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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2013

Cmo nos exponen a "biopeligros" en el mayor experimento incontrolado de la historia
Todos somos conejillos de Indias

David Rosner y Gerald Markowitz
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Una epidemia oculta envenena EE.UU. Las toxinas estn en el aire que respiramos y en el agua que bebemos, en los muros de nuestras casas y los muebles. No podemos escapar en nuestros coches. Estn en las ciudades y los suburbios. Afligen a ricos y pobres, jvenes y viejos. Y hay un motivo por el cual nunca se lee al respecto en el peridico o se ve un informe en las noticias por la noche: no tienen nombre ni antdoto.

El culpable de ese asesino silencioso es el plomo. Y el vinilo. Y el formaldehido. Y el asbesto. Y Bisfenol A. Y bifenilos policlorados (PCB). Y miles de innovaciones ms, presentadas por las industrias que otrora nos prometieron un mundo mejor gracias a la qumica pero que en su lugar produjeron un caldo txico que ha convertido a cada estadounidense en un conejillo de Indias y ha convertido EE.UU. en un inmenso experimento antinatural.

Hoy todos somos sujetos del mayor conjunto de ensayos con drogas de todos los tiempos. Sin nuestro conocimiento o consentimiento estamos probando miles de productos y compuestos qumicos sospechosos de toxicidad, as como nuevas sustancias cuya seguridad en gran parte no se ha demostrado y cuyos efectos en los seres humanos son casi desconocidos. Los propios Centros para el Control de Enfermedades (CDC) han comenzado a monitorear nuestros cuerpos en busca de 151 productos qumicos potencialmente peligrosos, detallando la variedad de contaminantes que almacenamos en nuestros huesos, msculos, sangre y grasa. Ninguna de las compaas que introducen esos nuevos productos qumicos se ha tomado la molestia de decirnos que formamos parte de su experimento. Ninguna de ellas se ha tomado la molestia de pedirnos que firmemos formularios de consentimiento o ha explicado que saben poco de los efectos secundarios a largo plazo de los productos qumicos que han introducido en nuestro medio ambiente y en nuestros cuerpos. Tampoco tienen la menor idea de los efectos sinrgicos de la combinacin de tantos nuevos productos qumicos en un cuerpo humano en cantidades desconocidas.

Cmo entraron las toxinas industriales en los hogares estadounidenses

La historia de cmo se convirtieron los estadounidenses en sujetos de ensayo involuntarios comenz hace ms de un siglo. El personaje clave fue Alice Hamilton, la madre de la medicina ocupacional en EE.UU. quien comenz a documentar la forma en que los trabajadores de fbricas de pinturas con pigmentos de plomo, productoras de bateras y minas de plomo estaban sufriendo terribles parlisis, temblores, convulsiones y muertes despus de verse expuestos a polvo de plomo que flotaba en el aire, revistiendo sus bancos de trabajo y sus ropas.

Poco despus, nios expuestos a pintura de plomo y polvo de plomo en sus casas tambin fueron declarados vctimas de esa letal neurotoxina. Muchos entraron en convulsiones y en coma despus de gatear en pisos en los que se haba asentado polvo de plomo provenientes de pinturas, por haber tocado juguetes pintados con plomo o por haber mordido cunas pintadas con plomo, repisas de ventanas, muebles y entarimados.

En lugar de ser sincera con el pblico, la industria del plomo a travs de su grupo empresarial, la Asociacin de Industrias del Plomo, comenz una campaa de seis dcadas para encubrir los horrendos efectos de su producto. Cuestion a mdicos que informaron a los departamentos de salud sobre nios envenenados con plomo, distrajo al pblico mediante anuncios que afirmaban que el uso del plomo era seguro y se opuso a la regulacin de la industria por el gobierno local, todo al servicio de los beneficios obtenidos al colocar un veneno en la pintura, la gasolina, las instalaciones de plomera e incluso juguetes, pelotas de bisbol y equipos de pesca.

