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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

Irn representa una amenaza mortal para la hegemona global de Estados Unidos

Finian Cunningham
Information Clearing House

Traducido del ingls para rebelin por Beatriz Morales Bastos


Estados Unidos de Amrica se ha convertido en sinnimo de guerra. Ningn otro Estado nacin ha iniciado tantas guerras o conflictos en la poca moderna como Estados Unidos de Armagedn.

Bajo la fachada que ofrecen los medios occidentales de una Corea del Norte imprevisible y agresiva, la verdadera fuente de conflictos en las tensiones actuales de guerra en la Pennsula de Corea es Estados Unidos. Se presenta a Washington como una fuerza contenida y defensiva pero, en realidad, este peligroso enfrentamiento nuclear hay que verlo en el contexto del histrico apetito de Washington por la guerra y la hegemona en cada rincn del mundo.

Corea del Norte puede presentar un desafo inmediato a las ambiciones hegemnicas de Washington. Sin embargo, como veamos a ver, Irn representa un desafo mucho mayor y potencialmente fatal para el imperio global estadounidense.

Gracias al trabajo de escritores y pensadores como William Blum y Noam Chomsky se ha documentado que en las siete ltimas dcadas desde la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos ha estado implicado en ms de 60 guerras, adems de en muchos otros conflictos por intermediacin, subterfugios y golpes. Ninguna otra nacin de la tierra se aproxima a este historial estadounidense de beligerancia y amenazas a la seguridad del mundo. Ninguna otra nacin tienen tanta sangre en las manos.

A los estadounidenses les gusta pensar que su pas es el primero del mundo en libertad, principios humanitarios y destrezas tecnolgicas y econmicas. Las verdad es ms brutal y prosaica: Estados Unidos es el primero en el mundo en belicismo y en sembrar la muerte y la destruccin en otros pases.

Si Estados Unidos no perpetra directamente una guerra, como en el genocidio de Vietnam, entonces entabla la violencia a travs de otros, como ocurri con las dictaduras y escuadrones de la muerte en Amrica del Sur o con su maquinaria militar por intermediacin en Oriente Prximo, Israel.

Esta tendencia belicosa parece haberse acelerado desde la desaparicin de la Unin Sovitica hace ms de dos dcadas. Nada ms desmoronarse la Unin Sovitica, Estados Unidos encabez la Primera Guerra del Golfo contra Iraq en 1991. A esto le sigui rpidamente una sangrienta intervencin en Somalia con el nombre aparentemente encantador de Operacin Restaurar la Esperanza.

Desde entonces hemos visto cmo Estados Unidos se vea involucrado en cada vez ms guerras, en ocasiones bajo capa de coaliciones de voluntarios, las Naciones Unidas o la OTAN. Tambin se han mencionado toda una variedad de pretextos: guerra contra la droga, guerra contra el terrorismo, Eje del Mal, la responsabilidad de proteger, polica del mundo, mantener la paz y la seguridad mundial, impedir las armas de destruccin masiva, etc. Pero estas guerras estn dirigidas por Estados Unidos y los pretextos siempre son una mera fachada hermosa de los brutales intereses estratgicos de Washington.

Parece que ahora hemos llegado a una fase de la historia en la que el mundo es testigo de un estado de guerra permanente emprendida por Estados Unidos y sus subalternos: Yugoslavia, Afganistn, Iraq (otra vez), Libia, Pakistn, Somalia (otra vez), Mal y Siria, por mencionar solo algunas. Estos escenarios de criminales operaciones militares estadounidenses se suman a una lista de guerras encubiertas en curso contra Palestina, Cuba, Irn y Corea del Norte.

Afortunadamente, un giro del destino provocado por el difunto dirigente venezolano Hugo Chvez ha garantizado que gran parte de Amrica del Sur (la ms importante de la llamada esfera de influencia estadounidense) permanezca fuera de los lmites de los estragos de Washington, al menos por ahora.

