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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2013

Capitalismo y crisis: una aproximacin histrica y literaria (y marxista tambin)

Jorge Felipe Garca
Rebelin


(1) El objetivo de este texto es hacer un brevsimo repaso histrico a la crisis de los aos 30 y unos comentarios a los libros Los vagabundos de la cosecha y Las uvas de la ira , de John Steinbeck, que sern tomados a modo de huellas o analogas para seguir la pista de la crisis actual y sus posibles trayectorias. No se trata de aplicar mecnicamente una plantilla sobre los patrones de relanzamiento de la acumulacin en situaciones de crisis haciendo abstraccin de los cambios ocurridos en los ltimos cuarenta aos, sino de utilizar la historia de un modo heurstico. Ningn anlisis puede obviar la temporalidad ni la concrecin histrica, pero tampoco que, bajo la modernidad capitalista, podramos decir, literalmente, el sujeto, lo que est por debajo, es una temporalidad abstracta, homognea, que media todos los procesos sociales e impone regularidades.

Como hiptesis terica, estructural en un sentido bastante razonable (las cosas se relacionan unas con otras, pero no todas con todas ni todas del mismo modo), podramos decir que el capitalismo representa la escenografa y la asignacin de papeles, de funciones personificadas en las dos principales posiciones sociales del drama de la modernidad i : poseedores de fuerza de trabajo y poseedores de capital. (Lo que los actores, clases, grupos de inters, movimientos sociales, etc., hagan despus con esos papeles, ya es otra cuestin: el debate entre estructura y agencia.)

El movimiento de la sociedad moderna, de la sociedad capitalista (hay, hubo sobre todo, habr , otras formas de modernidad?) describe ciertas pautas, ciertos patrones de expansin y depresin, constatados ya durante el siglo XIX. Hay dos posturas: concebirlos como unos patrones de funcionamiento normal, incluso convenientes para la buena marcha de la economa, o concebirlos, desde una perspectiva marxista, como fruto de las contradicciones que genera el despliegue lgico de esta estructura; un despliegue que es catastrfico, al socavar las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el ser humano ii . La regularidad de estas crisis fue tematizada, entre otros, por Kondratiev: el movimiento econmico pareca seguir una sucesin de ondas cortas (entre 7 y 11 aos) y largas (entre 50 y 60) iii .

Como en algn punto de la historia hay que cortar, cortemos en el periodo 1920 1922, un periodo de crisis mundial que antecede a la Gran Depresin. Este momento es, a su vez, heredero de la I Guerra Mundial y del Tratado de Versalles, por el cual se declar a Alemania nica responsable de la guerra y fue condenada a pagar una deuda de 132.000 millones de marcos de oro; fue ocupada, desmilitarizada y desarmada. Telegrficamente: es un periodo de caos monetario y desorganizacin del mercado financiero, de inflacin y huida de capitales hacia valores seguros lejos de la inquisicin fiscal, de descenso del nivel de vida de los asalariados y proletarizacin de la pequea burguesa, de prdida de poder de la clase obrera, miedo a la revolucin mundial, a la constitucin de una repblica internacional de trabajadores soviticos. La I Guerra Mundial aceler el progreso tecnolgico con la electrificacin y motorizacin, al tiempo que se expande una nueva organizacin y racionalizacin del trabajo bajo los nombres de taylorismo y fordismo, acelerando la concentracin de las empresas, si bien en Europa este proceso estaba lastrado por la debilidad de sus mercados nacionales.

La economa mundial se encuentra fuertemente desorganizada, la poblacin del planeta se incrementa lenta pero inexorablemente, al tiempo que se interrumpe la emigracin a los EE.UU (que destaca como primera potencia industrial y financiera), impidiendo as, en gran medida, una va de escape para las tensiones sociales en Europa, cuya economa se encuentra en regresin.

Parece evidente que un crecimiento en el potencial productivo no acompaado por un aumento de la demanda, bajo condiciones capitalistas, solo puede tener consecuencias desastrosas. Este fue el ejemplo de Alemania (reconstruida y financiada por los EE.UU para apuntalar la precaria estabilidad europea), cuyo sobreutillaje pronto dej atrs la capacidad de los mercados para absorber su produccin industrial. De otro lado, el derrumbe del comercio internacional provoca la crisis agrcola: la superproduccin es especialmente ruinosa para los pases de monocultivo, multiplicndose las hipotecas sobre las tierras. El paro se cronifica. Datos: en Inglaterra, desde 1921-22 el ndice de paro pasa del 2,4% al 15% (para no bajar ya del 10% en las siguientes dcadas); Estados Unidos pasa de 1,4 millones de parados en 1920 a 4,75 en 1921 (el 11,2% de la mano de obra); en Alemania, con algo de retraso, tras ndices relativamente bajos de desempleo, en 1924 alcanza un 14,7%, en 1926, un 18,3%. iv El Estado se encuentra financieramente asfixiado por esta carga. La decadencia de Europa, la concentracin y racionalizacin empresarial, la produccin masiva y mecanizada que no encuentra espacio ni en el mercado interior ni en el exterior y que reemplaza progresivamente al ser humano por mquinas, todo ello, hace de la crisis y la exasperacin social y nacionalista un estado permanente. La economa mundial es incapaz de generar una demanda suficiente que pueda sustentar una expansin duradera, teniendo lugar el extrao fenmeno, al mismo tiempo, de la sobreproduccin y el subconsumo. La democracia parlamentaria se tambalea; para apuntalarla y defender los intereses de las clases dominantes, partidos conservadores y liberales, hermanados en su defensa de la estructura social y el derecho de propiedad, recurren al Estado. v Y an no estamos en 1929.

