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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

El complejo enemigo-industrial
Cmo convertir un mundo sin enemigos en el sitio ms amenazador del universo

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


El enemigo comunista, con "el cuarto ejrcito del mundo, ha estado agitando misiles y amenazando a EE.UU. con el aniquilamiento nuclear. Guam, Hawi, Washington: todos, afirma, son posibles objetivos. La cobertura en los medios ha sido horripilante. EE.UU. est enviando apresuradamente un sistema de defensa de misiles no probado a Guam, colocando barcos interceptores de misiles frente a la costa surcoreana, enviando bombardeos B-2 Stealth con capacidad nuclear a miles de kilmetros en vuelos fingidos de bombardeo, presionando a China y realizando ejercicios de guerra a gran escala con su aliado surcoreano.

Solo existe un pequeo problema: todava hay poca evidencia de que el enemigo con unas pocas armas nucleares que se enfrenta (al menos retricamente) a un arsenal estadounidense de 4.650 de esas armas tenga la capacidad de miniaturizar y montar por lo menos una en un misil, mucho menos lanzarla con exactitud, ni tiene un misil capaz de llegar a Hawi o Washington, y yo tampoco incluira Guam.

Tambin sucede que se trata de un pas desesperado, que posiblemente no tiene suficiente combustible para una fuerza area moderna, cuyos ciudadanos, en promedio, son varios centmetros ms pequeos que sus vecinos del sur gracias a dcadas de intermitente hambruna y desnutricin y que son gobernados por un extrao culto familiar trigeneracional. Si ese otro comunista, Karl Marx, no hubiera escrito genialmente otrora que la historia se repite primero como tragedia, despus como farsa, hubiramos tenido que inventar la frase para esta situacin.

En el siglo pasado hubo dos devastadoras guerras mundiales que dejaron en ruinas grandes partes del planeta. Tambin hubo un guerra fra entre dos superpotencias trabadas en un sistema de destruccin masiva asegurada cuyos arsenales nucleares eran capaces destruir muchas veces el planeta. Si alguien se hubiese despertado una maana entre el 7 de diciembre de 1941 y el 26 de diciembre de 1991 y le hubieran dicho que el principal candidato internacional a Enemigo Pblico Nmero Uno de EE.UU. era el destartalado rgimen de pera cmica de Kim Jong-un, podra haberse puesto de rodillas para dar las gracias a los dolos.

Lo mismo valdra para los otros candidatos a esa posicin de Nmero Uno desde el 11 de septiembre de 2001: al Qaida original (considerablemente diezmada), al Qaida de la Pennsula Arbiga ubicada en reas pobres del pobre Yemen, talibanesen el pobre Afganistn, yihadistas annimos repartidos por reas pobres del Norte de frica, o Irn, otro poder regional deteriorado dirigido por tecratas no particularmente adeptos.

Todos estos aos hemos lanzado guerras y hemos manteniendo una guerra global contra el terror. Hemos invertido dinero en la seguridad nacional como si no hubiera un maana. De nuestra polica a nuestras fronteras hemos blindado todo. Constantemente nos hablan de amenazas para nosotros y para la patria. Y sin embargo, cuando se golpea la puerta marcada Enemigo pocas veces responde alguien.

Pocos en este pas lo consideran impactante. Pocos parecen notar alguna desconexin entre el mundo lleno de enemigos, amenazador y terriblemente peligroso para el que nos hemos estado preparando (y en el que combatimos) durante ms de la ltima dcada y el mundo tal como es realmente, incluso aquellos que han vivido durante partes significativas del ltimo sangriento siglo, generador de ansiedad.

Conocis ese sentimiento de despertar y darse cuenta de que hemos vuelto a tenerla misma pesadilla? A veces hay un equivalente en la vida consciente y el mo es el siguiente: de vez en cuando, mientras leo sobre la prxima accin de la creciente guerra contra el terror, el prximo asesinato perpetrado por un drone, el prximo aumento en el juego de la vigilancia, la prxima expansin del secreto que encierra a nuestro gobierno, el prximo conjunto de acciones costosas emprendidas para protegernos todo justificado por las enormes amenazas y peligros que enfrentamos pienso: dnde est el enemigo? Y me pregunto: Qu clase de sueo es el que estamos soando?

