Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2013

El dentfrico no volver al tubo

Michel Rogalski
Fondation Gabriele Pri

Traducido del francs para Rebelin por Susana Merino


A dos aos de las revoluciones rabes de Tnez y El Cairo, el tiempo del entusiasmo cede el paso a la reflexin. La emocin debe dejar paso al anlisis. Ciertamente nadie lamentar la cada de las dictaduras, los tiranos derrocados y los climas de plomo que sofocaban estos regmenes que gozaban de la benevolencia de las democracias occidentales. Pero si la alegra ante la desesperacin de los dictadores, sus temores a ser atrapados uno a uno por una contagiosa oleada de clera han quedado relegados a un feliz e imborrable recuerdo, no sera lgico permanecer insensible hoy a los nubarrones que amenazan a lo que han sido formidables levantamientos sociales y populares. La inenarrable alegra que nos produjeron no puede, por s misma, impedirnos expresar nuestras inquietudes.

Lo imprevisible!

Con absoluta seguridad aquel estallido no puede reducirse a un parntesis y nadie puede tocar la campana que pone fin al recreo o el silbato de finalizacin del partido. Porque las sociedades que experimentaron estos levantamientos ya no sondciles ni tienen miedo, porque ste ha cambiado de bando. Y el dentfrico no volver al tubo. Pero cuidmonos de que no se pisotee, porque la gravedad, la sed de venganza y las ambiciones agazapadas en la sombra podran coagular la situacin en el sentido inverso al de los movimientos emancipadores que la originaron. Ha llegado, por lo tanto, el tiempo de la vigilancia. Con sus exigencias que imponen reubicar los acontecimientos en la temporalidad evolutiva de un rea estratgica y cultural. Por que en dos aos la regin se ha trastocado totalmente y el tiempo se ha acelerado bajo el impacto de las implosiones internas y de las injerencias externas. Las tendencias y los desafos se han confirmado y hoy domina la evolucin del conjunto de la regin rabe-musulmana. La escena de Mal se halla igualmente afectada.

Ningn analista puede presumir dehaber previsto que regmenes tan autoritarios como los de Ben Al oMubarak se hundiran en tan poco tiempo de formas tan poco usuales en los esquemas tradicionales de la vida poltica. Ausencia de un lder reconocido, nada de formas organizadas encarnadas en un partido o una estructura militante, sin programas, sin acumulacin de luchas masivas. Solo una palabra de orden y un deseo: acabar con los dspotas y la humillacin. Ninguna cancillera advirti la llegada de la tormenta. Ningn complot tir de los hilos ni organiz el acontecimiento. Los regmenes se hundieron porque haban llegado al final de su carrera, porque el miedo haba cambiado de bando y porque los aparatos represivos intervinieron con prudencia jugndose el porvenir y abandonando al poder establecido.

Tras derrocar a los dspotas comenz el tiempo de la reconstruccin. Con su cohorte de injerencias y maniobras. Las sociedades polticas aparecieron en su da ms despojado. Los partidos en su mayor parte nicos, vinculados al poder se aislaron tolerando lo esencial de la protesta en la sociedad civil. Las fuerzas islmicas, aprovechando las deficiencias del Estado haban tomado desde haca tiempo el control, iniciando actividades caritativas. Muy pronto aparecieron como las nicas fuerzas organizadas capaces de desempear un papel poltico mayor y de canalizar la rebelin. Se beneficiaban adems de un plus. Su estatuto indiscutido de vctimas de la represin de los regmenes derrocados e importantes apoyos financieros del exterior procedentes de regmenes que sostienen al Islam poltico, en primer trmino de Arabia Saud y Catar.

Uno de los efectos de las Primaveras rabes es que mostraron la inevitable importancia de los Hermanos musulmanes, rodeados a menudo de salafistas, con el consiguiente rechazo del marco electoral para acceder al poder y el aliento al recurso de la violencia. El objetivo de ambos est bastante prximo en lo que atae a sus deseos de aplicar lo esencial de los principios de la Sharia en toda la sociedad. Rpidamente se organizaron consultas. Organizaciones por aqu, legislativas all. En todas partes el resultado fue el mismo. Conmociones islmicas, escasa penetracin de las fuerzas laicas, progresistas y emancipadoras. Pero sobre todo organizacin estructurada de un lado y desmigajamientos, divisiones o alegre anarqua del otro. Combate desigual cuya finalizacin an no se ha escrito, pero que alimenta serias preocupaciones. La situacinemergente actual viene de lejos y refleja y sanciona muchos decenios de evolucin poltica de la regin.

