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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2013

La guerra siria tambin se libra en el Lbano

Mnica G. Prieto
Cuarto Poder


La lnea imaginaria que separa Siria del Lbano no sera perceptible de no ser por los flamantes todoterrenos sin matrcula que patrullan la frontera. Los cristales tintados impiden ver cuntos hombres circulan a bordo de los mismos, hasta que la presencia de un coche desconocido les hace dar bruscamente el alto. Entonces asoman sus rostros sombros: tras reparar en la presencia de un miembro del clan Jaafar a bordo, sonren, se relajan y se despiden oscilando la mano. Estn patrullando, aclara Ahmed Jaafar, cuya mirada escruta inquieta los movimientos del otro lado de la presa del ro Assi (Orontes), ya situada en territorio sirio. Nosotros somos los nicos que nos encargamos de la vigilancia de la frontera.

El hecho de que sean civiles armados quienes vigilen la demarcacin en la remota regin libanesa de Hermel, una provincia chi dominada por tradiciones ancestrales y leyes tribales, mientras dos soldados dormitan en sendas casetas militares es un signo explcito de quin controla esta zona limtrofe y esta provincia, considerada feudo de Hizbul. El ltimo puesto de control del Ejrcito libans qued kilmetros atrs, en la provincia de Bekaa, concretamente en la localidad de Labweh, escenario de secuestros sectarios que hacen temer un contagio del conflicto sirio en tierra libanesa.

Aqu, en el lejano Hermel, no se aplican las reglas ni las prioridades del resto del pas. Al Qasr es un pueblo de mujeres y nios, muchos de ellos refugiados procedentes de Siria, donde los hombres se turnan para atravesar la frontera y combatir contra los rebeldes sunes en lo que ellos consideran legtima defensa. Tambin es un inquietante recuerdo de Siria y del potencial de desestabilizacin que tiene la guerra civil sobre el Lbano, dado que a pocos kilmetros al este, la localidad sun libanesa de Ersal se ha convertido en la nmesis de Al Qasr: all quienes combaten son sunes y, su principal objetivo, son los simpatizantes de Hizbul que, segn les acusan aqullos, protegen con sus armas la dictadura de Bashar Assad.

Nos atacan los salafistas y los miembros del Ejrcito Libre de Siria. Ya son cinco las veces que nos ha bombardeado el ELS [Ejrcito Libre de Siria]: la ltima, hace unos 20 das, se remueve en su asiento Ahmed Jaafar, miembro de uno de los clanes ms temidos del Lbano y portavoz de la familia chi en esta localidad de Hermel, la provincia libanesa donde se concentra la mayora de la tribu. Eso explica a su juicio que unos 600 o 700 hombres libaneses hayan reforzado a sus familiares del lado sirio de la frontera a modo de defensa personal. Antes haba Ejrcito [sirio], pero ahora estn ocupados y su presencia es tan pequea que nos hacemos cargo nosotros de la defensa de nuestras localidades.

Se refiere a 25 aldeas libanesas chies que, tras el Acuerdo Sykes Picot que dividi Oriente Prximo, quedaron en territorio sirio con 30.000 ciudadanos libaneses en su interior. Pese a vivir gobernados por Siria, sus habitantes son libaneses, no esconden sus abiertas simpatas por Hizbul [socio regional de la dictadura de Damasco] y se alzaron en armas hace ms de un ao para defender nuestras casas de los rebeldes sunes. Estamos asistiendo a una limpieza tnica de chies, dice Ahmed ante el asentimiento de sus familiares. El primer ao, hacamos vida normal. Hubo una revolucin, la gente tena derecho a exigir sus derechos. El problema lleg cuando los salafistas, que crearon una guerra civil y tnica, intentaron meterse en nuestras aldeas.

