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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2013

Crtica de la nueva prensa

Vctor Alonso Rocafort
Colectivo Novecento


Un diario libre se mide tanto por lo que dice como por lo que no dice.

Albert Camus

La prensa no es ajena a los cambios que traen las grandes crisis. En las pginas del peridico Combat, surgido al calor de la Resistencia francesa, Albert Camus escriba en agosto de 1944, apenas unos das despus de la liberacin de Pars, una crtica a la nueva prensa [1] . En primer lugar echaba la vista atrs: s, la vieja prensa haba perdido sus principios y su moral; cegada por el dinero, embaucada por el poder, haba cado en la indiferencia por las cosas nobles. Todo ello haba dejado el terreno abonado para que, durante la ocupacin y el rgimen de Vichy, esta prensa fuera la vergenza del pas.

De forma clandestina haban surgido nuevos peridicos comprometidos con un amor a la verdad que no se entenda sin la necesidad de tomar partido. Para alcanzar lo primero, era necesario lo segundo. As lo pensaba Camus que, sin embargo, se quejaba de que la prensa liberada en la que inclua sus propios esfuerzos no era muy satisfactoria. Frente al sensacionalismo, a la escritura rpida y poco meditada, a los riesgos del moralismo y la ausencia de crtica, el pensador francs apostaba por liberar a los peridicos del poder del dinero y levantar al pas levantando su lenguaje. Camus pretenda que fuera la prensa quien ayudara a Francia a recuperar su voz ms ntima.

Amigo de periodistas asesinados por los nazis, el autor francs saba que las palabras tienen un valor. Hay que pensar cada una de ellas antes de lanzarlas a lo pblico. Es ms, ahora que se acercan nuevos tiempos, dice, hay que hacer el esfuerzo de, si no palabras nuevas, al menos apostar por un nuevo ordenamiento de estas. Los artculos deben gozar de cierta profundidad, y las informaciones resultar veraces, valientes. La responsabilidad del periodista no se muestra solo ante s mismo, sino ante los miles de lectores que necesitan esta nueva prensa.

El pasado ao el diario Le Monde se hizo eco de nuevas reflexiones de Camus sobre el periodismo que se suman a las ya referidas. Las haba escrito en 1939, nada ms comenzar la Segunda Guerra Mundial, y haban permanecido inditas desde entonces por culpa de la censura. All recoga cuatro virtudes que a su entender deba acoger el buen periodista: lucidez, desobediencia, obstinacin e irona. Ellas le acercaran a la verdad sin dogmatismos, le permitiran cuidar la palabra, encontrar un tono acorde con la hondura que requera el momento poltico. Estas virtudes mantendran firme, finalmente, al periodista en la crtica independiente a los grandes poderes erigidos sobre el dinero.

A pesar de que se diga a menudo que estamos en la crisis europea ms importante desde la Segunda Guerra Mundial, no hay comparacin. Entonces, millones de cadveres se apilaban asesinados en las tierras europeas. Muchos de quienes volvan a poner en marcha sus pases procedan, como el propio Camus, de una lucha gris contra el fascismo. Tenan el ascendente moral del resistente, y procedan de una formacin, de una cultura poltica muy distinta a la actual. S que nos puede servir la reflexin de Camus, sin embargo, para trazar cierto paralelismo entre la vieja prensa espaola de antes de la crisis y la nueva prensa liberada que est surgiendo. Es este un proceso para el que incluso ya se han acuado conceptos como primavera meditica .

Para conocer cmo surgen estos nuevos medios, es inevitable ligar su suerte a la de nuestros tiempos. Desde el inicio de la grave crisis econmica que padecemos, en 2008, ms de 10.000 periodistas han sido despedidos en nuestro pas. Esta cifra supone el 81% de los despedidos en Europa desde entonces. Entre ellos hay quienes se han visto en la calle, con indemnizaciones por pagar , de la mano de empresarios como Jaume Roures. El conglomerado meditico de izquierdassi es que tal cosa es posible que Roures pretenda erigir al calor del gobierno socialista de Rodrguez Zapatero, ha terminado como ha terminado . El otro peridico de la izquierda que otrora aspiraba a ser el ms digno representante de la vieja prensa, prestigioso y progresista, no lo hizo mucho mejor. Juan Luis Cebrin opt por echar a 129 trabajadores de El Pas, acogindose a la nueva reforma laboral conservadora, mientras mantena su obsceno sueldo de 13 millones de euros.

Muchos de estos periodistas despedidos, animados por los relativos bajos costes que supone fundar un nuevo medio digital, se unieron para levantar nuevos proyectos. No es casualidad que los hayan definido desde la crtica, el coraje frente a la corrupcin, la independencia. Y es que tambin surgen acompaados de resistencias cvicas como el 15M o las mareas en defensa de lo pblico, a las que dan voz y en las que se reflejan.