Desde los aos 20, a pesar de la crisis, continu el progreso tcnico acelerado, el crecimiento econmico y la creciente mundializacin. La divisin tcnica del trabajo a escala planetaria haba creado una densa red de intercambio, un denso tejido de dependencias mutuas que arrastrar al mundo a la crisis con la disminucin de los prstamos y el repliegue de los Estados sobre s mismos y sus zonas de influencia colonial, tratando (intilmente) de proteger sus economas de las amenazas exteriores.

El 24 de octubre de 1929 la crisis se desata en la Bolsa de Nueva York tras una cada de precios en las industrias del cobre, el hierro y el acero, una reduccin de los beneficios de la automovilstica y los ferrocarriles, y la noticia de la quiebra de un especulador ingls llamado Hatry. A partir de aqu: repatriacin de capitales britnicos e histeria en forma de alud de rdenes de venta a cualquier precio. El crack financiero arrastra a la industria y la agricultura. Los niveles de produccin se contraen de una forma an ms violenta que durante la guerra. El flujo de crdito hacia Europa se detiene, golpeando de forma especial a Alemania. Del mismo modo que hay un movimiento de arrastre entre centros financieros y periferias industriales o agrarias, se produce dicha dinmica entre el campo y la ciudad: la contraccin de la demanda en las ciudades conlleva la prdida de poder adquisitivo en el campo. Los agricultores cuya produccin estaba dedicada a la exportacin incapaces de volver a una economa de subsistencia se ven condenados. El xodo a la ciudad, interrumpido, provoca el exceso de mano de obra en el campo y, con ello, la bajada de salarios. Las cargas hipotecarias hacen que miles de fincas pasen a manos de los bancos acreedores. Sin capacidad para comprar maquinaria, abonos qumicos, herramientas y productos de consumo, su situacin agrava el paro de los obreros industriales. El paro se desboca; ms datos: en EE.UU se calcula que en 1929 haba entre 1,5 y 2,5 millones de parados; en 1932 se estima su nmero entre 11,4 y 14,7; Alemania, 1930, 3,8 millones de parados; 1932, 5,2. Es interesante aadir que, si bien en la primera fase de la crisis el incremento de la produccin supone una disminucin del desempleo, en un segundo momento el paro no desaparece en funcin del crecimiento de la produccin industrial. Variables demogrficas y, sobre todo, de innovacin tecnolgica (que posibilita niveles altos de productividad y bajos de ocupacin), pueden arruinar la cantinela de la ecuacin entre crecimiento y aumento del empleo. vi Los Estados deudores no pueden hacer frente a sus obligaciones, a pesar de las moratorias de pago y las devaluaciones de la moneda. La inversin se retrae y atesora, o se emplea en inversiones especulativas y a corto plazo. Es el caos, el slvese quien pueda econmico: proteccionismo, abandono del libre cambio, barreras a las mercancas y a la emigracin y retraimiento hacia los mercados nacionales, desmantelando la red del comercio internacional. El Estado regula la actividad econmica frente a la desestabilizacin provocada por la libre empresa; no para sustituir al capitalismo, ciertamente, sino para salvarlo de s mismo . A pesar de las medidas de este intervencionismo conservador, a pesar de todos los esfuerzos de reglamentacin de la economa, de desarrollo del sector pblico, de medidas contra el paro, etc., de todos los esfuerzos para introducir cambios en el   sistema para no cambiar de sistema, los antagonismos nacionales y de clase se acentan y las poblaciones se preparan para el estallido de la guerra y el auge del fascismo (dicho en trminos casi publicitarios, la solucin perfecta para gente confusa).


(2) En la introduccin de Los vagabundos de la cosecha se nos habla de la desastrosa convergencia (una tormenta perfecta, que dira un tertuliano) entre sobre-explotacin de la tierra, condiciones climticas y crisis econmica. Steinbeck define a estos emigrantes como refugiados climticos, expulsados por tormentas de polvo y nieve, por el agotamiento de la fertilidad de la tierra, endeudados y desahuciados por los bancos y la naciente agroindustria. (La situacin a da de hoy tampoco debe ser muy buena para un pequeo agricultor estadounidense aun siendo mejor, evidentemente, que la de un campesino de la India, pues, segn parece, este sector laboral es el lder en nmero de suicidios en su pas.)

