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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2013

Violencia y rebelin desde el gobierno de Espaa

Vctor Alonso Rocafort
Colectivo Novecento


El padre del pensamiento liberal, John Locke, en su Segundo ensayo sobre el gobierno civil especifica que cuando un gobierno usurpa las libertades, entrega el gobierno a la sujecin de un poder extranjero, se corrompe, o conduce la sociedad de un modo distinto al que esta ha prescrito, el derecho de resistencia ciudadana est ms que justificado. Para el ingls los autnticos rebeldes en este caso son los gobernantes. Locke, basndose en la raz latina re-bellare, indica que en cualquiera de estos supuestos el gobierno est protagonizando una vuelta al estado de guerra. Ante el desprecio gubernamental por la poltica, la ciudadana debe defenderse para reinstaurarla.

Parece que las acciones del gobierno espaol casan a la perfeccin con la descripcin lockeana en los cuatro casos mencionados. Pero adems de rebelde, el gobierno es violento. Qu significa esto?

Los vnculos del gobierno se han establecido con la oligarqua; a ella favorecen sus decisiones y hasta las leyes. Basta con repasar el relato de la accin gubernamental socialista y popular durante la crisis, echar un vistazo a los indicadores de desigualdad, a los de concentracin de poder, al fenmeno de las puertas giratorias o recordar su desprecio por el programa electoral. Cuando el gobierno ordena a la polica echar a la gente de sus casas, golpear y detener a quienes solidaria y pacficamente tratan de impedirlo, est defendiendo una vez ms los intereses de unos pocos. En este caso los de los propietarios de los bancos.

Se supone que la polica es una institucin pblica, pagada por todos y que nos debe obediencia a travs del poder poltico. Si este no nos representa democrticamente, la polica pierde tambin el vnculo ciudadano. En realidad aceptamos que el monopolio de la violencia reside en el Estado porque el gobierno que lo dirige es democrtico. Si hay dudas sobre esto, se quiebra algo imprescindible: la confianza. Dejamos de imaginar proteccin al ver a gente vestida de azul, para sentir inquietud e incluso miedo.

El gobierno de Espaa utiliza as, pervirtindola, una fuerza que no es suya es nuestra! al servicio de intereses espurios. A la vez limita derechos fundamentales como los de reunin o manifestacin para contener la protesta. Por todo ello, en lugar de pensar que el gobierno vela por nuestra seguridad a la hora de hacer cumplir las leyes, decimos que es violento.

Si esto es as, cmo hacer frente a la violencia del gobierno, que ya no creemos legtima, cuando se presenta armada en la puerta de tu casa? Qu hacer cuando jvenes, parados, mayores y nios se ven en la calle, soportando adems una deuda impagable?

Hannah Arendt apostaba por distinguir claramente las reglas que rigen poltica y violencia. En la primera reina la palabra y la escucha a la hora de lidiar con los inherentes conflictos de la ciudad. En la segunda solo hay espacio para el silencio forzado, el grito o los lamentos; domina el rugido de los instrumentos que daan. En la poltica las decisiones se toman deliberando entre todos, sin exclusiones, con un poder de decisin equitativamente repartido. Se cuida de lo pblico desde lo pblico. Cuando domina la violencia se impone la disciplina jerrquica, la obediencia sin discusin y la construccin del enemigo ante cualquier disidencia. Mientras, la poltica cultiva la amistad con el diferente, que puede y debe expresarse. Hay libertad de movimiento al pensar, al transitar por el mundo y en las diversas alianzas que se trencen. No hay bandos. La violencia en cambio son hermandades cerradas al combate; es destruccin, aunque su fin declarado sea otro ms excelso.

El sentido de la poltica, lo que la hace marchar, es a cada instante la libertad.