Ese fue el momento en el que las familias que residen en las aldeas fronterizas chies unas 50 familias, segn los clculos de Ahmed Jaafar- enviaron a las mujeres y los nios del lado libans de la frontera para alzarse en armas. Hacemos relevos a diario. La idea es tener 30 hombres apoyando las posiciones que ya existen en cada aldea, detalla. Si hay un problema puntual, podemos movilizar hasta a 20.000 hombres, prosigue, sentado con las piernas cruzadas, mientras consume su cigarrillo entre grandes caladas. Jaafar recuerda que su clan controla una franja de terreno que intenta abarcar con un vasto movimiento del brazo. Desde la frontera siria hasta Akkar: 65 kilmetros de ancho por 40 kilmetros de largo. Segn el patriarca del clan, Yasin Jaafar, la familia est compuesta por 50.000 hombres en todo el Lbano y unos cientos en territorio sirio, en las 25 aldeas en disputa- que pueden ser movilizados de sentirse amenazados. La mayor parte est armada, y algunos estn vinculados a actividades ilegales como el trfico de drogas, lo cual ha generado un aura de temor hacia el clan en el Lbano: an se recuerda la venganza tras la ejecucin de uno de sus miembros, tras una emboscada militar, que acab con la muerte de los cuatro uniformados implicados.

En los combates que se libran en territorio sirio, entre 7 y 8 miembros de los Jaafar han perdido la vida, segn admite Ahmed. Son, al menos, decenas los combatientes chies que han perecido en suelo sirio a juzgar por los funerales que se celebran en el pas del Cedro: los ltimos murieron en Quseir, situada a slo 12 kilmetros de Al Qasr, reducto del ELS y donde activistas y combatientes denuncian la presencia de milicianos de Hizbul en apoyo del rgimen. Sin embargo, la poltica oficial de Hizbul habla de disociacin de la guerra siria, una vaga definicin que pretende alejar al movimiento chi libans del conflicto sectario que devora el pas vecino pero en el que, al mismo tiempo, se ha implicado activamente. El secretario general, Hassan Nasrallah, ha admitido que simpatizantes de su movimiento estn combatiendo en Siria a ttulo personal al ser residentes de las citadas aldeas chies y rechaza que el Partido de Dios intervenga en la guerra siria, aunque son cada vez ms los testimonios que sealan una implicacin militar masiva: el ltimo, el retorno del cadver de un combatiente de Hizbul presuntamente muerto en la mezquita de Saida Zeinab, un venerado santuario chi de Damasco que se presume estar siendo defendido por la milicia libanesa. Segn el secretario general del Partido de Dios,hasta el momento no hemos luchado junto al rgimen sirio. No nos ha pedido que lo hagamos. Si llega el da en que nuestra responsabilidad nos exige luchar en Siria, no vamos a ocultarlo

De unos 50 aos, Ahmed se declara miembro de Hizbul con el corazn pero asegura no estar siguiendo instrucciones del partido al tomar las armas. Ayudamos a nuestros vecinos y familiares del otro lado de la frontera a defenderse con las armas que siempre hemos tenido, seala Ahmed Jaafar. Su cuado, de la familia Nasseridin tambin presente y activa militarmente en las aldeas libanesas de Siria-, seala que las armas pesadas an siguen guardadas.

Ali Jamal, ms conocido entre los suyos como Abu Mohamed, s admite estar siguiendo las rdenes del movimiento de Nasrallah. Este agricultor de 39 aos naci en Zeita, una de las 25 villas libanesas que quedaron del lado sirio, y all ha transcurrido toda su vida: sin embargo, muestra con orgullo sus carns libaneses, desde el DNI hasta la tarjeta militar que certifica en sirvi en las Fuerzas Armadas del Lbano. Los hombres atravesamos la frontera por turnos para pasar el da con nuestras familias en Lbano y regresamos por la noche a vigilar. Mi problema es que soy miembro de Hizbul y Hizbul me pide que slo me defienda: si no, combatira con el rgimen, afirma en el amplio patio de la casa que, asegura, ha sido cedida por Hizbul para l y los suyos as como otras tres familias de refugiados. Las instrucciones que nos han dado son no meternos con nadie: si nos atacan los salafistas podemos defendernos; si no lo hacen, no podemos atacarles.

El problema no son los sirios, sino los extranjeros, dice Ali Jamal ante la mirada atenta de tres mujeres de la familia, que escuchan recostadas en la pared, a una distancia prudencial de los hombres. El hombre explica que en Zeita, con una poblacin de 1.200 personas, hoy hay entre 500 y 700 combatientes, entre ellos un centenar de sunes a los que slo les mueve la defensa de sus casas. Comemos juntos, vivimos juntos, combatimos juntos Si una de las aldeas se siente amenazada, los combatientes acudimos unidos en su defensa, prosigue el agricultor libans residente en Siria. Afirma que, en su aldea, unos 35 combatientes han muerto. Tambin que los peores combates duraron tres das y les enfrentaron contra la localidad de Sarja, tomada por los salafistas.

