poltico, una crtica del poder y una convocatoria popular, como poltica, para constituir la republica, sobre la base del pueblo armado.

Que la ciencia poltica haya tomado otro camino, que se haya dedicado mas bien al estudio del Estado, adems de su clara pretensin de legitimar el orden, la estructura de poder, es una evidente manifestacin de las estrategias de domesticacin burguesa de la poltica, de la reduccin de la poltica a la polica[4], al cuidado del orden, al cuidado de la ciudad, al cuidado del Estado. Empero, esto tampoco es la poltica; es una contra-poltica; es la bsqueda imposible del equilibrio que mantenga las desigualdades, sobre la base de la transferencia de las desigualdades reales a la simulacin de la igualdad en el campo de las representaciones. Por esto, podemos decir que la democracia formal es la muerte de la democracia efectiva, tambin que la formalizacin e institucionalizacin de la poltica es la muerte de la poltica, esta vez efectuada por los caminos de la formalizacin, de la inercia institucional. No, como hablamos, la muerte de la poltica por los procedimientos de su mercantilizacin.

Ni por los procedimientos mercantiles, ni por los procedimientos formales, se puede dar fin a las dinmicas de la poltica; la poltica emerge desde adentro de la sociedad, desde las dinmicas moleculares de las clases sociales y de los pueblos, desde las dinmicas moleculares de los cuerpos, donde se constituyen sujetos y subjetividades. Lo que hace la concepcin mercantil de la poltica es no solamente reducir la poltica al comercio, sino de abrir un espacio no-poltico; un espacio de estrategias de poder colaterales y paralelas abocadas a la expropiacin perversa de parte del excedente. Lo que hace la poltica formal, la institucionalizacin de la poltica, la polica, es exilar la poltica a las sombras, mientras monta en el escenario la representacin de la poltica.



Poltica, coyuntura y proceso

Como dijimos en otro ensayo[5], la poltica y lo politico son conceptos polmicos. Esto quiere decir que se toma posicin al respecto, en la construccin de su definicin. Somos conscientes que nos movemos en la concepcin crtica trabajada por Jacques Rancire y Antonio Negri[6], que comprenden la poltica como desmesura, el uno, acercando los conceptos de poltica, democracia, crisis, revolucin y poder constituyente, el otro. Estas concepciones recogen la historia de las luchas sociales, la experiencia radical de estas luchas, las consecuencias conceptuales de su emergencia y desplazamientos. La poltica entonces est ntimamente ligada a los proyectos de emancipacin y liberacin, tambin a las utopas y al principio esperanza[7]. Ahora bien, esta concepcin crtica y radical de la poltica no deja de plantear problemas. La poltica, entendida como manifestacin de la potencia social, es continua o discontinua, permanente o intermitente? Recogiendo las experiencias poltica populares, de las multitudes, del proletariado, de los pueblos, podemos ver en la descripcin de sus recorridos, que no es fcil resolver el problema del alcance de su temporalidades; a veces aparecen como lapsos ms bien cortos, discretos y discontinuos, hasta intermitentes; otras veces parecen mostrarse como desplazamientos parecidos a las formas de la revolucin permanente. La revolucin permanente es la interpretacin terica de Marx de los procesos revolucionarios, interpretacin configurada despus de la revisin de las luchas de clases en la Europa de su tiempo. Planteamiento terico retomado por Vladimir Lenin en la tesis de la revolucin ininterrumpida, por Len Trosky en la tesis de la teora de la transicin, en Mao Zetung en la tesis de la guerra prolongada. Hay etapas de gran intensidad y movilizacin; en contraste, hay etapas de menor intensidad y hasta de desmovilizacin, incluso se puede hablar de cambios de estrategias. Las primeras pueden alargarse, dependiendo de las condicionantes y la combinacin de factores, como por ejemplo de la prolongacin de la crisis, de la presencia de exigencias, desafos y peligros, como ocurre en el caso de la revolucin rusa y en gran parte de la historia de la URSS.