A pesar de la defensa que toda su vida mantuvo por la poltica, Arendt haba escrito a comienzos de los aos cuarenta, en la revista neoyorquina Aufbau, una serie de artculos animando la conformacin de un ejrcito judo. Entonces sostuvo que era imprescindible tomar la iniciativa en la autodefensa frente al nazismo, as como erigirse en sujetos de cara a la negociacin de una futura paz. Es ms, en su polmico libro sobre Adolf Eichmann, haba criticado la pasividad de los judos que eran conducidos a los guetos, a los campos, a las cmaras de gas. Arendt saba lo que peda en estos escritos. Reconoca que una vez el ciudadano se torna soldado, cuando posteriormente regresa a la ciudad tras las experiencias sufridas en el frente, se ha convertido en un ciudadano herido. La opcin por la violencia es trgica. Te introduces en un terreno enfangado de graves renuncias; sobrevienen las jefaturas, el miedo, los enemigos y en ltima instancia los asesinatos. De racionalizarse, ya solo cabe esperar el Terror. Sus fantasmas te acompaarn de por vida.

Qu hacer entonces en la Espaa de 2013? Es un contexto muy distinto, pero nos sirven estas reflexiones?

De las mltiples iniciativas ciudadanas contra este gobierno, ninguna aboga por la violencia. Al contrario, estn suponiendo una extraordinaria apuesta por el tipo de poltica que describi Arendt. El gobierno, medios afines y un partido como UPyD han empleado sin embargo palabras muy gruesas en sentido contrario. Han acusado a familias y ciudadanos agrupados en las Plataformas de Afectados por la Hipoteca de ejercer la violencia al modo de los terroristas, e incluso de apoyar a ETA.

El gobierno est construyendo un enemigo, no est dialogando. El fin es ejercer la represin ms cmodamente, como acaba de demostrar la orden del Ministerio del Interior sobre los escraches. No resulta as casual que quien se haya expresado de forma ms contundente estos das haya sido quien manda sobre la polica en Madrid, Cristina Cifuentes. Con esta criminalizacin tratan asimismo de justificar el rechazo a la propuesta de la PAH en el Parlamento.

Los escraches sobre representantes del partido en el gobierno son un brusco recordatorio a la olvidada responsabilidad de quien gobierna. T me has ignorado, pero estoy aqu. Tus firmas burocrticas, tu gesto al apretar un botn, tienen consecuencias sobre personas como yo. Estas afirmaciones surgen contra la ceguera moral del gobernante, y son el ltimo recurso ante la quiebra de la representacin democrtica. Armados con silbatos y pegatinas, los desahuciados y quienes con ellos se solidarizan llevan la protesta hasta los espacios privados. Aparece tambin la persecucin. No golpean, y expresamente se identifican como pacficos.

El riesgo de violencia est presente, qu duda cabe. Cuando los absolutos se introducen en la escena, cuando la rabia ofende tanto el sentido de la justicia que explota y cuando se seala al otro como enemigo para (con)vencerlo sin escucharlo, se renuncia a la construccin democrtica de otra poltica. De ah que cada paso deba pensarse y toda crtica que no desea marcarte como objetivo deba atenderse. Pues nadie quiere parecerse a aquel frente al que se resiste. Y a la vez nadie quiere que lo echen de su casa. Ni que le dejen sin sanidad pblica. Ni que lo golpeen impunemente o le obliguen a pagar una deuda que no es suya. Ah est la tensin.

Pero no nos equivoquemos. Si alguien se ha comportado como una organizacin violenta ha sido el gobierno. Es l quien ha apostado por salirse de la poltica. Se ha rebelado contra la democracia, dejando sin apenas opciones a mucha gente. Las vctimas de los desahucios tan solo renuncian a seguir el camino de las expulsiones con la cabeza gacha. Se erigen como sujetos activos que toman decisiones propias, que apuestan por una resistencia en las lindes de la accin poltica en defensa de sus derechos y de los nuestros. De ah que merezcan el apoyo del resto de ciudadanos, lo que tampoco supone un cheque en blanco.

El problema es que el gobierno no desea retornar a la poltica. Se resiste a dejar de jugar en un campo donde cree tener las de ganar. Ha demostrado adems en mltiples ocasiones su torpeza en esta crisis y, si puede, incendiar. Antes de lamentar cualquier punto violento de no retorno es preciso que el poder de los muchos, pacficamente y en las calles, haga caer a este gobierno rebelde. Si esto no sucede pronto, la responsabilidad de lo que pueda pasar en estadios posteriores tambin ser nuestra. As que dmonos tambin por enterados.

http://colectivonovecento.org/2013/04/02/violencia-y-rebelion-desde-el-gobierno-de-espana/


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