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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

Los otros terroristas

Pedro Miguel
La Jornada


Otra vez las bombas. De nuevo, las imgenes tremebundas de inocentes ensangrentados, masas aterradas cuyos miembros escapan sin saber hacia dnde, festejo que termina en hospitales atestados, en escenas desgarradoras en cementerios y en vidas alteradas para siempre por las heridas fsicas o emocionales. Y una vez ms, el desconcierto: quin y por qu?

Otra cosa: sin afn de ofender el dolor de las vctimas de Boston, vuelve a los medios la obscena desigualdad entre la cobertura hipertrofiada de un atentado en esa ciudad y el desdn por los baos de sangre que tienen lugar todos los das en los escenarios blicos creados por Estados Unidos en medio planeta: Irak, Afganistn, Mxico, Libia, Siria... Da tras da, muchos pierden la vida o una extremidad o un ser querido en esos y en otros conflictos, pero las historias correspondientes resultan aburridas. Ser que los habitantes de naciones pobres no son tan simpticos como los de Boston o ser, tal vez, que el aparato meditico mundial sufre de un estadocentrismo desde el cual slo es noticia lo que le sucede a los felices poseedores de la citizenship.

Un ejemplo: si googlean Afganistn y amputados, se encontrarn con listados interminables de soldados estadunidenses e ingleses que sufrieron reducciones fsicas en la ocupacin de ese pas centroasitico. En sexto o sptimo lugar hallarn algn reporte sobre afganos lesionados en atentados terroristas, categora que se enfoca nicamente en los perpetrados por fundamentalistas, pero que excluye los cometidos por las fuerzas occidentales, aunque los segundos tambin dejen, por norma, decenas o cientos de muertos y heridos graves.

Las tres diferencias sustanciales entre, por una parte, las bombas lanzadas desde aviones, helicpteros y aeronaves no tripuladas (UAV) sobre bodas y celebraciones en las montaas de Waziristn y, por la otra, las ollas de presin llenas de clavos que estallaron el lunes en el maratn de Boylston Street, residen en: a) la tecnologa, b) el grado de riesgo que corren los responsables materiales e intelectuales del ataque y c) la atencin asimtrica que los medios brindarn a los afectados. Durante ms de siglo y medio Estados Unidos ha estado regando con bombas los rencores que luego florecern en atentados contra su propia ciudadana, metiendo la nariz donde no le importa (quin carajos le dijo a John Kerry que los venezolanos le deben a Washington una explicacin sobre el apretado triunfo electoral de Nicols Maduro y la crisis poltica subsecuente?) y hostigando en forma mucho ms peligrosa a potencias medias a las que les choca ser acosadas.

Desde luego, eso no necesariamente implica que el o los autores de los ataques de Boston provengan del exterior. No hay que olvidar que, antes del 11-S, el atentado terrorista ms cruento de la historia estadunidense era el bombazo del edificio federal en Oklahoma y que ste fue planeado y ejecutado por un ex soldado gringo. Sin contar las masacres en centros de enseanza, templos, salas de cine, oficinas pblicas y hamburgueseras, perpetradas generalmente por enfermos mentales solitarios, las expresiones terroristas que se gestan en la profundidad de la sociedad estadunidense son la otra cara de la moneda del terrorismo de Estado que ha sido instrumento regular de la poltica exterior del pas.

Un informe de 1990 del Departamento de Justicia, Terrorism in the United States, rese en ese ao siete incidentes terroristas y otros cinco que fueron evitados. Entre los responsables de las amenazas internas, la dependencia mencion al terrorismo cubano anticastrista, al grupo supremacista Naciones Arias, a la Organizacin Comunista 19 de Mayo, a la Nacin de Yahweh (un grupo de judos afroestadunidenses con sede en Miami) y a algunos agentes de la dictadura pinochetista vinculados al asesinato de Orlando Letelier en Washington, 14 aos antes.

De las organizaciones extranjeras destacaban el grupo palestino de Ab Nidal, el ala provisional del Ejrcito Republicano Irlands, un grupo terrorista sij, un filipino no identificado y dos colombianos que trabajaban para el crtel de Pablo Escobar y que fueron a Estados Unidos con la idea de comprar misilies antiareos Stinger. El documento menciona adems a grupos independentistas puertorriqueos, a elementos terroristas judos, al Frente de Liberacin Animal, a la Conspiracin Internacional Eco-Terrorista Evan-Mecham (E, por sus siglas en ingls), a la Alianza de la Intransigencia Cubana y a Eart Night Action Group, ambientalista radical. Las acciones reseadas son, en su mayor parte, atentados con explosivos.

Hacia 1999 la FBI alertaba sobre el hecho de que en los ltimos 30 aos la gran mayora de los ataques terroristas letales perpetrados en Estados Unidos fueron realizados por extremistas internos. Y s: cuatro aos antes, el 19 de abril de 1995, un joven condecorado en la primera guerra de Irak y afiliado al Partido Republicano y a la Asociacin Nacional de Rifle (NRA) estacion frente al edificio federal de Oklahoma un camin cargado con 2 mil 300 kilos de explosivos de alto rendimiento, activ un detonador y se retir. A las 9:02 la explosin mat a 168 personas (entre ellas, 19 nios de la guardera ubicada en la segunda planta de la construccin), hiri a 680, demoli una tercera parte de la sede y da ms de 300 construcciones cercanas. Thimoty McVeigh nunca se arrepinti de lo que haba hecho y cuando le fue leda la sentencia capital pidi que la ejecucin fuera televisada en cadena nacional. El 11 de junio de 2001 le fue suministrado veneno va intravenosa en la penitenciara federal de Terre Haute, Indiana.

Pero tres meses exactos despus de aquella ejecucin los de Al Qaeda hicieron lo que hicieron y desde entonces el terrorismo realizado por ciudadanos estadunidenses ha sido mantenido en tercer plano y ha pasado a ser un tema de menor importancia para las autoridades gringas, muy por debajo de las actividades de los grupos integristas y de las armas de destruccin masiva reales o ficticias que pudieran encontrarse en poder de gobiernos a los que Washington considera enemigos. Nada ha cambiado, en esta materia, entre las administraciones de Bush y de Obama.

A principios del milenio haba 148 grupos patriticos supremacistas y de ultraderecha McVeigh mantena vnculos con algunos de ellos, incluidas 334 milicias, es decir, grupos paramilitares cuyos integrantes entrenan con regularidad para enfrentar la amenaza de Irn, la de los indocumentados, la de Corea del Norte o la del fin del mundo; para 2011 sumaban ya mil 274. Algunos de ellos amenizan sus reuniones con msica de alguna de las cerca de 150 bandas que componen e interpretan canciones neonazis.

Washington no elabora listas de organizaciones terroristas internas como s lo hace, con un sesgo inocultable, con grupos extranjeros; en cambio, se refiere a amenazas: animalistas y ambientalistas extremistas, anarquistas, supremacistas y racistas, extremistas antigobierno e integrantes del soberanismo ciudadano, separatistas negros, antiabortistas y extremistas islmicos estadunidenses, adems de los peligrossimos lobos solitarios que perpetran masacres noms porque s. Y, a todo esto, sigue sin saberse quin hizo lo de Boston y por qu.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/04/18/opinion/048o1soc


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