La primera guerra mundial (1914-1919) desencadena una crisis de envergadura, desbastadora para las estructuras e instituciones del imperio zarista, la crisis desencadena la revolucin, que se desenvuelve como un proceso ascendente y de profundizacin, convirtiendo la revolucin social, que adquiere una connotacin radical democrtica, en una revolucin socialista, con una clara perspectiva comunista. La movilizacin general, exigida por el proceso revolucionario, no culmina con la toma del poder por parte de los bolcheviques, con la clausura de la Asamblea Constituyente, en octubre de 1917, sino que contina, pues se tiene que afrontar la guerra contra los llamados rusos blancos (1918-1924), que cuentan con el apoyo de las potencias imperialistas europeas, la japonesa, la estadounidense y el involucramiento de Turqua. Esta prolongacin de la temporalidad de las movilizaciones tampoco culmina con la victoria del ejrcito rojo en defensa de la patria socialista, sino que despus se exige una movilizacin general, a gran escala, del proletariado para lograr la revolucin industrial, buscando dar saltos gigantescos en lapsos de tiempo cortos. Esta tarea colosal exige sacrificios y mantener la intensidad de la movilizacin general. Se sale de la guerra, pero se entra a una economa de guerra, a una economa destinada a la guerra, que se prepara para la guerra y prepara al pas entero a la guerra. La inversin industrial, que forma la mayor parte del ahorro, por tanto del excedente, est destinada a este objetivo estratgico. Cuarto siglo despus de la revolucin de octubre la URSS tuvo que enfrentar la invasin nazi y afrontar una guerra monstruosa en todo el frente oriental. La victoria del ejrcito rojo en Stalingrado sobre el ejrcito alemn, slo se puede explicar por el esfuerzo titnico del ejrcito rojo, de la poblacin amenazada, de la ciudad sitiada. Hablamos de un ejrcito rojo pertrechado con el armamento de esta industria socialista. La victoria en Stalingrado fue el comienzo de la derrota del ejrcito alemn; la mayor parte de las divisiones alemanas se encontraban en el frente ruso. Estas fueron detenidas y retenidas, por lo tanto obligadas a estancarse, en el gigantesco frente oriental, quedando inmovilizadas en la inmensa geografa de este frente, sosteniendo una guerra descomunal entre dos gigantescos ejrcitos y sus respectivas maquinarias de guerra, soportando la avalancha del ejrcito rojo, ejercito ms grande del mundo, para ese entonces.

Se puede ver que la URSS estuvo obligada a una movilizacin permanente, no slo para afrontar las guerras sino tambin la revolucin industrial; aparte de las guerras, casi todas las energas se abocaron a la revolucin industrial, principalmente a la construccin de la industria pesada, sosteniendo el diseo de la economa de guerra. En 1918 se ingres al llamado comunismo de guerra. A pesar que, al principio, se pens que iba a durar un lapso, no se pudo salir del comunismo de guerra hasta muy entrado el siglo XX. Esta exigencia constante, este batirse ante el peligro persistentemente, oblig a la tensin continua de las fuerzas. Este comunismo concurre entonces como praxis; entendiendo el comunismo como lo define Marx, como la marcha propia de la realidad efectiva, como la realizacin de las posibilidades inherentes a esta realidad; realizacin lograda a partir de del desencadenamiento de la potencia inmanente, desencadenamiento efectuada por parte de las fuerzas sociales. Este comunismo como praxis concurre entonces en la URSS, tambin despus en la Repblica popular China, durante la dcada de los sesenta; lo mismo acontece en Cuba y en Vietnam; se trata de un comunismo de guerra. Estamos ante fases prolongadas de movilizacin general; el socialismo se construye contra la adversidad misma; si se puede hablar as, para figurar la inmensa voluntad social puesta en juego, se construye el socialismo contra la misma historia[8].

Al respecto, de lo descrito en esta breve resea de la revolucin rusa, seguida por otras revoluciones socialistas, lo que interesa es sacar lecciones, aprender de estas experiencias, sobre todo por lo que tiene que ver con la experiencia poltica, por lo tanto con la concepcin de la poltica y de lo poltico. En la gran escala, la escala misma de los acontecimientos y de los procesos, que comprenden los acontecimientos mismos, as como a los procesos que contienen acontecimientos simultneos y sucesivos, la experiencia poltica no se presenta como un campo fraccionado donde se efectan las conspiraciones de todo tipo, las micro y la macro, como concibe cierta interpretacin de la obra de Maquiavelo, sino como desborde de las fuerzas de la potencia social. Ciertamente, que a escala menor, estos clculos, estas componendas, estas estrategias de poder, de grupos o de tendencias, aparecen, e inciden en el perfil del decurso. La lucha interna en el partido comunista en el poder habla de ello. Empero, la poltica no se reduce a esta pugna; se trata mas bien de juegos de poder en el espacio-tiempo donde se desenvuelve la poltica. No podemos explicarnos lo que sucedi en el comit central y en el partido comunista despus de la muerte de Lenin, la sucesin de hechos, la conformacin de una red y un bloque burocrtico, que llev a la cspide a Joseph Stalin, consolidando su autoridad, que sustituye, en la prctica a la autoridad del comit central, sin el marco y el contexto del proceso intenso del despliegue poltico de la revolucin.