Como sucedi con Joe Camel en el caso del tabaco, as el pequeo Nio Holands de National Lead Company se convirti en un instrumento icnico de mercadeo para Dutch Boy Lead Paint, atrayendo a los estadounidenses para que llevaran un producto peligroso a las salas de juego de sus hijos, a las guarderas y a los juegos infantiles. La compaa tambin lanz una inmensa campaa publicitaria que asoci el plomo con la salud en vez de con el peligro. Incluso produjo libros para colorear para nios, alentndolos a pintar sus habitaciones y sus muebles usando pintura basada en plomo.

Solo despus de que miles de nios resultaran envenenados y de que en los aos 60 grupos activistas como los Young Lords y los Black Panthers comenzaran a utilizar el envenenamiento con plomo como un smbolo de opresin racial y de clase, los profesionales de la salud pblica y el gobierno empezaron a controlar a empresas de pinturas como Sherwin-Williams y Ethyl Corporation, que producan plomo tetraetilo, el aditivo de plomo en la gasolina. En 1971, el Congreso aprob la Ley de Prevencin del Envenenamiento con Pintura de Plomo que limit el plomo en la pintura utilizada en las viviendas pblicas. En 1978, la Comisin de Seguridad de Productos para el Consumo finalmente prohibi el plomo en todas las pinturas vendidas para uso del consumidor. Durante los aos 80, la Agencia de Proteccin del Medio Ambiente emiti reglas que condujeron a la eliminacin del plomo en la gasolina en 1995 (aunque todava contina en el combustible para la aviacin).

Los CDC estiman que en millones de hogares de EE.UU. los nios todava estn expuestos a cantidades peligrosas de plomo de pintura vieja que produce polvo cada vez que se clava un clavo en una pared para colgar un cuadro, se instala un nuevo enchufe elctrico o una familia renueva su cocina. Estiman que ms de 500.000 nios de entre uno y cinco aos tienen elevados niveles de plomo en su sangre. (Ningn nivel se considera seguro para los nios). Los estudios han vinculado la prdida de puntos en el cociente de inteligencia, los desrdenes de dficit de atencin, problemas de conducta, dislexia, e incluso posiblemente altas tasas de encarcelamiento con pequeas cantidades de plomo en los cuerpos de los nios.

Por desgracia, cuando se cre el caldo qumico de EE.UU. no se puede decir que la industria del plomo estuviera sola. El asbesto es otro ejemplo clsico de una toxina industrial que termin formando parte de las casas y los cuerpos de la gente. Durante dcadas, trabajadores en aislamientos, mecnicos para frenos, obreros de la construccin y muchos otros en cientos de oficios fueron vctimas de incapacitantes y letales enfermedades pulmonares de asbestosis o de cncer pulmonar y del fatal cncer llamado mesotelioma al aspirar polvo producido durante la instalacin de calderas, aislamiento de tuberas, arreglo de coches con guarniciones de frenos de asbesto o la pulverizacin de asbesto sobre vigas. Una vez ms, la industria supo temprano los peligros de su producto y trabaj asiduamente para encubrirlos.

A pesar de los crecientes conocimientos mdicos sobre sus efectos (y los crecientes intentos de la industria por minimizar o suprimir dichos conocimientos), el asbesto se introdujo rpidamente en las casas estadounidenses y se incorpor a productos que iban desde los aislamientos para calderas y tuberas en los stanos hasta las baldosas y masillas. Se utiliz para hacer paredes de asbesto cemento, tejas, tablas de planchar, guantes de cocina y calentadores de platos. Pronto un peligro del mbito laboral se convirti en una amenaza para todos los consumidores.

Actualmente, sin embargo, esas devastadoras toxinas industriales convertidas en domsticas, que destruyeron la salud y costaron la vida a cientos de miles de personas, parecen casi extraas en comparacin con el caldo de toxinas potenciales y reales que ingerimos regularmente en el aire que aspiramos, el agua que bebemos y los alimentos que comemos.

