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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

Cronopiando
Los confines de la tierra

Koldo Campos Sagaseta
Rebelin


Tras las dos bombas que han provocado la muerte de tres personas en Boston durante una prueba deportiva, el gobierno estadounidense y sus organismos de inteligencia han coincido en afirmar que se llegar a los confines de la tierra para encontrar al responsable. Yo tengo la impresin de que, sin embargo, tal vez no tengan que ir tan lejos como aseguran. Es ms, probablemente, ni siquiera tengan que salir de los Estados Unidos para dar con el responsable.

Los enemigos de los Estados Unidos, incluyendo su propio gobierno, acostumbran a hacer las cosas a lo grande y las dos bombas artesanales ocultas en ollas que aportaran metralla, ms que de una siniestra organizacin terrorista, sigo incluyendo al gobierno estadounidense, parecen obra de un nico individuo. Al fin y al cabo, fueron dos bombas, dos ollas, dos bolsas, dos manos y, posiblemente, la impunidad de un perfil inequvocamente americano, que no despertara sospecha alguna. Y tambin sospecho que, el da en que se sepa la demencial razn que pretenda explicar el atentado, no vamos a encontrar ninguna guerra santa, ni venganza infinita del confn del mundo. Posiblemente se trate de un mvil genuinamente americano: tal vez despecho por haber sido cancelado de algn cuerpo de seguridad; quizs represalia por no habrsele permitido inscribirse en la carrera; acaso la revancha de un vecino enojado por las dificultades para acceder a su vivienda por causa del maratn En contra de las medidas que ya se estn tomando en Londres, en Madrid, en otras capitales que se disponen a celebrar este tipo de carreras en previsin de que el autor pueda tener un odio irrefrenable hacia los maratones, sigo creyendo que los confines que deben ser investigados estn mucho ms cerca. Como viene siendo habitual en ese pas el autor del atentado acabar siendo un perturbado que actuaba solo y al servicio de nadie. Los cuatro presidentes estadounidenses asesinados a lo largo de su historia lo fueron a manos de hombres que respondan a esas mismas caractersticas: Lincoln, Garfield, McKinley y Kennedy, todos asesinados por hombres perturbados que actuaban solos y al servicio de nadie. Otros presidentes como Andrew Jackson, Franklin Delano Roosevelt, Harry Truman, Gerald Ford y Ronald Reagan, sobrevivieron a atentados contra sus vidas, siempre a manos de hombres perturbados, que actuaban solos, al servicio de nadie.

Polticos como Robert Kennedy, lderes como Martin L. King, artistas como John Lennon, fueron asesinados por hombres perturbados, que actuaban solos, al servicio de nadie.

Estados Unidos dispone del mayor arsenal en la historia de la humanidad de asesinos perturbados, que actan solos y al servicio de nadie.

 

El militar estadounidense Thimoty McVeigh, de anglosajn nombre y apellido, blanco para ms seas y condecorado tras la primera guerra de Iraq, el mismo que vol por los aires el edificio federal de Oklahoma provocando centenares de muertos, era tambin un "hombre perturbado, que actuaba solo, al servicio de nadie".

Eric Robert Rudolph, veterano del Ejrcito de Estados Unidos, autor de la bomba en Atlanta en 1966 que provocara un muerto y ms de un centenar de heridos, responsable tambin de otro atentado con bomba en 1998 contra una clnica que realizaba abortos en Alabama y en el que un polica result muerto, y autor de otros atentados con bomba contra clubs frecuentados por homosexuales y oficinas pblicas, tambin era un hombre perturbado que actuaba solo y al servicio de nadie.

Jeff Weise, estudiante estadounidense de diecisiete aos, antes de seguir el ejemplo de su padre y suicidarse, se llev por delante a diez escolares. Weise, quien al parecer era constantemente vejado y hostigado en la escuela, admiraba a Hitler "y su coraje para ir a la conquista de las grandes naciones. No se llamaba Bin, ni Ben, ni Ho-Yan-Chu, ni Mohamed, ni Lpez, sino Jeff Weise.

Tampoco era originario de Afganistn, ni de Irak, ni de Irn o de Corea del Norte, sino de Estados Unidos. No haba permanecido oculto en ninguna remota cueva de Tora Bora, ni en un inexpugnable refugio de Bagdad o Damasco. Jeff asista a una escuela secundaria de Red Lake. No profesaba la religin musulmana, ni la ortodoxa, ni la hinduista, ni siquiera se dedicaba a los cultos satnicos. Jeff era feligrs de la Iglesia protestante. No era miembro de Al Qaeda, ni de la Jihad Islmica, ni del Frente Moro de Liberacin filipino o Hamas, sino admirador de Adolf Hitler. No vesta babuchas, ni tnicas, ni se pona turbantes. Jeff prefera los clsicos "jins" y la tpica gorra con el emblema de los Timberwolves. No sintonizaba el canal de Al Yazeera, sino la CNN. No coma quipes, ni tipiles, ni dtiles, sino sanwichs y corn-flakes. Tampoco beba t, sino cola. Y no usaba sandalias sino zapatillas "Converse". No celebraba el Ramadn, ni el ao nuevo chino, sino el 4 de julio. No fue estudiante meritorio de ninguna madraza talibana o escuela cornica, sino de una simple y comn escuela secundaria estadounidense.

