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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2013

Saber (y) ensear

Juan Andrade Blanco
Pblico.es


El informe de los responsables de educacin de la Comunidad de Madrid ha suscitado un interesante debate acerca de la formacin que reciben los futuros maestros y por extensin sobre el estado en que se encuentra la universidad espaola. No cabe duda que estos resultados e incluso me temo que la iniciativa del propio informe - han sido instrumentalizados en beneficio de la agresiva y premeditada estrategia que el gobierno de la Comunidad de Madrid viene impulsando contra la educacin pblica y sus trabajadores. Si embargo, esto no quita que los informes remitan, aunque sea con la peor de sus intenciones, a una realidad difcil de negar, como es el descenso en muchos aspectos del nivel formativo de los estudiantes de Magisterio, una apreciacin que, por otra parte, es extensible a la de la mayora de los universitarios de todas las titulaciones en general.

A criticar esta situacin e indagar en algunas de sus causas iba orientado el excelente y oportuno artculo que hace unos das public el profesor Enrique Moradiellos, quien atribua esta situacin no slo, pero s en buena medida, a la primaca que ha tenido en los mbitos acadmicos una cierta forma de entender la pedagoga y la didctica[i] El artculo ha suscitado algunas reacciones que se han movido entre la defensa corporativa de los especialistas en estas materias, la reivindicacin tcita de su exclusiva capacidad profesional para reflexionar sobre el tema y la afirmacin de que esas apreciaciones crticas pudieran contribuir involuntaria o voluntariamente a la agresiva campaa de la Consejera de Educacin madrilea. Lo sorprendente es que algunas de estas reacciones al artculo han venido de reputados profesionales que en varias ocasiones han sostenido planteamientos crticos parecidos.

Creo que esta actitud a la defensiva obedece a uno de los efectos ms perversos que est teniendo la crisis econmica, social, poltica y cultural actual: el de idealizar la situacin previa que vivamos al compararla con la salida reaccionaria que se est procurando a la quiebra del modelo anterior. As como algunas crticas a la contraofensiva laboral y los recorte brutales en derechos sociales acometidos por el gobierno parecen aorar un potente Estado de Bienestar que nunca existi, as tambin algunas crticas contra la ofensiva privatizadora del gobierno en educacin parecen aorar un modelo educativo completamente pblico, socialmente igualador y de calidad que tambin brill por su ausencia. Que estemos peor no significa que antes estuviramos bien, y la crtica a lo que de malo viene de atrs no implica favorecer a quienes aspiran a terminar de estropearlo. Es ms, creo que esa crtica es necesaria para una defensa efectiva de lo pblico, porque los recortes y privatizaciones actuales son una intensificacin de polticas que vienen de muy lejos. Aunque el incremento cuantitativo de esas acciones de acoso a lo pblico en los ltimos meses est derivando en una nueva campaa cualitativamente distinta, de aquellos polvos vienen estos lodos.

Por otra parte, el debate ha querido polarizarse idealmente entre unos partidarios de la defensa de los contenidos disciplinares en la educacin de supuesta tendencia conservadora y los partidarios de las nuevas pedagogas supuestamente progresistas. Muchos de quienes reivindicamos la centralidad de los contenidos disciplinares en la enseanza no lo hacemos ni mucho menos desde una actitud antididctica y antipedaggica, entre otras cosas porque algunos de nosotros nos dedicamos tambin al desarrollo de ambas disciplinas. S que lo hacemos contra una forma de entender la didctica y la pedagoga que suele presentarse con los ropajes del progresismo y que en ltima instancia reproduce, conciente e inconscientemente, unos valores pragmatistas y competitivos que escandalizara a quienes como Paulo Freire cultivaron magistralmente la pedagoga en un sentido emancipador[ii].

Para tomar conciencia de que la crtica ms incisiva a estos enfoques supuestamente pedaggicos no ha venido precisamente de sectores conservadores basta releer las contribuciones de los universitarios anti-Bolonia[iii], quienes tuvieron la habilidad de denunciar que la introduccin de criterios mercantiles en la organizacin de los estudios superiores se estaba disfrazando con esos ropajes. El resultado, que ya tiene graves antecedentes en primaria y secundaria, es la imposicin de unas pautas de ordenacin de la docencia que repelen el anlisis cientfico y la reflexin crtica en torno a contenidos materiales concretos, es decir, en torno a lo nico que se puede reflexionar con garantas. En lugar de eso se viene imponiendo una jerga corporativa de objetivos, competencias, destrezas y evaluaciones: un metalenguaje vacuo y autorreferencial que reproduce los valores mercantiles del funcionalismo y la competitividad y confunde la necesaria organizacin de la enseanza con su burocratizacin. El caso es que entre tantas directrices plagadas de fros tecnicismos se disipa aquello que Emilio Lled reivindica como las coordenadas bsicas de la enseanza: el amor por lo que se ensea y el amor a quien se ensea. El gran humanista nos recuerda tambin que la libertad de expresin es papel mojado si no va acompaada de la libertad de pensar que debera promover una enseanza plural, rigurosa y de calidad, no utilitarista y sobre-pautada[iv]. En un libro ya clsico el filsofo Francisco Fernndez Buey nos adverta de lo ilusorio que resultan aquellas metodologas o reflexiones tericas y procedimentales que operan autnomamente y no estn referidas a realidades concretas ni vinculadas al trabajo emprico[v]. En este sentido, no se est planteado que no tenga sentido, ni que no sea muy importante, que lo es y mucho, una reflexin terica y metodolgica en torno a cmo, por qu y a quin se ensea, pero s que esta reflexin no puede ser independiente del qu se ensea, y que el primer principio didctico lgico y fundamental es que no se puede ensear aquello que se desconoce.

El problema no es slo que algunos de estos enfoques educativos reproduzcan los valores tericamente neutros del funcionalismo, sino que tambin vienen acompaados de una pretensin adoctrinadora. Este adoctrinamiento tiene dos caras complementarias: la cara bronca del conservadurismo moral, la enseanza confesional y el darwinismo social y la cara ingenua de la llamada educacin en la tolerancia. Por distintos que sean, ambos enfoques vienen abonando el terreno a los mismos valores del utilitarismo y la competitividad. No se trata de infravalorar la expansin de las ideas retrgradas que la derecha trata expresamente de difundir a travs de la instruccin pblica; pero tambin resulta muy peligrosa la expansin que por el currculo de primaria y secundaria tiene ese otro pensamiento moralizante, cndido y polticamente correcto que proclama ideas tan peregrinas como el respeto a todas las ideas, dado que inevitablemente entre stas habra que incluir las ideas creacionistas sostenidas por diferentes sectas religiosas o la idea de la superioridad de la raza aria del Mein Kampf. Y es que la alternativa al pensamiento reaccionario no puede ser un pensamiento blando y melifluo. Frente a aquel es un error promover una educacin moralizante a la contra. En lugar de eso sera ms efectivo promover un conocimiento riguroso que fuera amplio, positivo y crtico, pues creo sinceramente que una consigna no se combate con otra consigna, sino con una buena tesis.

En cualquier caso, el gran problema que estamos sufriendo en la actualidad es el del desdoblamiento del sistema educativo, en todos sus niveles, en centros pblicos masificados y desasistidos para estudiantes que sern carne de can del paro, la precariedad o la emigracin y unos pocos centros privados muy mimados por el gobierno de turno y concebidos como espacio para la formacin de lites gestoras. Si adems de tolerar esta situacin que condena a la mayora de los estudiantes a la subalternidad les educamos mientras tanto en metalenguajes tcnicos y en una tolerancia mal entendida, en lugar de hacerlo en una comprensin material, cientfica, rigurosa y crtica de la realidad existente y tambin en metodologas tiles para intervenir educativamente sobre ella, estaremos contribuyendo a que sean, adems de ms precarios, menos libres y ms conformistas.

De todas formas a veces terminamos idealizando los debates. Indudablemente hace falta un fortalecimiento de los contenidos disciplinares, as como metodologas didcticas y enfoques pedaggicos realmente novedosos. Sin embargo, el incremento de la calidad de la enseaza y su capacidad para promover la igualdad social no vendrn slo de esas reorientaciones, sino tambin de la imprescindible apuesta por lo pblico, de la mejora de las condiciones laborales de sus trabajadores, de la dotacin de mayores recursos y de una financiacin dignaque podra salir de todos ese dinero de la gente comn que se ha derivado a salvar a los bancos o de aquellas fortunas patrias que anidan en parasos fiscales.

Notas:

[i] Enrique Moradiellos, Primero aprende, despus ensea, El Pas, 22 de marzo de 2013.

[ii] Paulo Freire, Pedagoga del oprimido, Madrid, Siglo XXI, 2012.

[iii] Vase la recopilacin de trabajos en Luis Alegre y Victor Moreno (coord.), Bolonia no existe. La destruccin de la universidad europea, Hiru, Hondarribia, 2009.

[iv] Emilio Lled, Ser quien eres. Ensayos para una educacin democrtica, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2009.

[v] Francisco Fernndez Buey, La ilusin del mtodo. Ideas para un racionalismo bien temperado, Barcelona, Crtica, 2004.

Juan Andrade Blanco. Doctor en Historia Contempornea y Profesor de Didctica de la Historia en la UEx

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/6789/saber-y-ensenar/



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