Portada :: Venezuela :: La muerte de Hugo Chvez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2013

Caudillismo, caudillos y lderes polticos en Amrica Latina

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Los caudillismos siempre han sido aborrecidos. Su aparicin se vincula al ejercicio autocrtico del poder, en el que proliferan el miedo y la represin. Su correlato, la figura del caudillo. Un personaje deleznable como el rgimen que preside. Los caudillos suelen ser considerados seres enfermizos, con delirios de grandeza, sueos faranicos y proyectos imperiales. Sujetos que acumulan un poder desmesurado, sin control y al margen de las instituciones. Algo parecido a un monarca absoluto. El Estado soy yo, al decir apcrifo de Luis XIV, el Rey sol francs.

Los caudillos nunca han gozado de buena prensa, sobre todo cuando su definicin se homologa a dictadores sin escrpulos. Si echamos un vistazo al siglo XIX latinoamericano, el apelativo se adjudic a figuras como Juan Manuel de Rosas en Argentina y Facundo Quiroga, tan bien descritos por Domingo Sarmiento en Facundo, civilizacin o barbarie. En Paraguay, el mote recay en Jos Gaspar Rodrguez, de Francia, inmortalizado por Augusto Roa Bastos en su novela Yo, el supremo. Ningn pas se libra de tenerlos. En Bolivia, los focos se centran en Manuel Mariano Melgarejo, asesinado en el exilio en 1871. Su personalidad ha sido objeto de mltiples chascarrillos. Alcides Arguedas lo retrata en su obra Los caudillos brbaros. La lista es larga. Entre tantos, un caso singular, Chile, donde el caudillo nunca ocup la presidencia. Ah se habla del hombre fuerte que aglutin a las fuerzas vivas del pas para construir el Estado, Diego Portales. Resulta significativo que en 1973, tras el golpe de Estado, la junta militar, encabezada por Pinochet, adjetivara la sede de la dictadura como Edificio Diego Portales, antes llamado Gabriela Mistral.

Existe, al menos, en Amrica Latina otra perspectiva de anlisis que vincula el caudillismo a las montoneras, llaneros o cimarrones, identificndolo como un movimiento social cuasi espontneo y popular. A decir de Gastn Carvallo, uno de los grandes especialistas, el caudillismo es pues, en buena medida, la expresin ms acabada del bochinche. Individualista y anrquico, invertebrado, tiene en sus genes la grave contradiccin de esos sentimientos y aspiraciones que, paradjicamente, se encuadran en una organizacin que an cuando laxa tiende a crear jerarquas que casi siempre caricaturizan la organizacin militar sin encontrar su fundamento en un cuerpo doctrinario. En Venezuela, el movimiento de los llaneros, durante la segunda repblica, 1813-1814, hace mrito a la definicin. La figura controvertida de su caudillo, Jos Toms Boves, apodado El len de los llanos, aglutin a las clases populares y los campesinos pobres. Dspota o un caudillo popular, segn las versiones, Simn Bolvar lo inmortaliz con el mote de Azote de dios. En cualquier caso, se enfrent a la oligarqua criolla que lo detestaba. Si el caudillismo es un movimiento social, los caudillos acaban negando su esencia. Imponen su voluntad por medio de favores y privilegios, abriendo una brecha infranqueable al reprimir el movimiento. Nuevamente cito a Carvallo: El caudillo tom su condicin real de autcrata desptico, buscando con ello la estabilidad con base en mtodos que muy poco o nada tenan que ver con el carcter caudillista original. Es decir, el caudillo, para perpetrarse, tuvo que enfrentar su propia base de apoyo.

Para la historiografa oficial y la sociologa acadmica el caudillo se asocia a grandes propietarios terratenientes. Oligarcas y caciques regionales que mutaron disputando el poder del Estado. Como caudillos aborrecieron y renegaron de las clases populares, descargando sobre ellas una violencia extrema. Preocupados por mantener el poder, el caudillo, siempre actu en defensa de los intereses de las clases dominantes. Su aparicin, en algunos casos, estuvo motivada por una crisis de legitimidad y un miedo hacia las revoluciones populares. El prototipo de caudillo en Amrica Latina lo tenemos en la figura de Rafael Lenidas Trujillo, conocido como El jefe, cuyo poder omnmodo, en Repblica Dominicana, lo ejerci desde 1930 hasta el da del magnicidio, el 30 de mayo de 1961. Otro ejemplo de caudillo fue el dictador espaol Francisco Franco. Las monedas de curso legal en Espaa, durante ms de 40 aos, traan su efigie con el lema Francisco Franco, caudillo de Espaa por la gracia de Dios. Ambos se hicieron nombrar generalsimos y se valieron de una supuesta personalidad carismtica para urdir sus redes de privilegio, exclusin y muerte.