Los vagabundos de la cosecha son esa masa informe de braceros nmadas golpeados por la pobreza a los que el hambre y el miedo al hambre empujan de campo en campo vii . Su fuerza de trabajo es imprescindible, pero son odiados y temidos. Primero fueron chinos, luego filipinos, japoneses y mexicanos. Tratados como animales, eran deportados a la ms mnima muestra de organizacin y defensa colectiva. Despus fueron los norteamericanos de las tierras devastadas del Medio Oeste, que arrastraban su prole y su maltrecho orgullo de pequeos agricultores libres al viejo estilo americano. Con estos hombres y mujeres, los mtodos empleados anteriormente jornales de miseria, crcel, palizas, intimidacin no daran resultado, segn Steinbeck. Entre otras heridas, traan consigo la desorientacin y el dolor de granjeros autosuficientes barridos de sus tierras por la industrializacin de la agricultura y el desarraigo de pequeas comunidades en las que la democracia era imprescindible, establecindose una clara relacin entre este nomadismo forzado y la despolitizacin de personas que, sencillamente, para no morir de hambre no podan quedarse quietas . En estas circunstancias de movilidad permanente perder el coche poda significar la sentencia de muerte para un jornalero y su familia.

Como en algunos pasajes de El Capital en los que se describen las penosas condiciones de habitabilidad de los trabajadores ingleses, Steinbeck se demora en la descripcin de los poblados improvisados de los jornaleros, construyendo pasajes desoladores, describiendo detalladamente la estructura urbana de la miseria (miseria material, pero tambin moral y social por haber sido reducidos polticamente a la insignificancia), las condiciones de higiene de los hoovervilles y la malnutricin de nios acechados por los parsitos, la malnutricin y la disentera. La nica forma de que las autoridades estatales se ocuparan de ellos es que se declarara una epidemia que amenazara a los nativos. viii Quienes tenan trabajo contaban con las siguientes comodidades habitacionales:

Las casas, cobertizos de una habitacin y no ms de tres por tres metros y medio, no tienen alfombra, ni agua corriente ni cama. En un rincn hay una cocinilla de lea. El agua tiene que cargarse desde un grifo que queda al final de la calle. All tambin suele haber un foso negro o un retrete con un tanque sptico que utilizan entre cien y ciento cincuenta personas. ix

Se nos habla de la alianza entre grandes terratenientes absentistas, banqueros, dueos de peridicos y polticos, grupos de inters que, gracias a sus amplificadores mediticos, eran capaces de imponer sus polticas contra los pequeos granjeros, potencialmente aliados de los jornaleros en la defensa de sus intereses.

Estos se encontraban atrapados en una espiral de deudas, trabajando para cubrir las deudas del da anterior, y as siempre. En los ranchos la nica ley era los deseos del propietario. Y hasta la diversin, en lo que implicaba de vinculacin colectiva, era reprimida por el matonismo fascista de los vigilantes.

Al menor indicio de que los hombres se estn organizando, los echan del rancho a punta de pistola. Los grandes agricultores saben que si los braceros llegan a constituir un sindicato, no les quedar ms remedio que hacer frente a ms gastos para instalar retretes y duchas, mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y subirles el salario.x

En contraste con este panorama, Steinbeck nos narra la construccin, dentro del Programa Federal de Realojamiento impulsado por el gobierno de F. D. Roosevelt, de unos campamentos que tienen un enorme inters econmico y social:

Las instalaciones permanentes son sencillas e incluyen baos, retretes y duchas, un edificio para la administracin del campamento y un local para el esparcimiento de sus habitantes. () En este campamento se facilita a los jornaleros agua, papel higinico y algunas medicinas.xi

El alquiler consista en la dedicacin de dos horas semanales a trabajos de limpieza y mantenimiento. Esta mnima base material iba de la mano de la implicacin en la comunidad. Dignidad: estar limpio, suficientemente alimentado, participar en los asuntos que a todos ataen, ya sea en la organizacin del trabajo o en el diseo de una fiesta; autogobierno, democracia sencilla y viable. El experimento pretenda fijar a estos nmadas a un lugar, ofrecer un refugio para la obligada inactividad de los temporeros, para educar a los hijos, combinando el trabajo asalariado con pequeas granjas de subsistencia en las que agricultores cualificados impartiran nociones de agricultura cientfica, y en las que se utilizara maquinaria cooperativamente de un modo anlogo, me parece, al koljs sovitico.

En estas comunidades se debera fomentar el espritu de cooperacin y de ayuda mutua para que, rigindose por un sistema de autogobierno y recuperando la responsabilidad social, estas gentes puedan integrarse de nuevo en las filas de los ciudadanos. Estos proyectos deberan estar sufragados por el Gobierno federal, por el estado y por los condados.xii

Por otro lado, para salir de una situacin intolerable en la que los trabajadores estaban atrapados entre la desesperacin y el terrorismo patronal (una situacin que podra desembocar en la ruina mutua de las clases en lucha), el autor conclua con una defensa del sindicalismo y de algo as como un Frente Popular contra los intereses de los grandes empresarios agrcolas, incompatibles con la democracia: Har falta que la clase media, los trabajadores, los maestros, los artesanos y los profesionales liberales se unan en una militancia siempre vigilante para luchar contra esta filosofa social explotadora y para preservar el gobierno democrtico en este estado [de California].xiii


(3) Con su enorme potencia visual Las uvas de la ira me parece una buena herramienta de representacin de procesos vinculados a la modernizacin capitalista. Contemplo algunos pasajes como figuracin de nociones o conceptos marxianos o, sencillamente, como apoyos imaginarios de la crtica al capitalismo.