La Marea , infoLibre , cuartopoder , periodismohumano o eldiario.es vienen as a unirse a portales tradicionales de informacin poltica como Diagonal , tambin en papel, y forman parte de un amplio abanico de nuevos medios digitales que surgen en campos afines ( Mongolia , Lbero , Encubierta o Alternativas Econmicas , entre otros) y que estn adquiriendo cada vez mayor relevancia en esta crisis.

Sin embargo, el que Roures haya optado por mantener una web llamada Pblico con contenidos anlogos, o que Cebrin haya acogido la franquicia del Huffington Post con un contenido poltico ms centrado, pero con una vocacin igualmente progresista, nos alerta de cuestiones importantes a tener en cuenta por esta nueva prensa.

Estos dos casos nos muestran que resulta compatible mantener medios jerrquicos, sin escrpulos a la hora de echar trabajadores, y a la vez ofrecer contenidos de izquierdas que peroren sobre las maldades de las relaciones laborales en Espaa. Decir una cosa en pblico y hacer la contraria en los despachos es de lo que ms exaspera ltimamente a los ciudadanos. Y no debera sorprender que el periodismo, principal cortafuegos crtico frente al poder y donde la credibilidad es un factor esencial, se presente como un sector especialmente sensible en este aspecto.

Por tanto, frente a los venenos heredados de las prcticas de la vieja prensa se podran establecer tres grandes antdotos.

En primer lugar, si la falta de miramientos hacia los trabajadores ha sido moneda corriente, parece evidente que ahora debera respetarse un funcionamiento democrtico que permita a los periodistas gozar, adems, de las mximas protecciones laborales. Y donde, a diferencia de lo proclamado por el Huffington Post , se paguen las colaboraciones: solo as se podr dignificar una profesin con salarios cada vez ms devaluados.

En segundo lugar la gestin financiera debe ser responsable, sin incurrir en un endeudamiento que comprometa la libertad del medio o el propio puesto de trabajo de los periodistas. Hay que celebrar no solo que esta precaucin se est llevando a cabo, sino que algunos estn abriendo incluso la propiedad del medio a los propios ciudadanos, no solo para que ayuden a sustentar aquello que demandan sino tambin para hacerles partcipes efectivos de l. Los comentarios a los artculos, que llegan al hilo de esta nueva mentalidad, son una sana prctica que est revolucionando el periodismo. Por un lado, la crtica al texto y las fuentes algo que ya reclamara Camus se torna inmediata, elevando la exigencia profesional de quien escribe que, enseguida, observa cmo su texto queda merced al juicio pblico. Por otro, la participacin integral de los lectores se convierte en una novedosa forma de hacer poltica desde abajo. Todo ello se conecta con la exigencia de una mayor transparencia en la gestin del peridico.

En tercer lugar, los contenidos.

Partamos de algunas cuestiones bsicas. Los medios de comunicacin son instrumentos esenciales a la hora de crear un espacio pblico. En democracia esta esfera se asocia indisolublemente a la pluralidad: logramos un mundo comn precisamente cuando se permiten innumerables perspectivas. Es decir cuando nos salimos de nuestra familia o grupo particular, de nuestro espacio privado, para acudir a lo pblico, all encontramos que no existe un denominador comn que homogeneice. Como indicaba Aristteles, este respeto a la pluralidad impide que, de ciudad, el espacio pblico se convierta de nuevo en casa.

Eso s, para que haya un dilogo democrtico plural en la esfera pblica, desde la posicin que escoja cada cual, se debe partir de que las verdades de hecho no pueden manipularse . La diversidad de perspectivas y verdades polticas de una comunidad se mantienen nicamente sobre la base de un respeto a la verdad de los acontecimientos. Si se manipula, se miente o se emplea la propaganda para deformar y pintar los hechos del color que ms nos gusta, el intercambio es imposible. Nos quedamos sin mundo comn sobre el que dialogar.

Lo que ha sucedido en nuestro pas con los contenidos de la vieja prensa es conocido. Los medios nacionales en papel pertenecen a grandes conglomerados financieros, vinculados oligrquicamente con los principales partidos polticos. Sus enfoques reflejan las posiciones conservadores, neoliberales y social liberales propias de aquellos. Son fieles representantes, adems, de lo que se ha venido en denominar Cultura de la Transicin (CT) . Sin salirse de estos lmites hemos asistido en los ltimos aos a un periodismo de trinchera, empotrado ideolgicamente en los partidos dominantes, lo que ha afectado no slo a la polarizacin de las verdades polticas sostenidas por unos y otros sino que ha puesto en riesgo las propias verdades de hecho.

Todo ello ha dificultado hasta la crispacin el dilogo gobierno-oposicin que se trataba de efectuar dentro de lo establecido. Pues en realidad ha sido difcil en estos aos previos a la crisis encontrar contenidos crticos con el capitalismo, o con las instituciones principales del rgimen poltico, en el panorama meditico espaol. Recientemente Vicen Navarro se quejaba desde el diario Pblico de la asuncin del dogma neoliberal por parte de la mayora de los medios. Es algo que les hace co-responsables de esta crisis.

