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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2013

Lenin y la organizacin de las emociones

Manuel Fernndez-Cuesta
eldiario.es


Creo que la gente sabe perfectamente que le estn engaando y estafando, pero la mayora tiene demasiado miedo o estn demasiado cmodos para decir algo.

Maj Sjwall / Per Wahl, Los terroristas (1975)

Desaparecida la conciencia de clase, nuestras vidas de incertidumbre, dominadas por la subjetividad y las emociones, han perdido el sentido social, constitutivo de lo comn. La exaltacin de la individualidad, la exagerada identidad de s y la (falsa) facultad de eleccin han hecho de nuestras sociedades modernas un extrao conjunto de miedos, frivolidad y mercantilizacin de lo cotidiano. El exceso y la aceleracin, la frustracin y la precariedad laboral han barrido las formas tradicionales de organizacin poltica. Frente al neoliberalismo y su tendencia a la destruccin de lo adquirido, surgen formas de protesta desconocidas hasta la fecha.

Los partidos de la izquierda alternativa y los antiguos sindicatos de clase, golpeados en el 15-M, estn perdiendo, poco a poco, su protagonismo en la vida diaria. Ausente la cohesin de clase, asociada al mundo de trabajo, al fordismo y la produccin, las batallas actuales (sanidad y educacin, desahucios, desempleo, entre otras) se llevan a cabo con estrategias diferentes. Es preciso, por tanto, una nueva mirada horizontal, reticular, plural, capaz de afrontar los desafos del presente: una organizacin poltica de las emociones.

V. I. Ulianov, Lenin, (1870-1924), en el clebre Qu hacer (1902), cuyo origen se encuentra en un artculo publicado en Iskra ( Por dnde empezar?, mayo de 1901), plantea, casi por primera vez en la teora de los partidos, la organizacin de una estructura poltica combatiente, reflejo de las tensiones, formada, en parte al menos, por revolucionarios profesionales: agentes activos movilizadores, catalizadores. Un modelo de partido, anterior a la insurgencia bolchevique de 1917, del que todava es posible extraer, pese al tiempo transcurrido, numerosas conclusiones tiles para la prctica actual: una estructura flexible, atravesada por una idea comn, cuyo proceso de toma de decisin sea alimentado, en rigor, por los impulsos de realidad recibidos por las extremidades de los tentculos.

Como dice Constantino Brtolo en la antologa Lenin. El revolucionario que no saba demasiado (Catarata, 2012), lo que Lenin pretende es una organizacin capaz de responder a la emergencia de lo nuevo. En este caso, despus del 15-M y la espontaneidad de algunos movimientos, lo novedoso sera comprender -desde las asociaciones de afectados hasta los defensores de lo pblico- cmo influye lo emocional en la accin y cmo es posible articular estas sensaciones, trasmisoras de sentido, que tocan con las manos los problemas reales, concretos.

Tras muchos esfuerzos y muertos, el capitalismo de ficcin, al decir de Vicente Verd ( El estilo del mundo, Anagrama, 2003), ha alcanzado un estado de perfeccin ideal: el presente continuo. Un tiempo lineal e indeterminado, asociado a la emotividad del presente, que se prolonga hacia el infinito mientras dibuja una sucesin de imgenes que se repiten: pese a la apariencia de novedad, los patrones y valores permanecen.

Instalados en la objetividad y pureza del sistema mundial de reproduccin de smbolos, anclados en la fortaleza -escaparate de vanidades e intercambio- de la ideologa del presente eterno, continuum, las vidas transitan los mismos caminos, las mismas trilladas sendas. Somos copias deformes de nosotros mismos -empresarios de nosotros mismos escribi Foucault-, variaciones de sumisin y el silencio.

El Estado ideal, ese mundo absoluto concebido por Hegel, cincelado por los neoliberales, ha alcanzado la tierra prometida: el final. Este es el espacio de combate: un desierto pavimentado de apariencia de realidad. La tarea parece imposible: romper la armona preestablecida -el perpetuo movimiento del beneficio- y asaltar la bveda de la racionalidad del capitalismo tardo.

Las constantes luchas actuales estn demostrando que se imponen formas de organizacin adaptables al terreno. Formas sensibles, moldeables, organizaciones lquidas que cuestionen, desde la raz, la primaca del surfeo permanente que nos impone el consumo y la precariedad. Ante el enemigo fijo del pasado, las organizaciones frreas cumplieron su misin de ariete. En la actualidad, cuando el poder se ha diluido en la esfera de lo intangible, los mercados, las organizaciones tienen que limar sus formas clsicas hasta convertirse en reflejo de esa misma intangibilidad. Si la lucha poltica actual tiene un fuerte componente de descontento social y emocional, la estructura combatiente tiene que albergar tambin lo emocional. Emocin y poltica ya no pueden separarse.

La conciencia poltica de clase no se le puede aportar al obrero ms que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha econmica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La nica esfera en que se pueden encontrar estos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y el Gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre s. Con esta claridad se expresaba Lenin, febrero de 1902, en el antes mencionado Qu hacer (Obras, tomo V, Editorial Progreso, Mosc, 5 ed.).

Pero ms all de las perversas interpretaciones enunciadas por Brtolo en su Antologa (que tendran que ver con la asuncin del partido revolucionario de las tareas de accin y conciencia del propio proletariado), urge adaptar esta mirada sobre las relaciones de todas las clases entre s al momento presente para hacer de las ideas de Lenin un cuerpo terico vivo, til. Crtico con la espontaneidad, con lo emocional-poltico, parece necesario, sin embargo, hoy, fundida la estructura de clases dominadas en una especie de multitudo precaria y agonizante, Repensar Lenin (Slavoj Zizek, Akal, 2004), en el contexto de esta nueva horizontalidad creativa que estn imponiendo en la esfera pblica los diversos movimientos de protesta. Desde las redes sociales, que facilitan la accin (rodeando el Congreso, por ejemplo), hasta las mareas en defensa de la sanidad y la educacin, y los escraches, la accin est tomando caminos insospechados.

La emotividad, que rige una parte esencial de la lucha poltica como se vio en el 15-M, no puede limitarse al subjetivismo y el mero voluntarismo. La multitud precaria est adquiriendo, frente a la barbarie de los recortes, una definitiva conciencia de su potencial transformador. Inmersos en la mercadotecnia como ideologa omnicomprensiva, respiramos el aire de la publicidad que, con descaro, satisface los deseos primarios. La frgil y feliz sociedad del consumo y el crdito agoniza.

Igual que Lenin, un centrista en el seno de su organizacin, se subi a un vagn en la Estacin de Finlandia la noche del 3 de abril de 1917 y proclam el modo revolucionario (Tesis de abril), los partidos de la izquierda alternativa deben subirse en sus respectivos vagones, abandonar los palacios de Invierno de las burocracias y pensar en una organizacin combativa, dispuesta para la transformacin, de las emociones.


Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Lenin-organizacion-emociones_6_122897726.html



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