En el captulo V nos encontramos con una ejemplificacin del debate entre estructura y agencia en el cambio social, con el dilogo entre personificaciones de funciones econmicas, entre los portavoces de los propietarios de las tierras y los trabajadores arrendatarios. Lo mejor ser reproducir algunos pasajes.

Si un banco o una compaa financiera eran dueos de las tierras, el enviado deca: el Banco, o la Compaa, necesita, quiere, insiste, debe recibir, como si el banco o la compaa fueran un monstruo con capacidad para pensar y sentir, que les hubiera atrapado. Ellos no asuman la responsabilidad por los bancos o las compaas porque eran hombres y esclavos, mientras que los bancos eran mquinas y amos, todo al mismo tiempo. Algunos de los enviados estaban algo orgullosos de ser los esclavos de seores tan fros y poderosos. Se quedaban sentados en los coches y daban explicaciones. Sabes que la tierra es pobre. Ya has escarbado en ella lo suficiente. Dios lo sabe. () [Los bancos] Respiran beneficios, se alimentan de los intereses del dinero. Si no tienen esto mueren, igual que t mueres sin aire, sin carne. Es triste pero es as. Sencillamente es as. () El monstruo muere cuando deja de crecer. No puede dejar de crecer.xiv

Los hombres, acuclillados y dibujando con palitos en el suelo, imaginan buenos escenarios para la produccin del algodn, como guerras y cosas as. Tal vez en el futuro Pero la nica solucin para el monstruo es sustituir a los granjeros por tractores y explotar an ms rpidamente la tierra antes de que muera. Quiz no fuese un consuelo, pero el agricultor podra haber citado lo siguiente, poniendo al menos nombre al origen de su dolor: todo progreso, realizado en la agricultura capitalista, no es solamente un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino tambin en el arte de esquilmar la tierra, y cada paso que se da en la intensificacin de su fertilidad dentro de un periodo de tiempo determinado, es a la vez un paso dado en el agotamiento de las fuentes perennes que alimentan dicha fertilidad. Este proceso de aniquilacin es tanto ms rpido cuanto ms se apoya un pas, como ocurre por ejemplo con los Estados Unidos de Amrica, sobre la gran industria, como base de su desarrollo.xv

El monstruo-mquina, en su ilimitada voracidad de rentas e intereses, exige el desplazamiento de la poblacin, en palabras de Snchez Ferlosio, exige la ciruga del desarraigo obligatorio. Los hombres reaccionan airados: los antiguos llegaron a estas tierras nicamente con sal y rifles, y tuvieron que matar muchos indiosxvi y serpientes, arrancar malas hierbas y plantar; nacieron y murieron all generaciones, midieron y dividieron su tierra con la escala de su esfuerzo. Pero los portavoces no pueden hacer nada. Se enfrentaban (nos enfrentamos) a la automaticidad errante del capital (A. Badiou), algo que no es propiamente humano. Es el monstruo, el banco Los arrendatarios, positivistas, insisten: el banco no est hecho ms que de hombres.

No, ests equivocado, ests muy equivocado. El banco es algo ms que hombres. Fjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero an as el banco lo hace. El banco es algo ms que hombres, creme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar.

Los arrendatarios gritaron:

El abuelo mat indios. Padre mat serpientes, por la tierra. Quiz nosotros podamos matar blancos, que son peores que los indios y las serpientes. Quiz tengamos que matar para conservar la tierra, igual que hicieron Padre y el abuelo.xvii

Los portavoces del capital son convincentes, a pesar de la valenta de los hombres. Si se quedan y recurren a la violencia, primero vendr el sheriff, despus las tropas, sern ladrones y asesinos; antes de que les cuelguen, un tractor habr destruido sus hogares y sus cultivos. El monstruo no est hecho de hombres, pero puede hacer que los hombres hagan lo que l desea. Ni el banco ni los grandes propietarios se hacen responsables: deben huir hacia el oeste, a California, donde hay trabajo y nunca hace fro.

Si aun as las razones no les convencen, lo harn las mquinas, tractores como insectos, con la increble fuerza de los insectos, pilotados aparentemente (pues es la mquina quien les gua a ellos) por hombres que realmente son robots sentados (si no me equivoco, la palabra robot fue utilizada por primera vez por los hermanos apek en R.U.R. [Robots Universales Rosum], una interesante pieza teatral de ciencia-ficcin; de alguna forma el trmino deriva del significado de trabajador forzoso, en checo, para ms seas).

