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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2013

Anlisis de coyuntura
Disyuntivas del momento poltico

Ral Prada Alcoreza
Rebelin


 


 

Cul es el estado de situacin de las fuerzas en juego? No tanto en lo que respecta a la capacidad de la convocatoria electoral, que de todas maneras hay que hacerlo, sino en lo que respecta a su relacin con el proceso de cambio, su relacin con las tareas a cumplir, las transformaciones estructurales e institucionales. Comenzaremos con las fuerzas polticas que deberan impulsar el proceso de transformaciones y profundizarlo.

El MAS, la fuerza poltica mayoritaria, que ha ganado las dos elecciones nacionales consecutivas, la de 2005 y la de 2009, que debera ser la fuerza que garantice el cumplimiento de la Constitucin, se ha embarcado en una actitud justificadora de todo lo que hace el ejecutivo, incluyendo, claro est, las decisiones inconstitucionales que ha tomado. La fuerza casi incontenible manifestada durante el 2005, llegando a prolongarse hasta el 2009, en todas las elecciones habidas, incluyendo el revocatorio de mandato, la elecciones para la constituyente, la eleccin de prefectos, primero, y despus de gobernadores, atravesando las elecciones municipales, avanzando en las elecciones de aprobacin de la Constitucin, llegando a las elecciones de 2009, se encuentra mermada en su convocatoria, disminuida en su credibilidad. El desencanto de la gente se ha evidenciado en la complicada experiencia de la segunda gestin de gobierno. La derrota sufrida por el MAS en la eleccin de magistrados, frente al voto nulo, mostr que el partido de mayora ya no era una mayora. La derrota sufrida en las elecciones para la gobernacin del Beni, a pesar de la encuesta de IPSOS que le daba la victoria, duplicando el voto del adversario, tambin muestra que el MAS no logr ser mayora en este departamento amaznico, a pesar de los ingentes recursos desplegados y esfuerzos inmensos emprendidos, incluso poniendo al propio presidente en la campaa. El descrdito generalizado, sobre todo en las ciudades, particularmente del occidente, ha disminuido grandemente la confianza de la gente, des-cohesionando la capacidad organizativa en los barrios. Las organizaciones sociales de influencia, como las de los trabajadores, la de los mineros, de los cooperativistas, adems de los gremios y otras asociaciones, han tenido conflictos con el gobierno. La percepcin positiva de que se trata de nuestro gobierno ha cambiado. Ya no se piensa as. Se tiende a acercarse a la opinin negativa de que se trata de un gobierno parecido a los dems gobiernos. Es posible que esta no sea la situacin en el rea rural, donde mas bien se nota una tendencia a seguir afirmando una percepcin positiva. Sin embargo, en este caso, faltara hacer un mapeo ms detallado. En resumen, podemos decir que el MAS ya no es el partido o movimiento incontenible que pareca serlo a un principio. Estos vestigios no pueden ser sustituidos por la propaganda y la publicidad desmedida, a la que se empea el gobierno, queriendo cambiar la situacin, con la pujanza ilusoria de los medios de comunicacin. En resumidas cuentas, el MAS, que no lleg a ser nunca un instrumento poltico de las organizaciones sociales, que se convirti ms bien en un instrumento electoral del ejecutivo, no es, lastimosamente, una garanta para continuar y profundizar el proceso, a pesar de su todava significativa convocatoria electoral. Pasando del MAS a las organizaciones sociales, qu pasa con lo que fue la base orgnica del proceso de cambio, del proceso constituyente, y de la defensa del proceso, qu pasa con las organizaciones sociales?

El Pacto de Unidad se ha roto con el conflicto del TIPNIS, las organizaciones campesinas apoyan al gobierno, y las organizaciones indgenas se colocan en posicin crtica. La COB se encuentra movilizada por reivindicaciones salariales, en defensa de una jubilacin digna, que no es otra cosa que salario diferido, en contra los mtodos monetaristas de transferir la solidaridad a los trabajadores, desentendindose el Estado de apoyar con un fondo adecuado en la perspectiva de una jubilacin digna para todos. Revisando las posiciones de las organizaciones campesinas, las llamadas trillizas, la CSUTCB, la CNMCIOB BS, las bartolinas, la confederacin de mujeres campesinas, y la CSCIB, los colonizadores, llamados ahora interculturales, no es posible encontrar all una garanta para la profundizacin del proceso. Lo que se tiene, en vez de esto, es un apoyo incondicional al gobierno. Puede que las bases, las comunidades campesinas, los sindicatos de base no estn de acuerdo con este posicionamiento de la dirigencia; empero, esto no se puede saber, a ciencia cierta, hasta las elecciones de las nuevas dirigencias, en los Congresos postergados.

