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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

Anlisis de una encuesta silenciada por la casta poltica

Emilio Pizocaro
Socialismo21

Las encuestas estn reflejado fielmente lo que todo el mundo sabe. Con los polticos profesionales no hay democracia real.


No es la idea de revolucin lo que est en crisis actualmente. Lo que est en crisis es la idea de partido. No hay que equivocarse de crisis. El enemigo nos dice que la revolucin est en crisis, porque es lo que a l le viene bien. Lo que le interesa y lo que le viene bien es decirnos no hay ninguna otra poltica posible
Alain Badiou, Filsofo Francs

 

En estos das saltaron las alarmas en los elegantes despachos de la casta poltica espaola. Los resultados de una encuesta de la empresa especializada My Word han colocado de los nervios a los polticos profesionales.

La investigacin demoscpico divulgado por la Cadena Ser (y silenciada a las pocas horas) predice los fuerte movimientos telricos que movern el piso del establishment partidocratico, Veamos:

(http://www.cadenaser.com/espana/articulo/59-ciudadanos-aprueban-escraches-mejor-instrumento-presion/csrcsrpor/20130415csrcsrnac_1/Tes?id_rss=14092012-Ser-rs-1-Tw)

1.- Los espaoles depositan mayoritariamente su confianza en los nuevos movimientos sociales. Un 57% de los consultados cree que la democracia funcionara mejor sin partidos polticos y con plataformas sociales elegidas para la gestin de los asuntos pblicos.

2.- Un 88% de los espaoles cree que los partidos polticos forman parte de una elite, junto con los grandes empresarios y los banqueros, y que trabajan solo en la defensa de los intereses de unos pocos.

3.- La mayora de los ciudadanos, un 61%, sigue creyendo que la democracia, con todos sus defectos, es el mejor sistema poltico posible.

4.- Un 59% de los ciudadanos aprueba los escraches como el mejor instrumento del que disponen para rebelarse o presionar ante la situacin de crisis que vive Espaa.

5.- El rechazo al bipartidismo es unnime incluso entre la derecha. Una abrumadora mayora, el 87%, lo rechaza.

6.- Entre los movimientos sociales nuevos, la Plataforma de Afectados por las Hipotecas tiene 67 de respaldo: La apoya un 75%, le siguen el movimiento 15-M, con un 67% y los Afectados por las Preferentes, con un 65%;

7.- Los sindicatos reducen su respaldo a un alarmante 18%. La gran mayora los ciudadanos cree que son parte del rgimen.

8.- Respecto de la economa de mercado, es decir del capitalismo: el 60% lo rechaza porque genera desigualdades y malestar.

9.- Un 44%, frente a un 37% piensa que quien realmente manda son los mercados y las instituciones supranacionales.

10.- Un 57% cree que la imputacin de la infanta Cristina cuestiona la supervivencia de la Corona. Un 35% que es grave y apenas un 7% piensa que va a ser perjudicial slo para la propia infanta.

En otra encuesta, efectuada hace solo dos semanas, coincide plenamente con la informacin de la Cadena Ser. La exploracin del CIS certifica que los polticos espaoles (todos y sin excepcin) reciben un 93 por ciento de desaprobacin y que el rechazo a los partidos polticos es de un 91 por ciento.

Los estudios de opinin hablan por si solos y sin embargo merecen ms de un anlisis.

La derecha responde.

La crisis poltica espaola es palpable, se puede tocar. Por ello, este fin de semana en un gesto de elocuente intranquilidad, Mara Dolores de Cospedal sac la voz para sentenciar; sin polticos no hay democracia.

Se equivoca la lideresa del PP y se equivocan todos aquellos que confunden la poltica con los polticos profesionales.

Las encuestas estn reflejado fielmente lo que todo el mundo sabe. Con los polticos profesionales no hay democracia real.

La mayora ciudadana se da cuenta que soportamos una elite que es personal a sueldo de unas empresas de empleo privilegiado que se llaman asimismo partidos polticos.

El respetado historiador Jos lvarez Junco, le ha puesto palabras a esta crisis; Da la impresin, que los partidos actuales estn en situacin pre-agnica. El PP, y ms an el PSOE, podran desaparecer en poco tiempo.

Ha muerto la poltica?

A pesar de los gruidos destemplados de los polticos de profesin, la verdad es que la poltica no ha muerto. Est ms viva que nunca.

Los ciudadanos de a pi, salvarn a la poltica porque la necesitan. Ya lo esta haciendo al entregar masivamente su confianza a los nuevos y exitosos movimientos sociales.

La ciudadana ha entendido que la democracia no es votar cada cuatro aos. No quiere enajenar su derecho a decidir. No quiere dejar su opinin en manos de unos representantes que llegado el momento se olvidan de los votantes y solo cumplen las orden del partido que les da empleo, con sobresueldos incluidos.

La accin de los nuevos movimientos establece las bases para la realizacin una democracia real. En su practica est el germen de una nueva tica emancipatoria. Una democracia real sin las improductivas mediaciones de las burocracias partidarias.