Una puerta marcada Enemigo y nadie responde

Hay que admitirlo: los enemigos pueden ser tiles. Y admitamos tambin que hay algunos en nuestro pas que estn interesados en que se piense que estamos rodeados de peligros constantes e inminentes en un planeta repleto de enemigos. Admitamos tambin que el mundo es y siempre ser un sitio peligroso de formas diversas.

A pesar de todo, en trminos estadounidenses, los derramamientos de sangre, las devastaciones de este nuevo siglo y los ltimos aos del anterior, han sido notablemente mnimos o distantes; algunos de los peores como en el caso de la guerra de varios pases en el Congo con sus ms de cinco millones de muertos no nos han afectado en nada; algunos, incluso cuando los lanzamos, han sido esencialmente conflictos de fronteras imperiales, como en Iraq y Afganistn,intervenciones de poco coste (para nosotros) como en Libia, u operaciones de patrullas fronterizas como en Pakistn, Yemen, Somalia y el Norte de frica. (No fue ningn error que cuando Washington lanz su operacin de las fuerzas especiales en Abbottabad, Pakistn, para liquidar a Osama bin Laden, dicha operacin recibiese el nombre de cdigo Gernimo y el mensaje del equipo de SEAL que anunci su muerte fuese Gernimo-E KIA o enemigo muerto en accin).

Y admitamos tambin que despus de esas guerras y operaciones los estadounidenses enfrentan ahora ms enemigos, ms gente furiosa y rencorosa que el 10 de septiembre de 2001. Aceptamos que hay por ah gente que, como le gustaba decir a George W. Bush, nos odia y odia lo que representamos. (Dejo la decisin sobre lo que representamos en vuestras manos, por el momento).

Por lo tanto, consideremos brevemente esos enemigos. Existe un Estado importante, por ejemplo, que caiga en esta categora, como alguna de las grandes potencias europeas imperiales beligerantes desde el Siglo XVI, laAlemania nazi y el Japn imperial en la Segunda Guerra Mundial o la Unin Sovitica de la era de la Guerra Fra? Evidentemente no.

Hay que admitir que hubo un perodo en el cual, a fin de inflar lo que enfrentbamos en el mundo, abundaban las analogas con la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fra. Hubo, por ejemplo, el famoso constructo retrico de George W. Bush, el Eje del Mal (Iraq, Irn y Corea del Norte), modelado por su escritor de discursos segn el eje alemn-italiano-japons de la Segunda Guerra Mundial. Fue, por supuesto, un constructo en broma, si la realidad ha de servir de medida. Iraq e Irn eran entonces enemigos. (Solo despus de la invasin y ocupacin de Iraq por EE.UU. se han convertido en amigos y aliados). Y Corea del Norte no tena absolutamente nada que ver con alguno de ellos. De la misma manera, la ocupacin estadounidense de Iraq se compar regularmente con las ocupaciones por EE.UU. de Alemania y Japn, as como se present aSadam Husseindurante mucho tiempo como un Hitler moderno.

Adems, se refirieron regularmente a islamistas al estilo de al Qaida como "islamofascistas", mientras ciertos tipos militares y neoconservadores con deseos de convertir la guerra contra el terror en la sucesora de la Guerra Fra, se dedicaron a llamarla la guerra prolongada o incluso la Cuarta Guerra Mundial. Pero todo esto careca tanto de sentido que simplemente se esfum.

En cuanto a quin est detrs de esa puerta marcada Enemigo, si uno la abre, qu encontrar? Para comenzar, una variedad de cientos, o a medida que han pasado los aos, miles de yihadistas, en su mayora en las reas ms pobres del planeta y con poca capacidad de hacer dao a EE.UU. Luego, hubo unas pocas insurgencias minoritarias, incluyendo a los talibanes y sus fuerzas aliadas en Afganistn y sunes y chies separados en Iraq. Tambin ha habido nfimas cantidad de imitadores baratos de terroristas islmicos en EE.UU. (una vez que se deja de lado la cadena de operaciones policiales del FBI que han convertido regularmente a vagos empedernidos y adolescentes perdidos en los ms peligrosos conspiradores musulmanes de fantasa). Y luego, por supuesto, existen esas dos potencias regionales relativamente desventuradas, Irn y Corea del Norte, cuyos ladridos sobrepasan de lejos a sus potenciales dentelladas.

