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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2013

Guatemala: sobre el juicio al general Jos Efran Ros Montt
Al general lo dejaron solo...

Marcelo Colussi
Rebelin


Sntesis

La lucha contra la impunidad, en cualquiera de sus formas, es siempre una buena noticia para la especie humana; es una forma de ir afianzando el imperio de la ley, la civilizacin contra el triunfo y la entronizacin del ms fuerte. En ese sentido, en Guatemala el inicio de los juicios que habrn de juzgar hechos considerados delitos de lesa humanidad cometidos por militares hace ms de tres dcadas, es una noticia esperanzadora. Sin embargo, hay que ver esa dinmica a la luz de una lectura ms poltica (de oportunismo poltico incluso) que de triunfo de la causa de la justicia. Los juicios llegan tarde, con un retraso de muchos aos, juzgndose a ancianos que, probablemente, hasta puedan ser considerados inimputables dada su edad. Es significativo que los juicios se den en una administracin manejada por militares, que como cuerpo sern siempre leales a quienes condujeron el conflicto armado aos atrs. Ello lleva a pensar que podra haber en todo esto algo de jugada poltica: se sacrifica a algunos ancianos militares para el caso, un general que ha tenido bastante de problemtico para los grandes factores de poder de la sociedad guatemalteca: Ros Montt hacindole jugar el papel de chivo expiatorio. El cuerpo castrense en su conjunto muy probablemente no sea tocado, y aquellos factores de poder a quienes sirvi durante la Guerra Fra desde el Estado contrainsurgente, no se inquietan, pues sin dudas no estn en la mira. Hay justicia, pero bastante relativa. De todos modos, es buena noticia.

El Estado, se supone, est destinado a armonizar la vida y las relaciones de todos los habitantes que se encuentran bajo su jurisdiccin. Por tanto, es su deber proteger la vida de todos sus ciudadanos, sin excepcin. Si alguno de ellos incurre en graves delitos, en Guatemala, dado que existe pena de muerte, puede llegarse al extremo de condenarlo a ella; pero eso no deja de ser una medida racional, sopesada y, bsicamente, apegada a la ley, a un Carta Magna que as lo establece. En todo caso, se podra refutar la pena de muerte desde una crtica tica, desde principios humansticos. Eso es lo que hace, por ejemplo, la Iglesia Catlica. Pero no es posible condenarla por ilegal, por anticonstitucional. Aplicndola, el Estado no se constituye en homicida; simplemente est cumpliendo con un mandato legal que una determinada circunstancia lo lleva a tomar.

Ahora bien: si el Estado, arbitrariamente, mata a alguien fuera de los marcos constitucionales, incurre en un delito. A eso se le llama terrorismo de Estado. Quin es el responsable en ese caso? El jefe de Estado? Aqul que cometi el asesinato? El que dio la orden? Los cuadros intermedios? Asunto difcil, por cierto. Pero lamentablemente, eso sucedi en Guatemala: el Estado fue responsable de muchos crmenes. Eso est largamente documentado en profundos y concienzudos estudios: el de la Iglesia Catlica, por ejemplo: el Proyecto Interdiocesano Recuperacin de la Memoria Histrica, publicado como Guatemala: nunca ms, que le costara la vida a su mentor, el obispo Juan Gerardi. O el surgido de los Acuerdos de Oslo de 1994 entre gobierno y movimiento revolucionario: el Informe Guatemala. Memoria del Silencio, voluminosa y bien documentada investigacin que realizara Naciones Unidas a travs de la Comisin para el Esclarecimiento Histrico.

Que el Estado practic terrorismo, que fue anticonstitucionalmente un violador de preceptos legales, est demostrado a travs de una cuantiosa documentacin. Sucedi en miles de ocasiones. La guerra interna que se vivi por espacio de muchos aos dio lugar a una enorme comisin de asesinatos por parte del Estado contra poblacin civil no combatiente. Si fueron 200,000 los muertos, o menos de 40,000 como ahora se ha comenzado a decir, eso no cambia la situacin de fondo: no es asunto de cantidades sino de responsabilidades: el Estado no puede matar a sus ciudadanos, as sea que se trate de una guerra civil, tal como la que aqu se vivi. El nmero no lo exime de culpa. Y as fuera uno solo el muerto en condiciones de ilegalidad, no como ajusticiamiento luego de un juicio pblico con todas las garantas del caso, el ilcito no puede tener justificacin. Si no se lo considera un delito, un quebrantamiento de la ley, un acto que merece castigo por ilegal y del que tiene que haber algn responsable, es lisa y llanamente porque la impunidad se impone. Eso, exactamente, es lo que viene pasando en Guatemala desde toda su historia.