En realidad la crisis del capitalismo y su necesario compaero de ruta, el virus mortal de la corrupcin, ha descompuesto rpidamente todo el orden constitucional del 78. Esta podredumbre incluye a los partidos nacionalistas perifricos y a las cpulas de los dos grandes sindicatos del sistema.

Salta a la vista que el problema que tiene la casta poltica se llama supervivencia. Sus lamentos dan cuenta que ello. En privado reconocen que la corrupcin ha sido un golpe letal y que estn jugando los descuentos.

Qu pasar con la izquierda tradicional?

S alguna fuerza puede salvarse de este merengue inmoral es la izquierda institucionalizada. Su militancia es luchadora y forma parte activa de los movimientos sociales. La honradez de su personeros mximos no ha sido cuestionada. Sin embargo, esto ya no es suficiente.

La historia ha puesto sobre la mesa un desafo de proporciones. En Europa se aproxima el tiempo de las revoluciones del siglo XXI. El tiempo de las revoluciones democrticas ser cuestin tambin del viejo continente.

Los nuevos movimientos encaminan sus pasos en ese sentido. La revolucin democrtica del nuevo siglo, necesariamente desplazar a la vieja partidocracia y establecer nuevas formas de democracia directa y participativa (que limite en sus justos trminos el papel de los representantes).

Sectores de cpula de la izquierda apegadas a las instituciones se resiste a entender que el desastre de la casta poltica es un camino sin retorno. En esos crculos ms de algn personaje ha confundido ser un revolucionario profesional -como los pensaba Lenin- con vivir como un poltico profesional como se practica en Espaa.

El irremediable desgaste del PP y del PSOE , alimenta el apetito de algunos dirigentes izquierdistas. Suean con nuevos tripartitos. Aspiran a co-gobernar con el PSOE al estilo Andaluz. Afilan los dientes para los prximos comicios de las comunidades autnomas.

El ms sincero de esta deriva oportunista es el diputado Gaspar Llamazares. En su libro que curiosamente lleva por titulo El libro Rojo postula derechamente una alianza con el PSOE para salvar al capitalismo.

Es la izquierda institucionalizada un problema?

Este tipo de izquierda se ha quedado en el pasado. Como explica Tony Negri ha sido alimentada ideolgicamente con aquellas nociones de las Constituciones Europeas , surgidas despus de la segunda guerra mundial. Estos pactos reconocan un estado social pero que a continuacin declaraban sagrado el derecho de propiedad y igualaban democracia a capitalismo.

Estos equvocos en cuestiones cardinales para la economa y la poltica lastra la imagen de la marca electoral de la izquierda. De hecho colocan en entredicho los acuerdos de su ultima asamblea federal que aprob impulsar un proceso constituyente, para cambiar el ancien regime.

Parte importante de la izquierda institucionalizada practica una idea del siglo pasado. Sinnimo de poltica es elecciones, parlamento, organismos del sistema. A fin de cuentas el parlamentarismo demo-liberal ha servido para obtener recursos y mantener un aparato burocrtico que se auto-reproduce en el poder.

Cierta izquierda europea ha olvidado convenientemente que ninguna de las revoluciones del siglo XX la hizo un partido institucionalizado. Tampoco fueron los partidos legales los que forjaron las grandes revoluciones democrticas y populares del siglo XIX en Europa.

Otra cosa muy distinta es que las grandes transformaciones han tenido siempre tras de s a organizaciones de revolucionarios dispuestos a abrir nuevos derroteros para la poltica.

No debemos confundir a los actores de la liturgia de los puos en alto, las banderas y los himnos con los autnticos revolucionarios. Estos no estn ni el los parlamentos nacionales, ni en ese organismo inoperante que es el parlamento europeo.

La poltica no est en crisis

Tal como afirma el filosofo francs Alain Badiou, lo que est en crisis es la vieja idea de partido de estado. No est en crisis la poltica como fuerza emancipadora y menos an la necesidad de una revolucin democrtica.

En el siglo XXI asevera habr que reinventar la poltica, el arte de la poltica, la alegra colectiva de la poltica porque s estamos convencidos que la poltica puede ser una creacin, entonces la organizacin poltica es un grupo creador. No es un instrumento, no es un aparato.

Los pueblos de Espaa estn mostrado una gran capacidad de creacin poltica re-inventando nuevas formas de lucha.

Se ha legitimado ante la opinin publica la desobediencia civil y la propia dinmica de la crisis empuja a los movimientos a constatar que no hay salida democrtica dentro del castillo blindado de un rgimen poltico aejo.

En este escenario si la izquierda parlamentaria quiere sobrevivir debe tomarse en serio una poltica ruptura democrtica.

No es de recibo que mientras los abnegados militantes de la izquierda estn en todos los frentes de lucha, la dirigencia del partido y los sindicatos mayoritarios estn a la cola de todos los llamados a movilizacin

La antiguas recetas ya no sirven.

