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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2013

Sujeto histrico y movilizacin juvenil en la Argentina 2013

Eduardo Anguita
Miradas al Sur


La semana pasada, en 6, 7, 8, Dante Palma defini que el sujeto histrico era, hoy, la juventud. El invitado Ignacio Rico, del Movimiento Evita, replic que el sujeto histrico siempre es la clase obrera. El debate est abierto.

En la tradicin poltica de la izquierda, tanto de origen peronista como de origen marxista, cualquier expectativa de cambios profundos en las estructuras de poder econmico-social tiene como epicentro a los trabajadores. Esto debe someterse, desde ya, a tener presente que el siglo XX presentaba una conformacin de estabilidad laboral mayor que la del comienzo del siglo XXI. La idea arquetpica del peronismo y la izquierda revolucionarios era que los trabajadores eran la columna vertebral del movimiento nacional (para el peronismo) o del bloque de clases y sectores sociales revolucionarios (para el marxismo). De all que los programas y polticas para terminar con el bloque de intereses dominantes (oligarqua o alta burguesa segn la mirada siempre aliadas a los intereses transnacionales imperialistas) deban contemplar que los intereses populares slo eran representados de modo profundo por la clase obrera.

La experiencia de la resistencia peronista y de las luchas de los setenta indica que los trabajadores fueron protagonistas centrales de las luchas contra los regmenes dictatoriales y por lograr la liberacin nacional y social. Desde ya, con todas las contradicciones y diferencias que sera engorroso detallar. Diferencias que, adems, en ms de una oportunidad, estuvieron asociadas a una valoracin exagerada de las posibilidades reales de tomar el poder, un concepto muy extendido en los setenta. En esas luchas, las organizaciones revolucionarias fueron una combinacin entre militancia obrera y juventud de origen popular y de sectores medios acomodados, profundamente identificados con una historia de rechazo a una sociedad elitista, a un Estado construido a su medida y con la experiencia del primer peronismo marcada a fuego por los avances sociales que produjo y por la violencia impiadosa del golpismo oligrquico que lo derroc. Ni hablar de la huella dejada por la ltima dictadura.

La sociedad sobre la que se asent la democracia que vivimos logr una serie progresiva de avances en materia de derechos polticos y sociales. Es cierto. Y en la ltima dcada incursion con ms profundidad en cuestionar las bases del modelo neoliberal. La distribucin del ingreso, medido por sectores sociales, est en el centro de la escena. El kirchnerismo lo plante desde sus inicios, en 2003, sin vueltas. Eso era una novedad frente al posibilismo que planteaban conglomerados polticos sin peso en las fuerzas sociales histricas del cambio. Bellas ideas como el progresismo o frentes amplsimos sin identidad definida devinieron en consignas declamatorias para quienes no quieren ver que las disputas de poder implican actores reales, con insercin econmica y peso histrico.

El oxgeno que est brindando esta nueva oleada juvenil es extraordinario. Agrupaciones de muy diverso signo parecen marcar un nuevo estilo de construccin sin espantar a los sectores sociales que desconfan de las maneras radiales de hacer poltica; es decir, aquellas que apelan al discurso colectivo y a frases con arraigo histrico, pero que tienen por detrs a personas o grupos asentados en el podero que da tener un pedazo o todo en el manejo del Estado. Esas cuestiones de forma no son menores y el kirchnerismo no siempre repara en que su poder de convocatoria se ve limitado por esa prerrogativa no menor de administrar y gestionar los recursos pblicos y convertirlos en parte decisiva de su capital poltico. Es cierto que este concepto est explotado hasta el cansancio por sectores con grandes privilegios econmicos y que pretenden la desmemoria del pueblo argentino. Por algo, por ms que repitan esos argumentos, esos sectores no alcanzan a hacer propuestas polticas ni a generar liderazgos nuevos. Es ms, pese a esos defectos, el kirchnerismo es el principal motor y referente de la oleada solidaria despertada al calor de las inundaciones. Las redes de jvenes que pusieron el pecho en estas semanas lo hicieron principalmente por su propia voluntad de ser protagonistas. Y lo hicieron, repito, en buena medida, asociados a esas tradiciones de las viejas resistencias, de las marchas por la verdad y la justicia y tomando como ejemplo a muchas de las medidas ms audaces de esta etapa kirchnerista.

Las cuestiones de forma no son menores. Y no sera bueno soslayarlas porque en las formas no hay males necesarios. Se puede luchar contra el sectarismo, contra la confusin entre recursos pblicos y fuerza poltica. Se puede construir el compromiso social sin necesidad, incluso, de sentirse parte del kirchnerismo. Es ms, muchos de los que salieron en estas semanas abrevan en distintas tradiciones: muchos cada vez ms se vieron contagiados por un catolicismo popular seguramente estimulados por la eleccin de un papa argentino. Otros forman parte, incluso, de agrupaciones polticas o sociales en nada identificadas con el kirchnerismo. Pero est claro que eso no produjo problemas a la hora de hacer pasamanos y que la mercadera llegara a destino sin que se perdiera nada en el camino.

Pero hay tambin una cuestin de fondo que no puede soslayarse: para consolidar y mejorar la distribucin del ingreso no alcanza con este oxgeno de la movilizacin juvenil. Se necesitan planes y medidas concretas que permitan avanzar sobre los intereses del privilegio.

Ciertamente no se trata de slo de sorpresivas medidas de poner topes de precios o disposiciones que no son explicadas en profundidad ni se puede entender en qu direccin van. Hace falta un diagnstico serio de la realidad econmica y social de la Argentina. El Gobierno no lo est dando. Tampoco est abriendo espacios como una mesa econmico-social donde estn todos los actores que defienden legtimos intereses. Porque por ser legtimos en abstracto no alcanza. Para que las fuerzas sociales del cambio, especialmente los trabajadores, puedan expresarse es imprescindible que este Gobierno legtimo de origen y con tradicin de no someterse a los privilegios abra la agenda a los temas de fondo de la economa. Desde cmo se financia el largo plazo hasta cmo se puede redefinir un esquema tributario para que no sean los pobres los que, proporcionalmente, paguen ms impuestos. En definitiva, aunque sea demasiado pedir, para avanzar se necesita un protagonismo social ms activo de parte de los sectores del trabajo. Ayudar a que se recuperen sus organizadores, ayudar a que emerja una dirigencia sindical no burocrtica y buscar de manera creativa que los trabajadores tengan ms cauces de participacin.

Quizs el kirchnerismo no pueda dar respuestas explcitas a estas demandas. Por muchos motivos. Por su propia concepcin de hacer y no explicar mucho para no perder la iniciativa. Por su propia pertenencia a un movimiento policlasista que prefiere avanzar pero tambin conciliar. Por la grave estructura econmico-social en que qued la Argentina post 2001. Y, tambin, hay que decirlo, porque no hay una presin social que le permita sentir un pleno y sostenido respaldo para avanzar con ms decisin. Sin embargo, hay otras tantas variables que indican los estmulos para abordar una serie de debates ms all de los cambios en la Justicia o la necesidad de no quedar prisioneros de los medios opositores. En Amrica latina hay muchas fuerzas polticas y sociales que van en la misma direccin. Eso no es poco.

Fuente: http://sur.infonews.com/notas/sujeto-historico-y-movilizacion-juvenil-en-la-argentina-2013


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