Terminado el conflicto armado interno, las heridas que esa catstrofe social dej an estn abiertas. Sin dudas lo estarn por varias generaciones an. 200,000 muertos y 45,000 desaparecidos no son poca cosa; de hecho, fue la guerra contrainsurgente vivida por pases latinoamericanos en estas ltimas dcadas en el medio de la Guerra Fra y las estrategias de Doctrina de Seguridad Nacional ms cruenta de toda la regin. Ello, seguramente, habla de la impunidad que define nuestra historia: una catstrofe social y nadie se hace responsable!

Superar tanto dolor no es fcil. Como una de las secuelas principales de esa guerra tenemos una fortalecida cultura de impunidad, que se asienta en una impunidad ya histrica, estructural. Es decir: se puede hacer cualquier cosa (pasar un semforo en rojo, matar, evadir impuestos, comprar una licencia de conducir, contratar un sicario) con la seguridad que nada pasar. Eso es la impunidad. Nadie se har responsable de los crmenes que cometi el Estado durante la guerra interna? A 17 aos de terminada, parece que no. Pero hay una buena noticia: al menos alguna cabeza visible va a ser juzgada. En realidad: dos. Los generales Ros Montt y Rodrguez Snchez van a juicio por masacres en el rea ixil, Quich.

Empieza a funcionar la justicia en Guatemala? Quiz Pero la respuesta debe ser matizada.

Combatir la impunidad, siempre, en cualquier circunstancia, es una buena noticia. La historia reivindica como un avance civilizatorio los que hoy se consideran histricos y emblemticos juicios de Nremberg, en la Alemania de la segunda post guerra mundial. Por qu? Pues porque la justicia funcion condenando a quienes cometieron delitos de lesa humanidad, para el caso los nazis, y eso signific un mensaje esperanzador para la humanidad. No puede dejarse de mencionar que esos juicios deben entenderse en clave poltica: los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados, en buena medida capitaneados por la potencia emergente de Estados Unidos, se permitieron legarnos esta buena noticia, este mensaje contra la impunidad que constituy el juicio a los genocidas jerarcas alemanes. Buena nueva, por cierto; pero enmarcada en una agenda que podra cuestionarse: se castig la impunidad de los vencidos. Por qu no un juicio a quienes arrojaron dos bombas atmicas contra poblacin civil no combatiente en momentos en que militarmente ello no era necesario, pues Japn ya estaba destrozado y a punto de rendirse? Por qu no funcion all el combate a la impunidad y al abuso de poder? Simplemente porque Washington fue ganador en la contienda. El mensaje de los juicios de Nremberg es importantsimo en s mismo, sin dudas; pero tambin conlleva un estigma: se castig al perdedor (hacer lea del rbol cado?). El ganador se sali con la suya; la historia la escriben los que ganan, suele decirse. Y de hecho ah comenz una carrera de armamento nuclear que nunca se ha detenido y donde la Casa Blanca se siente con derecho a ser la primera y decidir quin puede y quin no puede seguir sus pasos. No es eso impunidad tambin?

Lo que se quiere resaltar es que los juicios contra los asesinos nazis (al igual que los que se puedan haber hecho contra los militares asesinos de Ruanda en su momento, o contra el general Milosevic en la ex Yugoslavia luego de la Guerra de los Balcanes), tienen una carga poltica nada desdeable: son una buena noticia para la humanidad, pero tambin encierran agendas ocultas. Es decir: hay en ellos jugadas polticas (se juzga a unos pero se perdona a otros; se mira para otro lado en el momento de las atrocidades avalndolas finalmente, y luego se las castiga cuando es polticamente correcto hacerlo). Lo cual lleva a plantearse hasta qu punto la justicia es realmente independiente.

Qu tiene que ver todo ello con los juicios contra los generales Ros Montt y Rodrguez Snchez en Guatemala? Pues bien: tambin puede haber en todo ello jugada poltica.