El dilogo entre un tractorista asalariado y un granjero es muy interesante, dejando vislumbrar la temtica, algo confusa, de la alienacin de los trabajadores respecto a la naturaleza, la sociedad y el proceso de trabajo (alguna cosa acerca de esta nocin podr ser rescatada de la roedora crtica de las ratas, digo yo). El monstruo

se haba introducido de alguna manera en las manos del conductor, en su cerebro y en sus msculos, le haba puesto gafas y amordazado, unas gafas en la mente y la percepcin, una mordaza en el habla y la protesta. No poda ver la tierra tal como era, ni olerla tal como ola, no poda pisar los terrones o sentir el calor y la fuerza de la tierra. () No conoca la tierra, no la posea, no confiaba en ella ni la imploraba. () No senta ms cario por la tierra que el que pudiera sentir el banco. Poda admirar el tractor: sus superficies de mquina, sus oleadas de potencia, el rugido de sus cilindros detonantes; pero el tractor no era suyo. () aquello no era arar, sino una especie de cirugaxviii

Con nostalgia respecto a formas ms antiguas de trabajar la tierra, ms densas culturalmente y polticamente significativas, al tiempo que se recurre a smiles de violencia hacia la naturaleza se subraya la divisin que el rgimen del salario introduce en la comunidad de productores. Los conductores de las mquinas-insecto, avanzando siempre en lnea recta (pues, como norma general, el capital no habla en trminos de lugares ni de tierra, sino de espacio y superficies), atentan contra su propia gente al destruir casas y cultivos por una poderosa razn: tres dlares al da. Los tiempos estn cambiando:

Ya no se puede vivir de la tierra a menos que tengas dos mil, cinco mil, diez mil acres y un tractor. La tierra de labor ya no es para campesinos como nosotros. Usted no se revuelve ni se queja por no poder hacer Fords o por no ser la compaa telefnica. Pues mire, ahora pasa lo mismo con las cosechas, y no hay nada que hacer. Intente trabajar por tres dlares diarios. Es la nica solucin. ()

Es curioso. Si un hombre tiene una pequea propiedad, esa propiedad se transforma en l, en una parte de l, y es como l. () Pero cuando un hombre tiene una propiedad que no ve, que no puede tocar con los dedos porque le falta tiempo, ni pisar porque no est all, entonces, la propiedad es el hombre. l no puede hacer ni pensar lo que desea. La propiedad se apodera del hombre por ser ms fuerte que l. Y l ya no es grande, sino pequeo. Tan slo sus propiedades son grandes y l se convierte en el servidor de su propiedad. ()

No se da cuenta de que los tiempos han cambiado? Filosofando as no conseguir alimentar a los nios. Eso solo se hace ganando tres dlares diarios. Los hijos de los dems no deberan preocuparle, ocpese de los suyos propios. Si se hace una reputacin por hablar de esa forma nadie le pagar los tres dlares.xix

La pregunta es: quin es el responsable de todo esto? Y, ms exactamente, a quin puedo disparar? El poder se invisibiliza en esta, digamos, estrategia de Ulises.

No s. Quiz no haya nadie a quien disparar. A lo mejor no se trata en absoluto de hombres. Como usted ha dicho, puede que la propiedad tenga la culpa. Sea como sea, yo le he explicado cules son mis rdenes.

Tengo que reflexionar respondi el arrendatario. Todos tenemos que reflexionar. Tiene que haber un modo de poner fin a esto. No es como una tormenta o un terremoto. Esto es algo malo hecho por los hombres y te juro que eso es algo que podemos cambiar.xx

Mientras los hombres, pensativos, con un dolor latente grabado en los ojos, dibujan en el polvo, a la sombra de estos dilogos, los nios preguntan Qu vamos a hacer, Madre? Dnde vamos a ir?

(Probablemente est de ms repetirlo, pero, por si a acaso: trazar la estructura que nos asigna una posicin en el drama de la modernidad no es determinista, el conocimiento intenta dibujar el mapa de los obstculos no todo lo real es visible de la libertad para que esta no haga el mamarracho pensando que la voluntad se despliega en una superficie vaca en vez de en un relieve intrincado, lleno de obstculos [ya sean estructuras psicolgicas, sociales o econmicas] que es preciso conocer para que haya agencia. Filosofa y prctica revolucionaria: ms que Gramsci, Platn: el conocimiento es indispensable para el acierto poltico.)


(4) En los captulos 6 y 9 hay unos fragmentos que representan la tematizacin del sentido y la memoria en relacin a la primaca del valor de cambio sobre el valor de uso.

Muley es un personaje que vaga como un fantasma por las granjas ahora vacas, cuidando de las cosas con la esperanza de que la gente, al volver del oeste, encuentre todo como es debido. Es un vagabundo que merodea por los lugares que la memoria ha marcado por su significado individual y colectivo, reviviendo en su imaginacin los sitios en los que pasaron cosas para anclarse al sentido: la prdida de la virginidad, el punto donde padre muri corneado por un toro, el nacimiento de su primer hijo Todo ello transcurri en lugares plenos de sentido, en la temporalidad de la cultura y el rito, del relato; no en el espacio indiferenciado de la circulacin de mercancas, no en las invivibles superficies del intercambio generalizado de equivalentes, no en la temporalidad homognea del valor. Mientras las mquinasxxi borran el relieve fsico de las granjas y destruyen la huella del trabajo libre para beneficio de los grandes terratenientes, el nomadismo obligatorio borra el relieve del sentido vinculado a lugares y situaciones desde los que construir relatos individuales y colectivos.