El Mago de Oz del 11-S

EE.UU., en otras palabras, probablemente corre menos peligro debido a losenemigos externos que en cualquier momento del siglo pasado. No hay otro poder imperial en el planeta que sea capaz de enfrentarse directamente al poder estadounidense o desee hacerlo, incluida China. Es verdad que, el 11 de septiembre de 2011, 19 secuestradores con cteres protagonizaron un notable, apocalptico y devastador show televisivo en el cual murieron casi 3.000 personas. Cuando colapsaron esas torres gigantescas en el centro de Nueva York, ciertamente se pareci a un desastre nuclear (y en esos primeros das, los medios estuvieron repletos de referencias al estilo nuclear), pero no fue realmente un suceso apocalptico.

El enemigo todava apenas exista. El acto cost a bin Laden solo aproximadamente 400.000 o 500.000 dlares, aunque condujo a una serie de guerras por importe de billones de dlares. Fue un suceso de pesadilla que tuvo una maligna calidad de Mago de Oz: un hombre pequeo que produjo efectos gigantescos. No puso de ninguna manera en peligro al Estado. De hecho, en realidad termin fortaleciendo muchos de sus poderes. Tuvo un efecto en la economa, pero fue pasajero. Fue un acto de terror espectacular y particularmente horripilante de una pequea organizacin asesina que entonces era capaz de montar una operacin importante en algn sitio del mundo solo una vez cada par de aos. Tena la intencin de propagar el miedo, pero nada ms.

Cuando se derrumbaron las torres y repentinamente se pudo ver el horizonte, este segua estando, en trminos histricos, notablemente carente de enemigos. Y sin embargo el 11-S se vivien este pas de forma similar a Pearl Harbor, un ataque sorpresa de un enemigo aterrador con la intencin de incapacitar al pas. Al da siguiente, los titulares de los peridicos estaban repletos de variaciones de Un Pearl Harbor del Siglo XXI. Si fue una repeticin del 7 de diciembre de 1941, sin embargo, careca de un Japn imperial o de cualquier otro Estado al cual declarar la guerra, aunque uno de los Estados ms dbiles del planeta, el Afganistn de los talibanes, terminara siendo bastante apropiado para los estadounidenses.

Para poner esto en perspectiva, consideremos dos importantes peligros obvios en la vida de EE.UU., los suicidios mediante armas y las muertes por accidentes automovilsticos. En 2010 ms de 19.000 estadounidenses se suicidaron usando armas. (En el mismo ao, hubo solo 11.000 homicidios en todo el pas.) En 2011, 32.000 estadounidenses murieron en accidentes de trfico (la menor cifra en 60 aos, aunque empez a aumentar en los primeros seis meses de 2012). En otras palabras, los estadounidenses aceptan sin pestaear el equivalente anual de ms de seis 11-S en suicidios mediante armas y ms de 10 cuando se trata de muertes en accidentes de trfico. De la misma manera, si el terrorista de la ropa interior, por poner un ejemplo de terrorismo posterior al 11-S, hubiera logrado derribar el vuelo 253 y asesinar a sus 290 pasajeros, habra sido un horrible acto de terror, pero l y sus compatriotas habran tenido que derribar 65 aviones para llegar al nivel anual de suicidios con armas y ms de 110 aviones para los accidentes de trfico.

Y sin embargo nadie ha declarado la guerraa los coches ni a las armas (o a las compaas que los fabrican o a la gente que los vende). Nadie ha construido un masivo complejo de casi un billn de dlares para tratar con ellos. En el caso de las armas se ha hecho casi lo contrario, como ha dejado bien claro el debate post Newton sobre el control de armas. En ambos casos los estadounidenses han decidido vivir con peligros perfectamente reales y la asombrosa carnicera que los acompaa, que los afecta ocasionalmente, o a veces de ninguna manera.