Sin dudas, como primera cuestin a puntualizar, es importante decir que el juicio contra quienes estn acusados de delitos tan graves como masacres, desapariciones forzadas de personas y, llegado el caso, genocidio (es decir: delitos de lesa humanidad, igual que los jerarcas nazis o los militares ruandeses), es siempre una buena noticia, una bocanada de esperanza en la perpetua lucha de la especie humana por mayores cuotas de respeto a los derechos elementales, al Estado de derecho. En definitiva: cualquier achicamiento de la impunidad debe ser bienvenido y saludado efusivamente.

Pero, realmente eso est sucediendo con estos juicios en Guatemala en este momento? De ningn modo podra decirse, como afirma cierta derecha pro militar, que hay all algn encono, un espritu revanchista o cosa por el estilo. El Estado, desde un principismo mnimo que no es polticamente ni de derecha ni de izquierda, no puede masacrar a su propia poblacin. No puede, bajo ningn punto de vista, atentar contra la vida de sus ciudadanos, aquellos que lo financian con sus impuestos. Eso es un delito y no admite justificaciones. Si durante la guerra interna el Estado cometi esos abusos, ahora debe resarcir a las vctimas de los mismos. Y debe enviar mensajes de respeto a la Constitucin y a la institucionalidad democrtica como una sana medida que preserva el Estado de derecho. Enjuiciar a acusados de delitos de lesa humanidad puede contribuir a afianzar la justicia, no al revanchismo. Es, si se quiere, una medida que finalmente contribuye a crear un clima de paz social y no de confrontacin.

De todos modos, como todas las acciones humanas, las cosas nunca son absolutamente puras y transparentes. Por el contrario, en el mbito del poder, de lo poltico, ms bien son enrevesadas y complejas, sumamente complejas, con agendas ocultas, con dobles mensajes.

Se est reforzando la lucha contra la impunidad con los juicios contra los generales Jos Efran Ros Montt y Jos Mauricio Rodrguez Snchez? Ojal as sea. O hay quinta pata del gato en la maniobra?

Si la justicia llega, aunque sea tarde, bienvenida. Sin dudas, ahora es algo tarde, porque lo que se est juzgando ahora sucedi hace tres dcadas, y ya ha corrido demasiada agua bajo el puente desde aquel entonces. De todos modos, este tipo de delitos, por ser considerados de lesa humanidad, son imprescriptibles. En ese sentido, bienvenidos como aporte contra la impunidad, as como podramos decir tambin bienvenidos los juicios que echen luz sobre los crmenes de Estado de la Guerra Civil Espaola de la dcada del 30 del pasado siglo. Insistamos: ms vale tarde que nunca.

La pregunta es si realmente habr ahora, aqu en Guatemala, el inicio de una verdadera campaa de combate a la impunidad, o hay en todo esto mucho de una maniobra distractora, de doble rasero, oportunista en definitiva. Cmo entender que un gobierno lleno de militares, con un comando kaibil en la presidencia que fue parte activa de la misma estrategia de guerra por la que ahora se juzga a estos dos generales, la emprenda contra militares? Ms bien habra que pensar que se estn sacrificando algunos peones, que hay chivos expiatorios. No puede dejarse de mencionar que en el mismo momento en que empieza el juicio se registra una avanzada de agresiones contra militantes del campo popular y defensores de derechos humanos.

No es ninguna novedad que existen poderes que deciden mucho, quiz ms que los presidentes (eso no slo en Guatemala, por supuesto). Ros Montt es un smbolo, y por eso mismo se lo puede usar. Por qu ahora cae en desgracia y se lo sienta en el banquillo de los acusados? Quin decidi esto? De hecho, hace tiempo ya que no es santo de devocin de los grandes factores de poder, de esos que mandan ms que los presidentes de turno; o quiz nunca lo fue, por eso su historia poltica est plagada de cortocircuitos (se le rob una eleccin presidencial y se le envi a un dorado exilio en Espaa, por ejemplo). Si bien la impunidad reinante permiti que, terminada la guerra, fuera omnipotente Secretario General de un partido poltico creado a su medida y presidente del Congreso, despus del infausto Jueves Negro, en julio del 2003, su figura empez a caer en desgracia, con arresto domiciliario incluido. Su partido poltico, el Frente Republicano Guatemalteco el FRG de omnmodo dominador de la escena poltica unos aos atrs, ahora desaparece sin pena ni gloria. Por qu fue muriendo, y ya desde las elecciones pasadas, el partido militar se recicl en el Patriota? Quin decidi esto? De hecho, hace poco se disolvi oficialmente, y la noticia casi no tuvo cobertura meditica. Ms an: alguien baj el dedo para que Zury Ros, la hija del general, saliera de la escena poltica nacional. Hasta no hace mucho se hablaba de su posible llegada a la presidencia; ahora es un cadver poltico, y ni una vez ms se la volvi a mencionar en los medios de comunicacin desde hace un tiempo. Evidentemente, alguien decidi esto.

