Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2013

El apogeo de la escena poltica

Manuel Acua Asenjo
Rebelin


EL INICIO DE UNA NUEVA FASE

Que una fase nueva en la evolucin de la sociedad chilena ha sido recientemente abierta no cabe la menor duda. Podemos aventurar acerca de una de sus caractersticas, que es el predominio indiscutible de los avatares de la escena poltica de la nacin en los medios de comunicacin social. Y no es que tales avatares sean, en s, lo ms preponderante de la sociedad. Sucede que constituyen parte integrante del dominio que el estado ejerce sobre el conjunto social a travs de sus agentes. As, pues, las acciones de los actores polticos (partidos y personajes del mundo poltico, que son precisamente algunos de esos agentes), comenzarn a invadir nuestra vida cotidiana. Se trata de individuos que se transformarn en nuestros personajes ineludibles. Los veremos a cada momento. Constituirn parte de nuestra vida. Invadirn nuestros hogares. Sus rostros y decires ocuparn las calles, las secciones superiores de los edificios, las radioemisoras, los canales de televisin, las conversaciones cotidianas. Opacarn toda otra noticia. Sus opiniones aplastarn. Nos dividirn. Como sucede con esa profeca bblica, pondrn a padres contra hijos y a hijos contra padres, profesores contra alumnos y alumnos contra profesores, amigos contra amigos, en fin. La fecha a partir del cual este fenmeno comienza a apoderarse de la opinin pblica es conocida.

El lunes 11 de marzo celebr el Gobierno su tercer ao al mando de la nacin con la firma de dos proyectos de ley que haban sido anunciados el da anterior en cadena nacional: un bono para determinados sectores sociales y el reajuste del salario mnimo. En su intervencin, el presidente Piera destac algunos hechos, entre otros:

Quiero agradecer de forma muy especial a cuatro personas. A nuestros candidatos presidenciales Andrs Allamand y Laurence Golborne, y a sus mujeres que lo acompaan con tanto brillo, a Marcela (Cubillos) y Karin (Opperman).

Recuerdo que dos ex presidentes de la Concertacin, el presidente Frei y el presidente Lagos, se comprometieron a llegar al Bicentenario con un pas desarrollado y no lo lograron []

[] en la prxima eleccin nuestro pas tendr que optar entre seguir avanzando a pie firme, hacia un pas en que la libertad y la justicia, el desarrollo, las oportunidades y las seguridades puedan llegar a cada uno de los hogares chilenos. O simplemente correr el riesgo de un retroceso que nuestra patria no se merece [i] .

Simultneamente, los ministros iniciaron una serie de recorridos por las distintas regiones del pas destinados a inaugurar o, en su caso, inspeccionar algunas de las obras impulsadas por la actual administracin.

No es usual que se celebre un tercer ao de gobierno de la manera indicada. Y no es extrao que tal proceder despierte suspicacias. Especialmente dentro de los sectores opositores. Porque los gobiernos no realizan acciones impensadas. Inaugurar un nuevo perodo electoral en donde los actores obligados de la comedia a representar deberan ser solamente Laurence Golborne y Andrs Allamand? Probablemente. La campaa estara destinada a culminar en diciembre de este ao con la eleccin tanto de presidente de la Repblica como de la mitad de los miembros del Parlamento.

Querer realizar algo, sin embargo, no es hacerlo. Los deseos no siempre se hacen realidad. Y es que para dar por inaugurado un perodo electoral se necesita, adems, de la presencia de otros actores; en el caso de Chile, faltaba uno, muy importante. Un actor cuya presencia mostraba en esos das indicios de proximidad . El error del Gobierno consisti en no esperar su arribo. Y esa presencia se hizo carne a fines de marzo. Con una espectacularidad que opac la presencia de los dems actores. El nuevo invitado tena un nombre: Michelle Bachelet.

Hoy, el tablero de ajedrez tiene todas sus piezas dispuestas. Estamos, pues, inmersos en un proceso eleccionario. No es, sin embargo, cualquier justa; en sta se pretender acallar las voces de las protestas, los conflictos sindicales, las demandas sociales y los deseos de una ciudadana que no slo se niega a ser simplemente clientela electoral, sino busca ser protagonista de su propia historia. El conflicto est, pues, planteado; tambin sus contradicciones.

