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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2013

Por otro modelo policial

Xabier Anza
Rebelin


La semana pasada tuve la oportunidad de participar en una mesa redonda organizada por Iigo Cabacas Herri Ekimena para debatir en torno al modelo policial. Como dirigente de un sindicato presente en la Ertzaintza, la Polica Foral y las Policas locales, fue para m un honor estar presente en ese foro junto a Joseba Nafarrete, Paul Rios, Iratxe Urizar y Carles Guillot (del colectivo Stop Bales de Goma). Entre el pblico, en primera fila, estaban los padres de Iigo Cabacas. La presencia de estos, su participacin y saludo posterior a quienes tomamos parte da testimonio de lo mejor de la naturaleza humana, el testimonio de dos personas sencillas comprometidas con que no ms personas pasen por el infierno que ellos estn pasando.

Unos das antes de esa mesa redonda ya se haba filtrado en los medios que la carga que acab con la vida Iigo haba sido ordenada desde la comisara de Deusto en contra del criterio de los ertzainas presentes en el lugar de los hechos. Unos das despus del debate, se publicaban en prensa escrita y en Internet las grabaciones de las conversaciones entre mandos y policas que confirmaban esa primera filtracin. Simplemente, se orden entrar con todo donde no pasaba nada. Queda en evidencia que la accin fue improcedente, desproporcionada, ilegtima y contraria a protocolo.

Se ha escrito mucho, y aun deber escribirse ms hasta que se haga verdad y justicia en este caso. A m mismo, a la hora de publicar esta entrada, me sobrevienen mil preguntas, reflexiones, valoraciones, sentimientos, impresiones, sospechas Por ello, me obligo a seleccionar un par de cosas para debatir y someter a la consideracin de los lectores. Son aspectos parciales, y no necesariamente los ms importantes, pero son cuestiones que entiendo oportunas subrayar en relacin con el debate del modelo policial que es necesario abrir.

La primera reflexin hace referencia a la confusin en torno a la rendicin de cuentas. La segunda a los conceptos de independencia operativa y discrecionalidad.

1. Rendicin de cuentas. No poda dar crdito a mis odos cuando escuch a la actual consejera de interior repetir el argumento que el ex consejero Ares ha venido utilizando desde la noche de autos. Pide Beltrn de Heredia que la investigacin judicial aclare lo antes posible el relato de hechos y determine posibles imputaciones, y que la Ertzaintza asumir las responsabilidades que se deriven de la investigacin judicial. Pues bien, con esas declaraciones aparentemente neutras, la consejera quiere sortear una cuestin para m central del caso que nos ocupa y en general de todos los casos que tienen que ver con la conculcacin de derechos humanos por parte de cuerpos policiales, que es la cuestin de la rendicin de cuentas.

Claro que la justicia debe investigar y juzgar este caso faltara ms! Pero la consejera confunde a la opinin pblica, ya que de sus declaraciones se puede concluir que los cuerpos policiales deben rendir cuentas slo ante la justicia. Y esto no es as, ni mucho menos! La polica debe rendir cuentas ante muy diversas instancias, para que cada una de ellas determine las diferentes responsabilidades, muchas de las cuales no tienen que determinarse en sede judicial. Porque detrs de una muerte, evidentemente, puede haber responsabilidades penales, pero no slo penales, sino tambin polticas, administrativas, disciplinarias En una sociedad democrtica la polica debe rendir cuentas ante al menos, yo creo, cuatro instancias fundamentales: ante su propia cadena de mando; ante los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial); tambin ante la sociedad y, finalmente, ante organismos independientes de supervisin, como pueden ser el Ararteko o incluso organizaciones internacionales que velan por el cumplimiento de los derechos humanos. Para ello deben habilitarse cuantas frmulas de participacin sean necesarias para que la sociedad pueda supervisar a su propia polica. La polica ejerce poderes especiales, como el uso de la fuerza o la detencin, que deben ser por ello especialmente vigilados.

Ares y Beltrn de Heredia trasladan la responsabilidad del caso exclusivamente a sede judicial, sabiendo que hay gran cantidad de responsabilidades que no dependen, insisto, ni deben depender, de los jueces. A estos les corresponder determinar, en ltimo trmino, quin lanz la pelota que provoc finalmente la muerte de Iigo y tambin las responsabilidades civiles, pero de ninguna manera eso es lo nico que debe aclararse en este proceso. La consejera de Interior es la principal responsable de que todos esos procesos de rendicin de cuentas se produzcan y no debe trasladar a sede judicial lo que es responsabilidad suya. No tiene derecho adems a confundir a la opinin pblica.