Enjuiciar ahora por delitos de lesa humanidad a este par de ancianos militares puede ser el inicio de una lucha frontal contra la impunidad y la recuperacin de la memoria histrica del pas, conmocionado todava por esa carnicera que fue el llamado conflicto armado interno (por qu no decirle guerra civil, si eso es lo que fue?) Mucho de la violencia actual (epidemia de violencia, segn los expertos) hunde sus races en ese conflicto, pues de ah se sigue buena parte de los problemas actuales ligados al tema de seguridad (o inseguridad) ciudadana. Aunque tambin puede ser una maniobra que, finalmente, contribuya a dejar inalteradas las causas que provocaron ese cataclismo social que se inici con el golpe de Estado de 1954 y la entrada de la CIA, y que formalmente termin el 29 de diciembre de 1996, pero cuyas causas reales siguen inalterables.

El ejrcito, como cuerpo destinado a defender la patria de cualquier ataque, actu en nombre de aquello para lo que fue preparado durante dcadas: la contrainsurgencia, el enemigo interno, el comunismo internacional que, segn la lgica de la Doctrina de Seguridad Nacional, como cncer se expandi en los aos de Guerra Fra. En realidad, lo que esas fuerzas armadas, en cuenta Ros Montt y todos los militares de aquellos aos, defendieron a capa y espada, ah sigue inalterable: diferencias socioeconmicas irritantes, concentracin de la riqueza en pocas manos, reales espacios polticos para transformar esa situacin cerrados. Tal como dice la Comisin para el Esclarecimiento Histrico en sus Conclusiones cuando analiza las causas de la guerra: Si bien en el enfrentamiento armado aparecen como actores visibles el Ejrcito y la insurgencia, la investigacin realizada por la CEH ha puesto en evidencia la responsabilidad y participacin de los grupos de poder econmico, los partidos polticos, y los diversos sectores de la sociedad civil. El Estado entero, con todos sus mecanismos y agentes ha estado involucrado. Reducir el enfrentamiento a una lgica de dos actores no explicara la gnesis, desarrollo y perpetuacin de la violencia, ni la constante movilizacin y diversa participacin de sectores sociales que buscaban reivindicaciones sociales, econmicas y polticas.

Es buena noticia sentar en el banquillo de los acusados a alguien que dio rdenes para masacrar, a alguien vinculado al delito de genocidio. Pero los grupos que, en definitiva, se beneficiaron de todo ello, difcilmente sern enjuiciados algn da. Al general no hay dudas que lo dejaron morir solo. No podramos decir que eso sea para lamentarnos, claro Pero ello debe llevar a preguntarnos: y qu hay, como dijera el Informe de la CEH, de la responsabilidad y participacin de los grupos de poder econmico, los partidos polticos, y los diversos sectores de la sociedad civil a los que defendi el ahora abandonado militar-pastor?

La intencin del presente escrito en modo alguno pretende ser de aguafiestas, de cuestionador del histrico juicio que ahora inicia. Juzgar el genocidio no es asunto del pasado: por el contario, es la posibilidad de construir otro presente y un mejor futuro. Quiz el juicio en s mismo no garantiza que estos delitos de lesa humanidad nunca vuelvan a repetirse; pero es un paso importantsimo, toral en la bsqueda de una sociedad ms justa y equitativa. Lo que no hay que perder de vista es que si se lleg a todas estas masacres execrables, es porque ello se hizo en nombre de la defensa de un modo de vida que, lo vimos en el pasado y lo seguimos viendo ahora, no resuelve los problemas estructurales del pas, la pobreza crnica, la exclusin de los ms, el atraso comparativo, el racismo.

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Material aparecido en la Revista Anlisis de la Realidad Nacional, N 25 (abril de 2013) de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Se reproduce aqu con autorizacin de los Editores.

Marcelo Colussi Psiclogo y licenciado en Filosofa. De origen argentino, hace 17 aos que vive en Guatemala. Investigador en ciencias sociales, catedrtico universitario, escritor. Es socio fundador del Centro de Estudios sobre conflictividad, poder y violencia -CENDES-.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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