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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2013

Duro revs de la ONU a Washington

Miguel ngel Ferrer
Rebelin


Esta pelcula ya la hemos visto varias veces: Estados Unidos acusa a un gobierno desafecto o insumiso de poseer y utilizar armas qumicas (u otro tipo de armas de destruccin masiva). La acusacin, que ms tarde se confirmar es absolutamente falsa, da pie a una intensa e inmensa campaa meditica para preparar el derrocamiento de aquel gobierno desafecto o insumiso, con la simpata o al menos la aquiescencia de la opinin pblica occidental.

Fue el caso, para quien ya lo haya olvidado, de Irak. Y tambin, con sus variantes acusatorias, de Afganistn. En el caso de Afganistn, la acusacin consista en la presencia y actuacin en ese pas de clulas (o ejrcitos) de Al Qaeda, la conocida agencia terrorista made in USA que sirve, mediante sus atentados con bandera falsa, a la preparacin y consumacin de derrocamientos e invasiones militares por cuenta de Washington y otras naciones imperialistas (Inglaterra, Francia, Alemania, Canad y, por supuesto, Israel).

Ahora mismo estamos viendo en Siria una reedicin de la vieja y manida pelcula. Y es que para preparar la invasin militar que conduzca al derrocamiento del gobierno sirio, EU acusa al gobierno de esta nacin rabe de emplear contra los insurrectos made in USA armas qumicas, concretamente el famoso gas sarn.

Pero, oh sorpresa!, el calumnioso guion se encontr un obstculo inesperado. Una comisin especial de la ONU (Organizacin de las Naciones Unidas) encargada de investigar el supuesto uso de gas sarn por cuenta del gobierno de Bashar al Assad, ha determinado que no existe evidencia alguna que demuestre la veracidad de la acusacin estadounidense. Y determin algo ms, para disgusto del Pentgono y de sus aliados. Carla del Ponte, presidenta de esa comisin, declar tener evidencias del uso del gas sarn por cuenta de los insurrectos.

El golpe ha sido demoledor para los planes de invasin militar de suelo sirio. De un plumazo se cay el teatrito gringo. La diferencia con el caso iraqu es que en la antigua Mesopotamia se supo de la falsedad de las acusaciones despus de consumada la invasin militar y el consecuente derrocamiento de Saddam Hussein, en tanto que en el caso sirio la mendacidad de la acusacin se conoce antes de concretarse los planes de invasin militar.

El estruendoso ments de la ONU a la calumnia de Washington no significar, desde luego, el fin de los afanes estadounidenses por derrocar a Assad y dar base territorial a la ansiada y mil veces planeada invasin y ocupacin militar de Irn que lleve a la cada del rgimen de los ayatolas y, con ello, a la eliminacin del nico obstculo a la hegemona militar israel en Oriente Medio.

Tendr la Casa Blanca que buscar nuevas formas de hostigamiento contra Siria. O de plano lanzarse a la agresin militar directa sin el aval de la ONU. Esta opcin no se ve tan lejana, puesto que los insurrectos no dan muestras de fuerza suficiente por s mismos para derrocar al presidente sirio. Fuerza insuficiente a pesar del inmenso apoyo en armas, dinero y asesora militar de Estados Unidos, Israel y las petromonarquas del Golfo Prsico, sealadamente Qatar y Arabia Saudita.

Esta insuficiencia de fuerza militar de los insurrectos made in USA, aunada al duro revs de la ONU a EU que signific la declaracin de que son esos supuestos insurrectos quienes han empleado el gas sarn (y no el gobierno sirio), ms la slida realidad de que Assad no se ha rendido ni da muestras de estar dispuesto a ello, slo le deja a Washington la carta de la invasin militar directa. Pero, si se anima, tendr que hacerlo sin el aval de la ONU y sin haber logrado engaar al mundo. Y afrontando la esperable dura resistencia del pueblo y del ejrcito sirios.

Blog del autor: www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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