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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2013

Inercia y repetitividad discursiva del proceso de cambio

Arturo D. Villanueva Imaa
Rebelin


A finales del mes de marzo pasado se conmemoraron 18 aos de la fundacin del partido de gobierno, el MAS-IPSP. La celebracin de dicho aniversario fue organizada con la participacin de las ms altas autoridades de los poderes Ejecutivo y Legislativo, incluyendo al Presidente y Vicepresidente del Estado Plurinacional en la ciudad de Santa Cruz, otrora capital representativa de la oposicin derechista y neoliberal del pas y que ahora constituye la principal plaza de disputa electoral, de acuerdo al incremento y el total poblacional establecido preliminarmente por el censo de poblacin efectuado el ao 2012.

Es precisamente all, donde adems reside el principal motor econmico y financiero capitalistas de Bolivia, donde el gobierno inocultablemente despliega una estrategia de seduccin para desplazar y conquistar aquella reticente y tradicionalmente opositora regin a los impulsos de transformacin democrtico cultural; donde se efectuaron los principales actos de celebracin y se tuvo la ocasin de escuchar una vez ms las palabras del Presidente y Vicepresidente.

Muy en contrario a una alocucin de la que se esperaba pueda evaluar crticamente lo avanzado en 18 aos desde la creacin del partido oficialista y ms de 7 aos gestin gubernamental; pudiera, adems, delinear claramente las tareas que quedan pendientes en la marcha del proceso de transformacin y cambio, la estrategia que se espera seguir para alcanzar los objetivos planteados, y un mandato poltico para encarar las acciones principales que siguen a futuro; en realidad hubo que conformarse con aquel trillado, incansable y repetitivo discurso, que se ha convertido en una constante y tediosa prctica que el Presidente Evo Morales ejercita no hace meses, sino aos de gestin gubernamental.

Se trata de una especie de libreto memorizado, pero que adems se repite y reproduce casi cotidianamente en los innumerables viajes y entrega de obras que efecta en diversos lugares del pas, en una rutina que no tiene pausa para la reflexin y el anlisis sobre lo que verdaderamente importa para alcanzar los objetivos de la descolonizacin, la lucha antiimperialista, la liberacin nacional, la construccin del paradigma alternativo al capitalismo salvaje y el neoliberalismo en decadencia y, en fin, al socialismo comunitario para Vivir Bien en armona con la naturaleza que, prcticamente, han dejado de ser mencionados.

Parecera como si el proceso se hubiese agotado tan pronto (muy en contra de las pretensiones electorales y el discurso que se ufana en anunciar larga vida al mismo), en una especie de crculo vicioso que no cambia ni se renueva; pero lo que es peor, se realimenta en la autocomplacencia del propio Presidente, que no se cansa de repetir permanentemente lo mismo y no encuentra mejores ideas que compartir, ni propuestas que socializar, que no sean aquellas que reafirmen su cada vez ms inocultable inclinacin por la inversin desarrollista, la construccin obras de diverso tipo, la explotacin de los recursos disponibles y la acumulacin de ingresos y ganancias, as como su abierta predileccin por el tamao y la cantidad de cemento que se siembra a lo largo y ancho del pas.

Preocupaciones acerca del discurso presidencial

En correlacin a ello, tres son las preocupaciones que se originan a partir de dicha constatacin: primero, porque denota un nfasis y una preocupacin presidencial por temas que estn alejados del ideario y los objetivos del proceso de cambio, para privilegiar asuntos de forma; segundo, porque ante el extravo ideolgico y el vaco de direccin poltica que debera ser encarada y cubierta por la clase obrera, los pueblos indgena originario campesinos y las organizaciones sociales, resulta realmente preocupante que el propio Presidente y el instrumento poltico contribuyan a banalizar el contenido y orientacin el proceso y, tercero, porque en vez de contribuir al restablecimiento de un sujeto social protagnico que contribuya a profundizar el proceso de cambio y transformacin, opta por asegurarse un sustento social basado en el ofrecimiento y propaganda de obras que solo condice con un estrecho objetivo de campaa para asegurar aquel ansiado apoyo electoral (que constitua el fin ltimo de la partidocracia tradicional y la democracia representativa que utilizaba el voto como sinnimo de participacin social y popular).

