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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2013

La revolucin ciudadana y el cambio cultural
Lo que est en juego en Ecuador

Mario Campaa
Rebelin


Siete aos ha tardado el gobierno de Rafael Correa en situar a la transformacin cultural en el centro de su programa. En julio de 2009 un grupo de profesionales firmamos una carta abierta pidiendo esa transformacin, pero entonces el gobierno eludi el tema y trunc el debate a que lo invitamos.

Ahora, en el umbral de un nuevo periodo de gobierno, se perfilan dos lneas acerca de lo que debe ser ese cambio cultural. No es exagerado pensar que buena parte del destino del pas en las prximas dcadas depender de lo que ocurra en este proceso. Es necesario, pues, que los ecuatorianos tratemos de distinguir los contenidos de ese cambio cultural, tal como lo anuncian sus postulantes, sobre todo porque las dos lneas que se perfilan son conceptualmente opuestas.

Por un lado, el partido de gobierno Alianza Pas- y la Secretara Nacional de Planificacin y Desarrollo -SENPLADES- anuncian una revolucin cultural que persiga la implantacin de una cultura democrtica y equitativa; por otro, el presidente de gobierno y el secretario de Educacin Superior, Ciencia y Tecnologa apuntan a un cambio cultural con una meta distinta: la cultura de la excelencia, la eficiencia, la responsabilidad, hacer las cosas extraordinariamente bien (RC, El Telgrafo, entrevista de 15 de enero de 2012) .

Democracia y Equidad, por un lado; Excelencia y Eficiencia, por otro. La diferencia no es ni irrelevante ni inocua: estn en juego dos modelos distintos de sociedad. Los dos binomios no son complementarios, como quiz podra parecer en una mirada acrtica (Por qu no se puede premiar el mrito, por qu no se puede aspirar a la eficiencia, en una sociedad democrtica, seran las primeras preguntas, obvias). Los dos binomios son en verdad opuestos. El primero (democracia/equidad)es radicalmente incompatible con el segundo (excelencia y eficiencia).

El primero se basa en el principio de igualdad moral entre todos los ciudadanos, que complemente la igualdad jurdica. Cualesquiera que fuesen las diferencias de mrito, de desarrollo educativo, intelectual, artstico, cientfico, artesanal, las de edad, gnero, raza, linaje, hbitos, habilidades sociales o caractersticas fsicas entre los ciudadanos, por encima de cualquier distincin, a todas las personas les debe ser reconocido un mismo valor moral. En la cultura democrtica no cabe hablar de superioridad moral alguna. En su discurso, las supuestas superioridad o inferioridad, excelencia o mediocridad, forman parte de un pensamiento a superar: ningn mrito, ninguna excelencia, por innegable y deseable que fuere, puede sustentar preponderancias o privilegios.

El segundo binomio afirma que existe una diferencia entre ciudadanos que debe ser legtimamente tenida en cuenta y destacada: la diferencia moral, es decir, la que est fundada en el mrito, que distingue a personalidades superiores (excelentes), capaces de hacer las cosas extraordinariamente bien, de las inferiores (mediocres). Esa diferencia moral sera la base del estatus y relevancia de cada persona en la sociedad: los derechos y las funciones de las personas derivan de sus mritos. El excelente y el mediocre no deben ocupar el mismo rango. Como se ve, las diferencias son profundas: los dos binomios son tan incompatibles como obviamente lo son las nociones de igualdad y jerarqua, de paridad y rango. La meta de una revolucin cultural democrtica es la equidad moral entre todas las personas; no puede ser la consagracin del mejor, ni de la excelencia, ni del mrito, ni la grandeza ni la gloria de nada ni de nadie, sino, simplemente, la instauracin de una libre comunidad de iguales (Rousseau), una sociedad sana, con una vida pacfica y respetuosa, de laboriosidad, creatividad y solidaridad entre las personas, cualquiera que fuera su condicin. En una sociedad as no hay jerarquas entre las personas y un presidente, un catedrtico, un general o una reina de belleza tienen el mismo valor y el mismo lugar moral que un obrero, una asistenta domstica o un desempleado.

En cambio, la meta del giro cultural propuesto por Rafael Correa es formar trabajadores manuales e intelectuales eficientes y disciplinados, segn los requerimientos del programa de industrializacin planeado por el gobierno. Es, en resumen, el modelo cultural del capitalismo desarrollado, alimentado como ha estado siempre por fuentes tanto aristocrtico-burguesas como eclesisticas, que desde hace ms de dos mil aos difunden una idea de sociedad basada en la metfora del cuerpo: la cabeza (la excelencia) destinada al mando, y los pies (la mediocridad) a la obediencia. Con ese cambio cultural la superioridad, preponderancia o rango ya no se establecern en base al poder econmico, como ocurre ahora, sino al mrito o excelencia. Un presidente del gobierno, un general o una reina de belleza sern considerados, como en el pasado y el presente de Ecuador, moralmente superiores a uno cualesquiera de los ciudadanos (Con quin cree usted que est tratando?; usted no sabe con quin est tratando, son frases tpicas de Correa, para quien tratar con l no es lo mismo que tratar con un ciudadano ms, como lo sera para un demcrata, por mucho que algunos hablen de compaero presidente).

Desafortunadamente, ninguna revolucin cultural democrtica podr arrancar si tiene ante s a la presidencia del gobierno y a los ministerios y altos organismos de direccin militando por la causa capitalista de la excelencia, la causa de los hombres superiores contra los inferiores o mediocres. Es necesario un debate a fondo. No cabe duda de la precedencia y urgencia que requiere una revolucin cultural democrtica, sin la cual las famosas excelencia y mritocracia solo sern parte de la chchara con que se entretiene a los ecuatorianos en la larga historia de su humillacin. La dignidad y equidad de todos es la meta reclamada por los ecuatorianos y debe ser el objetivo de una revolucin autntica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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