La poltica aparece como acontecimiento histrico y social, comprendiendo sus dinmicas moleculares y sus composiciones molares, en tanto que las formas concretas, las formas de realizacin del proceso, las formas institucionales, responden tambin a otras condicionantes, a otros juegos de fuerzas. Tenemos que explicarnos la formacin de la burocracia, las pugnas internas, la presencia de tendencias, el decurso que toma esta lucha interna, en el contexto general mundial, en la geopoltica de aqul entonces. Debemos hacerlo recogiendo sucesos, que incluso incluyen la represin de los marineros de Kronstadt, la desaparicin violenta de los miembros del comit central, la represin a los kulaks, los juicios montados contra parte de la militancia del partido, que tuvo papeles de direccin, la formacin de la polica secreta, las deportaciones a la Siberia, el exilio de Gulag, la disciplina rigurosa exigida, llevada al extremo, con castigos, deportaciones y fusilamientos. Todo esto ocurre debido no slo por los intereses de grupos, de corrientes y tendencias en juego, tampoco por el carisma y la personalidad fuerte, autoritaria, de Stalin, sino, sobre todo, por la combinacin trgica entre la energa social desatada por la revolucin y las condiciones de posibilidad histrica, los recursos institucionales, econmicos, humanos heredados, en un contexto donde la revolucin proletaria en otros pases, sobre todo en Europa, es derrotada. El enunciado del socialismo en un solo pas es un constructo ideolgico ms bien de defensa que de ofensiva. La revolucin tuvo que pasar a la defensa, se encerr en la geografa del pas, aunque fuera la geografa poltica ms extendida del mundo.

No nos interesa aqu discutir la validez o falsedad de esta tesis, la del socialismo en un solo pas; nuestra posicin al respecto se encuentra en otros escritos[9]. En todo caso ha sido ampliamente debatida por las corrientes marxistas. Lo que importa es visualizar las condicionantes y los factores que incidieron en la prolongacin de la fase de movilizacin general, aunque estas tengan que ver con la defensa, la economa de guerra, el comunismo de guerra y el funcionamiento de la maquinaria de guerra; la sociedad y la geografa convertidas en dispositivos de guerra. Despus de finalizada la segunda guerra mundial (1939-1945), con la consecuencia, no slo de la derrota nazi, fascista y japonesa, sino sobre todo con la conformacin del orden mundial impuesto por las potencias vencedoras, la paz lograda se convirti en la guerra fra entre las dos superpotencias enfrentadas; la superpotencia capitalista de los Estados Unidos de Amrica y la superpotencia socialista de la URSS. Se constituyeron dos grandes alianzas de los bloques enfrentados; por un lado la OTAN y por otro lado el Pacto de Varsovia. El enfrentamiento entre los bloques no poda ser sino nuclear; una tercera guerra mundial conducira al desastre nuclear y a la destruccin del mundo. De esta guerra no poda salir un ganador, sino slo la posibilidad de dos perdedores; de esta guerra slo la muerte saldra vencedora, como el propio Stalin predijo. Esta posibilidad transfiri las guerras convencionales a las periferias del sistema-mundo capitalista. Las superpotencias se enfrentaron indirectamente en estas guerras convencionales.

Ahora bien, antes del estallido de la guerra fra, propiamente dicha, el ejrcito rojo chino entra a Begin en 1949, a nombre de la dictadura del proletariado. Se trataba de un ejrcito de campesinos curtidos, organizados y disciplinados en la larga marcha que dirigi el partido comunista, respondiendo a un cambio de estrategia, despus de las derrotas consecutivas sufridas por la estrategia insurreccional del proletariado de las ciudades. El ejrcito rojo tambin se haba forjado en la experiencia de la guerra antiimperialista, particularmente en la guerra contra el Japn, que haba invadido y ocupado China. La revolucin china se vino gestando largamente, desde la dcada de los veinte, atravesando las dos dcadas siguientes, sin contar con el referente de la llamada guerra de los bxer, que eran los guerreros del cielo celeste, Tai Ping. Nos encontramos entonces ante procesos revolucionarios y guerras prolongadas; la exigencia de la movilizacin general en China se hizo sentir a lo largo del proceso revolucionario de este milenario pas continental, comprendiendo sus distintas fases, contextos y coyunturas. Movilizacin que incluso se prolonga hasta la revolucin cultural y sus consecuencias criticas en el partido, debido a la forma de culminacin de la revolucin cultural. Tambin, en este caso, la necesidad imperiosa de la revolucin industrial y su consecutiva materializacin, hace sentir su titnica exigencia de sacrificio y movilizacin general en el proceso de transicin al socialismo en China, aunque adquiere caractersticas y matices diferentes a los dados en la URSS.

