Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2013
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2013

Encuentro en La Habana con la Delegacin de Paz de las FARC-EP
FARC: "No hay guerra civil en nuestra historia que no termine con una nueva Constitucin"

Alfredo Molano Bravo
El Espectador


Pasar del Duty Free de San Salvador a la calle del Obispo en La Habana Vieja es cambiar de mundo. De tiendas atestadas de perfumes, relojes, licores, corbatas de seda, tacos de puntilla y bares a media luz, en tres horas se pasa despus de sobrevolar los azules marinos, los ocres de tierra y los verdes de caaduzal a un comercio pobre, pero no triste: en cada esquina hay un conjunto tocando y cantando ritmos que los peatones bailan cuando pasan y los extranjeros miran y oyen mientras se toman un daiquir. Cuba es hoy una sociedad empobrecida que se empe en construir golpe a golpe una utopa. Bella s, pero utopa tambin. La reconstruccin de La Habana Vieja va andando a paso caribeo; hay soberbios edificios de fines del siglo antepasado y comienzos del pasado cuando haba reyes del azcar y capos del alcohol de contrabando, y un precursor del narcotrfico de la cocana fabricada en Barranquilla y mercadeada por un paisa; avenidas amplias como El Prado, inspirada en las Ramblas de Barcelona, y un malecn abierto al mar y a la brisa.

A la habitacin 615 del magnfico Hotel Sevilla, donde yo garabateaba la columna sobre la Madre Laura y donde se aloj Al Capone, me llam Pablo Catatumbo. Haba hecho mil vueltas para conversar con l, a quien conoc en Caracas despus de las conversaciones que las Farc y el gobierno de Gaviria iniciaron en Cravo Norte y terminaron en el fracaso de Tlaxcala. Pablo es hoy la voz que le ahogaron a Alfonso Cano con toneladas de explosivos lanzadas desde 35 helicpteros de la Fuerza Area Colombiana. Una hazaa de la causa, digo yo. Catatumbo era el sucesor natural de Cano y su mando va desde Tolima y Valle hasta Cauca y Nario. Carlos Castao asesin a su hermana y el Ejrcito ha tratado de cazarlo muchas veces. Pero ah lleg al lobby del hotel con guayabera y en compaa de Ivn Mrquez jefe de la delegacin de las Farc que trata de llegar a un acuerdo de paz con el gobierno de Santos y del enigmtico comandante Sntrich. A Ivn lo conoc en el Cagun cuando el Mono Jojoy conversaba con Carlos Ossa, Pardo Rueda y Mara Jimena Duzn sobre la sustitucin de cultivos de coca de los campesinos por cacao. A Sntrich no lo conoca, pero quera conocerlo porque me parece que es el hombre que les pone un tono macondo a las muy acartonadas reuniones con el Gobierno. Me habra gustado hablar tambin con De la Calle, con Alejandro Reyes y con el no menos enigmtico doctor Sergio Jaramillo, pero el palo an no est para hacer cucharas.

