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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2013

Mayo del 68: 45 aos despus

Luis Roca Jusmet
Rebelin


Cundo acabo el Mayo del 68?, le preguntaron a Daniel Blanchard, agudo observador y participante en dichos acontecimientos. En Junio del 68, afirm. La respuesta tena algo de broma, y algo de cierto: la energa se perdi en gran parte en cuando acab la movilizacin.

Sabemos que fue el sntoma de una transformacin a largo plazo. El primer aspecto que reivindicaban era el fin de las instituciones jerrquicas. La sociedad era muy autoritaria en todos los mbitos de la vida cotidiana, desde la familia (patriarcal) hasta poltica (el Presidente de Gaulle o su reverso, el PC francs) pasando, por supuesto por las instituciones educativas. Podemos preguntarnos ahora si en estos cuarenta y cinco aos hemos ganado algo en este sentido. La respuesta es ambigua, ambivalente.

Jacques Lacan deca que hemos pasado del Discurso del Amo al Discurso Universitario. Ya no son poderes autoritarios, personalizados, patriarcales. Son poderes tecnocrticos, de espertos y gestores, de evaluadores annimos. Gilles Deleuze hablaba del paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control. Michael Foucault es quien lo trabaj ms, aunque muri a medio camino. Entendi que las sociedades disciplinarias que haba estudiado en su clebre texto Vigilar y castigar se estaban transformando en formas de gobiernos que jercan el poder indirectamente. Nikols Rose lo ha desarrollado ms en sus estudios sobre neoliberalismo social. Vargas Llosa, que es un liberal conservador, deca que Mayo del 68 haba provocado la crisis de valores y autoridad que vivimos. Es cierto. El patriarcado ha cado y con l la autoridad, tal como nos mostraba el psicosocilogo Gerard mendel en su excelente anlisis histrico de la autoridad. Cuando cae el patriarcado en la sociedad moderna la autoridad en todos los mbitos tambalea. La sociedad es hoy ms liberal en todos los aspectos, esto es lo que se ha ganado : derechos de la mujer, de los nios, de los homosexuales, de las minoras raciales y tnicas...

El otro aspecto que reivindicaban era la felicidad, la alegra. Contra las pasiones tristes contra el malestar, contra la infelicidad. Aquellos jvenes vean (veamos) que la forma de vida de nuestros padres, que la generacin que heredbamos no era una sociedad de personas felices. Y que el consumo como expectativa solo generaba insatisfaccin. La felicidad, ya lo sabemos, es una cosa muy compleja y que solo puede medirse en trminos subjetivos (objetivarla es uno de los aspectos de la biopoltica, que tambin nos dice como ser felices). Pero aquellas gentes no parecan muy felices y queramos otra vida, intentarlo de otra forma. Quizs tena algo de ingenuidad porque como deca el viejo y sabio Freud la civilizacin comporta represin y por tanto malestar y nadie est dispuesto a negar las ventajas de un mundo civilizado. Pero an aceptando esto podemos aspirar a un grado de felicidad y no conformarnos con ser vctimas de unas costumbres y una manera de vivir con la que no nos identificbamos. Podemos preguntarnos tambin si cuarenta y aos aos despus, en las llamadas sociedades avanzadas, somos ms felices. Y yo tambin dira que no. La sociedad cada vez parece producir ms infelicidad y la depresin tiene caractersticas de plaga social, aadida a otras como al anorexia, las adicciones... Parece cumplirse la fatal prediccin de Nietzsche cuando deca que lo que llegara si no eramos capaces de transformar los valores, era el nihilismo del ltimo hombre. Aqu Nietzsche sealaba una cuestin central que era que para vivir intensamente, para querer vivir hay que aceptar el dolor y la muerte. Y no aceptamos ni una cosa ni la otra, por lo cual nos convertimos cada vez ms en individuos que lo nico que quieren es no sufrir y negar la propia finitud, la propia muerte. Y el precio es vivir a mnimos y guiados por una sociedad que cada vez nos ofrece ms servicios para ser un rebao que tiene la vida cada vez ms reglamentada y que va desde los objetos tecnolgicos hasta el turismo de masas, que por otra parte crean cada vez nuevas y mayores obligaciones para todos los que componemos, mal que nos pese, este rebao.

Podemos pensar entonces que lo que vale la pena recoger de aquel movimiento es la lucha por la autonoma y la lucha por la felicidad. Esto, mal que nos pese, no es solo incompatible con el autoritarismo o las costumbres represivas ya que como bien nos recuerda Zizek ahora el imperativo es que hay que gozar. Con lo que es realmente incompatible es con el capitalismo. Ya s que no conocemos alternativas globales y las que se han ensayado han fracasado pero hay que introducir una lgica diferente a l para conseguir el mximo de felicidad colectiva y el mximo de autonoma personal. Como ya vieron bien los jvenes del Mayo del 68 con sus consignas anticapitalistas lo que nos ofrece el sistema es un engao : una satisfaccin aparente a travs del consumo que no es felicidad y un individualismo que no es autonoma real.

En todo caso vale la pena no olvidarlo y buscar algo mejor que lo que tenemos. Estos valores de los que hablo, no lo olvidemos, s son muestras del Progreso, que nos es otra cosa que lo que ganamos colectivamente en felicidad y en libertad. Es incompatible con el capitalismo.

En estos momentos de crisis intentemos recuperar algo de esta lucha por la autonoma y la felicidad que no pase por querer recuperar el consumismo.

No olvidemos tampoco que como planteaba Claude Lefort, tambin vinculado al movimiento, que las dos salidas al vaco de poder de las sociedades tradicionales son la democracia y el totalitarismo. Son las dos opciones que hoy podemos ver ms claras en la crisis que vivimos del Estado oligrquico liberal que nos ha gestionado estos aos.

No olvidemos tampoco que el capitalismo ha sobrevivido perfectamente a esta crisis de autoridad. Todo lo slido se desvanece, deca Marx refirindose al capitalismo. Se equivocaron los que deca que la crisis de la familia patriarcal autoritaria sera el fin del capitalismo. El capitalismo sobrevive con parejas gay, con mujeres emancipadas y mucho ms. Es la lgica del aumento incesante del capital y la mercantilizacin generalizada lo que lo define. Y se adapta muy bien a los cambios sociales. No ser esto lo que lo matar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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