Un discurso de este tipo, de ninguna manera contribuye a la profundizacin del proceso, en vista del vaciamiento de contenidos que implica referirse machacona y repetitivamente al incremento de las reservas internacionales y el ahorro interno, la construccin de diverso tipo de obras o la recuperacin de los recursos naturales, pero sin mencionar, por ejemplo, la dependencia y sometimiento al capital, las inversiones, la tecnologa y los intereses transnacionales que an persisten y mantienen al pas en condicin de productores y exportadores de materias primas. Es decir, sin reconocer que an quedan pendientes las tareas de liberacin nacional, la descolonizacin y la construccin del socialismo comunitario para Vivir Bien.

Es preocupante que nada menos que el Jefe de Estado acuda al uso de un discurso que si bien ayuda a socializar logros, resultados y obras que estn en consonancia con la bonanza econmica emergente de los elevados precios internacionales de las materias primas, los hidrocarburos y minerales que el pas explota y exporta; en cambio le hace un flaco favor a la evidente desideologizacin y la prdida de horizonte que sufren las organizaciones y sectores sociales potencialmente revolucionarias que han cado secuestradas por intereses corporativos y sectoriales que les impide abanderar los problemas y las luchas de inters nacional, porque a tiempo de favorecer al vaciamiento de contenidos que implica la utilizacin de este tipo de discurso, tampoco favorece a cubrir el vaco de direccin poltica que le hace falta al proceso y que bien podra y debera ser cubierta por el instrumento poltico (que a su turno tambin se ha enredado en tareas tan estrechas de perspectiva, como la de reempadronar y depurar militantes, sobre una base nada menos que de 60.000 personas de un total de ms de 5 millones de electores- que actualmente forman parte del MAS, segn informacin proporcionada por la propia Vicepresidenta del instrumento poltico).

En fin, es preocupante porque as como la crisis, la depresin econmica y la ruina provocan malestar social y crean condiciones para la movilizacin social y las revueltas (vase lo que ocurre en Europa por ejemplo); as tambin ocurre a la inversa, cuando los momentos de bonanza y xito econmico encubren las contradicciones y ocultan las condiciones de explotacin que se ejerce sobre los sectores mayoritarios, favoreciendo a un ambiente propicio para no emprender ni realizar tareas de transformacin y cambio. Es ms, bajo estas condiciones de bonanza econmica, construccin de obras y desarrollismo, si bien puede ser acompaada por un proceso de empoderamiento social emergente de una nueva correlacin de fuerzas sociales y la ruptura de aquel antiguo sistema de castas dominantes; sin embargo, al no estar acompaado con el empoderamiento econmico comunal y asociativo, en realidad lo nico que favorece es al aburguesamiento de los nuevos sectores emergentes y, por tanto, a su alineamiento ideolgico y poltico con los sectores conservadores y reaccionarios que corresponden a esa nueva realidad de bonanza econmica, acumulacin capitalista y competitividad individualista.

No es pues suficiente socializar el bienestar econmico, la ganancia capitalista y achicar las brechas de pobreza y desigualdad que el Presidente Evo Morales se encarga de ensalzar cotidianamente, llevado por la inercia de un aparato y de un tipo de gestin que parece haber optado por el expediente fcil de los emprendimientos millonarios y la explotacin de los recursos disponibles; sin observar o habiendo sucumbido ante la idea de dar cumplimiento cabal del mandato popular, el ideario del proceso y la propia Constitucin Poltica del Estado.

Las limitaciones del discurso presidencial

Cuando el Presidente Evo Morales opta por un discurso centrado en el objetivo de promover e impulsar las inversiones pblicas y privadas, resaltar la bonanza econmica y la acumulacin de ingresos y ganancias, la cuasi obligacin que reclama para realizar obras de diverso tipo y envergadura, y la insistencia por impulsar el crecimiento de la economa y el desarrollo, en realidad est expresando varias limitaciones que vale la pena mencionar, en vista de la trascendencia que tienen para el proceso.