Las de Peters, Jacobs, Rance, Joad; todas las casas estn oscuras, se alzan como cajas llenas de ratas, pero en ellas sola haber buenas fiestas y bailes. Se celebraban servicios y se oa gritar: Gloria! Tambin haba bodas, en todas las casas. Y entonces me daban ganas de ir a la ciudad y matar a algunos. Pero qu consiguieron cuando el tractor empuj a la gente fuera de las tierras? Qu se llevaron para asegurar su margen de beneficios? Se llevaron a Padre muriendo sobre la tierra, a Joe gritando al empezar a respirar, a m agitndome como un macho cabro, por la noche, bajo un arbusto. Qu han conseguido? Dios sabe que la tierra no vale nada. Nadie ha tenido una buena cosecha en aos. Pero esos hijos de puta, sentados en sus escritorios, han partido en dos a la gente por su margen de beneficios. Simplemente los han cortado al medio. Una parte de la gente es el lugar donde vive. Nadie est completo, all solo en la carretera, en un camin atestado. Ya no estn vivos. Esos hijos de puta los han matado.xxii

El capitalismo tambin construye relatos, pero es incapaz de dar solidez y una mnima estabilidad a esos relatos. La reproduccin social no solo est vinculada a la estricta reproduccin material, sino tambin a la simblica, a la reproduccin del sentido. Esas inquietud y dinmica incesantes propias del capitalismo hacen imposible la constitucin de una cultura, a no ser que tomemos a la sociedad de consumo y del espectculo como una cultura, lo que nos llevara a debatir la posibilidad y los efectos, digamos, antropolgicamente teratolgicos, de una cultura mediada por la mercanca.

En el captulo 9 hay tambin un emocionante fragmento en el que se opone desgarradoramente el valor de cambio y el valor de uso de objetos sobre los que se sediment el trabajo libre y el sentido. Los arrendatarios seleccionan aquellas cosas que se llevarn hacia el oeste en su obligado xodo y aquellas otras que vendern en un miserable regateo. Qu son las cosas? Qu, las mercancas? De qu est hecha la vida de un ser humano, a qu es equivalente?

Bueno, cjalo todo, toda la chatarra, y deme cinco dlares. No compra slo desperdicios, est comprando vidas desperdiciadas. An ms, ya lo ver, est comprando amargura. Comprando un arado que pasar por encima de sus propios hijos, y los brazos y las almas que le podran haber salvado. Cinco dlares, no cuatro. No puedo llevrmelo todo otra vez Bueno, qudeselo por cuatro. Pero le advierto que est comprando algo que pasar sobre sus hijos. Y usted no se da cuenta. No puede verlo. Tmelo por cuatro. Qu me da por el carro y el tiro? Esos hermosos bayos estn conjuntados, en color y en la forma de andar, paso a paso. En el tirn, tensando grupas, sincronizados al segundo. Y por la maana, cuando les da la luz, bayos de color claro. Miran por encima de la cerca mientras huelen el aire buscndonos, y las orejas tiesas se giran para ornos, y esas crines negras! Yo tengo una nia a la que le gusta trenzarles las crines y las guedejas y ponerles lacitos rojos. Le gusta hacerlo. Pero ya no lo har ms. () Cunto? Diez dlares? Por los dos? Y el carro Por Dios santo! Antes los mato y que sean comida para perros. Bueno, cjalos! Qudeselos deprisa. Est comprando una niita trenzando guedejas, quitndose la cinta del pelo para hacer lazos, de pie, con la cabeza ladeada, frotando los suaves belfos con la mejilla. Est comprando aos de trabajo, de esfuerzo bajo el sol; est comprando una pena que no puede hablar. Pero espere y ver. Con este montn de chatarra y estos bayos, tan bonitos, va una prima, un paquete de amargura que crecer en su casa y florecer algn da. Le podamos haber salvado, pero usted nos ha derribado, y pronto usted ser derribado y no quedar ninguno de nosotros para salvarle.xxiii


(5) As, en plan receta, la cosa quedara como sigue. Pensar (la necesidad sirve de estmulo al concepto, el concepto estimula la accin)xxiv, no confundir resultados con causas; pensar la propiedad, pensar la causa que origina el movimiento (esto es de Aristteles, no de Steinbeck). Pasar del yo al nosotros: multiplicar la rabia, el dolor, el dolor de uno por un milln; el hambre, por un milln. El anhelo de una felicidad pequea, humilde, por un milln. La unin de los hombres y mujeres trabajadoras, vamos, aquello de proletarios del mundo, unos! Nmero, conciencia de clase, hegemonaxxv. Proteger los lmitesxxvi contra la infinitud insaciable del capitalismo: tiempo para la belleza, para la dignidad, para el sentido a salvo de la temporalidad homognea, indiferente, de la acumulacin. Proteccin del lmite: ms que ceremonias, leyesxxvii. Fermentacin de la iraxxviii. Auto-organizacin y colectivismo (un colectivismo no antagonista, sino en cooperacin con formas estatales por lo que hace a la produccin industrial y a la redistribucin del excedente en forma de bienes y servicios pblicos).