A pesar de la carnicera del 11-S, el terrorismo ha sido un peligro estadounidense a pequea escala desde entonces, peor que los ataques de tiburones, pero no mucho ms. Como un mago, sin embargo, lo que Osama bin Laden y sus atacantes suicidas hicieron ese da fue crear una sensacin instantnea de un enemigo tan grande, tan poderoso, que los estadounidenses consideraron que la guerra era una reaccin razonable; suficientemente grande para que los que queran una accin policial internacional contra al Qaida fueran ridiculizados, suficientemente grande para que se lanzara una invasin de venganza contra Iraq, un pas sin relacin con al Qaida; suficientemente grande, en los hechos, para declarar esencialmente la guerra al mundo. Casi inmediatamente losaltos funcionarios del gobierno comenzaron a hablar de ataques a 60 pases, y como ha informado el periodista Ron Suskind, seis das despus del ataque, la CIA haba superado esa cifra, al presentar al presidente Bush una Matriz de ataque mundial, un plan que inclua a terroristas en 80 pases.

Lo destacable es lo poco que se lleg a notar aqu la desconexin entre el alcance y la escala de la guerra global que se lanz casi instantneamente y el verdadero enemigo elegido. Ciertamente se podra encontrar un argumento razonable de que, en esos aos, Washington en general no haba combatido contra nadie y haba perdido. Dondequiera que iba creaba enemigos que previamente apenas haban existido, y el proceso contina. Si se hubiera podido viajar en el tiempo de vuelta a la era de la Guerra Fra para informar a los estadounidenses de que, en el futuro, nuestros principales enemigos estaran en Afganistn, Yemen, Somalia, Mal, Libia, etc., seguramente habran pensado que se trataba de un demente (o un sujeto feliz).

Creando un complejo enemigo-industrial

Sin un enemigo que representara una dimensin y una amenaza conmensuradas, gran parte de lo que se hizo en Washington en estos aos podra haber sido irrealizable. La vasta construccin y el derroche de dinero desde los suburbios de Virginia de Washington, donde la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial erigi su nueva sede por 1.800 millones de dlares, a Bluffdale, Utah, donde la Agencia Nacional de Seguridad todava est construyendo un centro de datos de 93.000 metros cuadrados por 2.000 millones de dlares para almacenar las comunicaciones interceptadas de todo el mundo habran sido poco probables.

Sin el temor de un enemigo capaz de hacer cualquier cosa, el dinero no habra llegado en cantidades en constante aumento a la seguridad interior, al Pentgono, o a un creciente complejo de corporaciones cmplices asociadas con nuestra seguridad armada. El aumento exponencial del complejo nacional de seguridad, as como de los poderes del poder ejecutivo cuando se trata de asuntos de seguridad nacional, habra sido mucho ms viable.

Sin el 11-S y la perpetua situacin de guerra que sobrevino, junto con la fuertemente promovida amenaza de terroristas dispuestos al ataque y potencialmente capaces de utilizar armas biolgicas, qumicas e incluso nucleares, no tendramos un Departamento de Seguridad Interior ni el lucrativo mini complejo de seguridad interior que lo rodea: la Comunidad de la Inteligencia de EE.UU. con 17 organismos y su masivo presupuesto oficial de 75.000 millones de dlares habran sido menos impresionantes; nuestras interminables guerras de drones y el drone lobby que va con ellas no se habran desarrollado y los militares de EE.UU. no tendran un organismo en permanente crecimiento, el Comando Conjunto de Operaciones Especiales, gestndose en su interior efectivamente las fuerzas armadas, ejrcito, fuerza area y armada, privadas del presidente que ya realiza operaciones secretas en gran parte del planeta.

Para que todo esto sucediera tena que existir tambin un complejo enemigo-industrial, una red de personajes e instituciones cruciales dispuestas a exagerar la amenaza que enfrentamos y a convencer a los estadounidenses de que vivimos en un mundo tan peligroso que los derechos, la libertad y la privacidad eran poca cosa que sacrificar en aras de la seguridad de EE.UU. En breve, un nmero variado de intereses de personajes del gobierno de Bush ansiosos de barrer con todo y hacer lo que quisieran en el mundo de los fabricantes de armas, lobistas, rganos de vigilancia, think-tanks, intelectuales militares, eruditos de todo tipo bueno, todo el timo nacional e interior de la seguridad y sus diversos aduladores estaban interesados en exagerar el enemigo. Para ellos, era importante en la era post 11-S que las amenazas nunca volvieran a carecer de una A mayscula o de un poderoso smbolo del dlar.