El arma que la escena poltica de la nacin ha de emplear en estos meses guardar estricta correspondencia con los rasgos del modelo econmico. No ser, por consiguiente, diferente al que se emplea, en el mercado, con todo potencial cliente: taparlo con propaganda, manipularlo, invadir su privacidad. Porque no otra cosa somos para este inmenso mall publicitario, en donde impera no solamente el political marketing, sino nos hace potenciales clientes de una inmensa empresa publicitaria estatal impuesta por la cultura del mercado. Esa maquinaria ser empleada por quienes aspiran a ser nuestros representantes.

NATURALEZA DEL ACTOR POLTICO

Permtasenos volver sobre algunos conceptos. El sistema capitalista es un sistema fundado en la compraventa de fuerza o capacidad de trabajo. Tiene, por consiguiente, naturaleza contractual. Dicho contrato establece una ficcin: presume que, al convenir, las partes actan en un plano de igualdad. El sistema, fundado en esa ficcin, requiere, en consecuencia, de una superestructura jurdico/poltica que la reproduzca, circunstancia que conduce al establecimiento de una institucin (la representacin) en donde los habitantes de una formacin social son igualados por la sola circunstancia de tener derecho a votar. As, pues, por el simple hecho de estar premunidos de un derecho a voto, se estima que todos los seres humanos son iguales ante la ley. Sin embargo, el sistema de dominacin se mantiene inalterable.

La representatividad da origen a un campo de accin dentro del cual se mueven actores polticos. Ese campo se denomina escena poltica; all se desplazan nicamente aquellos.

Un actor poltico puede ser un individuo o un conjunto de individuos; puede ser, en definitiva, una persona natural o una persona jurdica. Normalmente, los actores polticos actan en el carcter de agentes del sistema. El inters que los gua es realizar la forma democrtica de gobierno que se expresa en el cumplimiento y respeto de tres condiciones, a saber:

a) Separacin de funciones o poderes estatales;

b) Existencia de partidos polticos;

c) Realizacin de elecciones peridicas que deben ser:

1) libres;

2) secretas; e,

3) informadas.

Los actores polticos que se desplazan por la escena poltica del pas son personas, tal cual se ha dicho, naturales o jurdicas; son personas naturales los candidatos, los ministros, los jefes de partidos, los parlamentarios, en fin. Las personas jurdicas estn constituidas por los partidos y ciertas instituciones, que pueden adoptar el carcter de dependencias del gobierno o institutos de estudio o de investigacin.

Todos estos actores poseen una forma de proceder. En la Grecia antigua, se presentaban ante el pblico provistos de una mscara o persona que daba, precisamente, la personalidad al actor. Por eso se habla de personajes, es decir, individuos, seres humanos que actan ante nosotros provistos de una mscara que oculta su verdadero rostro.

LA INCIDENCIA DE LAS CLASES SOCIALES

El rgimen democrtico funcionara sin mayores problemas a no ser por un detalle importantsimo, un problema de carcter estructural: la existencia, en su interior, de clases sociales. Precisamente, por esa circunstancia, numerosos tericos de la llamada izquierda moderna niegan la existencia de aquellas o, en caso de aceptarla, la subordinan a otro tipo de contradicciones sociales como lo son la relativas al sexo, a la nacionalidad, a la religin, a la cultura en general, etc. [ii]

Y es que la existencia de las clases echa por tierra la concepcin de la igualdad. La compraventa de la fuerza o capacidad de trabajo, desde el punto de vista de las clases sociales, no admite, en modo alguno, igualdad entre las partes contratantes: quien compra fuerza o capacidad de trabajo lo hace porque tiene el poder de hacerlo; el que la vende no tiene alternativa que no sea comercializar su energa corporal. Entonces, as como adolece de falsedad el fundamento del sistema capitalista basado en la igualdad de contratacin de las partes involucradas, tambin su estructura jurdico/poltica de representacin, amparada en la presunta igualdad de los seres humanos por el simple hecho de votar, se presenta como falsa. Este razonamiento, si bien es de sobra conocido, rara vez se considera dentro de las discusiones entre los sujetos polticos: y es que la democracia avasalla principios y lgicas; as funciona, y as se participa en ella.