Despus sobrevino la guerra de Corea, con cierta intermitencia, le sigui la guerra de liberacin en Argelia, a continuacin la guerra de guerrillas en Cuba, despus la guerra del Vietnam. La tensin de los bloques enfrentados, el capitalista y el socialista, deriv tambin en golpes militares, as como, en contraste, en guerras de liberacin nacional, en guerrillas que proliferaron, en la inmensa geografa de las periferias del sistema-mundo capitalista. La revolucin y la guerra de Corea, la guerra de liberacin en Argelia, la revolucin cubana, la revolucin y la guerra del Vietnam, se dieron en el contexto de la guerra fra. Obviamente no se puede explicar el estallido de estas revoluciones, de estas guerras, de los golpes militares, de las guerras de liberacin, de las guerrillas, por las contradicciones y el enfrentamiento entre los bloques. Estos acontecimientos mencionados son resultado de profundas contradicciones en las formaciones econmico-sociales respectivas; se trata de crisis y desencadenamientos intensos de las luchas de clases singulares, correspondientes a los pases donde se dan. Sin embargo, debido al contexto de la guerra fra, la combinacin de contradicciones externas, de carcter mundial, con contradicciones internas, de carcter nacional, en el marco de geopolticas enfrentadas, da lugar a desarrollos y composiciones sui generis de procesos polticos locales, nacionales y regionales, que responden tanto a al condicionamiento mundial como al condicionamiento local.

Tomando en cuenta este panorama, queremos hacer hincapi en la prolongacin de la movilizacin general en la URSS, en la Republica Popular de China, en Corea del Norte, en Argelia, en Cuba, en Vietnam. Movilizacin que no tiene las mismas caractersticas en todo momento; es ms, es diferente en distintas fases y contextos. Pasamos de una movilizacin espontnea a una movilizacin organizada, de una movilizacin que adquiere el perfil del gasto heroico a una movilizacin convocada por el Estado socialista, en defensa de la revolucin. Pasamos de una movilizacin encaminada a destruir las estructuras e instituciones dominantes a una movilizacin cuyo objeto es construir estructuras e instituciones, realizar la revolucin industrial o, en su caso, en plena crisis de la propia revolucin, convocar de nuevo a la movilizacin, desde abajo, para reactivar la energa revolucionaria en contra de la burocracia y la inercia funcionaria del partido, como es el caso de la revolucin cultural china.

La hiptesis interpretativa de estas gestas revolucionarias socialistas es la siguiente:

La prolongacin de la movilizacin permanente de la sociedad, bajo distintas modalidades y formas, responde a la convocatoria constante de la potencia social, a la fuerza de la voluntad social, que se enfrenta a las restricciones impuestas por la realidad, entendida como realidad dada, no como realidad efectiva, que comprende a las posibilidades inherentes a la realidad. Si bien, las contradicciones objetivas entre fuerzas productivas y relaciones de produccin, y las contradicciones sociales, polticas e ideolgicas de la lucha de clases, forman parte las condiciones de posibilidad histrica, lo que se manifiesta de manera exuberante es la contradiccin entre voluntad utpica y mundo. Lo que destaca es la fuerza titnica de la voluntad social que sostiene la construccin de la utopa socialista.

Martin Malia dice que la revolucin socialista sovitica es la gran aventura utpica de los tiempos modernos[10]. La hiptesis de trabajo de Martin Malia en La tragdie sovitique es: que para comprender el fenmeno sovitico es indispensable destacar la primaca de lo ideolgico y lo poltico sobre lo social y lo econmico. Nos interesa esta hiptesis, la contrastacin y seguimiento de la hiptersis del autor en el libro mencionado, por sus repercusiones en el concepto de la poltica y de lo poltico que manejamos. Decimos que la poltica no se mueve por la lgica econmica, como se ha asumido por un cierto sentido comn contemporneo, mucho menos se puede estrechar la concepcin poltica a la concepcin mercantil de la poltica.

