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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2013

La poltica como golpismo por otros medios (o con los mismos)

Emilio Cafassi
Diario La Repblica


La relativa consolidacin en el tiempo de algunos pases sudamericanos del giro progresista mediante sucesivas victorias electorales, viene a modificar raigalmente las estrategias de las derechas que siempre consideraron que sus posibles tropiezos son slo episodios coyunturales y an as, inclusive, que los progresismos -ante las mayores dificultades de apelar a los golpes de estado como antao- resultaran cooptables y manipulables. Que ambas hiptesis se vean desmentidas, an parcialmente, las obliga a un giro consistente, no exento de heterodoxia y exasperacin.

Un ejemplo argentino, entre muchos otros identificables en otros pases, ilustra esta intencin cooptativa. El entonces CEO del aristocrtico matutino fundado por Bartolom Mitre, La Nacin, Claudio Escribano, le transmiti a Nstor Kirchner antes de asumir, a travs de su jefe de campaa y posterior Jefe de Gabinete, Alberto Fernndez, una suerte de virtual ultimtum mediante un pliego de condiciones de 5 puntos. A la vez le cit al Council of Americas, en su prognosis de que cualquier presidente no durara ms de un ao en el gobierno, cosa nada improbable si aceptaba ese chantaje, habida cuenta de la sucesin de 11 presidentes (en el ao y poco previo desde la huida de De la Rua) quienes -en detrimento de su estabilidad- se avinieron a ese tipo de exigencias, con la consecuente precarizacin institucional. Llam a la amenaza postulados bsicos de La Nacin, apelando al nada casual nombre de la marca que reafirma la pretensin ideolgica de coincidencia entre los intereses del diario con los de la propia nacin argentina y enfatiz que seran inflexibles en su defensa. Los puntos exigidos eran:

1) El alineamiento con los EEU, un retorno (o ms bien continuidad) de la genuflexa poltica de relaciones carnales del canciller menemista Guido Di Tella. 2) El abandono de toda pretensin de investigar y juzgar a los genocidas del terrorismo de Estado y la reivindicacin de las FFAA. 3) Dilogo fluido y privilegiado con los empresarios. 4) Condena a Cuba. 5) Medidas duras y excepcionales de control de delito (obviamente contra la propiedad, sin incluir por ello al lavado de dinero, la corrupcin, la fuga de capitales, las estafas, la usura, etc.) frente al incremento de la inseguridad.

Ante la ausencia de respuesta, el propio periodista lo glos (de manera mucho ms extensa que este resumen) en la edicin del diario del 15/05/2003 que el lector puede consultar en http://www.lanacion.com.ar/496350-treinta-y-seis-horas-de-un-carnaval-decadente. Con convergentes intenciones, el candidato presidencial venezolano Henrique Capriles, cuando vio que perda por escasa diferencia, trat de apurar un pacto con el ganador, Nicols Maduro, quin lo rechaz pblicamente en forma inmediata.

Los caminos de rearme derechista son diversos segn una compleja determinacin de cada una de las condiciones histricas locales y la cultura poltica particular de cada pas. Sin embargo, hay comunes denominadores que en diversas proporciones se combinan en cada experiencia concreta, que intentar esbozar an a riesgo de la excesiva generalizacin. El primero y ms extendido es el de la convergencia y unificacin de sus mltiples variantes. En todos los pases progresistas, o bien las derechas estn unificadas o bien estn en vas de unificacin, no slo por iniciativas de cpulas, sino por reclamos de masas. La polarizacin es ya un hecho o lo ser en casi todo el mapa sureo. Result patente en las consignas y convocatorias del ltimo cacerolazo argentino de esta semana, pero tambin es reconocible hasta en Uruguay con los escarceos seductores entre los tradicionales partidos blanco y colorado (enemigos histricos al extremo de la guerra civil) con sus actuales insinuaciones de unificacin de candidaturas departamentales. Basta que emerja algn nuevo actor o representante de intereses medianamente populares para que se desaten pulsiones centrpetas, como las que nos impulsaron en los 70 a la lucha contra las dictaduras. Con la excepcin -nada absoluta- de Brasil, esta convergencia tiene lugar tambin en Bolivia y Ecuador. Lo sera en Paraguay si su deshilachado progresismo tuviera alguna chance de avanzar, se unificar probablemente en Chile contra Bachelet, aunque difcilmente le sea necesario en Colombia y Per.

El segundo comn denominador es la batalla meditica y poltico-cultural que suele concentrarse en la denuncia de dictaduras o de formas dictatoriales o totalitarias. Sin reparar en contradicciones tales como que los propios medios o los polticos denunciantes han sido, salvo contadas y honrosas excepciones, cmplices y sostn material y simblico de las dictaduras, espetan adjetivaciones de este tenor que pretenden transformar en sustantivas en la opinin pblica. En Sudamrica no existe un solo pas en el que se impida el derecho de reunin, asociacin, de libre expresin, de circulacin, de elegibilidad de los ciudadanos o se encarcele, asesine y torture, o donde no rijan sus constituciones. Obviamente hay abusos represivos -inclusive criminales- de las fuerzas del orden, violencia generalizada, discriminaciones racistas, amenazas y forzamientos fcticos por los resquicios de los dbiles artculos constitucionales. Pero ninguna de esas derechas morigerara siquiera estas lamentables formas del despotismo que conviven con la democracia liberal-fiduciaria, sino que, por el contrario, las incrementaran.