La ms notoria y evidente limitacin consiste en divulgar y socializar un discurso que siendo acorde a las aspiraciones y necesidades de desarrollo de los pueblos y comunidades, pero lamentablemente responde a la visin de crecimiento y progreso occidental y capitalista, as como a un enfoque extractivista y explotador de los recursos naturales disponibles, que corresponden a las prcticas del capitalismo salvaje. Al reclamar insistentemente en la necesidad de ejecutar los presupuestos disponibles, realizar y construir obras, incentivar la inversin y desarrollar proyectos, si bien contribuye evidentemente a mejorar la eficiencia pblica y dinamizar las economas locales y regionales por el movimiento de los recursos monetarios que se disponen e inyectan desde el gobierno; sin embargo, no han tenido la virtud, hasta ahora, de responder a una visin estratgica de las necesidades locales y regionales, de establecer iniciativas productivas comunitarias y asociativas sobre la base de nuevas relaciones de produccin y trabajo, que sean sostenibles en el tiempo y con empleo permanente y que, adems, cumplan el requisito de guardar una relacin armoniosa con la naturaleza.

As pues, lo que se viene impulsando en la prctica es la construccin y realizacin de obras a como de lugar, importando solo que ellas sean de gran envergadura e impacto monumental. Por otra parte, un discurso como el que utiliza el Presidente Morales, es muy propicio para establecer relaciones paternalistas, prebendales y patrimonialistas, porque sencillamente al estar en juego el acceso a recursos financieros ofrecidos por el gobierno y medirse la capacidad y competencia de las autoridades ejecutivas de los diversos niveles del aparato pblico en la cantidad de obras que realiza o el porcentaje de ejecucin presupuestaria que cumple, entonces no solo est en juego una escala de mayor o menor eficiencia debida, sino tambin de lealtades que acercan o distancian de la figura del Presidente. Este efecto pernicioso, muy til para promover un mayor esfuerzo y exigencia a las autoridades de turno, tambin constituye caldo de cultivo para las pugnas internas, la competencia desleal y el establecimiento de redes prebendales vinculadas al uso y destino de los recursos presupuestarios y financieros disponibles.

El discurso electoralista

En lo que respecta a lo que podra denominarse como el discurso electoral que surge como efecto del lanzamiento de la campaa a 2 aos de la realizacin de las elecciones; lo cual resulta realmente sorprendente, sobre todo en un escenario en el que definitivamente no existe ninguna posibilidad de competencia que no sea aquella que el propio oficialismo se encarga de inventar y crear, llama la atencin tambin el contenido y enfoque del discurso utilizado que paso a analizar.

Como ya fue mencionado ms arriba, cuando se decide poner en marcha la maquinaria electoral, movilizar a los sectores sociales en torno a la candidatura presidencial y privilegiar un discurso electorialista orientado a consolidar y ampliar la base social de sustento gubernamental; en realidad se est cometiendo al menos 3 errores de apreciacin: primero, garantizar la sola reproduccin del gobierno y la reeleccin presidencial al antiguo estilo de la partidocracia derechista tradicional que solo buscaba reproducirse en la gestin gubernamental, dejando de lado el cumplimiento y realizacin de un programa y la profundizacin de las transformaciones sociales; segundo, porque equivocadamente calcula que ganando las elecciones puede asegurar mecnicamente la supuesta continuidad del proceso, olvidando la imperiosa necesidad de construir un programa de transformaciones (no una agenda de desarrollo por ms patritica que se llame) que d continuidad al mandato popular recibido en octubre de 2003 y 2005 y, tercero, porque equivocadamente percibe y entiende que puede resolver las contradicciones, los intereses encontrados y las disputas de poder y por el acceso a la renta nacional y los excedentes producidos por la economa, que ha dado lugar a la desideologizacin y prdida de objetivos de los movimientos y organizaciones sociales; cuando en realidad esta situacin de vaciamiento ideolgico y preponderancia de intereses sectarios, particulares y corporativos, no es sino expresin de las condiciones de explotacin, trabajo y produccin que an persisten y que no se han cambiado, a pesar de los aos que lleva el proceso de transformacin y cambio.