Estamos, pues, en presencia de actores polticos que han de desplazarse permanentemente por la escena poltica de la nacin intentando acaparar nuestra atencin. Actuarn ante nosotros pues no es otro su rol. En eso estarn hermanados. Sin embargo, la actuacin de ambos ser diferente. Para poder introducirnos en los preliminares de esa distincin necesitamos volver a emplear el concepto de clase. De otra manera se nos har tremendamente difcil determinar las diferencias entre uno y otro actor. El problema no es, por consiguiente, entre izquierdas y derechas, a la manera que los propios actores polticos definen su campo de participacin.

Comencemos recordando que las clases y fracciones de clase dominantes pueden estar representadas dentro del Bloque en el Poder en forma natural o en forma espuria. La representacin natural de dichas clases y/o fracciones de clase dominantes es aquella en la cual los actores polticos que la asumen son individuos cuya extraccin social o compromiso de defensa de los intereses de esos sectores proviene de los mismos; se trata, en dichos casos, de una representacin genuina, autntica. No sucede as cuando es espuria, es decir, cuando dicha representacin la asumen individuos u organizaciones que, manifestando tener intereses contrarios a los de las clases y/o fracciones de clase dominantes realizan, en la prctica poltica, dicho inters y no el de los sectores que alegan representar. En este ltimo caso hay una distancia entre el discurso y la praxis; porque la taxonoma estructural que divide a las clases sociales entre compradores y vendedores de fuerza o capacidad de trabajo se realiza, en definitiva, en la prctica poltica.

FORMA GENERAL DE ACTUAR DE LA REPRESENTACIN POLTICA

Tanto la representacin natural como la espuria, por regla general, actan dentro del marco institucional; sus respectivas legitimidades arrancan de la existencia de los partidos.

No obstante, tambin ambos tipos de representacin se hermanan en otro hecho: las acciones realizadas por ellos se corresponden con la forma de acumular impuesta por las clases y/o fracciones de clase dominantes dentro de la respectiva formacin social. Y es que el modo de produccin no es, simplemente, una manera de producir sino constituye un verdadero modo de vida: determina las formas culturales de esa sociedad. De manera que, en un pas donde la forma de acumular es la economa social de mercado, las acciones de los sujetos polticos se presentarn como predominantemente mercantilistas. Predominarn en sus maneras de actuar los principios del mercado. Si la moral misma del sistema capitalista es el lucro, la cultura de toda sociedad que adopta el neoliberalismo como forma de acumular estar determinada por el negocio, la transaccin pecuniaria que arroja utilidades o prdidas.

Existe, con todo, una forma natural de proceder para quienes aspiran a representar a los diversos sectores de la comunidad, forma que se ha mantenido a lo largo de los aos y que, en las condiciones fijadas por la forma de acumular vigente, puede extremarse: es el empleo del engao y del subterfugio. Los actores polticos utilizan esas artimaas desde tiempos inmemoriales para ganar las elecciones. Por lo pronto, ocultan los defectos que tienen haciendo predominar sus virtudes y la vocacin de servicio a la comunidad. Los romanos aceptaban ese tipo de engao y le llamaban dolo popular, que era un subterfugio al cual recurra el poltico para obtener la confianza del elector.

Dentro del campo de los electores existe, tambin, una variada gama de individuos. Algunos de ellos, dominados por la ideologa imperante, votan porque se consideran ciudadanos a quienes les ha sido impuesto el deber irrenunciable de votar; otros, convencidos de la necesidad de un modelo social basado en la verticalidad del mando y, por consiguiente, de la excelencia de los lderes, estiman necesario concurrir a dar su confianza a quienes creen que lo har mejor; para stos no existen sino lderes que dirigen y mandan, y sectores que son dirigidos y que deben obedecer. Pero en esa variada gama de tipologa electoral, especialmente en una forma de acumular como la actual, no faltan quienes miran el voto como un patrimonio que es necesario preservar y no dilapidar; por eso, votan por quien tienen la certeza puede ganar. En este caso, se trata de una inversin que debe rendir frutos. Todos ellos estn unidos por una creencia: que el candidato preferido es quien decide el rumbo de una poltica, y no el conjunto que se encuentra junto a l. Para esos electores, la historia es escrita por los lderes y no por los grupos sociales. La tarea de los candidatos, as, se facilita, reducindose, pues, a atraer al mercado eleccionario a los electores incautos y a los inversionistas.