Una zona fuertemente perturbada

En efecto esta zona rabe-musulmana ha conocido durante decenios las peores derivas. Este vasto conjunto de reas de liberacin y de construccin nacional, teido de un fuerte sentimiento antiimperialista, ha sido desvastado por mltiples guerras. El movimiento nacional se ha destruido. Las fuerzas progresistas o marxistas que jugaron un importante papel durante las dcadas del 50 y el 60 fueron en todas partes objeto de una represin feroz y sealadas como el enemigo principal por las fuerzas oscurantistas y religiosas que ascendan. El Islam poltico e integrista ha matado ms rabes que occidentales. El nuevo panorama poltico emergente sustituy la antigua trama por nuevas lneas de fuerza organizadas sobre un esquema que favorece los enfrentamientos tnicos y religiosos. Estas oscilaciones determinan los enfrentamientos actuales y los vuelve menos comprensibles a los ojos de otros continentes.

Desde Palestina hasta el Sahel, pasando por los pases del Magreb, Egipto, Siria y los pases del Golfo, se afirma una nueva trama que traduce la incautacin de los conflictos nacionales tnicos y religiosos por parte del islamismo. La regin se halla atravesada por una tenaz y sangrienta oposicin entre sunes y chies, que se apoyan en ciertos Estados. Una de sus formas ms extremas el salafismo aliada a veces con la yihad de Al Qada emprende acciones antioccidentales con la esperanza de afianzar su prestigio en el mundo musulmn y aparecer como el ms decidido y determinado, con el objeto de atraer aquellos segmentos de poblacin humillados y vctimas de las polticas neoliberales impuestas en toda la regin.

Esta zona se ha convertido en un vasto campo de intervenciones militares, de recomposicin y de injerencias polticas. En todas partes en que las armas truenan se debilitan los Estados y quedan a merced de las rivalidades de los clanes en las que prosperan los negocios y los contratos a la sombra de frgiles conatos de paz. Irak y Libia han sido devastadas por hombres de negocios sin escrpulos en connivencia con los potentados locales. Somalia se ha convertido en un Estado en quiebra, abandonado a bandas rivales que se refugian en el asalto y la piratera. El Sahel va camino de convertirse en una vasta zona de inseguridad en la que la atencin solo recaer sobre los islotes de recursos fuertemente defendidos sin la menor consideracin por el ocano de miseria que los rodea. En esta regin el imperialismo, el caos y el islamismo van a la par, para gran desgracia de sus poblaciones.

Las Primaveras rabes estn en el centro de estas tormentas. Se enfrentan alas derivas autoritarias de los nuevos poderes y al agravamiento de la violencia que las acompaan. Aparecen milicias represivas paramilitares tanto en Egipto como en Tnez. Siembran el terror y tratan de imponer un nuevo orden en el espacio pblico diezmando las libertades individuales. Como en Irn, surgen comits de buenas costumbres sobre la base de principios religiosos. Se ha dado un paso ms asesinando a un lder poltico de la izquierda tunecina. El mensaje ha sido claro. Los progresistas deben comprender que ha llegado el tiempo de instaurar un poder islmico, a travs de las urnas o por la fuerza y que la Primavera se debe olvidar rpidamente. Este tipo de modelo est establecido desde hace algunos aos en Marruecos,Turqua,Irn,Sudn yen el Golfo. Existen fuertes presiones que tienden a a orientar las revoluciones rabes en tal sentido.

Se ha hablado mucho de los modelos de referencia que inspiraron las Primaveras rabes Paso a pasofueron recordando el espritu europeo de 1848, las transiciones democrticas de Amrica Latina de los aos 80, luego el giro a la izquierda de ese mismo continente hacia el 2000, luego las transiciones de Europa de Este. Se plante la pregunta de cal pudo ser el papel que jug cuestin palestina olas dimensiones antiimperialistas del movimiento. Pero a medida que los acontecimientos se desarrollaban las explicaciones perdan validez porque todo terminaba relacionndose con las especificidades de la regin, sobre todo con el despotismo gubernamental y el peso de la impronta religiosa.

Nos gustara creer que todava no se ha jugado todo. Y sobre todo que la inmensa esperanza que surgi de una mayor libertad y dignidad no quedar sin futuro.

Fuente: http://www.gabrielperi.fr/Printemps-arabes-Le-dentifrice-ne?lang=fr

rCR

 


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