2. Independencia operativa y discrecionalidad. El Cdigo Europeo de tica de la Polica en su artculo 15 establece que "el servicio de polica debe beneficiarse de una independencia operativa". Esta independencia se traslada, entiendo, a los agentes, en forma de discrecionalidad o poderes discrecionales, es decir: la obligacin, ms all de las ordenes de la cadena de mando, de actuar con sensatez y prudencia, de manera ajustada al contexto en que se produce la accin policial. Desde mi punto de vista, en cualquier situacin, y en mayor medida cuando hablamos del uso de la fuerza, el polica individualmente considerado est legitimado para juzgar sobre la proporcionalidad y legitimidad de la accin que la cadena de mando le ha ordenado realizar. Este poder discrecional que asiste al polica se basa en su consideracin como sujeto autnomo y tico, y no en la relativizacin de la cadena de mando y menos an en la arbitrariedad, lgicamente. Desconozco qu tratamiento reciben, en el caso concreto de los ertzainas, estas cuestiones de los poderes discrecionales en los procesos formativos y en su accin policial cotidiana. Pero me produce terror pensar que lo que se pide a los agentes de la escala bsica sea obedecer de manera ciega las rdenes que, como en el caso, ni siquiera est dada por un mando destacado en el lugar donde ocurre la accin policial. Est un polica obligado a cumplir una orden que en conciencia puede entender como injusta, desproporcionada o improcedente? Y en caso de cumplirla, debe hacerlo en los trminos estrictos en que le ha sido trasladado? Donde est la lnea de separacin entre lo discrecional y lo arbitrario? El cdigo tico citado dice en su artculo 39 que el personal de polica debe ejecutar las rdenes regularmente dadas por sus superiores, pero tienen el deber de abstenerse de ejecutar las que son manifiestamente ilegales y de informar de este tema, sin temor a cualquier sancin en semejante caso. Hay mucho que debatir en torno a estas cuestiones.

Nos encontramos ahora, en una situacin paradjica. Las grabaciones que se han publicado podran prestarse para una parte de una la opinin pblica a una utilizacin exculpatoria del agente que dispar el tiro fatal, al fin y al cabo, se dira, cumpli una orden. Para otra parte de la opinin pblica, en cambio, esas grabaciones de ninguna manera pueden tener ese efecto exculpatorio, sino todo lo contrario: era tan evidente la improcedencia de la orden, que estaban obligados a no cumplirla. Qu creen los agentes de la escala bsica que les puede suceder si desobedecen una orden? Mucho me temo que estn sometidos a la obediencia debida y en caso de optar desobedecer, lo que creen es que se les abrir s o s un expediente disciplinario con un seguro resultado fatal para su futuro profesional.

Estas cuestiones y otras muchas ponen en evidencia la necesidad de abrir debates muy en profundidad sobre multitud de cuestiones que tienen que ver con el modelo policial. Es una desgracia que estos debates vengan de la mano de hechos tan trgicos como la muerte de Iigo Cabacas u otras vulneraciones flagrantes de derechos humanos. Lo que sabemos es que quienes tienen y han tenido opciones de gobernar, tienden a perpetuar el muro de silencio en torno a la labor policial que impide que se reconozcan e investiguen las conculcaciones de derechos humanos. Por eso, en este tema del modelo de polica, como en tantos otros, es el tiempo, creo, de la sociedad. Reflexionar y promover cambios sobre este tema es una reivindicacin democrtica como cualquier otra. Y hoy defender la democracia es ir contracorriente.

Deca en la mesa redonda que hay una frase que he venido oyendo a los sucesivos ministros y consejeros de interior desde que tengo uso de razn: debemos tener confianza, dicen, en las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Y comentaba que no hay frase ms antidemocrtica que esta. La democracia no se basa en la confianza, sino, precisamente, en la desconfianza y en la sospecha, porque quien tiene poder en este caso poderes especiales sobre el uso de la fuerza tiene la capacidad de abusar de ese poder. Los mecanismos de transparencia y rendicin de cuentas deben tener por objeto impedir que esos poderes especiales se presten a abusos. Las instituciones democrticas, y por ende las policas que dependen de ellas, no necesitan por tanto que confiemos en ellas. Son ellas las que deben ganarse la confianza de la ciudadana. Por eso, los que defienden la transparencia y la rendicin de cuentas son los verdaderos defensores de la democracia y de la polica. Y no los que despejan balones fuera hablando exclusivamente de la investigacin judicial que no les compete, para no hablar de lo que s les compete.

Xabier Anza es Miembro del Comit Ejecutivo de ELA.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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