En todo caso, las reacciones a la eleccin y la forma de votar se encuentran notoriamente influidas por el mercado. No debe llamar la atencin: el factor que fija las formas culturales imperantes en una formacin social es la forma de acumular.

FORMA PARTICULAR DE ACTUAR DE LA REPRESENTACIN POLTICA

En trminos particulares, la representacin poltica de las clases y/o fracciones de clase dominantes no acta de la misma manera a cmo lo hace la de las clases dominadas. La principal diferencia radica en que aquella siempre lo hace a travs de los cnones institucionales con la sola excepcin de las maniobras que ejecuta cuando recurre al establecimiento de regmenes de excepcin o dictaduras. Y puesto que los cnones institucionales, dentro de un rgimen democrtico, se denominan partidos, Parlamento, Administracin y, en general, estructuras creadas para hacer funcionar al Estado, la representacin poltica de las clases y/o fracciones de clase dominantes se realiza, permanentemente, dentro de esos mrgenes. Jams se ver a esos sectores recurrir a los movimientos sociales para resolver sus disputas electorales. El dolo popular no se emplea dentro de tales mbitos ms all de la forma tradicional, sino se extreman las condiciones mismas que ofrece el mercado eleccionario. Los candidatos son mercancas que se ofrecen al elector ansioso, cliente potencial de un mercado verdaderamente competitivo. As, pues, el mercado eleccionario se hace con mayores inversiones, abundante propaganda y visitas a los sectores ms penetrados por la ideologa dominante.

Esta misma forma de proceder es empleada por la representacin poltica de las clases dominadas. Tambin esos sectores se involucran en la contienda electoral con las leyes del mercado: inversiones, propaganda y conversaciones con los estratos ms postergados intentando convencerlos de votar por ellos. Hasta ah, en poco se diferencian en cuanto a los mtodos de convencimiento del electorado. La diferencia se produce cuando la escena poltica se encuentra desprestigiada. En estos casos, la conducta de la representacin poltica de ambos sectores toma rumbos distintos.

Cuando as sucede, la representacin natural de las clases y/o fracciones de clase dominantes se mantiene dentro de los mrgenes institucionales. La disputa por acceder al mando administrativo de la nacin se hace a travs de desprestigiar las acciones de sus adversarios y de atribuirse los xitos alcanzados en materia de ndices macroeconmicos. El desprestigio de la escena poltica es atribuido a las maniobras del sector antagnico. En casos extremos, puede hacer suya parte de las reivindicaciones planteadas por su contrincante.

La representacin espuria de esos sectores no procede de la misma manera. Si bien es cierto participa de las descalificaciones que se realizan a nivel de la escena poltica, da inicio a una silenciosa tarea por atraerse a los movimientos sociales que han colocado los verdaderos problemas sociales sobre el tapete de la discusin. Esta tarea se denomina cooptacin. En virtud de aquella se atrae a la dirigencia de los grupos protestantes al redil poltico institucional en que participan los llamados partidos populares a fin de dejar a las organizaciones sin sus ms destacados dirigentes [iii] . Esa labor se realiz en 1983 al explotar las protestas en contra de la dictadura; lo mismo se ha querido realizar en el presente perodo eleccionario. La advertencia de Gabriel Boric al movimiento estudiantil en el sentido de no involucrarse en las luchas de la Concertacin no deja de ser oportuna [iv] . Y es que la intencin es siempre la misma: controlar al movimiento social o, lo que es igual, oponerse a la veleidad de las masas. La representacin poltica de las clases dominadas, al operar espuriamente al servicio del grupo hegemnico dentro del Bloque en el Poder, se encuentra fuertemente impregnada del autoritarismo del sistema: los movimientos sociales deben sometrsele, ponerse al servicio de los partidos y no lo contrario; jams actuar por s solos, pues eso acarreara un verdadero caos.