Las fuertes explosiones sacuden la tierra a medida que avanza la conversacin en esta casa rural de Al Qasr, situada a apenas dos kilmetros de la frontera. Abu Mohamed se levanta y seala los araazos dejados por la metralla en el edificio. Es el resultado de uno de los proyectiles lanzados por el ELS contra Al Qasr, alcanzada por ataques de los rebeldes sirios en al menos dos ocasiones este ao. Previamente, responsables del ELS haban amenazado con atacar a Hizbul en territorio libans en respuesta a su intromisin a favor del rgimen, pese a que la potencia militar del Partido de Dios chi es indiscutible en el interior del Lbano. Ahora, la guerrra entre sunes y chies parece librarse a golpe de secuestro entre los habitantes de Hermel y los de Ersal, la localidad sun enclavada en la marea chi de la Bekaa, va natural entre Quseir y Lbano, donde se hace progresivamente fuerte el ELS. All tambin hay bombardeos procedentes de Siria, slo que son responsabilidad del rgimen, que dice tener como objetivo a combatientes y traficantes de armas. Los ataques con proyectiles sirios en suelo libans tambin afectan a la nortea provincia de Akkar, en una ampliacin del conflicto sirio en Lbano.

[Hermel y Ersal] son una zona de conflicto constante, explica el periodista libans Ali Al Amine. El conflicto no cesar aqu. El ELS ve Hermel como la puerta de entrada de Hizbul en Siria, y Hizbul y el rgimen de Damasco ven a Ersal como puerta de entrada para los combatientes anti-rgimen. Por el momento, el conflicto sectario se dirime a golpe de secuestro: tras la captura de un miembro del clan Jaafar en Ersal del que la tribu culpa a los residentes de la localidad sun, si bien parece que fue ejecutado por grupos radicales islamistas relacionados con la guerra siria-, los Jaafar respondieron con una decena de capturas a las que siguieron varias liberaciones. En plena negociacin para poner fin a la crisis, el pasado martes otros tres miembros de la tribu Jaafar eran secuestrados por residentes de Bireh, en la provincia de Akkar, en una nueva vuelta de tuerca del conflicto. No es la primera crisis de secuestros en esta regin: el ao pasado, la captura de un Jaafar en territorio sirio fue replicada con 25 secuestros de ciudadanos sirios. Terminaron siendo intercambiados.

En su residencia beirut, el lder del poderoso clan chi, Yasin Jaafar, afirma estar haciendo delicados malabarismos para evitar que la tensin lleve a mayores. Nuestros secuestros son una reaccin a sus secuestros, asevera. Si hubiese un Estado real en el Lbano, si funcionasen las instituciones, no tendra que preocuparme de estas cosas, aade el hombre, original de Hermel, ante la atenta mirada de su familia y asistentes. Yasin Jaafar desvela que tanto Hizbul como Mustaqal principal faccin sun del Lbano- le han pedido que haga esfuerzos para contener a su familia y evitar as que se propague el conflicto entre chies y sunes. Hay una voluntad poltica de prevenir la fitna [enfrentamiento religioso], aade. Si quisiramos un conflicto sectario mandaramos a miles de hombres a Ersal, seala Ahmed Jaafar desde la residencia de su hermana en Al Qasr.

Es difcil saber si los miembros del poderoso clan en el valle de Hermel se sienten ms obligados por las rdenes que imparten sus lderes o por las instrucciones de Hizbul. Yo har lo que me pida Hizbul. Cualquier cosa, menos retirarme de mi tierra, aduce Abu Mohamed mientras los ecos de la artillera resuenan frente a su casa. Si me pide que muera, lo har, pero en mi tierra. Y si en cualquier momento Bashar nos pide que le defendamos, lo haremos hasta la muerte.

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/elfarodeoriente/la-guerra-siria-tambien-se-libra-en-el-libano/4274



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