Y no olvidis a los medios de comunicacin dispuestos a batir los tambores de la guerra y a sealar con muy pocas dudas a los peligrosos enemigos que amenazaban nuestro mundo. Despus del 11-S, los principales medios noticiosos estuvieron generalmente dispuestos a creer al complejo enemigo-industrial y a presentar cada nuevo incidente terrorista como si fuera potencialmente el fin del mundo. A medida que pasaban los aos, los empleos, la subsistencia, un mundo en expansin de seguridad dependan de que todo continuara, dependa, en breve, de la inyeccin de dosis regulares de miedo en el cuerpo poltico.

Ese fue el favor que Osama bin Laden hizo al aparato nacional de seguridad de Washington y al gobierno de Bush aquella aciaga maana de septiembre. Grab un argumento en el cerebro estadounidense que vivira indeleblemente durante aos, posiblemente dcadas, un llamado a la eterna vigilancia a cualquier precio y a una escala antes desconocida. Como el Proyecto por el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC), ese think-tank neoconservador combinado con gobierno fantasma, describi de modo tan trascendental en Reconstruyendo las defensas de EE.UU. un ao antes de los ataques del 11-S: Adems, el proceso de transformacin [de los militares], incluso si produce un cambio revolucionario, ser probablemente prolongado, a falta de un evento catastrfico y catalizador como un nuevo Pearl Harbor.

Por lo tanto, cuando el nuevo Pearl Harbor lleg como cado del cielo, con muchos miembros del PNAC (del vicepresidente Dick Cheney para abajo) en sus puestos, naturalmente vieron su oportunidad. Crearon un al Qaida con esteroides y lanzaron su guerra global para establecer una Pax Americana, en Medio Oriente y luego, tal vez, en todo el globo. Eran conscientes de que carecan de oponentes de la estatura de los del siglo anterior y dejaron claro en sus documentos que tenan la intencin de asegurar que ningn enemigo al estilo de una gran potencia o un bloque de naciones de ese estilo apareciera. Jams.

Para lograrlo necesitaban un pblico estadounidense ansioso, atemorizado y dispuesto a pagar. Estaban interesados, en otras palabras, en manipularnos. Y por si eso fuera poco, nuestro mundo sera un sitio sombro, pero suficientemente simple. Lo que pasa es que no es as. Las elites gobernantes, no importa el poder que tengan, no funcionan de esa manera. Antes de que nos manipulen, casi invariablemente, se manipulan ellas mismas.

Hace aos, un amigo que haba pasado mucho tiempo leyendo documentos de principios de la Guerra Fra del Consejo Nacional de Seguridad, es decir, provenientes de un pequeo grupo de poderosos personajes del gobierno escribindose entre ellos con el mximo secreto, me convenci de ello. Como me dijo entonces y escribi en Washingtons China, el libro inteligente que escribi sobre la temprana reaccin de EE.UU. ante el establecimiento de la Repblica Popular China, lo que lo impresion en los documentos fue el burdo lenguaje anticomunista que esos hombres utilizaban entre ellos en privado. Era la especie de anticomunismo que de otra manera uno hubiera supuesto que la elite gobernante utilizara para manipular a los estadounidenses comunes y corrientes con temores de subversin comunista, el enemigo interior y los planes soviticos de apoderarse del mundo. (De hecho, ellos y otros como ellos utilizaron precisamente un lenguaje semejante para inyectar miedo en el cuerpo poltico en esos primeros aos de la Guerra Fra, en la era del macartismo.)

Eran, por cierto, manipuladores, pero supongamos que antes de que influenciaran a otros estadounidenses pasaron por algo parecido a un proceso de autohipnosos colectivo en el cual se convencieron mutuamente de los peligros en los que tenan que hacer creer al pueblo de EE.UU. Existe evidencia de que un proceso similar tuvo lugar despus del 11-S. Del aspecto azorado de la cara de George W. Bush cuando su avin no lo llevaba hacia Washington, sino que lo alejaba de la ciudad el 11 de septiembre de 2001, a la imagen de Dick Cheney de esos meses mientras le llevaban por Washington en una caravana de automviles blindados con una mscara de gas y un traje de supervivencia bioqumica en el asiento trasero, se puede deducir que el enemigo les pareca grande y omnipresente. Es decir que estaban verdaderamente asustados, incluso si tambin estaban dispuestos a hacer uso de ese miedo para sus propios fines.