Se ha difundido y manejado la tesis leninista de que la poltica es economa concentrada. Este enunciado corresponde al determinismo econmico, pensamiento dominante en los tiempos de Lenin; ahora, en el horizonte de la episteme de la complejidad, es difcil sostener el pensamiento determinista econmico, la lgica de su causalidad fatal. Pero, en todo caso, decodificando el enunciado, qu sera economa concentrada? Cmo se puede entender este enunciado? La economa capitalista acumula, produce concentracin en esta perspectiva, como tendencia irremediable al monopolio. Empero, Cmo puede darse una cualidad poltica que sea el resultado de la concentracin econmica? De la acumulacin cuantitativa se pasa a la acumulacin cualitativa? Se puede entender el enunciado, movindose en las esferas de la economa, como referido a la transformacin de las condiciones mismas iniciales de la produccin. Sin embargo, es muy difcil comprender el enunciado, fuera de las esferas de la economa, que esto de concentracin de la economa en la poltica se d como reterritorializacin de la economa en la poltica. Cmo puede la economa, en tanto produccin, distribucin y consumo, convertirse en poltica, en tanto accin y disponibilidad de fuerzas? Pierre Bourdieu concibe en su teora sociolgica la conmutabilidad del capital econmico, capital poltico, capital social, capital simblico; empero, Bourdieu comprende capital, en un sentido sociolgico, como disponibilidad, como valoracin social y distribucin de disposiciones en los campos, econmico, social, poltico, simblico. En todo caso, en Bourdieu no hay algo parecido a la idea de concentracin econmica para definir la poltica. Desde otra perspectiva terica, en el sistema hegeliano, se puede descifrar el enunciado de la poltica como concentracin de la economa, en tanto se entienda la poltica como consciencia histrica de la economa. Empero, esta tampoco parece ser la intencin en la definicin leninista de la poltica. Como puede verse, esta discusin con el determinismo econmico se hace sugerente; sin embargo, hay que anotarlo, no es el mismo caso, no entra en la misma consideracin la vulgar concepcin mercantil de la poltica.

Para nosotros la poltica no responde a la lgica econmica. Est claro tambin que no compartimos la metfora, convertida en tesis por ciertas corrientes marxistas, de la arquitectura determinante de la relacin entre estructura econmica y superestructura poltica. La poltica, como espacio-tiempo, como espesor histrico y social, se constituye como campo dinamizado de fuerzas y acciones, de disposiciones, dispositivos y agenciamientos, campo configurado, producido y reproducido, creado y recreado, por la dinmica subjetiva de la voluntad, por el juego y composicin de voluntades. Definitivamente la poltica responde a una experiencia distinta a la de la economa. Ahora bien, puede ocurrir que la economa capture, por as decirlo, a la poltica, que la use siguiendo las lgicas econmicas. Esto puede pasar e indudablemente pasa, en la poca de la hegemona capitalista; pero, precisamente es cuando la poltica deja de ser poltica, muere, para convertirse en un dispositivo de la economa. La poltica en cuanto tal es retomada y recuperada por las luchas sociales, es reproducida por las dinmicas sociales moleculares, reproducida por los sujetos sociales en conflicto y contradiccin con el orden, con la estructura de poder, sobre todo con el orden y la estructura econmica.



Voluntad, poltica y economa en el proceso boliviano

En adelante vamos a analizar las relaciones entre voluntad, poltica y economa en el espaciamiento y la temporalidad del proceso boliviano, llamado oficialmente revolucin democrtica y cultural, llamado por los movimientos sociales anti-sistmicos proceso de descolonizacin, anticapitalista y anti-moderno. Entonces, entendemos voluntad como subjetividad abocada a la realizacin del deseo, como proyeccin del principio esperanza, como tenacidad para realizar la utopa; entendemos poltica como experiencia subjetiva e imaginario social de la accin y despliegue de fuerzas; entendemos economa como el campo de efectuacin de la produccin, distribucin y consumo en el sentido capitalista, es decir, en el sentido de subsuncin de estas esferas al capital, as como siendo disposiciones y agenciamientos de la acumulacin del capital. Nos interesa, intentando una contrastacin comparativa, auscultar el desenvolvimiento de estas relaciones, entre voluntad, poltica y economa, en dos procesos revolucionarios bolivianos; el dado entre 1952 y 1964, conocido como el de la revolucin nacional, y el que se est dando entre 2000 en adelante, 2013, a la fecha, asumido como revolucin indgena y popular. En ambos procesos llama la atencin que, despus de largas acumulaciones de luchas, de experiencias sociales, de formacin poltica, de memoria emancipadora, distinta en ambos casos, despus de combates intensos, como el dado en abril de 1952, antecedido por la guerra civil de 1949, ms tarde, como el dado en forma semi-insurreccional y de movilizacin general prolongada, desatadas de 2000 al 2005, lo que sucede en los gobiernos respectivos se parezca mas a una desmovilizacin general, a un pragmatismo oportunista, a una restauracin y regresin, cayendo en la expansin de relaciones clientelares y prebndales, en relaciones corrosivas, dando curso a lo que hemos llamado la economa poltica del chantaje[11]. Vamos a tratar de explicarnos estas dinmicas des-articuladoras en ambos casos, tratando de responder a la pregunta de por qu no sucede la prolongacin de la movilizacin general, como convocatoria estatal, como accin multitudinaria de la voluntad social, voluntad encaminada a realizar la utopa, como ha acontecido en otras revoluciones, las llamadas socialistas? Para lograr el efecto esperado del anlisis comparativo, vamos a construir una hiptesis interpretativa de ambos procesos revolucionarios.