Dan ganas de ponerse hegeliano (si se es militante, siempre se es un poco hegeliano, me parece), agradecer al capitalismo y su barbarie sus frutos civilizatorios y arrojar las cscaras vacas para asistir y cuidar el nacimiento del socialismo del siglo XXI, tambin, en Europa. Hay que ser ya muy imbcil o estar muy loco o ser muy malo para no constatar la incompatibilidad de la produccin capitalista con la reproduccin de la vida, con la dignidad, con la vida buena. No pueden ser ms estas lneas, no pueden seguir siendo verdad:

Quemar caf como combustible en los barcos. Quemar maz para calentarse, hace un clido fuego. Tirar patatas a los ros y poner vigilantes a lo largo de las orillas para evitar que la gente hambrienta las pesque. Matar a los cerdos y enterrarlos y dejar que la putrefaccin se filtre en la tierra.

Eso es un crimen que va ms all de la denuncia. Es una desgracia que el llanto no puede simbolizar. Es un fracaso que supera todos nuestros xitos. La tierra frtil, las rectas hileras de rboles, los robustos troncos y la fruta madura. Y nios agonizando de pelagra deben morir por no poderse obtener un beneficio de una naranja. Y los forenses tienen que rellenar los certificados muri de desnutricin porque la comida debe pudrirse, a la fuerza debe pudrirse.

La gente viene con redes para pescar en el ro y los vigilantes se lo impiden; vienen en coches destartalados para coger naranjas arrojadas, pero han sido rociadas con queroseno. Y se quedan inmviles y ven las patatas pasar flotando, escuchan chillar a los cerdos cuando los meten en una zanja y los cubren con cal viva, miran las montaas de naranjas escurrirse hasta rezumar de podredumbre; y en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se estn llenando y cogen peso; listas para la vendimia.xxix


Notas:

i Nota sobre el gnero de esta obra. Es una farsa? Es una obra de pica revolucionaria? Relato de corte hegeliano por el cual, astutamente, la ontologa de la mercanca, la subsuncin total o globalizacin sera una forma de realizar por el lado malo la ontologa del ser social, la construccin de una humanidad no solo ideal sino fcticamente una, una utopa spinoziana, mstica y dialctica, de ser un solo cuerpo y una sola mente? Neurosis de la nostalgia del sentido? O se trata, ms bien, de una tragedia, de una apora sobre la que gira una y otra vez la sangrienta rueda de la historia?

ii Ernst Jnger, que alguna experiencia tuvo del siglo XX, dijo en una ocasin que la catstrofe es el verdadero a priori de nuestra poca. Hobsbawm, asimismo, designa este siglo como la era de las catstrofes, una era de revoluciones, guerras mundiales, holocaustos (modelo horizontal: Auschwitz, modelo vertical: Hiroshima), pogromos El siglo XXI ha heredado las contradicciones del pasado, hacindolas ms extensas y profundas, con menos margen para soluciones espaciales o tecnolgicas (temporales), con unas amenazas ecolgicas imposibles de soslayar.

iii El dato procede de El largo siglo XX, de E. Hobsbawm (p. 94, Editorial Crtica, 1995). Hay otras versiones de la duracin de estos ciclos, por ejemplo: de 4 a 8 aos en los movimientos de corta duracin sobre un fondo de largos ciclos entre los 40 y 70 aos.

iv Estos y otros datos, si no sealamos explcitamente otro origen, estn tomados del libro La poca contempornea. Historia general de las civilizaciones , de Ediciones Destino, Barcelona, 1982.

v Como dira, ya en nuestros tiempos, un insigne emprendedor, ahora en la crcel, era necesario hacer un parntesis en la economa del libre mercado. Que el socialismo es algo bueno se demuestra en la utilizacin que la clase dominante hace de las instituciones pblicas y estatales para su beneficio, en un constante intervencionismo de lo privado sobre lo pblico. Digamos, paradjicamente, que es una especie de privatizacin del socialismo . El socialismo ya est ah; solo hace falta socializarlo .

vi Basndonos en un fragmento de Fredric Jameson en Representing Capital (p. 117, Lengua de Trapo, 2012) proponemos desde estas pginas una humilde solucin al problema del desempleo: puesto que los pobres y desempleados son empleados por el capitalismo su no-funcionamiento cumple una funcin vital en el disciplinamiento de los salarios y en la produccin de un imaginario atenazado por el miedo a la exclusin, los pobres y desempleados deberan ser remunerados. Esto sera una eficaz solucin a la crisis, al tiempo surrealista y keynesiana, artstica y econmica.

vii Los vagabundos de la cosecha, p. 3 (Libros del Asteroide, 2011).

viii En el primer volumen de El capital Marx hablaba de las huestes trashumantes del proletariado ingls: Este sector forma la infantera ligera del capital, que ste lanza tan pronto sobre un punto como sobre otro, a medida de sus conveniencias. Estas huestes, cuando no estn en marcha, acampan. () Son columnas mviles de pestilencia, que van sembrando en los lugares donde acampan la viruela, el tifus, el clera, la escarlatina, etc. FCE, p. 563.

ix Ib. , p. 27. En la banda sonora de este artculo figuran, por cierto, los temas This land is your land, Tom Joad y Vigilante man, de Woody Guthrie.

x Los vagabundos , p. 26.

xi Ibidem, p. 29.

xii Ib., p. 82.

xiii Ib., p. 86.

xiv Las uvas de la ira , J. Steinbeck, pp. 52 y 53. Edicin de Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2003.

xv El capital , Libro I, pp. 422 y 423.