No haba peregrinado nunca a La Meca, ni se haba baado en el Ganges, ni haba subido al monte en el que or el profeta. Muy al contrario, Jeff sola ver por televisin los juegos de bisbol del equipo local mientras coma galletas Prezler. Y no fue en un campo de entrenamiento militar de Afganistn donde aprendi a fabricar bombas, sino en su apartamento de Boston y por Internet

A Jeff Weise, como a tantos otros escolares que han protagonizado incontables matanzas en escuelas y universidades estadounidenses compitiendo por ver quin es ms mortfero, probablemente, Santa Klaus les dejaba por Navidad uniformes de combate, rifles automticos, pistolas de todos los calibres para que aprendieran a apuntar y a disparar. Y antes de que aprendieran a hablar ya haban tenido la oportunidad de ver en televisin toda clase de guerras, escaramuzas, batallas, combates, con sus correspondientes e intrpidos comandos que nunca retroceden y siempre llegan a tiempo de salvarnos. Con ocho aos ya se maquillaban con pinturas de guerra para tender emboscadas a los perros y gatos de la vecindad. Sus habitaciones estaban decoradas con gigantescos afiches a todo color de Rambos de glida mirada, ametralladora en mano, exhibiendo bceps y pesadas cartucheras alrededor del desnudo y musculoso torso. Probablemente eran habituales consumidores de comics que ensalzan hazaas militares, o de revistas donde se trafican mercenarios, armas, guerras de alta y de baja intensidad. Probablemente se pasaban el da en blicos videojuegos. A no dudar que, antes de salir con la primera novia, ya tenan claro que los enemigos deben ser exterminados, que existe un perverso eje del mal que amenaza su estilo de vida, que ciertas odiosas minoras han tomado las calles y ponen en peligro su natural supremaca blanca, que hay que actuar ya...

Y los padres de estos apenas destetados pistoleros tampoco entendan la conducta de sus hijos. Los haban educado con arreglo a los ms slidos valores patrios y familiares. Para protegerlos, por supuesto, les haban enseado desde muy temprana edad a manejar armas y hasta algunos buenos trucos de defensa personal para que ningn otro nio fuera a abusar de ellos: No permitan que les peguen, les haban enseado. Tambin haban sido instruidos, como la mayora de los nios, en su natural supremaca sobre las nias, para que no fueran a tolerarle a ninguna que los desconsiderase o cometiera la equivocacin de rechazarlos: No permitan que les dejen les haban enseado.

Y como buenos estadounidenses tambin se haban preocupado porque los pequeos aprendieran a honrar pas y bandera y a defenderse de toda clase de amenaza extranjera: No permitan que los amenacen les haban enseado. Por si fuera poco siempre les haban celebrado sus cumpleaos, con sus imprescindibles velas, globos y cantos. Tambin compartan con ellos el St. Thank Living Day y Halloween. Siempre haban cumplido con sus deberes ciudadanos votando una vez por los demcratas y otra por los republicanos, y haban respaldado la pena de muerte porque la sociedad debe protegerse de las hordas criminales.

Su encomiable y pedaggica labor tuvo su desenlace antes de tiempo, cuando sus hijos erraron el da y el disparo. Ahora no saben qu hacer. Condecorarlos? No sera, tampoco, la primera vez. En 1998, el nio Adam Walter, enojado por quin sabe qu agravios padecidos en su escuela y que haba decidido volar por los aires la escuela en general y su profesora de Ciencias en particular, fue descubierto a punto de realizar su sueo y condenado a 8 aos de probatoria. Tal vez porque como aseguraba el abogado del nio Walter es un buen chico, ms all de la histeria provocada por el incidente, la Fuerza Area de los Estados Unidos le ofreci una de sus mejores becas para ingresar a su academia una vez cumpliera el castigo.

Ni Jeff, ni Rudolph, ni Mc Veigh, ni Adam Walter, fueron detectados por los muchas agencias de informacin, centrales de inteligencia y formularios verdes que preservan la seguridad de los ciudadanos estadounidenses, porque slo se aplican a ciudadanos extranjeros y, curiosamente, todos los citados asesinos que actuaban solos y al servicio de nadie eran ciudadanos estadounidenses y vivan en Estados Unidos, no en los confines de la tierra.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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