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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

Descolonizar la democracia

Antoni Jess Aguil
Rebelin


A pesar del cambio de estatus legal y poltico que los procesos de descolonizacin supusieron para las antiguas colonias occidentales, la hegemona de las formas ideolgicas y culturales occidentales no ha sido alterada de manera significativa. Como afirma Ashis Nandy [1]: Occidente est ahora en todas partes, dentro y fuera de Occidente: en estructuras y mentes.

En este punto confluyen las corrientes de pensamiento que denuncian la presencia de una ideologa neocolonial y occidentecntrica fundada, en palabras de Boaventura Santos, en una racionalidad perezosa, que se considera nica, exclusiva, y que no se ejercita lo suficiente como para poder mirar la riqueza inagotable del mundo [2]. Esta razn colonial es concebida esencialmente como una forma de negacin, subordinacin o eliminacin de la diversidad humana, pues equipara diferencia con deficiencia y confunde diversidad con desigualdad. El resultado es una actitud arrogante caracterizada por la falta de reciprocidad en las relaciones humanas. El colonialismo, desde este enfoque, consiste en todos los trueques, los intercambios, las relaciones, donde una parte ms dbil es expropiada de su humanidad [3], corriendo el riesgo de ser tratada como una propiedad u objeto manipulable. As, donde la razn colonial penetra, se llevan a cabo dinmicas de deshumanizacin, incluso sin la presencia de administraciones coloniales.

Estas corrientes comparten el reto de contribuir a descolonizar el pensamiento dando voz a las vctimas del colonialismo y otras formas de dominacin. Descolonizar el pensamiento significa luchar contra los diferentes sistemas de opresin y dominacin que pretenden imponer una sola forma de pensar, de ser y vivir. Es hacer frente al colonialismo (como negacin sistemtica de la humanidad) y a sus instrumentos de legitimacin (econmicos, polticos, mediticos, acadmicos, etc.) para construir nuevas relaciones de respeto mutuo, igualdad y solidaridad. Es, en sntesis, dignificar la condicin humana en sus ms diversas expresiones.

La democracia representativa liberal ha sido y es una de las instituciones al servicio del colonialismo occidental. Ms all de su afn universalista, se trata de una forma particular e histrica de democracia que despunta en la Europa que proclama el ideario liberal-burgus del progreso, la razn y la emancipacin. Fue la modernidad capitalista y liberal la que, tras siglos de desprestigio, recuper la democracia en su forma representativa para limitar el poder de la monarqua absoluta, combatir los privilegios de las lites nobiliarias y extender el poder poltico a la burguesa emergente.

Sin embargo, la democracia representativa no fue concebida originariamente como un instrumento para canalizar las aspiraciones populares de orden econmico, social y poltico. El liberalismo se apropi de la representacin poltica como estrategia de los ricos para asegurar y mantener su propia posicin de dominacin socioeconmica por medios polticos [4]. Desde sus orgenes modernos, la democracia representativa estuvo regida por una matriz cultural occidental, individualista, clasista, racista, patriarcal, homfoba, excluyente, competitiva, consumista, explotadora en el empleo y depredadora del medio ambiente. La democracia representativa formaba parte de un modelo civilizatorio que impuso alrededor del mundo el seoro del moderno sujeto blanco, varn, adulto, heterosexual, propietario de bienes, cristiano y padre de familia. Entre los destinatarios de la democracia no figuraban los asalariados, las mujeres, las personas con discapacidad, los pobres, las personas no blancas ni las minoras tnicas y sexuales, grupos considerados inferiores y, en razn de ello, susceptibles de ser cosificados, explotados y silenciados. Este hecho evidencia el carcter colonial de la democracia liberal y del tipo de relaciones que estableci con una multiplicidad de sujetos a los que despolitiz y deshumaniz.

La dimensin colonial de la democracia liberal permanece todava en sus conceptos, valores y usos histricos. He aqu algunos ejemplos: 1) la hegemona poltica, social y acadmica de modelos de democracia representativa, elitista y formal creados en Europa y Estados Unidos y presentados al mundo como espejos de democracia en los que mirarse. La autopercepcin de Occidente como espejo de democracia oculta la naturalizacin y globalizacin de un canon democrtico que toma como base la experiencia poltica de cuatro pases occidentales: Francia, Inglaterra, Holanda y Estados Unidos. 2) El descrdito de concepciones y prcticas de democracia que no hablan el lenguaje de la democracia representativa: formas participativas, deliberativas y comunitarias que interpelan directamente a la monocultura de la representacin. 3) Las estrategias eufemsticamente llamadas de promocin internacional de la democracia liberal (guerras preventivas, misiones de paz, etc.), que supeditan los anhelos populares de transformacin econmica, poltica y social de los pases intervenidos a un modelo de democracia considerado innato y universal y que responde, en la prctica, a los imperativos e intereses de la globalizacin neoliberal. 4) La presencia renovada en Europa de una Herrenvolk Demokratie (la democracia del pueblo de los seores). Aunque este concepto se introdujo en referencia a determinados regmenes segregacionistas, como el de la Sudfrica del apartheid, donde minoras blancas se proclamaron seoras de la mayora negra, permite describir la actual apropiacin neoliberal de la democracia representativa. Vivimos en democracias electorales que, a pesar de reconocer formalmente la igualdad jurdica y poltica de sus ciudadanos, son compatibles con reglas salvajes que aseguran el dominio de lites polticas y econmicas neocoloniales. Es la democracia de los seores de la globalizacin y del dinero, cada vez ms agresiva, arrogante y excluyente. La democracia se ha convertido en su instrumento de ataque, en un espejo de las antiguas sociedades coloniales reproducidas hoy en el sur de Europa, donde es utilizada para establecer grados de inhumanidad que abarcan ms y ms gente: parados, pensionistas, funcionarios, familias desahuciadas, enfermos sin urgencias, estudiantes, inmigrantes, estafados por las preferentes, etc.

Nuestra concepcin de la democracia y sus prcticas tiene que descolonizarse. Descolonizar la democracia significa desaprender su matriz eurocntrica centrada en la perspectiva del sujeto masculino, blanco, heterosexual, burgus, alfabetizado y cristiano; denunciar una democracia falsamente representativa que iguala a opresores y oprimidos en las urnas, y cuyos rituales fingen una normalidad que para muchas personas es sinnimo de abandono e injusticia; rechazar la falsa universalidad de una democracia de siervos y seores que camufla las ideas e intereses de la clase, grupo o cultura dominante. Tambin significa romper el espejo colonial en el que la democracia liberal se ve como forma superior de organizacin poltica para reivindicar que la democracia no debe construirse nicamente sobre la base de procesos electorales, sino a partir de prcticas que no pueden quedar subsumidas en la democracia representativa, blanca, clasista, elitista, racista y machista globalizada. Las asambleas deliberativas, la rotacin de cargos, el mandato imperativo, los referndums, la iniciativa legislativa popular, el presupuesto participativo y la democracia electrnica, entre otras prcticas, forman parte de la vida secreta de la democracia.

La descolonizacin de la democracia slo puede resultar de dos aprendizajes: 1) la humanidad de unos no puede construirse a costa de la inhumanidad de otros. No hay una forma de ser humano ms plena y legtima, pues, como afirma Montaigne [5], cada hombre encierra la forma entera de la condicin humana. La democracia tiene que ser un espejo polidrico cuyas imgenes reflejen las variadas formas de humanidad vigentes. 2) Hay que promover el dilogo y la complementariedad entre las diversas formas de democracia, reconociendo, con Martha Nussbaum, que las ideas primigenias de la igualdad, la democracia y los derechos humanos existieron en muchas culturas, aunque bajo diferentes formas y lenguajes. Sin dilogo entre democracias, la democracia se vuelve un discurso monocorde y su diversidad se pierde.

Notas

[1] Nandy, A. (1982), The Intimate Enemy: Loss and Recovery of Self Under Colonialism, Oxford Univesity Press, Delhi, pg. 11.

[2] Santos, B. S. (2006), Renovar la teora crtica y reinventar la emancipacin social (encuentros en Buenos Aires), CLACSO, Buenos Aires, pg. 20.

[3] Ibid., pg. 50.

[4] Pateman, C. (1985), The Problem of Political Obligation. A Critique of Liberal Theory , University of California Press, Berkeley, pg. 148.

[5] Montaigne, M. (1998), Ensayos III, Ctedra, Madrid, pg. 27.


Antoni Jess Aguil es filsofo poltico e investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Combra (Portugal).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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