La pregunta es por qu Estados Unidos tienen esta desmesurada propensin a la guerra. La respuesta es poder. La economa capitalista global exige una fatal lucha de poder por el control de los recursos naturales. Para mantener su posicin histrica nica de control del beneficio y los privilegios capitalistas la elite corporativa estadounidense (el ejecutivo del sistema capitalista mundial) debe tener la hegemona de los recursos naturales del mundo.

En 1948 George F Kennan, planificador estatal, expres claramente la fra lgica de esta propensin: Debemos dejar de hablar de objetivos vagos e irreales como derechos humanos, aumentar el nivel de vida y democratizacin. No est lejos el da en que tendremos que abordar conceptos de poder puro. Cuanto menos nos entorpezcan entonces las consignas idealistas, mejor.

En otras palabras, Kennan estaba admitiendo con franqueza los que los dirigentes polticos estadounidenses a menudo disimulan con falsa retrica, esto es, que la elite dirigente estadounidense no tiene inters alguno en defender la democracia, los derechos humanos o el derecho internacional. Lo que le interesa es el control del poder econmico de acuerdo con las leyes capitalistas.

Kennan, que fue uno de los principales artfices de la poltica exterior estadounidense en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, tambin seal con sinceridad y presciencia: Si la Unin Sovitica se hundiera maana en las aguas del ocano, la clase dirigente militaro-industrial estadounidense tendra que seguir adelante sin cambiar sustancialmente hasta que se pudiera inventar algn otro adversario. Cualquier otra cosa sera un shock inaceptable para la economa estadounidense.

Por consiguiente, vemos cmo una vez que se desmoron el Imperio del mal de la Unin Sovitica Estados Unidos no ha logrado encontrar un enemigo que la sustituya ni un pretexto para su militarismo esencial. Los atentados terroristas del 11 de septiembre y la subsiguiente guerra contra el terrorismo han satisfecho hasta cierto punto este propsito, a pesar de estar llenos de contradicciones que ocultan su fraudulencia, como el apoyo que brinda actualmente a elementos terroristas de Al Qaeda para derrocar al gobierno de Siria.

La actual amenaza de una guerra nuclear en la Pennsula de Corea en realidad no tiene que ver con Corea de Norte o con el Estado de Corea del Sur al que apoya Estados Unidos. Como en 1945, Corea fue un escenario para que Estados Unidos mostrara su podero militar a quienes consideraba sus principales rivales globales, Rusa y China. Cuando estaba terminando la Segunda Guerra Mundial los avances de la Rusa y la China comunistas en el Pacfico contra el Japn imperialista preocupaban mucho a Washington a la hora de pensar en el reparto global posterior a la guerra.

Esa es la razn por la que Estados Unidos dio el paso sin precedentes de arrojar bombas atmicas sobre Japn. Fue la ms trascendental demostracin de poder puro y duro por parte de Estados Unidos a sus rivales. El doble holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki detuvo inmediata y completamente los avances rusos y chinos en la Pennsula de Corea contra los japoneses, a los que la poblacin coreana haban dado la bienvenida.

La divisin de Corea en 1945 a instancias de Washington tambin formaba parte de la delimitacin de la influencia global y de la vigilancia del control de los recursos que se produjeron despus de la guerra. La Guerra de Corea (1950-1953) instigada por Estados Unidos y las subsiguientes dcadas de tensin entre los Estados del Norte y del Sur permitieron a Washington mantener una permanente presencia militar en el Pacfico.

La retrica acerca de defender a nuestros aliados que ha vuelto a reiterar esta semana el secretario de Defensa estadounidense Chuck Hagel no es sino una cnica quimera del propsito y la razn verdaderos de la presencia de Washington en Corea: el control estratgico de Rusia y China por la hegemona sobre los recursos naturales, los trasportes, la logstica y, en ltima instancia, el beneficio capitalista.

Trgicamente Corea del Norte y del Sur continan atrapadas en el punto de mira de la guerra geopoltica de Washington contra Rusia y China. Esto es lo que hace que las actuales tensiones en la Pennsula sean tan peligrosas. Estados Unidos podra considerar que un ataque devastador contra Corea del Norte fuera la mejor manera en esta coyuntura histrica de enviar otro mensaje brutal a sus rivales. Por desgracia, la capacidad nuclear de Corea del Norte y su actitud hostil (que exageran los medios dominantes occidentales) podran servir de excusa poltica superficial para que Washington adoptara de nuevo la opcin militar.