Una preocupacin especial es una variedad de hidrocarburos clorados, incluido el DDT y otros pesticidas que se fumigaron libremente en todo el pas, y a pesar de que se prohibieron hace dcadas se han acumulado en los huesos, los cerebros y los tejidos grasos prcticamente de todos nosotros. Sus cercanos primos qumicos cancergenos, los bifenilos policlorados (PCB), se encontraban en innumerables productos domsticos y de consumo -como el papel carbn de copia, adhesivos, pinturas y equipos elctricos desde los aos cincuenta hasta los setenta. Todava estamos pagando el precio de esa bacanal industrial, ya que esos compuestos inspidos se han convertido en contaminantes permanentes del entorno natural y, como resultado, de todos nosotros.

El mayor experimento descontrolado en la historia

Mientras las casas antiguas con pintura de plomo y tejas de asbesto plantean riesgos, hay productos qumicos ms aterradores que amenazan en nuevas construcciones en el ltimo mini auge de la construccin en EE.UU. Cada vez ms nuestras casas se hacen con fibras ligeras y materiales sintticos reforzados cuyos efectos en la salud humana nunca se han estudiado de forma adecuada, ni individualmente y menos todava en las combinaciones a las que todos estamos sometidos en la actualidad.

El f ormaldehido, un producto qumico incoloro utilizado en los depsitos de cadveres como conservante, tambin se encuentra como fungicida, germicida y desinfectante por ejemplo en la madera contrachapada, madera comprimida, paneles de madera dura y en las tablas de madera comprimida de mediana densidad utilizadas comnmente para los frentes de cajones y gabinetes o la parte superior de muebles. A medida que el material envejece, se evapora por la casa como un conocido vapor cancergeno, que se acumula lentamente en nuestros cuerpos. El Instituto Nacional del Cncer en los Institutos Nacionales de Salud sugiere que los propietarios de casas que compran productos de madera prensada, incluyendo material de construccin, ebanistera, y muebles deberan informarse del contenido de formaldehido de esos productos.

Lo que hay dentro de nuestros nuevos muros podra ser an ms peligroso. Aunque los ignfugos utilizados comnmente en sofs, sillas, alfombras, cortinas, productos para bebs, e incluso televisores, sonaban como una buena idea cuando se introdueron ampliamente en los aos 70, ahora resulta que plantean peligros ocultos que comenzamos a comprender. Los investigadores han vinculado, por ejemplo, uno de los ignfugos ms comunes, el ter difenil polibrominado, con una amplia variedad de efectos potencialmente indeseables para la salud, incluyendo enfermedades de la tiroides, problemas de la memoria y del aprendizaje, desarrollo mental y fsico retardado, bajo cociente intelectual y el inicio temprano de la pubertad.

Otros ignfugos como el Tris (1,3-dicloro-2-propyl) fosfato se han relacionado con el cncer. Como han documentado los CDC en un estudio continuado de la acumulacin de materiales peligrosos en nuestros cuerpos, ahora se encuentran ignfugos en la sangre de casi todos.

Estos productos qumicos en particular tampoco son excepcionales. Ocultos en el armario bajo el fregadero, por ejemplo, hay limpiacristales y antimanchas que contienen agentes cancergenos conocidos o presuntos. Lo mismo se puede decir de los cosmticos de tu caja de maquillaje, de tu botella de plstico para el agua o de los envases de alimentos para el microondas. Hace poco se ha identificado el Bisfenol A (BPA), un qumico sinttico utilizado en una serie de productos plsticos, incluidas algunas mamaderas, adhesivos de epoxi, el forro de latas de atn, e incluso en recibos de tarjetas de crdito, como otra toxina comn crecientemente encontrada dentro de todos nosotros.

Estudios recientes indican que sus efectos son tan variados como inquietantes. Como ha escrito Sarah Vogel del Fondo de Defensa del Medio Ambiente: Una investigacin reciente sobre la exposicin a dosis muy bajas de BPA sugiere una asociacin con efectos adversos para la salud, incluyendo cncer de mama y de prstata, obesidad, problemas neuroconductuales y anormalidades reproductivas.