La movilizacin y la protesta, tambin se han incorporado al arsenal de intervencin de las derechas sudamericanas. En el caso de Venezuela, no exentas de violencia extrema. Nada menos que 8 militantes chavistas fueron asesinados en la noche posterior a las elecciones, precisamente por los que denuncian la inseguridad. Algunos periodistas fueron tiroteados resultando heridos. Fueron atacados tambin centros hospitalarios y sedes partidarias. En Argentina, un grupo de caceroleros se concentr frente al Parlamento con palos, otros objetos contundentes y un atad, e intent abrir a golpes el ingreso principal, rompi vidrios, adems de agredir a reporteros grficos y a un trabajador. Trabajadores e inclusive legisladores quedaron recluidos hasta que comenzaron a dispersarse los manifestantes.

El lobbysmo con los diversos sectores de la oposicin. En la esfera poltica con particular epicentro en las embajadas estadounidenses (EEUU y Espaa son los nicos dos pases que an no han reconocido la victoria de Maduro) y las jerarquas eclesiales segn el peso que tengan en cada pas (deber recordarse que el actual Papa fue consultor y referente de todo el arco opositor de derecha mientras fue arzobispo de Buenos Aires). En la econmica con las cmaras empresarias y los grandes grupos econmicos y mediticos con los que propone alianzas precisas y concretas.

Ante este panorama, cuyos sntomas tienden a ir enfatizndose conforme se perpetan los progresismos, intento insistir en que los gobiernos no slo deben ser evaluados por los alcances de sus intenciones, iniciativas concretas y formas de ejercicio del poder poltico, sino tambin por la extensin y cualidades de las fuerzas contra las que confronta. Los riesgos de un retorno al peor pasado neoliberal son tan factibles como la parlisis y la desmovilizacin ante lo poco o mucho logrado. No quiero con esto, desalentar crtica alguna a las diferentes experiencias. Por el contrario, creo que son indispensables para sostener y profundizar las conquistas.

En escenarios an no tan polarizados, se corre el riesgo extra de que alternativas de izquierda o tambin progresistas sean arrastradas por esta tendencia unificadora derechista. En Argentina es un caso pattico el del socialista Hermes Binner, quin logr atraer a casi todos los fragmentos progresistas e inclusive de izquierda desalentados tanto por el kirchnerismo, el proyecto sur de Pino Solanas, la Coalicin Cvica de Elisa Carri, la CTA (central sindical algo ms combativa) y hasta Libres del Sur, un grupo que viene de tradiciones revolucionarias con el propsito de disputar por izquierda la hegemona al gobierno. Con tal propsito cre el Frente Amplio Progresista (FAP, seguramente con intenciones de asociar su nombre a la experiencia uruguaya) y lleg a vincular imprudentemente los nombres del ex Presidente Vzquez y el publicista Esteban Valenti de Uruguay. Lo cierto es que no slo particip con su grupo del ltimo cacerolazo con los dirigentes de todo el arco derechista, sino que adems coquete con la posibilidad de buscar cada vez ms, a travs del dilogo, una concertacin mayor, sostuvo que las muertes en Venezuela no eran responsabilidad de Capriles, sino del populismo para volver a reiterar como hace algo ms de un mes que si fuera venezolano votara por Capriles. Peor que la derecha es un progresismo disfrazado, al menos hasta que las exigencias lo desmaquillen.

Mientras no se construyan variantes superadoras, es decir ms radicales y consecuentes, cuya necesidad y posibilidad concreta depender de cada pas y circunstancia, habr que defender a los gobiernos progresistas de las amenazas derechistas que los azuzan y debilitan. Exactamente lo contrario de lo descripto para el FAP argentino. Pero tambin habr que exigirles, inclusive en nombre de su propia supervivencia, que deben tomar como propia la lucha contra la corrupcin, la concentracin absoluta del poder personalista, y la burocratizacin porque constituyen un obsequio que el derechismo no va a rechazar cuando las posibilidades de acceso le sean favorables por cualquier va.

La eleccin pasada en Venezuela refleja la magnitud de los riesgos, inclusive no detectados ni por los ms pesimistas encuestadores. En octubre Chvez obtuvo 8 millones de votos (55,15%) contra 6,5 de Capriles (44,25%). Casi 1,3 millones se fugaron esta vez desde el chavismo hacia su opositor. Tambin se perdieron 4 de los 20 (sobre 23) estados ganados meses atrs. Aunque no todo sea mrito de la derecha, ni tenga explicaciones unicausales. Pero siempre pueden aparecer un pajarito y alguna que otra imbecilidad propia.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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