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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2013

Tctica y estrategia: una genealoga crtica del escrache

Luis Martn-Cabrera
Rebelin


Los polticos del PP estn en su derecho de rechazar el escrache como tctica; tienen a su alcance toda la fuerza de los aparatos represivos del Estado para reprimir y criminalizar esta forma de protesta, poseen el monopolio de la violencia, pero lo que de ninguna manera podemos consentir es que se arroguen tambin el monopolio de la historia y la cambien a su antojo. Una mentira repetida muchas veces no se convierte en verdad. Mal que les pese a Goebbels y a la Seora de Cospedal, la verdad no se ensaya.

El PP insiste da s y da no en vincular el escrache con el nazismo y con otras prcticas totalitarias como la lapidacin o el terrorismo. La cosa no deja de ser irnica en un partido que tiene como fundador a Manuel Fraga Iribarne, autor de una de las leyes de prensa ms represivas de nuestra reciente historia y apologeta inconfeso hasta sus ltimos das del rgimen franquista. S, el mismo rgimen que celebraba el cumpleaos de Adolfo Hitler por lo menos hasta la victoria de los aliados en la segunda guerra mundial. La angustia con que los polticos del PP repiten que el escrache es una prctica cercana al nazismo evidencia bien una estructura psicolgica perversa confundir vctimas con victimarios, incapacidad para hacer empata con el sufrimiento ajeno, etc.bien una ignorancia supina sobre la historia y la genealoga del escrache como tctica y estrategia de protesta.

Nuestros polticos tienen tal tortcolis de tanto mirar a Europa en general y a Alemania en particular que se les ha olvidado que el escrache no vino de Europa, vino de Argentina, un pas con el que tambin tenemos una larga y fecunda historia de encuentros y desencuentros. Por tanto, se puede discutir a fondo la justeza de una tctica como el escrache, lo que no se puede hacer es vincularlo con la Europa de los aos treinta ni con las prcticas de los nazis marcando las puertas de los judos antes del holocausto.

El escrache nace en pleno ajuste neoliberal durante el gobierno de Carlos Sal Menen. El trmino escrache proviene del lunfardo, el habla de las clases populares, los inmigrantes y el hampa en la Argentina de los aos veinte y treinta. A los polticos del PP les vendra bien leerse alguna de las maravillosas novelas de Roberto Arlt sobre el submundo del lumpen en Argentina para que entendieran que, lejos de tener que ver con el nazismo y el exterminio de los ms vulnerables, el lunfardo es la expresin lingstica de los desposedos porteos, muchos de ellos, por cierto, inmigrantes espaoles e italianos que huan de una crisis causada por unas clases dominantes que, como las de ahora, insistan en aplicar un ajuste brutal a la mayora (cambiamos casas por tierras, y la negativa a hacer una reforma agraria y la situacin se parece mucho, con actores y todo incluidos).

En un libro sobre la expropiacin de la ESMA (Escuela de Mecnica de la Armada), el campo de concentracin ms grande que hubo en la Argentina, se puede leer:

Posiblemente del cruce de dos trminos italianos scracc [expectorar] y schiacciare [romper, destrozar] el lunfardo construye escrachar. Algunas de sus acepciones ms usuales son: retratar o fotografiar a alguien sin habilidad o contra su voluntad; arrojar una cosa con fuerza, estrellarla contra algo; romperle a alguien la cara; poner a alguien en evidencia; delatar a alguien abierta y pblicamente. [1]

S, es cierto, hay una cierta violencia en la etimologa y la prctica del escrache, pero dos consideraciones son fundamentales para debatir su justeza . En primer lugar, hay que tener en cuenta que se trata de una respuesta a una situacin de violencia estructural mucho mayor. En el caso de Argentina son los hijos de los desaparecidos, la organizacin HIJOS (Hijos contra la impunidad y el olvido) la que utiliza el escrache por primera para sealar a los represores y torturadores que viven con total tranquilidad a la sombra de la impunidad. En el caso de Espaa, que por cierto no es ajena a esta situacin de genocidio, se trata de la violencia estructural desatada por una Ley de Ejecucin Hipotecaria que produce suicidios, desahucios y tragedias familiares vulnerando el derecho a una vivienda digna, uno de los derechos fundamentales recogidos en la Declaracin Universal de los Derechos Humanos.