Sin embargo, Irn presenta un desafo mucho mayor y ms problemtico para la hegemona global estadounidense. En 2013 Estados Unidos es un animal muy diferente del que era en 1945. Ahora se parece ms a un gigante torpe. Ha desaparecido su antigua destreza econmica y sus arterias estn esclerosadas por su decadencia y malestar internos. Lo que tambin es de crucial importancia es que el torpe gigante estadounidense ha malgastado toda la fuerza moral que pudiera haber tenido a ojos del mundo. Puede que su halo de moralidad y de principios democrticos pareciera creble en 1945, pero las incontables guerras y las nefastas intrigas a lo largo de las dcadas subsiguientes han ido desgastando esta apariencia hasta revelar a un belicista patolgico.

Por supuesto, el podero militar estadounidense sigue siendo una fuerza extremadamente peligrosa, aunque ahora se asemeja ms a un abultado msculo que cuelga en lo que por lo dems es un cuerpo esculido. Esta potencia torpe y moribunda tiene ante s a Irn como un desafo fatal. Para empezar, Irn no tiene armas o ambiciones nucleares y lo ha afirmado muchas veces, con lo que ha conseguido ganarse la buena voluntad de la comunidad internacional, incluida la opinin pblica de Amrica del Norte y de Europa. Por consiguiente, Estados Unidos o sus sustitutos no pueden justificar de manera creble un ataque militar a Irn, como podra hacer contra Corea del Norte, sin arriesgarse a una avalancha de violentas reacciones polticas.

En segundo lugar, Irn ejerce una influencia determinante sobre el frmaco vital que mantiene vivo el sistema econmico estadounidense: el suministro mundial de petrleo y gas. En caso de que Estados Unidos fuera tan demente como para embarcarse en ello, cualquier guerra contra Irn tendra como resultado un golpe mortal para la lnguida economa estadounidense y global.

Una tercera razn por la que Irn representa un desafo mortal para la hegemona global estadounidense es que la Repblica Islmica es una potencia militar formidable. Su poblacin de 80 millones de personas est comprometida con el antiimperialismo y cualquier ataque de Estados Unidos o sus aliados tendra como resultado una guerra a escala regional que echara abajo los pilares de la estructura geopoltica occidental, incluido el colapso del Estado de Israel y el derrocamiento de la Dinasta Saud y de otras dictaduras del Golfo.

Los estrategas estadounidenses lo saben y por ello no se atrevern a enfrentarse frontalmente con Irn. Pero esto plantea un dilema fatal al imperio estadounidense. Su beligerancia congnita procedente de su ADN sita a la elite dirigente estadounidense en un punto muerto en relacin con Irn. Cuanto ms tiempo persista este punto muerto, ms poder global ir perdiendo el cadver de Estados Unidos. Por consiguiente, como muchos otros imperios antes, el imperio estadounidense podra hundirse en las rocas del antiguo imperio persa.

Con todo, la historia no acabar ah. Para lograr la paz, la justicia y la sostenibilidad mundiales no se necesita nicamente el colapso de la hegemona estadounidense. Necesitamos derrotar el sistema econmico capitalista subyacente que da lugar a estos poderes hegemnicos destructivos. Irn representa un golpe mortal para el imperio estadounidense, pero los pueblos del mundo tendrn que edificar sobre las ruinas.

Finian Cunningham (1963) ha escrito por extenso sobre cuestiones internacionales y sus artculos se publican en varios idiomas. Tiene un Mster en Agricultura Qumica y antes de dedicarse al periodismo trabaj como editor cientfico de la Real Sociedad de Qumica de Cambridge, Inglaterra. Tambin es msico y compositor. Fue expulsado de Bahrein en junio de 2011 por sus artculos crticos en los que pona de relieve las violaciones de derechos humanos por parte del rgimen respaldado por Occidente.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article34586.htm



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