La reunin con los tres comandantes comenz con un qu ms? rodeado de un incmodo silencio de asesor; una especie de pregunta que nadie responde y que termina como debe ser: en puntos suspensivos. Luego se bordea, se pide un caf y se remata con un mojito para entrar en materia, que no fue mucha: puntadas sobre una telaraa (lo que las seoras llaman pespuntear). Ivn dio un primer paso: Y qu lo trae por aqu?. Pues, como le digo en realidad no le haba dicho nada, quiero saber en qu estn ustedes. Ah vamos me respondi sonriendo, en la brega. El Gobierno est duro y nosotros no vinimos a rendirle las armas a quien no ha podido quitrnoslas. Entonces pregunt haciendo de abogado del diablo, en qu puede parar el negocio, si ustedes no tienen otro capital? Nosotros dijo Pablo tenemos pueblo, estamos hechos de pueblo; la gente nos quiere y nos sigue, la prueba est en que la llamada sociedad civil quiere participar en los dilogos, y lo ha hecho. El Gobierno tiene miedo de abrir puertas y ventanas. Acepto el argumento. Pero, me atravieso: Uribe tambin tiene pueblo. El poder sirve para agarrar pueblo a mansalva, hasta de locos de atar como Pachito argumenta rindose Santrich, que no pierde una acidez demoledora y burlona pese a estar casi ciego. Pero, vuelvo yo a la carga: Y de los fierros, qu? Ivn responde: Las armas no se entregarn, desaparecern, as como aparecieron para enfrentar la persecucin y el asedio de esa trinca hecha por terratenientes, militares y paramilitares, llmense estos Chulavitas, Pjaros, Guerrillas de Paz o bacrim. Es que el negocio es entre dos partes y el Gobierno tiene que comprometerse a no dejrsela montar de los ganaderos, de los generales y de Los Urabeos. Debe asegurarnos, y no con meras palabras, que la negociacin va en serio y que supone enmiendas profundas. A papaya servida, papaya partida pienso yo, antes de soltarles la siguiente provocacin: Enmiendas a la Constitucin? No hay guerra civil en nuestra historia que no termine con una nueva Constitucin, comenzando con la guerra de Independencia, que dio nacimiento a la Constitucin de Ccuta, pasando por el triunfo de Mosquera en 1861 y la Constitucin del 63 de la que mucho hay que aprender, hasta la reaccionaria Carta del 86, fruto del triunfo militar del nuismo en el 85. Pese a todo, a la del 91 le falt un hervor porque no estuvimos nosotros.

Ahora no est Marulanda, que era ante todo un campesino. Hoy son ustedes, hombres y mujeres formados en la universidad, los que tienen el mando comento con cierta prudencia. S, as es, dice de nuevo Pablo, pero su sucesin estaba preparada; en las Farc nada ha cambiado. Las mismas ideas que nos llevaron a la guerra son las que defendemos en la mesa y maana en la calle. No slo estbamos preparados para la muerte del camarada, sino para la de Reyes, la del Mono, la de Alfonso y la de cualquiera de nosotros. Tenemos una institucionalidad fuerte. No tenemos slo plan B, tenemos muchos. Pensamos, como guerreros que somos, con flexibilidad, pero sin abandonar los principios ni ablandarnos. El Gobierno sabe, aunque diga lo contrario, que no estamos derrotados. O es que est aqu de pura cachaquera? Y, para ser justos y claros: aceptamos que tampoco hemos podido derrotar a sus fuerzas armadas. Lo que tambin se debe saber es que no vamos a pagar crcel, no luchamos por disminuir sentencias; nosotros estamos en armas porque no acatamos la Constitucin vigente y sabemos que por la paz las cortes internacionales estn dispuestas a sacrificar su rigidez. La guerra la sienten los militares, los ganaderos, los empresarios. La guerra no la pagamos slo nosotros, los combatientes y nuestras familias, sino el pueblo en general. La verdad es que aqu todos, incluidos los medios de comunicacin, somos tambin victimarios. Que nadie venga ahora a lavarse las manos con avemaras ajenas. Que se sienten con nosotros todos los victimarios y que traigamos todas las vctimas. Y que crezca la audiencia, como dira Jorge Zalamea.

Colombia no es una excepcin en Amrica Latina, donde se han dado y se estn dando cambios muy profundos. Colombia tiene una asignatura histrica pendiente: la democracia. Nosotros estamos dispuestos y, como dice el corrido de Jos Alfredo Jimnez, si nos dejan, a contribuir a construirla. Y si no nos dejan, peor para ellos. Silencio. Un remate que nos volvi al silencio de puntos suspensivos. Para cortarlo, pregunt: Y de la bella holandesa, qu? Ella dijo Ivn ha sido muy maltratada por la prensa. Ella es una internacionalista, una mujer que no slo habla colombiano y piensa como colombiano, sino que sabe ms que usted, Molano, de los problemas agrarios del pas. Remato yo con torpeza: Ella sin botas y con tenis se debe ver ms linda.
Silencio final. Puntos suspensivos.


Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/paz/articulo-421673-farc-dicen-no-fueron-habana-entregar-armas



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter