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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2013

Para cortarle alas al golpismo hay que salir del extractivismo

Ral Zibechi
La Jornada


Esta semana qued en evidencia la estrategia de la tensin y el caos que promueven las agencias estadunidenses para desestabilizar gobiernos. Si tomamos en cuenta las experiencias ms recientes, incluyendo la primavera rabe, podemos concluir que los golpes de Estado son apenas uno de varios caminos posibles para desalojar gobiernos molestos. Ni el Pentgono ni la Casa Blanca apuestan por una sola estrategia para conseguir sus fines, sino que ponen en marcha un abanico de acciones convergentes y complementarias.

La crisis econmica global y la necesaria contencin de los gastos militares (al parecer el Comando Sur vio su presupuesto reducido en 26 por ciento, pero puede haber partidas ocultas) otorgan prioridad al poder suave, o sea mecanismos no tan ostensibles como los tanques y los bombardeos de palacios de gobierno. Los medios de comunicacin, la accin legal y la semilegal, incluyendo las masas en las calles, que siempre sirven para legitimar proyectos innombrables, son algunas de las herramientas en uso.

En el caso de Venezuela y la escalada desestabilizadora que se escenific horas despus de la publicacin de los resultados electorales, emergen un conjunto de mensajes que el tiempo permitir develar completamente, pero que muestran la aparicin de nuevas y ms refinadas estrategias. Para mostrar no slo los aspectos negativos de la coyuntura, habra que mencionar que la casi unanimidad de los miembros de la Unasur mostraron su apoyo a Nicols Maduro, incluyendo un rpido reconocimiento por parte del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

Slo el Paraguay de Federico Franco, a quien le queda poco tiempo en el cargo, se aline con Estados Unidos en la regin sudamericana. Esto es relevante porque muestra el aislamiento de Washington y la creciente autonomizacin de gobiernos como el de Colombia. Parece evidente que la estrategia desestabilizadora no conviene a nadie en esta parte del mundo, muy en particular a un gobierno que busca la paz con la guerrilla con la oposicin del mejor aliado del guerrerista George W. Bush, el ex presidente lvaro Uribe.

La consolidacin de las instituciones y alianzas regionales, tanto la Unasur como el Mercosur, est mostrando ser una eficaz barrera contra la injerencia del norte en la regin sudamericana. Sin embargo, as como constatamos que algunos gobiernos no siguen mecnicamente la poltica de Estados Unidos (Ollanta Humala y Sebastin Piera tampoco se sumaron a Washington), es muy probable que estemos ante una relativa autonomizacin de las derechas de esos mismos centros de poder.

Quiero decir que las derechas hacen sus propias lecturas de la realidad global y hacen tambin su propio juego. Sobre todo cuando las tendencias hacia un mundo multipolar se intensifican. Cinco de las 10 principales economas del mundo ya no utilizan el dlar en sus intercambios con China ( Russia Today, 14 de abril de 2013). Entre ellas, Rusia, India y Brasil, pero tambin Japn, importante aliado de Estados Unidos. Australia, otra aliada de Washington, es el ltimo pas en dejar de lado el dlar en su comercio con China. India y Japn tambin comenzaron a efectuar transacciones en sus respectivas monedas nacionales.

La nueva realidad global golpea de tal modo al centro imperial que hasta sus gastos militares cayeron, por primera vez en 20 aos. Estados Unidos tiene una participacin menor a 40 por ciento de los gastos militares globales, que slo en 2012 cayeron 6 por ciento, en tanto el gasto militar de los miembros de la OTAN en Europa se contrajo 10 por ciento (SIPRI, 15 de abril de 2013). En contraste, los gastos militares de los emergentes crecen de modo continuo, aunque estn muy lejos del presupuesto de defensa del Pentgono.

Sin embargo, operan otras fuerzas menos visibles pero tan o ms desestabilizadoras que las que conocemos de larga data. Me refiero al modelo extractivo o extractivismo. Con el modelo extractivo de megaminera y agronegocios no se puede profundizar la democracia, asegura Diego Montn, miembro de la Unin de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Mendoza (Argentina) y nuevo coordinador continental de la CLOC-Va Campesina ( Pgina 12, 17 de abril de 2013).

El extractivismo es mucho ms que un modelo productivo y de acumulacin de capital. En rigor, forma parte del complejo especulativo-financiero que hoy domina el mundo. En nuestros pases tiene efectos depredadores: est creando un nuevo bloque de poder, corruptor polticamente, polarizador y excluyente socialmente y depredador del medio ambiente.

En lo poltico, el modelo extractivo necesita un conjunto de gestores que alimenta con sus inmensas ganancias (soya, minera a cielo abierto y varios monocultivos), que velan por sus intereses (universidades, gobiernos nacionales o locales, medios e intelectuales). Exagerando apenas, el extractivismo juega un papel desintegrador similar al del narcotrfico, porque destruye el tejido social, expulsa a los campesinos de sus tierras, infla ciudades hasta lmites insoportables y mata a la gente, en particular a los ms pobres, que no tienen acceso a un sistema sanitario de calidad.

En todos los pases de nuestra regin, parasos extractivos del capital especulativo global o de los intereses expansionistas de pases emergentes como China, una larga dcada de extractivismo no ha hecho sino fortalecer a las derechas. No me refiero slo a los partidos o polticos conservadores, sino a una derecha difusa, social y cultural, que promueve el individualismo, un consumismo atroz y depredador de los vnculos sociales, comportamientos casi fascistas hacia los pobres, o sea contra los jvenes de las barriadas populares, en particular las gentes del color de la tierra.

Denunciar el golpismo es imprescindible. Defenderse del Pentgono es urgente. Incrementar la militancia es clave (no slo las declaraciones y los desplegados). Pero el modelo extractivo sigue criando y creando camadas de jvenes conservadores que buscan lderes ultraderechistas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/04/19/index.php?section=opinion&article=025a1pol



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