En este panorama meditico el compromiso con la verdad de la nueva prensa le insta, como recordaba Camus, a tomar partido. Y a la vez su propia naturaleza crtica debe impedirle caer en la reproduccin de cualquier dogma. Es en este dilema donde se inserta el debate sobre la pluralidad de los contenidos.

Por un lado, abrir estos nuevos lugares a la defensa de las polticas neoliberales y social liberales que han copado durante dcadas el 95% de los enfoques de los medios convencionales en Espaa supone hacer un flaco favor a la pluralidad general. Ms an cuando representan el embaucamiento por el poder y el dinero que entronizaron los viejos medios, su indiferencia hacia lo ms noble de nuestra poltica. Con su presencia, adems, es evidente que habr menos oportunidades para las voces de los de abajo, para aquellos otros artculos que nos muestren lo que la televisin no quiere decir, lo que los otros jefes no dejan expresar, lo que el papel de la oligarqua no se atreve a mantener.

Tan importante es lo que se dice como lo que se deja de decir.

La primavera meditica, por tanto, ser crtica o no ser. Apelando a un pensamiento libre y transgresor es como podemos salir del monoltico dogma del mercado, de la poltica reducida a competicin electoral y de las bondades del capital. Cuando sus verdades polticas nos inundan, pretender que no se es plural porque no se les da pbulo supone un salto mortal a la hora de mostrar la otra mejilla. Estamos continuamente pensando con ellos, a travs de ellos y en su contra. Su apabulladora presencia domina el discurso desde hace tiempo.

Por otro lado, no soy partidario de silenciar los argumentos que no comparto si son veraces, si se expresan honradamente. Prefiero pensarlos, contrastarlos, contra argumentarlos. Valorarlos incluso cuando lo merezcan; abrirme a ellos para dejarme con-mover si es preciso. Pensar sin barandillas. Es por lo que apuesto en una clase universitaria, en la lectura y en el dilogo, en los encuentros acadmicos a los que asisto.

El riesgo est en combatir un dogma con otro dogma. En negarse a la discusin de temas controvertidos. En cerrar las colaboraciones a partir de una frontera que nunca puede estar clara. En que la presin de la opinin al final acabe desfigurando las informaciones creando una familia cerrada ms; una secta que pierda el sentido de lo real. Recordemos que es la pluralidad capaz de acoger las voces de la diferencia la que dota de realidad a la existencia.

Las nuevas plataformas deberan as atreverse a crear, a imaginar, a conectar con las realidades ms incmodas, ms depauperadas, ms silenciadas. Ms perseguidas. La primavera meditica, si supone realmente un cambio de modelo, no se hizo para poner otros generales al mando ni para dejar los discursos dominantes en el centro del debate. No se hizo para ser equidistante. Se hizo para insertar en el espacio pblico voces originales, diversas, crticas, profundas. Sabemos que la vieja prensa sucumbi al mantra neo y social liberal, al poder econmico y poltico que origin y agudiz esta crisis. Dejar de replicarlo no significa silenciarlo, ignorarlo ni dejar de escucharlo. Habr que estar atentos para no abrazar nuevos catecismos, para no emprender nuevas censuras.

El nimo de una renovacin del periodismo acorde a los tiempos reside en la honestidad de traer al lector las verdades de hecho de nuestra actualidad, duela a quien duela; sin ataduras comerciales, bancos ni think tanks; sin grupos polticos detrs, sin iglesias. Con libertad. Con la dignidad de un trabajo bien pagado y reconocido; con una estructura organizativa democrtica que nos muestre al resto que s se puede. Dejando a un lado la parlisis efectista de los sucesos, de las discusiones circenses, de la provocacin estril, del omnipresente ftbol o de la anestsica meteorologa. Y tras todo ello, con compromisos polticos muy concretos que se reconozcan honradamente. Sin dogmas, insisto, pero teniendo muy presente cmo enriquecer la pluralidad que precisamos en nuestro deteriorado espacio pblico.

En palabras de nuevo de Camus, por tanto, no olvidemos el esfuerzo de crtica que parece necesario en este momento.

Comprendo la dificultad del reto, y lamento no poder ser ms claro en las recetas. Cada cual pondr la suya. Eso s, la responsabilidad de la nueva prensa va ms all de lo que seguramente podamos atisbar. Sobre sus hombros descansan las ilusiones de tantos y tantas en informaciones independientes, en reflexiones novedosas y en el ejemplo que pueden llegar a suponer en esta crisis. Si queremos otra poltica, necesitamos otro periodismo.

 

[1] Crtica de la nueva prensa es el ttulo de una columna escrita por Albert Camus en el diario Combat, el 31 de agosto de 1944. Se puede encontrar en: Albert Camus, Obras, vol. 2, Alianza Editorial, Madrid, 1996, pp. 631-634.

http://colectivonovecento.org/2013/05/13/critica-de-la-nueva-prensa/


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