El partido tradicional hace mucho que perdi la iniciativa. Aquel aparato que solo vive por y para las elecciones ha cado buenamente en el precipicio que anticip Gramsci: el partido (burocrtico) acaba por volverse anacrnico, y en los momentos de crisis aguda queda vaco de su contenido social y queda como apoyado en el aire.

La historia reciente en Europa ha demostrado que las estrategias puramente electorales, incluyendo aquellas que propugnan un frente de izquierdas, son una trampa. Un callejn sin salida que solo legitima el sistema imperante. Estas estrategias sustentadas por el cretinismo parlamentario han llevado a derrota tras derrota a la izquierda en Alemania, Francia e Italia.

En medio de una profunda contra-revolucin conservadora y neoliberal el parlamentarismo nada han conseguido y nada conseguir. Bueno, no exactamente. Puede seguir alimentar la burocracia partidaria.

En realidad la izquierda institucionalizada est desprovista de una tctica y una estrategia para la revolucin democrtica. Y, como carece de un pensamiento fuerte, no logra estar al nivel de un pueblo que est en plena ebullicin rupturista.

Las antiguas polticas parlamentarias de saln conducen a la bancarrota de cualquier partido que se asuma de izquierda. El tercer estado est activado y calienta motores buscando una salida a la plebeya. La ruptura desde abajo es una acontecimiento que crece en la medida que la crisis se profundiza.

Espaa tiene una importante diferencia con otros pases esquilmados del sur de Europa. En el reino Borbn, adems del desastre econmico, hay una profunda crisis del modelo territorial. Ha quedado obsoleta la monarqua parlamentaria negociada con los herederos del franquismo.

Revolucin democrtica es lo que toca.

El nudo gordiano de la crisis espaola es la crisis del poder poltico constituido. Cada da que pasa los hechos ponen en evidencia que el orden establecido por la transicin ya no sirve ni para la clase dominante ni para las clases dominadas.

La revolucin digital ha creado la base material para el cambio democrtico. Ofrece los medios tecnolgicos (mviles, tabletas, ordenadores) para que los ciudadanos puedan decidir directamente, mediante el voto electrnico, las leyes y disposiciones que les afectan de modo fundamental.

La gente comn se da cuenta de las posibilidades del cambio. Quiere participar. Demanda horizontalidad. Exige que no se le arrebate su derecho a decidir.

Hace solo poco ms de una ao, un pequeo grupo levantamos la idea de un proceso constituyente para llevar a cabo una revolucin democrtica. Un proceso que edifique una nueva institucionalidad desde abajo y con los de abajo.

Al comienzo, las lites creyeron que ramos marcianos. Para su sorpresa, en pocos meses, la idea de los constituyentes ha impregnado fuertemente a los movimientos sociales. La realizacin de un proceso constituyente democrtico es hoy la alternativa ms sera para una salida democrtica de la crisis.

La tiempos histricos van tan rpido que las tornas estn cambiando dramticamente. No solo hay que cambiar el gobierno. Hay que cambiar el rgimen. La tercera repblica ya es una utopa alcanzable para esta generacin.

Vivimos el comienzo del fin de una poca. Caduca una manera de hacer poltica con moquetas y coches oficiales. Se acaban esos soberbios das de vinos, puros y rosas (al estilo Brcenas) financiados con la especulacin inmobiliaria de la Banca.

Pero cuidado, no hay que vender la piel del oso antes de matarlo! El silbato del arbitro no ha sonado todava y la casta aspira a meter un gol de ltima hora.

No le quitemos el culo a la jeringa

Como era de esperar, los elementos ms avispados del poder constituido estn proponiendo reformas constitucionales. Los polticos profesionales, ni cortos ni perezosos, se apuntan apresurados a estas reformas cosmticas.

Este ejercicio de transformismo de los conocidos de siempre no se lo cree nadie. Vienen una vez ms con un pual bajo el capote. Es la vieja practica gatopardista; que aparenta el cambio para que nada cambie.

El proyecto de los constituyentes est en las antpodas de las pretensiones de las lites del poder. El proceso constituyente tiene dos caractersticas inseparables; es revolucionario porque su objetivo es desplazar al poder constituido y es democrtico porque se vale de medios democrticos. Los emplea para constituir un nuevo poder donde las decisiones de pueblo no sean arrebatadas por una oligarqua.

Los constituyentes, al igual que la gran mayora de los movimientos sociales, piensan que no debemos ni podemos quitarle el culo a la jeringa.

La era esta pariendo un corazn. Se le puede escuchar y nos dice Revolucin Democrtica es lo que toca. Con seguridad ser un camino difcil , con avances y retrocesos pero es el signo de un nuevo tiempo histrico.

Esta revolucin democrtica debe llevar a cabo una profunda limpieza de todo el espectro poltico. Como dice el profesor Juan-Ramn Capella No solo hay que jubilar o poner a la sombra al personal poltico. Hay que trabajar para que la ltima palabra la tengan los pueblos de Espaa.

Fuente: http://socialismo21.net/analisis-de-una-encuesta-silenciada-por-la-casta-politica/



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