El tefln, o cido perfluorooctanoico, el revestimiento antiadherente resistente al calor que nos han vendido como imprescindible en las ollas y cacerolas, es uno ms de la lista de sustancias que pueden estar envenenndonos sin que apenas nos demos cuenta. Adems de permitir que los huevos fritos se deslicen directamente al plato, el tefln se encuentra dentro de todos nosotros, segn el Consejo Consultor Cientfico de la Agencia de Proteccin del Medio Ambiente, y probablemente es cancergeno en los seres humanos.

Estos materiales sintticos son solo algunos de los miles que ahora estn firmemente arraigados en nuestras vidas y nuestros cuerpos. La mayora se han introducido en nuestro mundo y en nuestro aire, agua, casas y campos, sin que se hayan estudiado sus potenciales riesgos para la salud y sin prestar mucha atencin a su forma de interactuar con los entornos en los que vivimos o con nuestros cuerpos. Los grupos que producen esas sustancias milagrosas como las industrias petroqumica, plstica y de la goma que incluyen a grandes compaas como Exxon, Dow, y Monsanto argumentan que, a menos que podamos probar definitivamente que los productos qumicos que se filtran lentamente en nuestros cuerpos son peligrosos, no tenemos ningn derecho, y ellos no tienen ninguna obligacin, de removerlos de nuestros hogares y sitios de trabajo. La idea de que deberan demostrar que sus productos son seguros antes de exponer a toda la poblacin a ellos parece un concepto extico.

En los aos 20, la industria petrolera dio el mismo argumento con respecto al plomo como aditivo de la gasolina, a pesar de que ya se saba que era una toxina peligrosa para los trabajadores. Portavoces de compaas como General Motors insistieron en que era un regalo de Dios, irremplazable y esencial para el progreso industrial y la vida moderna, tal como la industria del plomo argument durante dcadas que el plomo era esencial para producir buenas pinturas que protegieran nuestras casas.

Como las industrias del petrleo, del plomo y del tabaco del Siglo XX, la industria qumica, a travs del Consejo de la Qumica Estadounidense y de firmas de relaciones pblicas como Hill & Knowlton, luchan con uas y dientes para impedir la regulacin y poner freno a legislacin que las obligara a ensayar los productos qumicos antes de colocarlos en el medio ambiente. Mientras tanto, los estadounidenses siguen siendo conejillos de Indias en ensayos avanzados de cientos, si no miles, de productos qumicos comnmente utilizados y que en gran parte no se han probado. No cabe duda de que es el mayor experimento incontrolado de la historia.

Para comenzar a controlarlo se requeriran indudablemente grandes esfuerzos de la base para resistir a las corporaciones abusivas, polticos valerosos, miles de millones de dlares y excelentes investigadores. Pero antes de que se puedan emprender pasos serios, antes de que incluso podamos identificar esta epidemia, tenemos que tomar conciencia de que existe.

Un vertedero txico sola ser un lugar financiado especialmente o un sitio de eliminacin de desechos nucleares. Sin embargo, cada da que pasa, todos y cada uno de nosotros somos vertederos txicos y no hay a la vista ningn financiamiento especial ni ningn plan de eliminacin de las toxinas. Mientras tanto, somos biopeligros parlantes y ni siquiera lo sabemos.

David Rosner y Gerald Markowitz son coautores y coeditores de siete libros y 85 artculos sobre una variedad de peligros industriales y ocupacionales, incluyendo Deceit and Denial: The Deadly Politics of Industrial Pollution y recientemente: Lead Wars: The Politics of Science and the Fate of Americas Children, (University of California Press/Milbank, 2013). Rosner es profesor de historia en la Universidad de Columbia y codirector del Centro de Historia de la Salud Pblica en la Escuela Mailman de Salud Pblica de Columbia. Markowitz es profesor de historia en John Jay College y en Graduate Center, City University de Nueva York.

Copyright 2013 David Rosner and Gerald Markowitz

2013 TomDispatch. All rights reserved.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175693/

rCR



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