O consideremos el tema de las supuestas armas de destruccin masiva de Sadam Hussein, la excusa de la invasin de Iraq. Los crticos de la invasin generalmente se apresuran a sealar que ese tema engaoso fue utilizado por los mximos funcionarios del gobierno de Bush para conseguir apoyo pblico a un camino que ya haban escogido. Despus de todo, Cheney y sus hombres seleccionaron cuidadosamente la evidencia para justificar su caso, incluso formaron su propio grupo secreto de inteligencia para que les diera lo que necesitaban e ignoraron pruebas reales que cuestionaban su versin de los hechos. Pblicamente afirmaron de modo orquestado que Sadam tena programas nucleares y de armas de destruccin masiva. Hablaron de las maneras ms explcitas de potenciales nubes en forma de hongo de (inexistentes) armas nucleares iraques que apareceran sobre las ciudades estadounidenses o de esas mismas ciudades rociadas con (inexistentes) armas qumicas o biolgicas de (inexistentes) drones iraques. Ciertamente tenan que saber qu parte de esa informacin era til pero engaosa. A pesar de ello, es obvio que tambin se haban convencido ellos mismos de que al apoderarse de Iraq encontraran algunas armas de destruccin masiva iraques para justificar sus afirmaciones.

En su libro, que aparecer prximamente, Dirty Wars [Guerras sucias], Jeremy Scahill cita al periodista conservador Rowan Scarborough sobre la creciente irritacin del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld respecto a la bsqueda de instalaciones de armas de destruccin masiva iraques. Cada maana, escribi Scarborough, el equipo de accin de crisis tuvo que informar de que otro sitio haba sido un fracaso. Rumsfeld se enojaba cada vez ms. Un funcionario lo cit diciendo: Tienen que estar ah! En una reunin tom las diapositivas de informacin y se las arroj a los informadores.

En otras palabras, esos altos funcionarios que nos lanzaban a su guerra global y a su invasin de Iraq, deseada durante tanto tiempo, tambin se haban lanzado al mismo mundo con un conjunto de temores semejantes. Podr parecer extrao, pero considerando el funcionamiento de la mente humana, su capacidad de contener la mayor parte del tiempo pensamientos potencialmente contradictorios sin perturbarse fuertemente es limitada.

Un fenmeno similar tuvo indudablemente lugar en el amplio establishment de seguridad nacional cuyo propio inters se combinaba fcilmente con el miedo. Despus de todo, en la era post 11-S. nos estuvieron prometiendo una cosa: algo cercano a un 100% de seguridad cuando tena que ver con un pequeo peligro en nuestro mundo, el terrorismo. El temor de que el prximo atacante de ropa interior pudiera salirse con la suya tena en sus garras al pblico estadounidense y tambin al Estado de seguridad de EE.UU. Despus de todo, quin pierde ms si otro terrorista del zapato ataca, otro embajador perece, otro 11-S llega a ocurrir? Qu sinecura, qu mundo, estar en peligro?

Puede que sean un equipo de Maquiavelos, pero tambin son aclitos en el culto del terror y de la guerra global. Viven en la Catedral del Enemigo. Fueron los primeros creyentes e indudablemente tambin sern los ltimos. Han invertido en la importancia del enemigo. Es su religin. Son, despus de todo, el complejo enemigo-industrial y si nos tienen en sus garras, tambin lo estn ellos.

El personaje de los dibujos animados Pogo declar genialmente una vez: Hemos encontrado al enemigo y somos nosotros. Qu verdad que es! Solo queno lo sabemos todava.

Tom Engelhardt, es cofundador del American Empire Project y autor de The End of Victory Culture, una historia sobre la Guerra Fra y otros aspectos, as como de la una novela: The Last Days of Publishing. y de The American Way of War: How Bushs Wars Became Obamas (Haymarket Books). Su ltimo libro, escrito junto con Nick Turse es: Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050 .

Copyright 2013 Tom Engelhardt

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Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175687/

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