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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2013

El eterno retorno de Berlusconi. Y quin lo hace posible...

Rossana Rossanda
Sin Permiso


El ataque a Bersani para que no se presentase ante las Cmaras, el plan B con Berlusconi, que vuelve a ser protagonista, siguiendo el guin del Quirinal. Entre una izquierda subalterna y la carencia histrica en Italia de una derecha al menos formalmente democrtica, nos deslizamos por una deriva mortal para nuestra frgil democracia.

Ni Hollande ni Bersani son revolucionarios ninguno, pero no recuerdo haber asistido a una guerra ms violenta que la que se libra contra ellos. Verdadera guerra de clase, tiene razn Gallino: la derecha propietaria al ataque contra todo aquel que no sea neoliberal puro. En Francia, la derrota de Sarkozy se ha visto seguida por una ofensiva patronal dursima, cierres, despidos, deslocalizaciones que han aumentado de golpe un desempleo ya fuerte debida a la crisis: ms de tres millones de parados, sin contar otros dos millones de personas que se ven forzadas a trabajillos sin continuidad ni derechos. La gente comn, cuyo poder adquisitivo se va diezmando mes a mes, reprochar con mayor aspereza todava al gobierno socialista no haber mantenido sus promesas. En resumen, fuego a discrecin a derecha e izquierda.

En Italia, Pier Luigi Bersani ha sido objeto de una destruccin sistemtica por parte del Quirinal [residencia del presidente de la Repblica] y de la prensa, por haberse atrevido a proponer que se verificase en las Cmaras una propuesta de programa, desde luego modesta, pero con la esperanza no infundada de obtener algn voto del ejrcito de diputados grillinos, que son una armata Brancaleone [1] sin programa, entre los cuales se poda encontrar una docena de votos, como se ha encontrado para la presidencia del Senado. El Quirinal no se lo ha permitido, como si fusemos ya una repblica presidencial. Bersani no ha aceptado, pero ni siquiera se ha rebelado contra la voluntad del jefe del Estado. As va avanzando el llamado plan B, que apunta a reintroducir en el gobierno a un Berlusconi ms descarado que nunca: quiero esto, quiero aquello inoxidable, persuadido de poder proponer para el gobierno una mayora de la que sera parte fundamental y para el Quirinal un hombre suyo (Letta [2] o, por qu no, yo mismo).

No s cunto habra durado un gobierno como el propuesto por Bersani, aunque se le hubiera permitido sacrselo a las Cmaras, pero lo que es seguro es que el sentido de la prohibicin presidencial estriba en reabrir el camino a una unidad nacional de la que Berlusconi debe ser una parte determinante. De algn modo, el hecho de que Napolitano le haya recibido en el Quirinal despus de que el Cavaliere hubiera vomitado sus insolencias dos das antes en Piazza del Popolo, le ha legitimado, polticamente hablando. Y en toda Italia parece haberse exhalado un suspiro de alivio, basta de descalificaciones, quien propone y decide es el voto popular, tesis que en el siglo XX ha dado el poder a las dictaduras fascistas. Por qu Italia no ha querido en absoluto a Bersani? No desde luego, repito, porque tuviera un programa subversivo ni extremista, siquiera antieuropeo, sino bastante vagamente reformista, porque tena relaciones con Vendola y la FIOM [sindicato del Metal], porque haba permitido que en su partido anidaran peligrosos sujetos como Orfini y Fassina [3]. Esto haba que bloquearlo.

Ha llegado el momento de dejar de preguntarse cmo es que Berlusconi vuelve a reaparecer en la escena poltica. Hace falta reconocer que cuando parece del todo abatido, hay siempre una mano a derecha o izquierda que lo saca del pantano en el que se encuentra. Hace falta que nos preguntemos por qu por quinta vez este escenario se repite y si no hay en el pas un defecto bastante profundo que permite esa inclinacin. Parece evidente la responsabilidad de una izquierda concretamente del PCI, que haba sido en la postguerra la ms relevante e interesante de todo Occidente por no haber examinado las razones del derrumbe del 89, cuando los hijos de Berlinguer se han convertido de golpe a Fukuyama (la Historia ha terminado) con la misma impermeabilidad que haban opuesto a quien, hasta un mes antes, haba suscitado alguna crtica al sistema sovitico.

Pero, una vez admitida esta debilidad de la izquierda y de los comunistas en particular, es imposible no preguntarse porque Italia parece incapaz, ya histricamente, de dotarse de una derecha al menos democrtica, no al borde de la imputacin en nombre del cdigo penal. Y esta es una maldicin que nos persigue desde la unificacin del pas y no parece desde luego que los diez sabios propuestos desde la Colina [del Quirinal] estn en situacin de enfrentarse a sus razones y extirpar las races. Derecha e izquierda parecen enfermas en su mismo fundamento cultural y moral; la razn de fondo por la que nos encontramos en la fesima situacin de hoy est, evidentemente, aqu; hasta que no se haga seriamente este diagnstico, no saldremos, ni siquiera cuando no faltan, como hoy, razonables propuestas para bloquear una deriva que parece mortal para nuestra joven y frgil democracia.

NOTAS T.: [1] LArmata Brancaleone es el ttulo de una legendaria comedia cinematogrfica italiana de 1966, dirigida por Mario Monicelli. La expresin se utiliza como en espaol el ejrcito de Pancho Villa para referirse a una agrupacin irregular, catica o pintoresca. [2] Enrico Letta (1935), uno de los hombres de confianza de Berlusconi, fue candidato de la derecha a la presidencia de la Repblica en la eleccin de 2006 en la que las Cmaras escogieron a Giorgio Napolitano. [3] Matteo Orfini (1974) y Stefano Fassina (1966), ambos diputados, pertenecen a los llamados Jvenes Turcos, una de las corrientes de izquierda del Partido Democrtico. Orfini es responsable de Cultura e Informacin; Fassina, de Economa y Trabajo.

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Lucas Antn

Fuente:  http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5850#



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