Hiptesis

Se da como una separacin, mejor dicho disociacin, entre la voluntad social que intervino en las luchas sociales, las movilizaciones, la insurreccin, y la disposicin subjetiva del gobierno revolucionario. La disposicin subjetiva del gobierno popular no es la realizacin de la utopa sino la adaptacin y la adecuacin a las condiciones impuestas por la realidad dada. Para esta predisposicin subjetiva gubernamental es preferible optar por el realismo poltico que arriesgarse a intentar transformaciones radicales. Se renuncia entonces a la utopa, se opta por reformas y modificaciones en el mismo topos heredado. Ocurre entonces que la voluntad social insubordinada y transgresora no tiene continuidad en la poltica gubernamental; es ms, se puede decir que la poltica gubernamental no tiene voluntad de cambio. Esta disociacin entre voluntad social y gobierno es funesta para la continuidad del proceso, pues el proceso, como espacio-tiempo de las dinmicas moleculares y molares sociales, no cuenta con la energa colectiva, con la potencia social, con el impulso vital que requiere. Una vez relegada la potencia social, slo se cuenta con la fuerza y el peso gravitante del Estado, del monopolio de la violencia estatal, del monopolio de la violencia simblica del Estado, del control de la inercia maquinizada del aparato burocrtico. Esta opcin por la razn de Estado y no por el imaginario y la pasin utpica, deriva en dos consecuencias: 1) El alcance revolucionario se reduce al lmite de las reformas, y 2) se abre el espacio institucional para la proliferacin de prcticas de poder colateral y paralelo, prcticas clientelares, prebndales y de corrupcin. Esta segunda consecuencia, en la medida que es incontrolable, termina carcomiendo la cohesin interna del bloque gobernante, que se desmorona tica y moralmente. Se anuncia entonces el hundimiento y derrumbe del rgimen.

Esta hiptesis parece confirmarse en las historias, en los decursos y en los recorridos de ambos procesos. En el primer caso, los gobiernos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) pasan del co-gobierno de 1952-1953 a un creciente conflicto con la COB, hasta llegar a una confrontacin armada en Sora-Sora con las milicias mineras (1963), pasando desde una co-gestin a la gestin administrativa de los ingenieros norteamericanos que terminaron dirigiendo tcnicamente COMIBOL. No slo que el MNR se divide en tres fracciones; el PRIN, la de Izquierda, el PRA, la de derecha, el MNR de Paz Estensoro, la de centro, sino que los gobiernos sucesivos optan por el manejo expansivo de los circuitos de influencia, las redes clientelares, las prcticas prebndales y la extensin de la corrupcin. Lo que se hizo al principio, las grandes medidas democrticas, la nacionalizacin de las minas, la reforma agraria, el voto universal, la reforma educativa, que ciertamente tuvieron efecto transformador, quedaron sin continuidad en las polticas pblicas. Como dice Sergio Almaraz Paz se pas del tiempo de los grandes pasos al tiempo de las cosas pequeas[12]. La revolucin nacional se desmoron; en noviembre de 1964 se dio un golpe militar, preparado por la CIA; los milicianos no defendieron la revolucin que hicieron, desmoralizados, boicoteados y anulados por el propio partido contemplaron la derrota. Slo un pequeo grupo de milicianos defendi desesperadamente inmolndose en el cerro de Laicacota, que result ser, como dice Sergio Almaraz Paz, el sepelio de una revolucin arrodillada[13].