En Amrica Latina tenemos caudillos, dictadores y tambin dictadores-caudillistas, estos ltimos cobijados bajo el paraguas del poder militar. Por ejemplo, Duvalier en Hait, Somoza en Nicaragua, Stroessner en Paraguay, Prez Jimnez en Venezuela, Estrada Cabrera en Guatemala, Tiburcio Caras en Honduras y Fulgencio Batista en Cuba. Es verdad, caudillos, dictadores y dictadores-caudillistas poseen rasgos comunes. Todos se proclaman salvadores de la patria. Cuando ejercen el poder se encuentran libres de ataduras ticas, morales y, sobre todo, poltico-institucionales. Se consideran hroes librando una cruzada contra el maligno, muchas veces representado, como no poda ser de otra manera, en el siglo XX y XXI, por el marxismo, el socialismo, el comunismo o ideologas disolventes de la civilizacin occidental, la familia, la patria y Dios.

Nuestra Amrica lleva dos siglos de vida independiente y an destila escritores, cientficos sociales y publicistas que etiquetan cualquier proceso poltico popular, antiimperialista y anticapitalista como el resurgir de un populismo encabezado por un caudillo. El imaginario comn, Juan Domingo Pern en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Arnulfo Arias en Panam, Jos Figueres en Costa Rica, Paz Estenssoro en Bolivia o Velasco Ibarra en Ecuador. Es posible que caigan en esta denominacin Lzaro Crdenas o Plutarco Elas Calles. En esta dinmica, dejndose llevar por un rechazo a los movimientos populares como motores del cambio social, se descalifica, caricaturiza y declara obsceno a lderes polticos cuya autoridad radica en la capacidad de convencimiento en las urnas y no en un discurso populista o un quehacer caudillista. Lo nacional-popular incomoda.

Los publicistas del nuevo caudillo confunden, manipulan y pierden rigor terico y poltico en pro de una explicacin sesgada. Con un tono neutral-valorativo dicen mantener las distancias. Creo, confunden caciques, caudillos y caudillos con lderes polticos y liderazgo social. En esta dimensin el lder, a diferencia del caudillo, autcrata por excelencia, sobresale por la capacidad de conduccin, siendo sus cualidades a destacar la rectitud, la moral, la virtud tica de poder y el respeto a sus conciudadanos. El carisma y la personalidad influyen, pero en el lder se disuelve y trasforma en legitimidad cotidiana. El lder no vive del carisma poltico, a decir de Weber. Y lo ms destacable: el lder no se limita a administrar el poder, es precursor, tiene la capacidad de transformar el orden constituido. Su liderazgo deviene autoridad participante. Es un mandar obedeciendo lo que identifica el liderazgo. As se complementa con un papel activo de la ciudadana, al contrario que el caudillo que disuelve y reprime la participacin popular.

Liderazgos polticos afincados en proyectos democrticos escasean en el mundo y hay pocos en Amrica Latina, de ah su relevancia cuando surgen. Los lderes se impregnan de la historia de sus pases, recorren el territorio, hablan con su gente, escuchan y saben interpretar los anhelos de justicia social, las demandas de los trabajadores, las mujeres, la juventud y los pueblos originarios. Por ello cuando se asocia a Hugo Chvez con un movimiento caudillista y se le adjetiva como caudillo se est cayendo en un despropsito. Hugo Chvez no ha sido caudillo ni jefe de un movimiento caudillista. Apegado a la Constitucin, respetuoso de las libertades pblicas, civiles e individuales, nunca estuvo por encima de las leyes ni reprimi, torturo, exili o mando asesinar a miembro alguno de la oposicin. Todos, rasgos inherentes a los caudillos y sus regmenes. Hugo Chvez ha sido un lder, un estadista para su pueblo y Amrica Latina. As se le recordar, muy a pesar de sus detractores.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/03/31/opinion/018a1mun



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