Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2013

El imperio no pudo impedir la Unasur

Atilio A. Boron
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A pesar de la virulencia de la contraofensiva norteamericana, la fortaleza de las resistencias sociales frustran sus designios, ya que EE.UU. no es ms una potencia invencible


El golpe en esa nacin centroamericana (Honduras) puso fin a las ilusiones, acunadas por muchos, que sostenan que el imperialismo haba cambiado y que la rapia desenfrenada de los recursos naturales y los mtodos brutales de dominacin eran cosa del pasado. Quienes as piensan se olvidan del activo papel que Washington jug en el golpe militar venezolano de abril de 2002, y del no menos protagnico papel desempeado en el lockout petrolero de finales de ese mismo ao; o subestiman (o ignoran) lo que hicieron y siguen haciendo! diversas agencias del gobierno norteamericano cono la Usaid y la NED, junto con ONG de ese pas, supuestamente independientes, para desestabilizar la Revolucin Bolivariana, o el gobierno de Evo Morales y provocar la secesin de la Media Luna Oriental; o desconocen el modo en que se est fomentando el renacimiento del separatismo del Guayas, en Ecuador, y el apoyo a la intentona golpista del 2010, para ni hablar de la incesante campaa mundial de mentiras y calumnias lanzada en contra de los lderes populares de la regin. Se olvidan tambin de la desorbitada expansin de las bases militares que rodean con un cinturn de hierro toda la regin; de la imposicin ante gobiernos que resignan soberana de una legislacin antiterrorista diseada para reprimir y desactivar la protesta social; de la tremenda ofensiva meditica internacional, concertada hasta en sus mnimos detalles y que convirti a los grandes medios de la regin en los estados mayores de una derecha poltica cada vez menos gravitante sin la ayuda de aqullos.

Los sealamientos precedentes hablan con elocuencia de la virulencia de la contraofensiva norteamericana pero, al mismo tiempo y dialcticamente, de la fortaleza de las resistencias sociales que se oponen a sus designios. Nada sera ms pernicioso en la coyuntura actual que la aceptacin de una cierta opinin que concibe a los Estados Unidos como una potencia inexpugnable e invencible. Si bien su podero sigue siendo formidable no es menos cierto que, como se sealara ms arriba, varias de sus iniciativas fueron frustradas por la tenaz resistencia que opusieron los pueblos de la regin. Sus aventuras golpistas en Venezuela fueron desbaratadas, al igual que sus planes sediciosos en Bolivia y Ecuador. Tampoco pudo impedir la realizacin de ejercicios navales conjuntos entre las armadas de Rusia y Venezuela en el Mar Caribe, que muchos estrategas de Estados Unidos conciben como un lago o un mar interior. Esto era impensable hace apenas diez aos, pero hoy es una realidad. El rechazo al ALCA, impulsado por una multitudinaria movilizacin continental, se inscribe en esta misma lnea, as como la creciente inoperancia de las cumbres de las Amricas lanzadas en 1994 cuando otro era el clima que imperaba y Bill Clinton pona en marcha el dispositivo que supuestamente culminara con la aprobacin del ALCA, culminando as el proceso de anexin econmica y poltica de Amrica latina y el Caribe al imperio. Una tras otra las cumbres terminaron en un revs para Washington: la de Trinidad-Tobago, en 2009, reincorporando a Cuba al sistema interamericano pese al veto estadounidense. Y la ms reciente, en Cartagena, con 32 jefes de Estado declarando que era la ltima reunin que se hara sin Cuba y exigiendo el fin del criminal bloqueo que el imperio impuso a la isla rebelde. Adicionalmente habra que agregar otra derrota, que no por haberse producido en el seno de una institucin moribunda como la OEA deja de tener importancia. En el 2005 y en contra de la militante preferencia de Estados Unidos los pases de la regin eligieron como nuevo secretario general a Jos Miguel Insulza, quien haba sido prominente funcionario del gobierno de Salvador Allende, y que se convirti en el primero en ser elegido contrariando la voluntad de Washington. En otro orden de cosas, Estados Unidos no pudo impedir el cierre de la Base de Manta, en Ecuador; frustrar la poltica de liberacin de rehenes de las FARC en Colombia y escarmentar a Evo Morales por haber expulsado de Bolivia al embajador norteamericano (y consuetudinario golpista y secesionista, inventor de Kosovo en los Balcanes) Philip Goldberg. Tampoco pudo impedir la creacin de la Unasur y su Consejo Sudamericano de Defensa y la formacin, en febrero del 2010 de la Celac, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos, cuya primera cumbre se celebrara en Caracas en diciembre del 2011. En suma: la resistencia de los pueblos ha sido formidable, y cosechado no pocos xitos. Algunos logros, ya referidos en este libro, se dieron en la esfera econmica frustrando la aplicacin de polticas neoliberales como las privatizaciones. Otros, como los que acabamos de mencionar, erigiendo obstculos insalvables a la poltica de dominacin del imperio.

Palabras finales

Lleg la hora de poner punto final a este escrito. De su lectura se infiere que la poca por la que atravesamos har que la lucha de nuestros pueblos por la autodeterminacin nacional y la construccin de una genuina democracia sea ardua y prolongada. Pero, tal como lo recordara el comandante Fidel Castro en su reunin con los intelectuales el 10 de febrero del 2012, aunque nos dijeran que al mundo le quedan pocas semanas de vida nuestro deber sera luchar, seguir luchando hasta el fin. Sabemos que los imperialistas no se darn por vencidos muy fcilmente pues su derrota no slo ser poltica sino que afectar decisivamente un modo de vida basado en el derroche y el despilfarro, y en la agresin a la naturaleza, que es insostenible en el mediano plazo. Se defendern con uas y dientes, y nada los detendr; cualquier crimen, atrocidad o acto de barbarie ser justificado apelando a los pretextos y racionalizaciones tradicionales: la defensa de la libertad, la democracia, la justicia. Y Amrica latina, regin absolutamente prioritaria, ser el rea donde librarn sus primeros combates y tambin el ltimo, final y decisivo. Los primeros, porque los imperialistas pueden resignarse a perder Africa, Asia, inclusive a Europa, pero jams Amrica latina, y en estas tierras descargarn todo su infernal aparato militar sobre quienes sean percibidos como planteando los ms elementales cuestionamientos a su opresin. El ltimo combate porque, destruidas sus bases de sustentacin en otras regiones del mundo, buscarn refugio en nuestros pases, hacindose fuertes en la insularidad americana que, supuestamente, pondra al imperio a salvo de cualquier incursin terrestre de fuerzas enemigas extracontinentales. Por eso, la lucha debe continuar sin pausa alguna. La batalla de ideas es uno de los escenarios de esa lucha. No es el nico, pero es terriblemente importante. Este libro pretendi ser una modesta contribucin a esta empresa.

* Extracto del libro Amrica Latina en la Geopoltica del Imperialismo, que ser presentado hoy a las 15.30, en la sala Adolfo Bioy Casares de la Feria del Libro, con comentarios del autor, de Jorge Taiana y Telma Luzzani.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-219749-2013-05-11.html



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