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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

Marejada social en el pas

Paul Walder
Punto Final


La primera marcha de este ao convocada por el conjunto de las organizaciones estudiantiles, cumpli con todas las expectativas. La movilizacin del 11 de abril no slo demostr que el movimiento de los estudiantes chilenos est consolidado y sin fracturas tras varios aos de lucha, sino que tambin se ha instalado como un referente sobre el cual comienzan a ordenarse otras organizaciones sociales: el masivo acto del jueves 11 tuvo como antecedentes inmediatos un paro nacional de los trabajadores del cobre de los sectores pblico y privado, protestas de advertencia de las quince mil funcionarias de Integra y el paro de los empleados portuarios, que lograron paralizar durante varios das el trfico de carga martima alterando los nervios del gobierno y de los empresarios exportadores, que ya calculaban en millones de dlares las posibles prdidas.

La amplia movilizacin de los estudiantes, que logr las marcas de 2011, as como las organizadas protestas de los trabajadores, son acciones que se estrenan en un ao electoral y han sido anunciadas como el comienzo de una estrategia de activismo social que tender a profundizarse durante los prximos meses. A diferencia de huelgas espordicas y sectoriales anteriores, o tambin contrariamente con las primeras protestas estudiantiles de inicios de esta dcada, las actuales manifestaciones tienden a derivar desde lo gremial o sectorial para confluir en lo poltico. Los diversos movimientos sociales y sindicales coinciden hoy en un plan poltico cuyo ncleo es cada vez ms compartido. La renovacin del discurso poltico est impulsada desde la base.

El clima social que se ha instalado en el pas a partir de marzo pasado est alterando la correlacin de fuerzas por primera vez en los ltimos veinte aos. La fuerza de la calle, que se expresa tambin en las encuestas con niveles de rechazo histricos a la institucionalidad y que tuvo, por cierto, una clara manifestacin en la alta abstencin de las elecciones municipales de 2012, ha comenzado a pautear a los partidos. La acusacin constitucional de la Cmara de Diputados y el Senado contra el ministro de Educacin, Harald Beyer, no hubiera ocurrido sin la fuerza de las organizaciones estudiantiles. Hace pocos aos ese mismo Parlamento nunca hubiera cuestionado el lucro en la educacin. Tras esta accin -que es efecto de la fuerza de la calle sobre la rgida institucionalidad binominal, en desbandada por no perder an ms votos en las prximas elecciones-, no pocos analistas del establishment, incluso, prevn unos prximos meses de alta conflictividad poltica. El deterioro del binominal hoy no es efecto de su propia corrupcin, sino que se ha acelerado con las acciones y el discurso que surge desde las organizaciones sociales y sindicales.

 

LEJOS DE LOS PARTIDOS

Y DE LAS ELECCIONES

La fuerza de estos movimientos ha logrado tambin transparentar el deterioro de la poltica institucional, cooptada durante dcadas por los grupos de poder econmico. Las acciones, y en especial las omisiones, de los partidos polticos ante los reclamos ciudadanos no solo por la educacin, sino la salud y tantas otras reas de la produccin y los servicios, los han llevado al momento actual, cuya caracterstica es de un descrdito histrico. La marcha del 11 de abril recogi este clima poltico nacional. El presidente de la Fech, Andrs Fielbaum, que en una entrevista a Punto Final (PF 778) haba declarado los estudiantes no tenemos candidatos presidenciales, pudo observar que esta afirmacin fue recogida durante la marcha. Tanto as, que incluso la prensa del duopolio no pudo omitir ni esconder el evidente fenmeno juvenil que expresa un rechazo a los partidos. La marcha del 11, pese a estar en los albores electorales, no pudo estar ms lejos de ellos. Una enorme distancia separa las demandas e intereses de los estudiantes de los partidos polticos tradicionales. Entre las kilomtricas columnas, entre los millares de banderas, no hubo ninguna representacin partidaria.

