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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2013

Atrocidades como las bombas de Boston son difciles de abordar, pero los delitos con armas, no

Gary Younge


Nadie sabe por qu lo hizo. Pero eso no ha detenido las especulaciones. Si se mira hacia atrs, segn el testimonio de quienes le conocieron, se advertan seales. Pero nadie podra haber previsto nada a esta escala. Qu influencias tuvieron su efecto? Qu motivos poda haber? Qu llevara a un joven a asesinar intencionadamente al mayor nmero de inocentes posible, dejando al pas a la vez vulnerable y afligido?

Estas preguntas las planteo, no respecto a Yojar Tsarnaev, el principal sospechoso, de 19 aos, superviviente de la saga de las bombas de Boston que caus tres muertos e hiri a ms de 170 personas la semana pasada, sino a Adam Lanza, que mat a 20 nios y seis profesores en Newtown, Connecticut, el pasado diciembre. Las contradicciones de las respuestas polticas a las dos tragedias y las cuestiones que suscitan no podran ser ms flagrantes u obscenas.

El lunes [15 de abril] hicieron explosin dos bombas en el maratn de Boston. Un da despus de que se identificase a los sospechosos, los polticos que defendan la actual legislacin en materia de armas pidieron una mayor vigilancia sobre los musulmanes y abordar los resquicios del sistema de inmigracin (Tsarnaev y su hermano, Tamerln, que result muerto en un tiroteo [con la polica], crecieron en Kirguistn).

El mircoles [17 de abril] el Senado declin aprobar siquiera las medidas de control ms tenues en respuesta a la matanza de Newtown. Veinte nios, de seis y siete aos de edad, son masacrados en el colegio y el sistema poltico norteamericano tarda cinco meses para no decidir nada. Incapaces de quebrar el lmite obstruccionista, ni siquiera se lleg a votar. Escondidos tras el argumentario de la National Rifle Association (NRA), los senadores defensores de los derechos relativos a las armas se envolvieron en la Constitucin, insistiendo en que el apoyo al control de armas violara el "derecho a portar armas" de la Segunda Enmienda.

Mientras las autoridades le negaban a un Yojar todava inconsciente sus derechos Miranda (para informarle de que tiene derecho a guardar silencio], insistan algunos republicanos en que se le juzgara como "combatiente enemigo", la aberracin legal y abominacin moral que abri camino a Guantnamo. Su devocin por los derechos civiles es, a lo que se ve, parcial; su adhesin a las armas es total. La NRA se opone incluso a prohibir la venta de armas a la gente que se encuentra en la lista de terroristas, lo que quiere decir que quienes no pueden subir a un avin todava pueden prepararse a recargar y apuntar.

Como hizo notar John Oliver, un cmico britnico del Daily Show: "un intento fallido de hacer estallar una bomba en un zapato y tenemos todos que descalzarnos en el aeropuerto. 31 tiroteos desde Columbine y ni un slo cambio en la reglamentacin sobre armas".

No cabe exagerar las ramificaciones de esta negligencia. Ms de 85 personas incluyendo ocho nios mueren por arma de fuego como media cada da en Norteamrica y ms del doble de esa cifra resultan heridos. Aun teniendo en cuenta el hecho de que la mayora de las muertes por arma de fuego vienen a ser suicidios, eso significa un total de vctimas cada ao que es varias veces el del 11 de septiembre de 2001.