En el segundo caso, las dos gestiones del gobierno indgena y popular (2006-2013) contrastan con la etapa antecedente del proceso de la movilizacin general y de las luchas sociales (2000-2005). La primera gestin (2006-2009) acude a dos medidas, la nacionalizacin de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, que se encontraban como demanda de los movimientos sociales en la Agenda de Octubre; empero, en lo dems se trasluce una moderada y cautelosa actitud respecto a la arquitectura estatal heredada, a las formas de gestin, a la estructura econmica recibida, a las formas y prcticas polticas adquiridas. La segunda gestin de gobierno (2009-2013), que cuenta ya con la Constitucin aprobada, se caracteriza por dejar en la vitrina la Constitucin, y efectuar un desarrollo legislativo inconstitucional, polticas pblicas restauradoras, llevando al extremo del conflicto las contradicciones inherentes al proceso. Con la medida del gasolinazo el gobierno cruza la lnea, se coloca al otro lado de la vereda, y se enfrenta al pueblo; con el conflicto del TIPNIS, cruza una segunda lnea, se enfrena a las naciones y pueblos indgenas originarios, desconociendo los derechos fundamentales y colectivos constitucionalizados, atentando contra los territorios indgenas, que son la base territorial de la construccin del Estado plurinacional comunitario y autonmico.

Tambin en este caso el alcance revolucionario llega al lmite de las reformas, que cada vez son ms coyunturales como la de los bonos. El marco de una poltica monetarista expresa claramente la circunscripcin del gobierno al condicionamiento y a las disposiciones del Fondo Monetario Internacional y del sistema financiero mundial. El Ministerio de Economa y finanzas Pblicas es un dispositivo perseverante del sistema financiero mundial. Disociado el gobierno de la movilizacin general que le antecedi, opt por cooptar a las direcciones de las organizaciones sociales para controlarlas. Los mtodos son conocidos, reiteracin y recurrencia de las redes clientelares, de las prcticas prebndales, de la complicidad en los procedimientos colaterales de la corrupcin. La economa poltica del chantaje se ha extendido mucho ms que antes, que en los gobiernos contra los cuales se combati, acusados, entre otras cosas, de corruptos. A estas alturas el desmoronamiento tico y moral es maysculo; se cree que la absoluta mayora, los 2/3 del Congreso, son suficientes para conservar el poder, para mantener el control; se cree que estos 2/3 otorgan impunidad y atribuyen la disponibilidad para hacer lo que se quiera, atentando contra la Constitucin misma. Se considera que el poder se reduce al control por cualquier medio al alcance; esta confianza ha llevado a perder el sentido de sobrevivencia y a la desconexin con la realidad, lo que de por s hace vulnerable al bloque gobernante ante cualquier contingencia. Con la firma y la legitimacin en el Congreso de los contratos de operaciones de hidrocarburos, se entreg el control tcnico de la explotacin hidrocarburfera a las empresas trasnacionales, se redujo la participacin del Estado del 82%, del interregno creado por el decreto Hroes del Chaco, a un 62%[14]. Se promulgaron leyes no slo inconstitucionales, sino anti-indgenas y anti-autonmicas, como la Ley Marco de Autonomas y Descentralizacin Territorial, la Ley de Deslinde Jurdico, la Ley 222, que es promulgada para realizar la consulta espuria en el TIPNIS. Se proponen leyes inconstitucionales y atentatorias como el Proyecto de Ley de Servicios Financieros, donde el Ministerio de Economa y Finanzas Pblicas queda sin control de ninguna clase, logrando suspenderse como un super-Estado en el manejo econmico y financiero, desatendiendo la Ley de Bancos, pero sobre todo la Constitucin. Se propone, ya entrando al escndalo, una Ley Marco de Consulta para los pueblos indgenas, que se la puede considerar como el dispositivo jurdico de un nuevo etnocidio[15]. Como se puede ver nos encontramos no slo ante la disociacin entre voluntad social y gobierno, sino que se repiten los sntomas de una decadencia, del desmoronamiento del proceso, de la ruptura tica y moral, dejando un vaco profundo por dentro, dejando la cascara, la envoltura, del poder tomado, como un castillo de naipes, por fuera. Asistiremos a algo parecido a lo que ocurri en noviembre de 1964 con la revolucin nacional? No lo sabemos, mientras no ocurra eso, se tiene la posibilidad, por lo menos terica, de reconducir el proceso.