Un pequeo incidente sirve de muestra. Durante la marcha hubo un panfleto llamando a votar que circul con la imagen de Camila Vallejo y Giorgio Jackson junto a Michelle Bachelet. Antes del medioda de ese jueves, Jackson escriba en su cuenta de Twitter que el folleto no lo representaba, en tanto la ex dirigenta Camila Vallejo, pese a ser candidata del Partido Comunista aliado del Socialista de Bachelet, llamaba a los responsables a dar la cara. Fielbaum declaraba durante este acto que el movimiento estudiantil no permitir que sus demandas sean modificadas y tergiversadas, palabras que fueron una inmediata respuesta a las opiniones que un par de das antes haba expresado Bachelet en una entrevista radiofnica. En la oportunidad, la expresidenta dijo de forma oblicua que no estaba de acuerdo con la gratuidad en la educacin. Bachelet us el mismo argumento tramposo que emple Piera un par de aos atrs para argumentar su rechazo a la gratuidad. Para ambos, los hijos de los ricos deben pagar sus estudios.

Esta falaz argumentacin compartida por Piera y Bachelet ha sido rpidamente respondida por los dirigentes universitarios. Para los jvenes, los millonarios como Piera han de financiar no slo la educacin de sus propios hijos, sino tambin de un buen nmero de otros jvenes a travs del pago de mayores impuestos: una manera de nivelar las desigualdades y de avanzar hacia una mayor inclusin social y solidaridad en la economa.

 

ESTA S QUE ES POLTICA: EL LLAMADO A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

Rechazo a la poltica? Por cierto que no. En la marcha un candidato, Marcel Claude, pudo caminar con tranquilidad entre los jvenes, lo mismo que algunos dirigentes sindicales y de organizaciones sociales. Muchos otros tambin estuvieron, pero ninguno como protagonista. Fueron meros observadores, simples participantes. El protagonismo de sta, como de las innumerables manifestaciones estudiantiles, es de los universitarios y secundarios. El movimiento les pertenece en toda su magnitud, en su historia y proyeccin.

Ante esta crisis de la poltica institucional los movimientos sociales ya han hecho su diagnstico: sin partidos y sin candidatos, pero con una clara propuesta poltica que no pasa por la restauracin de la quebrajada institucionalidad. Los jvenes, del mismo modo que todas las organizaciones sociales, saben que la recuperacin de la poltica pasa por la creacin de una nueva institucionalidad a travs del llamado a una Asamblea Constituyente. La soga que aprieta a los estudiantes y sus familias endeudadas por el sector financiero, a los trabajadores y empleados, a los consumidores y las diversas comunidades, est hecha del mismo material neoliberal y binominal.

La reciente experiencia del conflicto educacional no puede ser ms clara y ejemplificadora para los jvenes. El modelo neoliberal est basado en el lucro. Su esencia y razn de ser son las ganancias, sean stas obtenidas en la diversin, los crditos, la telefona, el transporte o, claro est, en la salud y la educacin. Ante las demandas estudiantiles, que exigen una educacin gratuita y de calidad como un derecho que debe entregar la sociedad o el Estado, el modelo neoliberal es el polo opuesto. Son dos visiones contrarias no slo de la economa, sino de entender el mundo. Las diferentes ofertas de bonos y rebajas de tasas de inters en el financiamiento anunciadas por el gobierno de Sebastin Piera no tocan la esencia del modelo, que es el lucro. Esa misma actitud de centinela de los negocios privados en la educacin le ha costado a Harald Beyer una gran humillacin en su vida poltica.

Con esta experiencia, en el pasado reciente, pese a las multitudinarias y numerosas marchas, quedan demostrados los lmites del modelo poltico-econmico sobre el que se apoya la educacin chilena. A futuro, al considerar las declaraciones de Michelle Bachelet -la candidata con mayores posibilidades de llegar (otra vez) a La Moneda-, es altamente probable que los estudiantes tampoco logren sus objetivos. La permanencia del modelo de mercado desregulado se estrella contra las demandas de los estudiantes.