La cooptacin de la dirigencia social se realiza en forma independiente a otra forma de comportarse cual es la simulacin del abandono de la poltica partidaria; en este caso, el candidato se presenta como independiente, ajeno a los avatares de los partidos, moda que viene repitindose desde las elecciones municipales y parece proyectarse hacia las parlamentarias y presidenciales que se realizarn a fines de ao. Por lo mismo, no debe llamar la atencin que una candidata como la seora Michelle Bachelet sea recibida como mesas de la poltica criolla [v] , aparezca (en consecuencia) alejada de los partidos, y en escasos das presente a la ciudadana todo su equipo de colaboradores en donde se ven pocas caras conocidas. El rol que se le ha encomendado representar es aquel que la ciudadana anhela: la ruptura con el pasado, el rechazo a las maniobras realizadas por la escena poltica de la nacin y la promesa inclaudicable de una nueva forma de gobernar. Por eso aparece alejada de la poltica partidaria y de su dirigencia; por eso aparece con colaboradores desvinculados (aparentemente) de las cpulas polticas. Y, sin embargo, para nadie es desconocido que tras el nombramiento de todo ese equipo de colaboradores est la mano siempre presente de todo el espectro poltico que ha producido, precisamente, el desprestigio de la escena poltica nacional.

Por eso, no debe sorprender que las discusiones se libren en planos verdaderamente ridculos [vi] , que se entablen acusaciones constitucionales, se intercambien insultos, se recurra a las descalificaciones, en fin [vii] .

LAS TAREAS DEL FUTURO

As, pues, no deja de ser paradojal que, en los meses previos al acto eleccionario de diciembre prximo, se nos haga partcipes de una soterrada disputa entre quienes aparecen como nuestros representantes en la escena poltica de la nacin y los movimientos sociales a algunos de los cuales pertenecemos. No es aventurado ni temerario suponer que la escena poltica buscar barrer, por todos los medios posibles a su alcance, con cualquier opcin que tenga como base el funcionamiento y vigencia de los movimientos sociales. Para ello no escatimar esfuerzos en convencernos de la independencia que algunos personeros guardan de las organizaciones polticas. Nos mostrarn, por ende, personas que aspiran a cargos pblicos aparentemente alejadas de la poltica tradicional, de candidatos independientes que se presentarn como representantes genuinos del inters social. La lucha de clases se librar, as, entre la escena poltica y los movimientos sociales o, lo que es igual, entre quienes defendern la majestad del partido como nica alternativa ante una masa anrquica e ignorante, hurfana de direccin. Y puesto que ser una manifestacin ms de la eterna lucha de clases entre quienes detentan el poder y los desposedos, toda la fuerza del aparato estatal estar dirigida en contra la poblacin [viii] .

Qu hacer, en ese caso? Los movimientos sociales tienen un solo camino por delante. Sus movilizaciones han de incrementarse. Cada uno de sus actos debe ser un paso ms hacia la organizacin nica. Los objetivos planteados no pueden ser sino sus reivindicaciones ms sentidas. Tales movilizaciones debern alcanzar un grado de desarrollo tal que permita a sus miembros doblegar la voluntad de la autoridad. En esas actividades, deber ocupar un rol especialsimo la realizacin de la protesta social, que es la protesta territorial, la que reivindica el lugar donde se vive, la que reivindica la propiedad del entorno de cada persona, el lugar donde nadie, sino uno mismo con los suyos, tiene derecho a decidir. El apoyo a la formacin de una asamblea constituyente, que constituye apoyo a la organizacin territorial de la comunidad, es un paso ms en el desarrollo de la organizacin autnoma de la poblacin. No hay que olvidarlo.



[i] Pinto, Boris y Guzmn, Nicols: Piera destaca a presidenciables de la Alianza [] , El Mercurio, 12 de marzo de 2013, pg. C-2.

[ii] No pocos elementos de la llamada izquierda no slo niegan la lucha de clases, sino la existencia misma de las clases sociales; en el mejor de los casos, la ignoran. Y sin embargo, los propios sectores dominantes se reconocen como una clase diferente. No por algo el multimillonario Warren Buffet se ha jactado diciendo: Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, quien ha empezado esta lucha. Y la vamos ganando.

[iii] No sabemos qu pasar con el dirigente de las comunidades de pescadores de Aysn Ivn Flores quien, cooptado por la Democracia Cristiana, va de candidato a diputado por esa localidad. Tampoco conocemos lo que pasar con Giorgio Jackson y su movimiento Revolucin Democrtica a quien la Concertacin le haba negado el permiso a participar en las primarias de junio prximo si no haca la promesa de apoyar al candidato de la coalicin en diciembre prximo. O si Camila Vallejo y Camilo Balleteros claudicarn ante la Concertacin.