Es decir, que se produce un error de apreciacin, cuando para resolver o atenuar la interminable avalancha de demandas e interpelaciones que plantean cotidianamente diversos sectores sociales en conflictos que bloquean ciudades y caminos del pas, o para superar la penosa desideologizacin de las principales organizaciones sociales del pas que han perdido su orientacin, as como la reivindicacin de asuntos de inters nacional para escoger y privilegiar asuntos sectoriales e inmediatistas que terminan contraponindose entre s; se decide impulsar un discurso electoralista que solo se concentra en la mera candidatura presidencial [1], y nicamente atina a buscar la reproduccin del gobierno y la gestin gubernamental, como si la sola comunin de consignas y coincidencias electorales pudiese borrar los intereses y contradicciones en pugna.

Debera pensarse que la demanda de apoyo popular a las organizaciones sociales y la exigencia de lealtades a la candidatura presidencial que resultan de la campaa electoral lanzada, no ha de impedir que continen surgiendo y multiplicndose disputas como por ejemplo el agua que enfrenta a comunidades, vecinos, autoridades, etc., o por la explotacin de los recursos naturales (sean estos hidrocarburferos o mineros), que tambin enfrentan a cooperativistas, sindicalizados, comunidades originarias, campesinos, etc., en una lucha sin fin que responde a aquella natural vocacin para satisfacer necesidades inmediatas, el acceso al excedente nacional y a los recursos disponibles que garantice aquel bienestar social que, como contraparte inherente a las condiciones y relaciones de produccin imperantes, los pone en competencia y lucha entre y contra todos aquellos sectores que disputen los mismos recursos y fuentes de trabajo, que por cierto son claramente competitivos, individualistas y excluyentes, porque continan respondiendo a relaciones de explotacin y pugna por acceder al excedente generado por una economa, que responde todava a los impulsos conservadores y reaccionarios del capitalismo y la burguesa emergente.

Por otra parte, no puede descontarse que alimentar un discurso electoral centrado en la bsqueda de apoyo y respaldo a la candidatura presidencial, si bien puede servir de termmetro para establecer y consolidar lealtades, tambin desatar e incentivar la ambicin popular para acceder a los beneficios del poder, an a pesar de que discursivamente se desaliente este opcin y se reclame el puro compromiso desinteresado de la poblacin. Es ms, al reclamar y promover el apoyo popular sobre la base de lealtades supuestamente preexistentes, se desatar una competencia para demostrar quines son o estn ms comprometidos con la candidatura, antes que contribuir a la profundizacin del proceso y a la construccin de un programa de transformaciones. Esta competencia de lealtades, como de hecho ya se puede apreciar en el comportamiento de la dirigencia del instrumento poltico y las organizaciones del MAS, ha de derivar y promover una especie de caza de brujas y la depuracin de filas al interior de las organizaciones sociales y el propio partido de gobierno, con el argumento de alcanzar el realineamiento y compromiso militante con el proceso, cuando en los hechos ello significar solo alimentar aquel llunkero (adulonera) denostados, sin limar y menos superar las mltiples contradicciones, tendencias y sobre todo intereses que se vern en pugna por demostrar su lealtad y compromiso.

Ello permite concluir que en la medida en que no se produzca y se promueva una nueva base econmica y productiva, as como nuevas relaciones sociales de produccin e intercambio, basadas en prcticas comunales, asociativas y sociales que sienten las bases para la construccin del socialismo comunitario, entonces no solo persistirn los intereses sectoriales, inmediatistas e individuales, sino que el propio proceso si bien habr contribuido a desestructurar el antiguo sistema de privilegios y romper con aquellos tradicionales mecanismos de exclusin y discriminacin imperantes en el pasado; tambin ser artfice de la emergencia de un nuevo sector aburguesado que buscar restablecer antiguas relaciones de dominacin y explotacin, aun a pesar del origen clasista o tnico cultural del cual surja. Y con ello, en correspondencia al tipo de intereses que representan y la persistencia de relaciones sociales de explotacin capitalista, es claro que los conflictos y disputas por la renta nacional, los recursos disponibles (incluida el agua, la tierra, los hidrocarburos y los minerales), as como la lucha por el poder poltico, continuarn asediando y reproducindose interminablemente, en una secuencia archiconocida de conflictos y crisis que el pueblo sufre desde hace dcadas. Frente a ello, tiene la palabra el seor Presidente.

Nota:

[1] Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, este Estado no debera existir, y al fin no existira. Simn Bolivar. Enero 20 de 1830.

Arturo D. Villanueva Imaa. Socilogo, boliviano. Cochabamba Bolivia

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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