Los grandes temas polticos no estn hoy en los partidos. Estos temas los ha venido colocando la ciudadana y han sido recogidos en parte por los partidos. Desde los ltimos aos de la dcada pasada, tal vez desde la misma revolucin de los pinginos, la poltica ha estado delineada desde la calle. Hablamos de la gran poltica, no de la agenda partidaria binominal o los anuncios gubernamentales, que poco o nada satisfacen o tranquilizan a la agobiada poblacin chilena. Es paradjico, y tambin un factor de inquietud que debiera llevar a alertar a los movimientos sociales, que para las prximas elecciones presidenciales la candidata de la Concertacin haya comenzado a levantar, con matices, algunas de las exigencias juveniles. Bachelet por un lado defiende el modelo de mercado, pero a la vez habla de gratuidad, lo que es una contradiccin manifiesta.

El llamado de los movimientos sociales y juveniles a una Asamblea Constituyente es el grado ms alto que puede alcanzar la poltica. Es creacin y tambin un llamado a la accin y participacin. Porque todas las demandas sectoriales debieran estar incorporadas en una nueva constitucin menos mercantil y ms solidaria, que ponga por delante al ciudadano y no al capital.

Son dos modos de mirar el mundo, el del gobernante, el poltico, el empresario, por un lado, y el trabajador, asalariado, joven o consumidor. La elite y la calle. Un episodio que expres esta divisin ocurri tras las paralizaciones de los portuarios y los trabajadores del cobre. Cmo les doli a los empresarios! Cmo le doli a Piera! No las demandas, sino las prdidas econmicas traducidas tambin en menores ganancias. Aquella jornada Piera se explay en una actividad en terreno y les dijo a los chilenos que deben cuidar el pas que tanto nos ha costado construir.

La frase de Piera nos recuerda las expresiones de Ricardo Lagos cuando censuraba las protestas porque daaban la imagen pas. Pero en realidad tanto Piera como Lagos son representantes -lo mismo que empresarios como Paulmann o Luksic-, de una elite favorecida por el modelo. Son representantes del escaso diez por ciento de la poblacin que se apropia de ms de la mitad de los ingresos totales, representan al uno por ciento multimillonario y poderoso que se apropia del 30 por ciento de toda la riqueza chilena. Ambos, as como sus respectivas coaliciones polticas, estn all para defender un modelo econmico que ha permitido una concentracin de la riqueza y unos niveles de desigualdad nunca vistos en la historia moderna de Chile. Es por ello que cuando se le pide al pueblo desde esas tribunas el cuidado del pas, se le solicita simplemente el mantenimiento del orden establecido, del statu quo , de las diferencias e injusticias.

Piera y su gobierno intentaron desacreditar las protestas de los trabajadores portuarios y mineros con la acusacin de politizacin del movimiento, denuncia que nos recuerda los peores aos de la dictadura y su persecucin a los polticos. Pese a las malas intenciones del gobierno, el hecho es una gran verdad. No solo hubo numerosas y muy pblicas muestras de apoyo y solidaridad entre los diferentes movimientos de trabajadores, sino que las demandas han comenzado a trascender lo sectorial para orientarse a problemas compartidos por todos los trabajadores, como es el sistema privado de pensiones o la educacin de sus hijos. De esta manera, hay un hilo que ha ido tejiendo una red cada vez ms tupida entre los trabajadores, estudiantes y las comunidades afectadas por la expansin neoliberal.

Durante los ltimos aos la sociedad chilena ha despertado para reclamar sus derechos. En un pas con un ingreso per cpita que apunta a los veinte mil dlares anuales, ste es el clamor de millones de personas hoy excluidas que buscan su espacio en la sociedad como parte de sus derechos como chilenos. Evidencias como que el 0,1 por ciento de la poblacin, o unas 160 mil personas, se apropia del 17 por ciento del total de los ingresos, son slo algunas de las aberraciones que tienen al pas erizado.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 779, 19 de abril, 2013

 

www.puntofinal.cl



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