[iv] Redaccin: Gabriel Boric dice que si el movimiento estudiantil se abandera con un candidato se desarma internamente, El Mostrador, 4 de abril de 2013.

[v] Oyarzn Vargas, Gonzalo: La candidata Bachelet: vendiendo gato por liebre, El Mostrador, 4 de abril de 2013. Oyarzn es vicepresidente de la Federacin de Estudiantes de la Universidad Padre Hurtado.

[vi] Un ejemplo es la acusacin que la oposicin le hace a Piera por haber concedido este mes un nuevo un bono para las personas inscritas como necesitadas; el argumento empleado no se ha referido slo al uso electoral del bono sino, adems, a la forma de resolver los problemas sociales de remuneraciones a travs de bonos, que aparecen como paliativos. Sin embargo, la oposicin silencia que bajo el mandato de Michelle Bachelet tal fue igualmente la poltica del gobierno. Un rpido recuento de esos bonos nos permite enumerar cinco concedidos bajo el mandato de la presidenta, a saber:

1. En junio de 2006, para paliar las alzas del invierno (combustibles y transporte pblico): 18.000 pesos. Costo para el pas: 8.814 millones de pesos;

2. En abril de 2008, por la inflacin, 20 mil pesos. Total 9.130 millones de pesos;

3. En junio de 2008, a pensionados que no ganaran ms all de 255 mil pesos, 20 mil a cada uno. Total 28.232 millones;

4. En enero de 2009, 40 mil pesos por carga familiar a sectores de menos ingresos, por crisis internacional. Total: 156.810 millones; y,

5. En agosto de 2009, 40 mil a familias con escasos recursos. Total 162.104 millones.

[vii] Uno de los hechos ms graves ocurrido en este ltimo tiempo ha sido el nombramiento del parlamentario Pedro Velsquez, ex alcalde de Coquimbo, condenado por los tribunales en 2006, por el delito de fraude al Fisco en $ 284.241.700, en calidad de segundo vicepresidente de la Cmara de Diputados. Este flamante vicepresidente ha sido elegido gracias al apoyo brindado por los sectores gobiernistas e independientes con el apoyo de la Alianza por Chile. Es probable que antes de la publicacin de este artculo, el parlamentario abandone el cargo asumido y contine con la labor de diputado que tiene, por disponerlo as la constitucin.

[viii] No parece necesario insistir aqu en los notorios privilegios que se han asignado nuestras autoridades, llmense presidente, diputados, senadores, ministros, alcaldes, jefes de partidos o concejales. En relacin a los parlamentarios, es bien sabido que son los mismos quienes se fijan las remuneraciones y asignaciones especiales que van a percibir; nadie ignora que entre uno y otro rubro, los honorables reciben cerca de 14 millones de pesos al mes. Por eso resulta hasta grotesca la discusin habida en el Parlamento hasta hace poco sobre el monto aproximado de diez mil pesos propuesto por el Ejecutivo para elevar el salario mnimo de los trabajadores. El desprestigio de la labor parlamentaria es notorio; tanto diputados como senadores no asisten con regularidad a las sesiones del Parlamento, a menudo promulgan leyes con errores manifiestos, se enredan en discusiones que terminan en insultos y groseras mutuas, descalificaciones denigrantes de un sector contra el otro, en fin. Un ejemplo del poco cuidado que se tiene para llevar adelante determinadas propuestas es el caso de la acusacin formulada en contra el ministro Harald Beyer, en donde los sectores acusadores copiaron, simplemente, una acusacin anterior sin preocuparse de cambiar las citas de los artculos pertinentes; los fundamentos legales alegados por los acusadores se basaron en disposiciones de leyes que nada tenan que ver con los hechos alegados. Asunto aparte es la propaganda electoral para las prximos comicios de diciembre que ha empezado a aparecer en peridicos, radios y letreros colocados en numerosos sectores de la capital, con abierta trasgresin a la ley. Recomendamos, al respecto, el artculo La injusta propaganda electoral, de Claudio Fuentes S., publicado el 14 de febrero pasado en el peridico digital El Mostrador. No parece necesario igualmente enumerar aqu los numerosos letreros de propaganda electoral para las elecciones municipales, realizadas el ao pasado, que an permanecen colocados en varias comunas de la capital.

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter