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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2013

Publicacin de "El futuro es un pas extrao" de Josep Fontana
La tirana de la multitud

Pasado&Presente


El maestro ataca de nuevo. Ahora con El futuro es un pas extrao, producto del inmenso trabajo acumulado en Por el bien del imperio (P&P 2011) y de su reflexin alarmada ante los sntomas de la inmunodeficiencia social adquirida. Para Josep Fontana los rasgos ms visibles de esta patologa son la privatizacin de la poltica, primero, y la del propio estado ms adelante, que se guarece de los ciudadanos tras un fuerte aparato represivo: Todo apunta a un futuro de retorno hacia una privatizacin global semejante a la de los tiempos feudales. [Vamos hacia una] nueva sociedad de la desigualdad.

Es muy difcil no estar de acuerdo con el gran historiador cataln. Aunque le podemos regatear un poco en lo del feudalismo. En realidad a lo que estamos asistiendo es a las consecuencias de la regeneracin de la fe capitalista, tan deturpada desde hace ms de dos siglos por debilidades absurdas, renuncias innecesarias, concesiones arrancadas a viva fuerza o temores irracionales que, en su poca dorada, le haban hecho caer en un cierto sentimiento cristiano de culpa. Oportunamente, la luz de Trenton (Estados Unidos) est devolviendo a la fe capitalista su pureza primigenia, aquella que ilumin en el siglo XVIII a Gran Bretaa, su anciana madre. Tras la revolucin gloriosa (aunque ya vena de antiguo), la aristocracia terrateniente y la burguesa comercial britnicas privatizaron la poltica por el simple procedimiento de apropirsela, enmascarndolo con un camelo de democracia electoral inexistente. El Banco de Inglaterra, la Compaa de las Indias Orientales y la Compaa del Mar de Sur privatizaron luego el estado controlando la Corte, el Gobierno, las dos cmaras del Parlamento y los tribunales de justicia. Los lobbies de comerciantes y manufactureros, como la Compaa de Rusia, la Compaa de Levante, la Compaa de la Baha del Hudson, la Society of West Indies Merchants, la Midland Association of Ironmasters o el West Riding Committee of Worsted Manufacturers transmitan su voluntad al gobierno (que era su hechura) y dictaban las leyes adecuadas al Parlamento (donde se sentaban ellos mismos). En aquel mundo de pureza capitalista, la desigualdad entre los hombres era tan natural como la que se daba entre los zorros y sus cazadores. Los grandes apstoles del Nuevo Testamento del beneficio a ultranza guiaban a los fieles: Los hombres son ms felices si se hallan en la desigualdad y la subordinacin, escriba el doctor Johnson, al tiempo que anunciaba un porvenir de progreso indefinido. El duque de Devonshire que, cuando no estaba en su castillo rural, viva en Saint James, en el lujoso palacio que le haba construido John Nash, tena unas rentas de 50.000 libras anuales, mientras que Edward Farmer, deshollinador que viva en una covacha del East End, sudaba holln para ganar 12 libras al ao. Por qu no? No hay que confundir the classes with the asses. A lo largo del siglo XVIII la renta per cpita inglesa creci un 4,5 % (cuidado con las estadsticas), pero los impuestos se multiplicaron por 18 en trminos reales (tambin aqu cuidado con las estadsticas). Lo cierto en cualquier caso es que los impuestos directos pasaron de constituir el 36 % de los ingresos de la hacienda, al 16 %, mientras que los indirectos, que partan del 26 % llegaron al 75 % a finales de siglo. Con esta imposicin regresiva, el estado (o sea, los que ya sabemos) transfiri desde los consumidores pobres a los grandes financieros el 40 % de toda la imposicin fiscal, o sea el 5 % de la renta nacional britnica. Estastransferencias, junto con el diferencial entre precios y salarios, fueron la mayor fuente de financiacin de la industria britnica. Lo explic muy bien el mayor economista de aquel tiempo y, por lo que parece, de todos los tiempos: En una sociedad civilizada [sic], los pobres proveen para ellos mismos y para el enorme lujo de sus superiores [sic]". Adems, el precariado de la poca no tena de qu quejarse; poda acogerse a las generossimas leyes de pobres, hospedarse en las fastuosas workhouses o residir en las espectaculares crceles privatizadas, que acogan de buen grado a quienes segn la Black Act no saban respetar la propiedad privada, ni la religin, ni tenan la decencia de pagar sus deudas y arrastraban por las calles sus borracheras de ginebra solo para que Hogarth los dibujara. Hacia mediados de siglo, casi la mitad de los presos del Kings Bench lo estaban por deudas. Si el acreedor no les haba esquilmado, podan alquilar una celda individual al empresario-alcaide por cinco libras. Si no, se le hacinaba en una celda comn de cincuenta metros cuadrados rebosante de morosos con sus mujeres e hijos, todos infectados de viruela entonces mortal. Ese fue el destino de Robert Castal, el autor de The Villas of the Ancients.

En la Canan del capitalismo, sin embargo, el precio justo del pan equivala a nuestra actual nocin de estado de bienestar. Era una lnea roja. Cuando suban los precios, se producan de inmediato miles (literalmente) de motines de subsistencia que se concretaban en acciones populares directas, disciplinadas y con objetivos muy bien definidos, como nos explic Thompson hace ya muchos aos. La multitud era pronta y diligentemente masacrada por el ejrcito. El Scots Magazine ya adverta en julio de 1754 que los pobres siempre estn dispuestos a amotinarse y a hacer dao y no pasar mucho tiempo sin que cometan desmanes. Los cometieron por toda Europa durante doscientos aos. El ms inteligente de todos los reaccionarios britnicos, Edmund Burke, advirti claramente que el enemigo de su fe siempre estaba al acecho y haba que velar para impedir la tirana de la multitud. Parece que el capitalismo ha aprendido la leccin. Y nosotros, los herejes?

Fuente: http://pasadopresente.com/blog/41-la-tirania-de-la-multitud


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