Por eso, no dejan de ser tambin perversas las declaraciones de Felipe Gonzlez mostrando preocupacin por los hijos menores de aquellos polticos del PP que son escrachados y nada tienen que ver con las decisiones de sus padres. Comparar la vergenza que puedan sentir los hijos de un cargo electo del PP con la violencia que sufren los menores que ven cmo sus padres son desahuciados y expulsados de su vivienda por una ley de ejecucin hipotecara que el propio Tribunal de Justicia europeo considera ilegal es simplemente una forma de ceguera perversa y violenta. A los polticos no se les escracha como individuos, sino como representantes pblicos y no hay nada malo en que sus familias sepan que sus decisiones afectan de manera dramtica a la mayora de la poblacin. Por lo dems, mejor sentir vergenza que ser un sinvergenza, sin vergenza no hay tica, dice Lacan.

En segundo lugar, y esto es fundamental, el escrache como tctica responde a una situacin de impunidad. Si no hay justicia, hay escrache reza el lema de la organizacin HIJOS que precede a todas sus acciones. La agresividad del escrache, sus tcticas de guerrilla urbana, emergen cuando se han agotado todas las vas legales o cuando la ley simplemente consagra una situacin de exclusin y violencia insoportables. En el caso de HIJOS el escrache surge tras las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y Amnista de los aos noventa que consagran la impunidad de los genocidas en Argentina. Del mismo modo, en Espaa la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) recurre al escrache cuando el gobierno abandona la Iniciativa Legal Popular y ya no quedan ms recursos legales con que presionar a los polticos, es una tctica surgida al calor de la impunidad contra la impotencia.

Pero ms all de lo que se piense sobre la agresividad o no del escrache, lo que es fundamental en esta prctica es que contribuye a iluminar algo que la sociedad no vea. El escrache es esa fotografa hecha contra la voluntad de quienes perpetan una situacin de injusticia. Marca, hace visible una herida en la sociedad, escupe una verdad que todo el mundo conoca pero nadie vea, aspira a ser una pedagoga popular. Qu sabramos hoy de la situacin de los afectados por los desahucios si no fuera por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca? Si no hay justicia, hay escrache.

Por otro lado, el escrache es una prctica poltica muy novedosa que inventa un tiempo y un espacio nuevos para la poltica militante, abre el presente a una lectura diferente de la historia e ilumina posibilidades donde el final de la historia neoliberal sutura y repite que no hay alternativas. Los miembros del Colectivo Situaciones, un grupo de tericos militantes surgido tras la crisis del 2001 en Argentina, afirman:

Los escraches son, en primer lugar, un llamado a la lucha, una confirmacin prctica de que la accin transformadora es ahora o no es. Son lo opuesto a la melancola del que espera (sentado) un mundo mejor. El escrache nos demuestra que la lucha no depende de un maana luminoso, de ninguna estrategia legtimamente demostrada, ni de ningn salvador que nos libere. Por eso el escrache funda otra idea del tiempo, diferente a la que nos ofrece el capitalismo []. As el escrache funda un presente lleno de potencialidades, decisivo. El escrache es una prctica que no puede esperar ni conformarse. Surge hoy y es para ahora [2]

Es decir, el escrache no opera en un plano ontolgico, sino que es pura inmanencia, aspira a interrumpir la hegemona del bloque histrico de poder, por eso pone tan nerviosos a los polticos, les pone por primera vez contra las cuerdas, porque les impide protegerse con el sacrosanto derecho a la intimidad y la propiedad privada. El escrache revela que el sistema est atravesado por la violencia y que el monopolio de la violencia que ostentan los polticos no es natural, sino que es el resultado de la dominacin capitalista. Por eso, lo que hay que pedirle al escrache no es que sea ms o menos agresivo, sino que sea ms pedaggico, que involucre a ms gente, que sea ms creativo, que anude el pasado con el presente, que produzca justicia. Y en esto tambin tenemos ms en comn con Argentina que con Alemania, no en vano uno de los escraches ms mutitudinarios que hubo en Argentina fue el de Martnez de Hoz, el ministro de economa de Videla que implement las primeras medidas de liberalizacin de la economa, el fundamento de las polticas de ajuste neoliberal que continu Menen en los noventa.

[1] Marcelo Brodsky. Memoria en construccin . El debate sobre la ESMA . Buenos Aires: La Marca, p. 175.

[2] Colectivo Situaciones. Mesa del escrache popular . Buenos Aires: de mano en mano: 2002.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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