Este panorama nos muestra que las fuerzas de la re-conduccin del proceso son todava escasas, como para acometer la tarea de envergadura que se propone. Lo que se ha mostrado es franqueza crtica, una compresin perspicaz de los peligros en los que se bate el proceso. Esta perspectiva crtica se ha manifestado en varios documentos, declaraciones y pronunciamientos de movilizaciones. El documento de re-conduccin del Pacto de Unidad, acordado en Cochabamba, el Manifiesto de re-conduccin de intelectuales crticos, dirigentes y el CONAMAQ, la plataforma de lucha de las VIII y IX marchas indgenas en defensa del TIPNIS, los pronunciamientos de distintas movilizaciones regionales, que ponen en el tapete los problemas del proceso, as como las plataformas reivindicativas de los trabajadores asalariados. Empero, esta razn, as lo diremos, no es suficiente para re-conducir el proceso. La razn no es fuerza de por s, requiere convocar, requiere realizarse en movilizacin, en alianzas de fuerzas, en articulacin del bloque popular, en fuerza poltica, en el sentido de la accin y la incidencia. Cmo se logra cambiar esta correlacin de fuerzas?

Las otras fuerzas polticas y sociales, que no estn con el proceso de cambio, aunque hayan terminado de pactar con el gobierno, como los empresarios privados, tienen su propio proyecto, que, en trminos sintticos, llamaremos el de terminar con el proceso de cambio. Estn los llamados partidos de oposicin, a excepcin del Movimiento sin Miedo (MSM), que no podemos decir que est contra el proceso, pues ha participado en un momento, como aliado del MAS, tanto en el proceso constituyente, as como en las dos elecciones nacionales. Tiene su propia perspectiva del proceso, que llamaramos mas bien institucionalista. No vamos a discutir aqu la interpretacin que tiene el MSM del proceso; esto lo dejaremos para otra ocasin. Lo que interesa ahora es anotar dos cosas; una, que lo que llamamos derecha est interesada en conformar un frente amplio de oposicin para hacer frente al MAS; la otra, que el MSM est interesado en conformar un frente alternativo de centro. Por lo que toca a la primera opcin no se puede esperar otra cosa que la terminacin del proceso (Termidor); por lo que toca a la segunda opcin, en el mejor de los casos, se puede esperar la institucionalizacin constitucional de lo que hasta dnde ha llegado el proceso; sin embargo, es muy difcil esperar su profundizacin. Una perspectiva radical no se encuentra en la visin del MSM.

Podr la derecha conformar un frente amplio? Podr este frente amplio contar con la convocatoria electoral como para ganar las elecciones al MAS? Es muy difcil saberlo ahora. A lo que apunta la derecha es a beneficiarse con el voto en contra, con el desencanto de la gente, sobre todo de las ciudades, no necesariamente de apoyo a sus partidos, a su frente amplio. Tal como va la marcha de las cosas, si contina el deterioro del gobierno y su descrdito, sobre todo en las ciudades, puede llegarse a una situacin parecida a la que busca la derecha. Har algo el MAS para parar el deterioro de su imagen y la descomposicin de su credibilidad? Para tener la posibilidad de hacer algo por lo menos hay que ser consciente de lo que pasa; empero, si, en vez de atender a una evaluacin objetiva, se insiste en la ilusin de la propaganda y la publicidad, entonces la propia posicin de autosatisfaccin presumida se convierte en un mecanismo en contra, en la navaja del haraquiri. Sin embargo, no hay que olvidar que, para nosotros, ya no se trata de ganar las elecciones, aunque sea por un margen exiguo, pues de este modo tampoco no se resuelve el problema, la crisis del proceso. Tampoco se trata de perderlas, sino definitivamente de otra cosa: de la re-conduccin del proceso antes de las elecciones de 2014. Pues se trata de realizar y materializar las transformaciones contenidas en la Constitucin.

Volviendo al tema, a la relacin de las fuerzas con las dinmicas del proceso, vemos que el mayor peso de las fuerzas se inclina por desentenderse del proceso mismo, dejando que ste siga su propia espontaneidad, que a estas alturas ya es la de su cada. A estas mayoritarias fuerzas lo que les interesa es o conservar el poder, en un caso, o recuperar el poder perdido, en otro caso, o, si se quiere, institucionalizar lo que hay, en un tercer caso. Cmo se puede recrear el campo popular para que pueda re-conducir el proceso?