xvi Muchsimos. Las estimaciones que se hacen en El libro negro del colonialismo , dirigido por Marc Ferro, dejan sin aliento: parece aceptada una estimacin de poblacin para Amrica del Norte entre los seis y ocho millones de habitantes antes de la llegada de los europeos; en 1800 la poblacin no llegaba a las 600.000 personas; en 1900, se calculaba en 375.000.

xvii Las uvas de la ira , p. 55.

xviii Las uvas de la ira, pp. 57, 58.

xix Ib., p. 60.

xx Ib., p. 62.

xxi Frente a una visin primitivista respecto a la relacin con la maquinaria, en la pgina 223 se aborda la cuestin no de la tecnologa en s, sino de la propiedad de la tecnologa: Padre pidi el dinero prestado al banco y ahora el banco reclama la tierra. La compaa de tierras es decir el banco cuando posee tierra no quiere familias para trabajarlas, quiere tractores. Es algo malo un tractor? No es buena la energa que abre los largos surcos? Si el tractor fuera nuestro, sera algo bueno, no mo, sino nuestro. Si nuestro tractor abriera los surcos de nuestra tierra, sera bueno. No de mi tierra, sino de nuestra tierra. Entonces podramos amar ese tractor igual que amamos esta tierra cuando era nuestra. Pero el tractor hace dos cosas: remueve la tierra y nos expulsa de ella. Apenas hay diferencia entre el tractor y un tanque. Los dos empujan a la gente, la intimidan y la hieren. Hemos de pensar en esto. El asunto, como se dir ms adelante (p. 411), no es la maquinaria, sino su fuerza y peligro estando en manos privadas .

xxii Las uvas de la ira, p. 81.

xxiii Ib., pp. 131, 132.

xxiv Ib., p. 224.

xxv Los grandes propietarios formaron asociaciones para protegerse, celebraron reuniones en las que discutan formas de intimidacin, de asesinato, de gasearles. Y siempre temerosos de que surgiera un jefe trescientos mil si alguna vez se unen bajo un lder el fin. Trescientas mil personas, hambrientas y abatidas; si alguna vez llegan a tomar conciencia de ellos mismos, la tierra ser suya. Y no habr gas ni rifles suficientes para detenerlos (p. 348).

xxvi La tierra, el nomos de la tierra (la expresin es de Schmitt, pero podra ser de Sloterdijk), se revela, se revelar contra esta destruccin del lmite a travs de la que se propaga el capitalismo. No son bucles melanclicos, sino individuos los que viven, tambin, en y de la densidad antropolgica de las culturas. No se pretende defender el tribalismo ni sus tiranas primitivas, pero el contemplar, gracias, en buena medida, al poder cognoscitivo, nihilizador del capital, con mirada impasible (o pasmada, como la del ngel de Klee) nuestra vida y nuestras relaciones con los dems, no mola. Hubo un tiempo en que estbamos en la tierra. Tenamos unos lmites. Los viejos moran, y nacan los pequeos y ramos siempre una cosa ramos la familia, una unidad delimitada. Ahora no hay ningn lmite claro. (p. 567)

xxvii Y una de las ms importantes, bajo el rgimen del salario, es el establecimiento de un salario mnimo inviolable. Aadimos un pasaje esclarecedor respecto a los peligros de la libertad, en ausencia de constricciones legales, en el establecimiento del precio del salario: Y los emigrantes bullan por las carreteras, el hambre y la necesidad reflejadas en sus ojos. No tenan ningn argumento, ningn sistema, nada excepto su nmero y sus necesidades. Cuando haba trabajo para un hombre, diez hombres luchaban por l, luchaban por un salario bajo. Si se est dispuesto a trabajar por treinta centavos, yo trabajar por veinticinco. / Si se se conforma con veinticinco, yo me conformo con veinte. / No, yo estoy hambriento. Yo trabajar por quince centavos, por un poco de comida. Los nios. Debera verles. Les salen como pequeos diviesos y no pueden correr por ah. Les di una fruta que se haba cado y se hincharon. Yo trabajar por un trozo de carne. / Y esto era bueno porque los salarios seguan cayendo y los precios permanecan fijos. Los grandes propietarios estaban satisfechos y enviaron ms anuncios para atraer todava a ms gente. Y los salarios disminuyeron y los precios se mantuvieron. Y dentro de muy poco tendremos siervos otra vez. (p. 413) El fortalecimiento de los sindicatos promovido por Roosevelt tena como fin elevar el precio de los salarios para salir de la crisis va aumento de la demanda interna y el consumo. Entre la espada de la crisis-estafa actual y la pared de los lmites ecolgicos, no parece que pueda reutilizarse esta solucin (no, en cualquier caso, a travs del consumo privado, acaso s a travs del consumo colectivo de bienes pblicos).

xxviii Las compaas poderosas no saban que la lnea entre el hambre y la ira es muy delgada. Y el dinero que poda haberse empleado en jornales se destin a gases venenosos, armas, agentes y espas, a listas negras e instruccin militar. En las carreteras la gente se mova como hormigas en busca de trabajo, de comida. Y la ira comenz a fermentar. (p. 414)

xxix Ib., p. 506.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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