En lo que respecta a la relacin con el campo econmico, se puede constatar que la estructura econmica heredada no ha cambiado; se sigue en el marco y el contexto del modelo extractivista, incluso se lo ha expandido ms. Modelo extractivista complementario a la administracin estatal rentista. La nacionalizacin de los hidrocarburos ha ensanchado notoriamente la participacin del Estado en el excedente, empero no lo controla; el monopolio de los mercados, de las finanzas, de la tecnologa y del acceso a los recursos, as como el control de la produccin de parte de las empresas trasnacionales, hace que el control del excedente, del recorrido del excedente, de su transformacin productiva y los efectos multiplicadores en la economa, quede en manos de estos dispositivos de dominacin y control capitalista que son estas empresas trasnacionales. Al acontecer esto, al conservarse estos ejes condicionantes del modelo econmico dependiente, las relaciones de poder de estos dispositivos internacionales, conectados con la forma de hegemona del ciclo del capitalismo vigente, que es la del dominio financiero mundial, reiteran perversamente las relaciones de coercin, chantaje, corrupcin, con los gobiernos con los que entran en contacto. La subordinacin de los gobiernos, por ms nacionalistas que se proclamen, por ms populares y soberanos que se reclamen, por ms anti-imperialistas que se definan, se reproduce calamitosamente, si es que no se disputan directamente los monopolios de las trasnacionales, si es que no se cambia y transforma el modelo econmico extractivista. La conservacin de esta situacin de subordinacin a la geopoltica del sistema-mundo capitalista abre las compuertas para las salidas perversas, para las opciones colaterales al enriquecimiento, desencadenando la entrega compulsiva a las prcticas destructivas y des-cohesionadoras de la corrupcin. Se entiende entonces que la casta poltica gobernante haya asumido como su concepcin de la poltica esta concepcin mercantil de la misma.

En conclusin, la dramtica historia de ambos procesos bolivianos se pueden explicar por esa falta de voluntad utpica, por esa ausencia de tica revolucionaria, dispuesta al gasto heroico y al sacrificio, para transformar el mundo, para abrir la posibilidad de hacer emerger otra realidad alternativa. Se renuncio rpidamente a este impulso vital, a la potencia social, a la voluntad que se opone al mundo y a la historia para construir otro mundo y otra historia.



[1] Declaraciones hechas despus del violento y torpe desconocimiento de los derechos del senador del departamento de Pando, Manuel Limachi, a armar su equipo de confianza y de apoyo. No se le permiti hacer esto, manifestando claramente una intervencin delictuosa en temas administrativos de la Asamblea Legislativa. No se inmutan ni se ruborizan ante el despliegue bochornoso de tales hechos. Mas bien se reafirman es sus posturas de una manera inslita y estrambtica.

[2] Ver de Jacques Rancire El desacuerdo. Poltica y filosofa. Ediciones Nueva Visin 1996; Buenos Aires.

[3] Ver de Ral Prada Alcoreza Nacimientos de la poltica. Horizontes nmadas 2012; La Paz.

[4] Polica, que es como define Rancire la prctica opuesta a la poltica, que congela a la poltica, usando la represin y el cuidado del orden.

[5] Ver de Ral Prada Alcoreza Quines son los enemigos? Bolpress 2013; La Paz.

[6] Ver de Antonio Negri: El Poder Constituyente. Ensayo sobre Alternativas de la Modernidad. Libreras Prodhifi. Madrid 1994.

[7] Ver de Ernest Bloch Principio Esperanza; tres tomos. Aguilar1977; Madrid.

[8] Se proyecta un ensayo sobre tica y revolucin, considerando como caso intenso a la revolucin cubana. El ensayo ser publicado en Horizontes nmadas y en Bolpress.

[9] Ver de Ral Prada Alcoreza Crtica a la economa poltica del desarrollo. Horizontes nmadas 2012; La Paz. .

[10] Martin Malia: La tragdie sovitique, Histoire du socialismo en Russie 1917-1991. ditions du Seuil 1995; Paris.

[11] Ver de Ral Prada Alcoreza El diagrama de poder de la corrupcin. Bolpress 2012; La Paz.

[12] Sergio Almaraz Paz: Rquiem para una repblica. En Obra completa. Plural 2009; La Paz.

[13] Ibdem: Pg. 453.

[14] En un documento de anlisis del CEDLA se evala los alcances de la nacionalizacin de la siguiente manera: El incremento importante de la renta petrolera que percibe el Estado a partir de 2005 fue resultado de la creacin del Impuesto Directo a los Hidrocarburos por la Ley 3058. Este nuevo impuesto sumado a las Regalas y la Participacin del Tesoro General de la Nacin (TGN) permite recaudar el 50% del valor de las ventas de hidrocarburos, sustituyendo un rgimen tributario que hasta el ao 2004 generaba recaudaciones en permanente declinacin. A este porcentaje se suma con la nacionalizacin el porcentaje variable correspondiente a la participacin de YPFB, que en promedio alcanz al 12,5% a partir del 2008. El total de la renta que se percibe con la reforma del rgimen tributario, entonces, llega como promedio al 62,5%, y no al 82% como le gusta decir al Presidente Morales. Carlos Arze: Bolivia: el proceso de cambio nos conduce a vivir bien? CEDLA 2012; La Paz.

[15] Ver de Ral Prada Alcoreza El nuevo etnocidio. Bolpress 2013; La Paz.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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