Primero, tiene que darse un sentido compartido de que la tarea es la re-conduccin, pues no va haber otro proceso en mucho tiempo; el proceso real, existente, es ste, que vivimos, con todas sus dramticas contradicciones. No basta que algunos crticos estn convencidos de esto. Segundo, es indispensable la renovacin de las dirigencias campesinas, la convocatoria a Congresos de las organizaciones sociales, donde, adems de las delegaciones representativas, se debata ampliamente las perspectivas del proceso y las responsabilidades en la coyuntura. Tercero, re-articular el bloque popular, ampliando incluso su convocatoria a los pequeos y medianos empresarios, buscando consenso de los sectores medios, que se han mantenido reacios al proceso. Cuarto, intervenir el gobierno, formar un gobierno provisional revolucionario, encargado de la re-conduccin, acompaando esta medida con movilizaciones generales, en la perspectiva de la revolucin cultural, obligando al Congreso a cumplir con la Constitucin, re-encauzando la legislacin hacia la elaboracin participativa de leyes fundacionales. Logrando de esta forma un reposicionamiento del bloque popular. Quinto, deben ser las organizaciones sociales, el conjunto del bloque popular, las que debatan y decidan que se hace para las elecciones de 2014.

En conclusin, si bien la coyuntura aparece aparentemente como electoral, el fondo de su espacio-tiempo, de sus dinmicas moleculares, la malla que sostiene las significaciones polticas puestas en juego, es la que tiene que ver con las tendencias encontradas del proceso. El reducir el proceso a la compulsin electoral, el reducir la defensa del proceso a la defensa del gobierno, el reducir la continuidad del proceso a la re-eleccin, adems de la forma grotesca, impuesta, manipuladora, como se la quiere efectuar, vulnerando la Constitucin misma, es ya un sntoma de la enfermedad crnica. Esta actitud reduccionista nos muestra que no se ha comprendido el sentido histrico-poltico del proceso; se lo ha interpretado como una simple toma del poder, con la consecuente pulsin de conservacin del poder. Esto denota, en el mejor de los casos, como un cambio de lites, es decir, como si se tratara de ocupar el lugar del otro, el lugar del patrn, en vez de demoler con la estructura de poder y dominacin heredada. Esta concepcin avara de la poltica se complementa con la concepcin mercantil de la poltica [1] .

La disyuntiva en la coyuntura es dejarse arrastrar por el punto de convergencia, las elecciones de 2014, o lograr hacer emerger el substrato de la coyuntura, que es el proceso mismo, por lo tanto la responsabilidad con el proceso. Si ocurre lo primero, como hemos dicho, el proceso muere, aunque gane el MAS; se hace ms evidente si pierde. Si ocurre lo segundo, se abre la posibilidad de re-conducir el proceso, por lo tanto de continuar por la nica va posible de la continuidad, la profundizacin y radicalizacin del proceso. Empero, como el desenlace no depende de los buenos deseos sino de la incidencia de fuerzas, entonces el desenlace estriba en la direccionalidad de las tendencias, de las capacidades, de la disponibilidad, del sentido de las fuerzas. Para modificar la correlacin de fuerzas del momento, qu tendran que hacer las fuerzas que apuntan a la re-conduccin? Convencer a las fuerzas ms prximas que este es el camino. Estamos entonces en un momento crucial del debate; empero, cuando las fuerzas mayoritarias no quieren debatir, descalifican el debate, se tapan los odos y cierran los ojos, se hace ms difcil la tarea. Por lo tanto, como condicin indispensable, se trata de romper este monopolio de silencio impuesto.

Otra ilusin gubernamental es creer que por medio del control total se puede modificar e incluso invertir esta tendencia de desgaste y deterioro poltico. Este control se desplazara en distintos planos; control de los aparatos de Estado, de los rganos de poder, principalmente del Congreso; control de las organizaciones sociales, a travs de la cooptacin de las dirigencias; control de la opinin pblica, copando los medios de comunicacin de masas, no slo estatales, sino privados, a travs de su compra; control del partido y de la militancia, tambin de los funcionarios, exigiendo lealtad y sumisin, comprometindolos por medio de circuitos prebndales y redes clientelares. Lo que hace el control es, unas veces, retrasar el desgaste y el deterioro, otras veces, incluso lo apresura, pues radicaliza las contradicciones. El control supone vigilancia y censura, incluso puede desencadenar la represin, en el peor de los casos; acompaando a la subordinacin de los dispositivos institucionales, que deberan ser democrticos e independientes; buscando de este modo el cumplimiento celoso de la voluntad del ejecutivo. Sin embargo, el control no sustituye la experiencia de la gente, sus nimos, sus predisposiciones, sus percepciones; lo que hace es poner en duda, montarse artificialmente en los nimos de la genta, tratando de incidir en ellos, buscando inducir otros estados de nimo. La incidencia del control no arraiga, a no ser que se d en lapsos prolongados de largo plazo; incluso, en este caso, el arraigo no es profundo, cualquier crisis puede desprender sus efectos, entonces la gente puede salir del estupor. Por eso, el optar por el control total es una ilusin del poder. Ante el deslizamiento del desgaste, deterioro y descomposicin poltica, lo mejor es corregir los errores, atender las causales de la corrosin, tocar las races de los problemas; no ocultarlos.



[1] Ver de Ral Prada Alcoreza La concepcin mercantil de la poltica. Bolpress 2013; La Paz.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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