Con todo, las cifras no hacen por s solas justicia a la disonancia cognitiva. El efecto de un atentado terrorista como el de Boston no se puede medir solamente por el nmero de fallecidos. El terrorismo crea una cultura de miedo y sospecha que se extiende ms all de los inmediatamente afectados y repercute en nuestra comprensin del riesgo. Significa que nadie se siente seguro, cualquiera es sospechoso potencial y el peligro puede estar en cualquier parte. "Terror significa, en primer lugar, terror al prximo ataque", escribe Arjun Appaduraj en Fear of Small Numbers. "El terrordeja abierta la posibilidad de que cualquiera pueda ser un soldado de incgnito, un clandestino entre nosotros, esperando a golpear el corazn de nuestro duermevela social"

El problema es que sta es la cultura en la que muchos norteamericanos han vivido durante aos. Se estima que en Chicago del 20 al 30% de los nios ha sido testigo de un tiroteo en la escuela. Carolyn Murray, cuyo hijo muri a tiros en el jardn de su abuela en una urbanizacin de Chicago, no disfruta de mucho de ese "duermevela social". Acab tan acostumbrada a or disparos los fines de semana que poda llamar a la polica y decirles de qu calibre eran las armas y de dnde provena el tiroteo, y eso slo con escucharlo desde la cama. Dicho sin rodeos, una parte significativa de Norteamrica vive en un terror constante y el Congreso acaba de decidir que as es cmo deberan seguir.

En la jerarqua del sufrimiento y la seguridad en Norteamrica, existen, en resumen, lugares en los que se supone que ests a salvo maratones, colegios de urbanizaciones, cines y sitios en los que aparentemente no tienes derecho a esperar eso: sobre todo en los vecindarios negros e hispanos pobres. Slo en un puado de excepciones cuando los asesinos son cristianos, blancos y nacidos en Norteamrica (los medios informativos no han desarrollado ninguna ansiedad por defecto respecto a ellos), los muertos, blancos en su mayora y los asesinatos en gran nmero hay oportunidad de que los tiroteos atraigan la atencin poltica general. Aun entonces, slo rara vez, y aun en ese caso, como se demostr la semana pasada, con pocos efectos tangibles.

La incmoda realidad es que es muy poquito lo que puede hacerse para impedir una atrocidad como la de Boston. "Hemos tenido mucho xito en desactivar la capacidad de Al Quaeda de lanzar ataques masivos", declar al Washington Post el congresista demcrata Adam Schiff, antiguo federal fiscal y miembro del Comit de Inteligencia de la Cmara. "Pero hemos visto proliferar tramas excepcionales, con origen forneo e individuos autorradicalizadosVamos a tener que reconocer una cierta vulnerabilidad, y adoptar la resuelta visin de que tendremos que seguir como estamos, tomando precauciones, pero sin cambiar el modo en que vivimos".

Recprocamente, se pueden hacer muchas cosas para cambiar la forma en que mueren a diario muchos norteamericanos. Quienes abogan por los derechos relativos a las armas insisten en que las medidas de control de armas que tuvieron su mejor oportunidad de ser aprobadas la semana pasada, y que exigan cerciorarse de los antecedentes de quienes compran armas en la Red o en ferias de tiro, no habran evitado el crimen de Lanza. Utiliz un arma de su madre que haba sido adquirida legalmente. Es verdad, aunque puesto que el 90% de los norteamericanos y el 74% de los propietarios de un arma miembros de la National Rifle Association estaban de acuerdo en ello, debieran haberse aprobado de todos modos. Pero la razn de que el compromiso fuera tan tibio se debe a que finiquitaron los esfuerzos por prohibir las armas de asalto y los cargadores de gran capacidad, lo que le permiti a Lanza matar a bastantes ms nios con bastante mayor rapidez.

Expresando su frustracin por la incapacidad de aprobar alguna medida, Andrew Goddard, cuyo hijo fue herido durante los tiroteos de Virginia Tech en 2007, declar al New York Times: Es casi como si pudieras ver la lnea de meta, pero sin lograr llegar hasta ella. Resulta aun ms irritante poder verla y no llegar a ella.

Hay muchos corredores del maratn de Boston que saben exactamente cmo se siente uno en esa circunstancia.

Gary Younge es uno de los varios corresponsales que el diario The Guardian tiene en los Estados Unidos y en calidad de tal ha cubierto las elecciones presidenciales y al Congreso de los ltimos aos.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Lucas Antn

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5915   


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